LA GUERRA GAUCHA VISTA POR LOS ESPAÑOLES (1814)

LA GUERRA GAUCHA VISTA POR LOS ESPAÑOLES. El 21 de julio de 1814, el comandante en jefe de las fuerzas realistas en operaciones en el Alto Perú, , general JOAQUÍN DE LA PEZUELA, envía una nota al virrey del Perú, señalándole la difícil situación en la que se encuentra su ejército ante la acción de las partidas gauchas de GÜEMES. Transcribimos los párrafos principales de este informe: “El enemigo, aunque reforzado desde Buenos Aires y pueblo de Tucumán e inmediatos, hasta un número muy subido, no tiene una fuerza suficiente en razón de su escasa calidad para emprender un formal ataque, a causa de que entran en ella de tres a cuatro mil gauchos, o gente de campaña, armados de arma blanca. Descubro que su plan, consiguiente a las órdenes del gobierno, es de no dar ni recibir batalla decisiva en parte alguna y sí de hostilizarnos en nuestras posicio­nes y movimientos. Observo que, en su conformidad, son inundados estos interminables bosques con partidas de gauchos apoyadas todas ellas con trescientos fusileros, que al abrigo de la continuada e impenetrable espesura y a beneficio de ser muy prácticos y de estar bien montados, se atreven con frecuencia a llegar hasta los arrabales de Salta para tirotear a nuestros cuerpos por respetables que sean. Arrebatan de improviso cualquier individuo nuestro que tenga la imprudencia de alejarse una cuadra de la plaza o del campamento y burlan nuestras salidas, ocultos en la montaña, poniendo en peligro mi comunicación con Salta a pesar de dos partidas que tengo apostadas en el intermedio. En una palabra, experimento que nos hacen casi con impunidad una guerra lenta pero fatigosa y perjudicial. El arbitrio para reprimir y castigar estos insultos sería de poner gauchos contra gauchos, con refuerzo de buena tropa de fusil. Pero no hay medios para esto, porque aun cuando se consiguiera la gente precisa, se tropieza con el escollo de no haber en qué montarla, por haberse arrastrado al Tucumán con todas las caballadas de estos contornos, que por otra parte son de tan poco espíritu y aguante que cada jinete necesitaría tres, cuando menos, para estar siempre expedito en campaña. A todas estas ventajas que nos hacen los enemigos, se agrega otra no menos perjudicial y es la de ser ellos avisados por hora de nuestros movimientos y proyectos por medio de los habitantes de estas estancias y principalmente, por las mujeres relacionadas con los vecinos de aquí y Salta… siendo cada una de éstas una espía vigilante y puntual para transmitir las ocurrencias más diminutas de este Ejército.”

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