LA GUERRA CON PARAGUAY (1865/1870)

Una visión horrorizada. Desgarradora,  pero por sobre todo, devastadora  para el Paraguay, país que perdió el 60 por ciento de su población, la guerra que entre los años 1865 y 1870 enfrentó a ese pequeño país mediterráneo de 450.000 habitantes contra la Triple Alianza formada por el Uruguay, Argentina y Brasil sólo puede entenderse en el marco del cúmulo de enfrentamientos acuerdos, reclamos y promesas  incumplidas entre caudillos políticos de una región convulsionada. Una región que aún no tenía definidos sus límites territoriales y políticos, aunque sí compartía una comunidad cultural y lingüística, anterior a esa guerra.

Origen del conflicto. Suscintamente puede decirse que el origen del conflicto se remonta al año 1864, cuando el emperador brasileño Pedro II intervino en la guerra civil de Uruguay apoyando a una fracción pro brasileña, lo que para el caudillo paraguayo FRANCISCO SOLANO LÓPEZ, así se destruía el equilibrio regional.

La provincia de Corrientes fue el primer y principal escenario de aquella guerra desde que se desató, en abril de 1865, por el pedido de neutralidad,  no concedido,  que el caudillo paraguayo  FRANCISCO SOLANO LÓPEZ le hizo al Presidente argentino BARTOLOMÉ MITRE. SOLANO LÓPEZ quería que las tropas paraguayas pudieran cruzar por la provincia de Corrientes hacia el Uruguay, que sufría a la vez, los rigores de una guerra civil entre los “colorados” de VENANCIO FLORES y los blancos de ATANASIO AGUIRRE. El partido blanco uruguayo,  era partidario de SOLANO LOPEZ y cuando FLORES sitió la ciudad  uruguaya de Paysandú, con el apoyo de Brasil, SOLANO LOPEZ  decidió acudir en ayuda de su aliado. Ocupó con sus tropas la ciudad de Corrientes, como paso previo a su asalto de Payandú. Esto fue lo que desencadenó el conflicto, que anticipó las técnicas de la  “guerra total” que se verían luego,  en el siglo XX,  como la guerra de trincheras, las técnicas de “tierra arrasada” y la guerra de guerrillas.

De algún modo, la guerra del Paraguay fue la primera “guerra moderna” en Sudamérica, donde se enfrentaron ejércitos regulares (más de 50.000 hombres combatieron en Tuyutí, Paraguay, en noviembre de 1867),  que usarían desde buques acorazados impulsados por máquinas a vapor hasta globos aerostáticos y fusiles de repetición. Esta fue también la primera guerra “mediática” de la región, ampliamente fotografiada por profesionales en el campo de batalla. Y no faltaron en ella,  observadores militares extranjeros.

Hasta septiembre de 1865, cuando el general paraguayo ESTIGARRIBIA se rindió en la ciudad brasileña de Uruguaiana, la ciudad de Corrientes fue el escenario central de la guerra, al menos hasta que los combates se situaron en territorio paraguayo,  por tomar el control de las baterías de Humaitá, que cerraban el paso de la escuadra brasileña hacia Asunción, ciudad que caería recién en 1869.

Por la provincia de Corrientes cruzaron una y otra vez las tropas paraguayas y hubo combates navales frente a sus costas, por el dominio del río Paraná. Corrientes (junto con Entre Ríos), fue convocada para reclutar 10 mil soldados en apoyo de la Guardia Nacional y tanto su campaña, como la misma ciudad de Corrientes, vivieron el conflicto, desde una perspectiva más cotidiana.”

Desde las muy difundidas pinturas de batallas de CÁNDIDO LÓPEZ hasta las hoy menos conocidas acuarelas de MODESTO GONZÁLEZ y las obras del dibujante documental suizo ADOLF METHFESSEL, las fotografías de época o los periódicos de guerra como “Cabichui” e-impresos en xi­lografías destinadas a mantener el ánimo en el frente de batalla, son hoy el más veraz documento de esa tragedia, que ninún pueblo del mundo merece vivir (Fdo. Ana María Batistazzi, periodista del Diario Clarín de Buenos Aires).

Su inicio. También conocida como la Guerra de la Triple Alianza fue una contienda sostenida por la Argentina, Uruguay y el Imperio del Brasil contra el Paraguay, según el tratado de alianza firmado en Buenos Aires el 1º de mayo de 1865 entre los tres citados países. Este desgraciado suceso se inició con la revolución encabezada el 19 de abril de 1863 en el Uruguay por el general VENANCIO FLORES, jefe del Partido Colorado de ese país, contra el presidente BERNARDO PRUDENCIO BERRO. Este movimiento que contó con el apoyo armado del Brasil y la neutralidad complaciente de BARTOLOMÉ MITRE, Presidente de la Argentina, no fue del agrado del Presidente del Paraguay, el general FRANCISCO SOLANO LÓPEZ, quien decidió intervenir en apoyo del gobierno de Berro y para eso, el 14 de noviembre de 1864 rompió relaciones con el Imperio y simultáneamente despachó una expedición al estado brasileño de Mato Grosso, que resulto fulminante y exitosa. El 5 de febrero de 1865 solicitó al gobierno argentino, el libre paso de sus tropas para atacar a Brasil  en su territorio y al serle éste negado, el 29 de marzo de ese año le declaró la guerra a la República Argentina (la que llegaría recién el 5 de mayo a manos del presidente Bartolomé Mitre). El 13 de abril de 1865 fuerzas paraguayas se apoderaron de dos barcos argentinos surtos en el puerto de Corrientes y al día siguiente (14 de abril), invaden la provincia argentina de Corrientes para lograr sus objetivos a pesar de la negativa del presidente Mitre. y allí se inicia uno de los hechos más deplorables de la historia de los cuatro países intervinientes, que ante el fracaso de la gestión diplomática, no dudaron en recurrir a las armas, para dirimir sus diferencias. Las acciones bélicas se iniciaron con una ofensiva paraguaya simultánea sobre Corrientes en la Argentina y Río Grande en Brasil y ambas terminaron en un rotundo fracaso y en el repliegue de las fuerzas paraguayas a su territorio, que fue invadido por los aliados el 4 de abril de 1866 tras cuatro años de sangrientas batallas, como las de Boquerón y Curupaytí, que quedaron para la historia como los enfrentamientos más duros librados en el continente. El 18 de febrero de 1868, luego de que la escuadra brasileña forzara el paso de la fortificación paraguaya de Humaitá, comenzó el derrumbe de las tropas guaraníes y el 1o de enero de 1869, los aliados  entraron en Asunción. Aún derrotadas sus fuerzas, Solano López seguía batiéndose en su retirada, fielmente seguido por su pueblo y los restos de su ejército, hasta ser alcanzado en Cerro Corá, donde, negándose a rendirse, fue ultimado por los soldados brasileños del general Cámara. El tratado de paz con la Argentina se firmó el 2 de febrero de 1876 y ya antes, el Brasil había firmado la paz por separado.

Diferencias notables entre  las fuerzas navales comprometidas en esa contienda
El Brasil poseía una poderosa  escuadra formada por 85 barcos, de ellos, 16 fragatas, corbetas, monitores blindados y acorazados adquiridos en los Estados Unidos y en Europa a un costo de siete millones de francos cada uno de promedio. Brasil era entonces la tercera potencia a nivel mundial, después de Inglaterra y Francia

Esta poderosa escuadra al mando del almirante BARROSO TAMANDARÉ E IGNACIO, fue enviada al  Rio de la Plata y a los ríos Paraná y Paraguay. El acorazado “Bahía” había sido construido en Inglaterra y poseía dos poderosos cañones rayados de 150 milímetros. El “Brasil”, construido en Francia, tenía artillería lisa y cuatro cañones rayados de 150 mm. Los acorazados “Tamandaré” y “Barroso”, que fueron construídos en Río de Janeiro, tenían cuatro cañones lisos de 68 mm. cada uno, y un cañón rayado de 70 mm.. En total, la escuadra brasileña que fondeó frente a la ciudad de Corrientes en 1865, poseía 112 cañones.

Al estallar este conflicto, frente a este poderío, la escuadra argentina era muy reducida. Estaba al mando de un valiente marino italiano llamado JOSÉ MURATURE, quien ya había luchado junto al almirante GUILLERMO BROWN en 1826/1827.  Su barco insignia era el “Guardia Nacional”, un vapor a ruedas con casco de hierro de 539 toneladas, armado con un cañón rayado de bronce de 36 mm. y 6 cañones lisos. Completando esta menguada flota, se contaba con el “25 de Mayo”, de 110 toneladas; el “Gualeguay”, de 80 toneladas (ambos apresados por los paraguayos al iniciarse la contienda), el “General Brown” de 570 toneladas, con tres cañones rayados “Krupp”; el “Coronel Rosetti” , vapor a rueda de 672 toneladas, con dos cañones; el “Pavón”, vapor a ruedas de 230 toneladas, con tres cañones rayados “Krupp”; el “Chacabuco”, de 80 toneladas con tres cañones lisos; el “Libertad”, vapor de 90 toneladas y dos cañones lisos; la Fragata “La Argentina”, de 210 toneladas con dos cañones lisos  Cabe agregar que todos estas unidades no estuvieron a disposición de su comandante desde el inicio de las operaciones, pues fueron incorporándose  al combate durante todo el transcurso de la contienda, ya que además de sus responsabilidades específicas como naves de guerra, debieron servir como transporte, llevando tropas y armamentos a la zona de operaciones y trayendo heridos en sus viajes de regreso a Buenos Aires.

Acciones libradas durante la guerra con Paraguay
Gran número de encuentros, batallas y combates se libraron durante esta guerra y hemos seleccionado 29 de estas acciones, por considerar que son ellas las más emblemáticas de esta contienda, considerada como una de las más sangrientas y devastadoras de las libradas durante el siglo XIX en el Continente Americano.

13 de abril de 1865. Apresamiento de los vapores de guerra “25 de Mayo”  y “Gualeguay”.
14 de abril de 1865. El ejército paraguayo, ocupa la ciudad de Corrientes.
03 de mayo de 1865. Estalla la guerra con  Paraguay
25 de mayo de 1865. Batalla en los Cuarteles de la Batería (también conocida como Batalla del Puente de la Batería).
11 de junio de 1865. Combate del Riachuelo.
12 de agosto de 1865. Combate del Paso de Cuevas
17 de agosto de 1865. Combate de Yatay
17 de setiembre de 1865. Batalla de Uruguayana
03 de noviembre de 1865. Los paraguayos se retiran de la provincia de Corrientes
31 de enero de 1866. Combate de Los Corrales.
31 de enero de 1866. Combate del Paso de la Patria
16 de abril de 1866. Las tropas de la Triple Alianza inician la invasión de Paraguay
17 de abril de 1866. Combate de Itá Pirú.
12 de mayo de 1866. Combate de Estero Bellaco
24 de mayo de 1866. Batalla de Tuyutí
10 de julio de 1866. Batalla de Yataití Corá
16 de julio de 1866. Combate del Boquerón o del Sauce
21 de julio de 1866. Combate de El Palmar
03 de setiembre de 1866. Combate naval de Curuzú
22 de setiembre de 1866. Batalla de Curupaytí
03 de noviembre de 1867. Combate de Tuyutí II
19 de febrero de 1868. El ejército aliado fuerza el paso del río Paraguay frente a la Fortaleza  de Humaitá
04 de mayo de 1868. Combate de Aratá
18 de julio de 1868. Combate de Acayuasí
24 de julio de 1868. Batalla de Humaitá
05 de agosto de 1868. Acción de la Laguna Verá
27 de diciembre de 1868. Batalla de Lomas Valentinas
30 de diciembre de 1868. Combate del Paso de la Angostura
31 de diciembre de 1868. Las tropas argentinas frente a Asunción del Paraguay
01 de enero de 1869. Las tropas brasileñas entran en Asunción del Paraguay.
07 de agosto de 1869. Toma de Azcurra
12 de agosto de 1869. Combate de Peribebuy  (o de Barreiro Grande)
16 de agosto de 1869. Batalla de Campo Grande
21 de agosto de 1869. Combate de Caraguatay
01 de marzo de 1870. Batalla de Cerro Corá
02 de mayo de 1870. ARGENTINA FIRMA LA PAZ CON EL PARAGUAY.

Una gesta de héroes con pantalones cortos
Cuando el heroísmo al servicio del amor patrio o de una causa,  llega a las cumbres del sacrificio humano, comporta uno de los valores éticos más ponderables. Pero, cuando es todo un pueblo el que se inmola en aras del deber, cuando no desertan de la cita con la gloria ni los moribundos ni las mujeres ni los niños, entonces, estamos ante  un ejemplo para las naciones.

La hermana república del Paraguay conmemora, todos los 16 de agosto, una epopeya única en la historia de la guerra de todos los tiempos: la batalla de Acosta-Ñú de Campo Grande.

La guerra de la Triple Alianza llegaba a su fin. Mediaba agosto de 1869 y con la ciudad de Asunción ya ocupada por las tropas brasileñas, el mariscal FRANCISCO SOLANO LÓPZ, en su marcha hacia las serranías del norte del país, buscaba dilatar el final, a la espera, tal vez, de un milagro. Después de que los aliados tomaron Peribebuy, el mariscal ordenó evacuar el campamento de Azcurra y proseguir la retirada. En la noche del 14 de agosto, López llegó a Caraguatay. Al día siguiente después de hacer oficiar una misa de campaña, cruzó el Yhaguy por el Paso Franco,  camino a San Estanislao. Era la última peregrinación rumbo a la muerte que habría de concluir en el martirio de Cerro Corá. Allí ordenó que la población civil que seguía al ejército se quedara en Caraguatay. Los que en adelante lo siguieron en su martirologio,  lo hicieron voluntariamente.

Los vencedores de Peribebuy dividieron sus fuerzas para cortarle la retirada, encabezando personal mente el primer cuerpo de ejército, el comandante en jefe de los ejércitos aliados, el conde D’ EU, .príncipe imperial, puesto que era el yerno del emperador del Brasil.

D’ EU  se dirigió hacia Caacupé, mientras el mariscal VICTORINO MONTEIRO, al mando del segundo cuerpo, marchaba hacia Barrero Grande. López, en tanto, había formado una división de retaguardia, la que conduciría todo el tren de bagajes, en realidad, restos fantasmales de lo que fue una vez, el ejército mejor armado de esta parte del continente. Esta división que contaba con jefes veteranos como los coroneles OVIEDO, MORENO y FRANCO, era comandada por el general BERNARDINO CABALLERO, un héroe legendario de esa trágica contienda. Había comenzado con el grado de sargento, al iniciarse las operaciones cinco años antes, y ostentaba en esos días el grado de general de divi­sión. Fue, luego, en la paz, un prócer de la recuperación paraguaya y un presidente ejemplar, en medio de las borrascas. Mozo elegante, de rubia cabellera y ojos azules, de facciones finas y varoniles, su bizarra estampa cruzaba como un centauro en medio del fragor de las batallas.

La división al mando de CABALLERO tenía una característica que la diferenciaba de todas las que conoce la historia. Aunque parezca leyenda, ¡estaba compuesta por niños de once a catorce años! Ya en el Paraguay se habían terminado los combatientes adultos  y la patria, en un último esfuerzo, recurría a sus niños. Muchos de ellos se pusieron barbas postizas, para que el enemigo no los viese tan jóvenes y todos, tenían en sus miradas la fiera resolución de pelear hasta la muerte.

Amaneció el 16 de agosto de 1869. La división de los niños no llegaba a los 4.000 combatientes; había dejado Caacupé y atravesaba el gran descampado de Acosta-Ñú, en Campo Grande. Mal nutrida, mal armada, casi sin municiones ni ca­ballería, la columna, más que un ejército, parecía una gran procesión de niños Allí, al despuntar el alba, fueron alcanzados por el cuerpo del ejército del conde D’Eu, integrado por 20.000 hombres del ejército brasileño y que contaba con cuarenta y tres cañones. D’Eu ordenó un gran movimiento envolvente contra los pequeños paraguayos. Los niños se sintieron gigantes, y se dispusieron a librar la batalla más estupenda que nos recuerda la historia.

Caballero tiró su línea de batalla apoyando su ala derecha sobre el arroyo Peribebuy, sus pocos cañones en el centro y su flanco izquierdo de cara al enemigo. La artillería aliada abrió el fuego sobre las filas paraguayas y entre los primeros en caer estuvo el coronel Franco, enterrado en el mismo campo de la acción. Luego, los niños esperaron a pie firme las cargas de la caballería brasileña. Los jinetes no podían comprender cómo se resistían esos pequeños, que apenas podían sostener sus largos fusiles de chispa. Las bajas se producían por ambos bandos y la lucha comenzó a desarrollarse cuerpo a cuerpo y en una desproporción inverosímil, ¡ cinco soldados adultos, por cada niño!. En las filas paraguayas nadie se rendía. Peleaban hasta que morían. El campo era un infierno de gritos, de ayes de dolor y de muerte, pero la batalla continuaba.

Cuando la situación no podía ser peor para los paraguayos, se oyó a lo lejos un rumor sordo, como el de una tempestad cuando agita la selva. Era la caballería que llegaba al galope precediendo al segundo Cuerpo del ejército imperial. Ante la seguridad del final, los niños se hicieron colosos y habrán pensado: “¡Para morir por la Patria,  hay que vestirse de ga­la!”. Y se cubrieron con su heroísmo, que era la última gracia que les daba Dios. Al ver llegar a la poderosa caballería imperial al mando del general CÁMARA, el capitán BLAS FLEITAS al frente del único escuadrón de niños-soldados con que contaba, se lanzó, sable en mano sobre los regimientos que llegaban de refuerzo, haciéndolos retroceder y acuchillándolos por la espalda…

Pero éste, fue el último esfuerzo del valor paraguayo en aquella jornada legendaria. La batalla, que había empezado en las primeras horas del día, tocaba a su fin. No quedaban ya municiones ni combatientes paraguayos. Caballero, en su desesperada resistencia, hacía cargar los cañones con balas de fusil, con trozos de metralla, con lo que había a mano. Cuando el fin se aproximaba, ordenó la retirada, pasando a proteger el Paso del Peribebuy. Pero todo estaba, en realidad concluido. Se había combatido durante ocho horas y aunque los paraguayos no se rendían, pues luchaban hasta morir, los pocos sobrevivientes eran capturados entre tres o cuatro soldados enemigos, que pese a sus esfuerzos, no podían reducir a estos pequeños que se resistían a ser capturados..

“El general CABALLERO, referirá luego el coronel CENTURIÓN, perseguido muy de cerca, abandonando su caballo, que se resistía a bajar la zanja, echó pie a tierra y vadeó a pie el arroyo Yuquery. Exhausto de cansancio, ganó la otra orilla y se internó en la espesura del monte acompañado de dos o tres asistentes; cumpliendo así con el encargo del mariscal, que le había recomendado con mucho encareci­miento,  que no se dejara tomar prisionero”.

Sobre Acosta-Ñú de Campo Grande,  caían las primeras sombras de la noche. Un silencio total cubría, como un sudario, el campo de batalla. La tragedia había terminado y el ejército vencedor antes de retirarse prendió fuego a la llanura para que el incendio concluyese con los despojos humanos que la cubrían. (La gran quemazón, Vista a la distancia, en un claro de La selva, parecía una lámpara votiva, que alumbraba el ejemplo increíble de esos niños que murieron ¡por su patria.

Hoy, una gran cantidad de argentinos llegan de turismo a Asunción del Paraguay. Pasean encantados por esa bella capital, recostada sobre siete colinas y que se refleja en una bella bahía del río Paraguay. Cuando miren sobre el Palacio de Gobierno, que fuera el Palacio de los López,  y vean tremolar la bandera tricolor, pisen despacio ese suelo, porque  ella simboliza una nación que resurgió de entre las cenizas de sus últimos niños muertos en “Acosta-Nú! (Fdo. Enrique Walter Philippeaux).

Los proveedores del ejército en la guerra con Paraguay (o “negocios en la guerra del Paraguay)
A mediados de la década de 1860, cuando en el Río de la Plata se gestaba, la guerra de la Triple Alianza, los precios de las materias primas habían caído en los grandes mercados compradores de Europa y nuestro país atravesaba por un período de deterioro de su comercio exterior. En este sentido, la guerra del Paraguay, con sus exigencias financieras, significaría un paliativo a la si­tuación de los sectores más perjudicados —mercantiles y ganaderos—; aún más, pareció ser que la contienda traería un respiro a esta difícil situación económica.

Prestamistas particulares e instituciones de crédito concurrieron en auxilio del gobierno nacional y prestaron una ayuda que fue compensada con excelentes intereses ya que todos acumularon grandes fortunas. Estos fuertes capitalistas porteños abastecían de víveres, armas, vestuarios, tabaco, yerba, alcohol y otros artículos a los ejércitos de Argentina, Brasil y Uruguay. Compraban en Europa y en Estados Unidos grandes partidas de armas y vestuarios, sobrantes de la campaña de Crimea y de la Guerra Civil y luego los vendían a los gobiernos aliados. En abril de 1865, cuando los paraguayos invadieron Corrientes, el gobierno de Buenos Aires adquirió 14.000 fusiles, 7.000 carabinas, 11.000 sables y 9 cañones. Estas armas eran sobrantes adquiridos apresuradamente en Europa y un oficial argentino en campaña, FRANCISCO SEEBER, se quejaba con estas palabras: “Los fusiles que nos han dado son de muy mala calidad. Son de fulminante, factura alemana para la exportación y en muchos casos, el fulminante no revienta al al primer golpe de martillo. Cuando llueve, los cartuchos que llevan nuestros soldados en sus defectuosas cananas, se mojan, quedando así inutilizables. Nuestra artillería tiene defectos en su material y las espoletas no revientan…”. El tasajo que se enviaba a los campamentos para consumo de la tropa era terrible. Se comía fariña cocida y carne vacuna asada cuando se carneaba el ganado. Los proveedores habían instalado vivanderos con locales en los campamentos aliados de Concordia y Paso de la Patria donde estaban concentrados 50.000 hombres. Había allí almacenes, tiendas, teatro, billares, cafés, burdeles, consultorios médicos, dentistas, embalsamadores. Todo se vendía a altos precios y allí oficiales y soldados dejaban sus pagas.

A poco de estallar la guerra, el Poder Ejecutivo fue facultado —por Ley del 27 de mayo de 1865— a negociar en el exterior un empréstito de 12 millones de libras esterlinas con un 6 % de renta anual, teniendo como garantía los bienes de la Nación. NORBERTO DE LA RIESTRA fue enviado a Londres para negociar el empréstito, cuya colocación fue encomendada a los banqueros Baring Brothers.

A fines de 1868 habían sido colocadas 2.500.000 de libras esterlinas, que produjeron 1.819.000; pero deducidos los gastos y comisiones, el producto líquido se reducía a 1.735.703 libras. En el período 1862-1875, no obstante la retracción de la plaza por esos años, los Bonos externos emitidos por el gobierno argentino absorbieron más del 50 % de las inversiones británicas negociadas en Londres.

Por su parte, muchos comerciantes de Buenos Aires, cuyos negocios en 1864 declinaban ostensiblemente debido a la crisis, pudieron recuperarse como proveedores de los ejércitos de la Triple Alianza. Entre estos proveedores se contaron OTTO PEDRO BEMBERG, FRANCISCO JAVIER BRAVO, MARIANO CABRAL —socio del general Urquiza—, CÁNDIDO GALVÁN,. AMBROSIO PLÁCIDO LEZICA, JOSÉ GREGORIO LEZAMA y ANACARSIS LANÚS. El ejército fue su mejor cliente, como consumidor de carne, ropas, aperos, tabaco, yerba, alcohol y otros artículos.

Un caso semejante se produjo poco más tarde, con la “revolución mitrista de 1874, ocasión en la que el poeta JOSÉ HERNÁNDEZ, al referirse a uno de los que financiaron este movimiento revolucionario, lo llamó “el Rothschild proveedor” , agregando: “Es el circulo o sociedad que en aquel lustro de sangre (1865-1870) levantara una colosal fortuna, que fue el fin del principio y el principio del fin. Es el círculo en el cual figuraba otra vez ANACARSIS LANÚS, que estando mal en sus negocios, celebró su alianza con los demás proveedores para levantar de nuevo y aun mucho más alta, cual sucedió, su fortuna decadente, a costa de la sangre argentina derramada a torrentes en los esteros del Paraguay y cuyas gotas llevan por sello cada uno de sus palacios erigidos en el corazón de Buenos Aires y en los objetos de adorno acumulados en sus quintas de espiritual recreo”.

Este mismo LANÚS había sido quien arrendara al mariscal López el vapor “Salto”, en vísperas de la guerra, y que en agosto de 1865, ocupada la ciudad de Corrientes por el ejército paraguayo, había logrado que los triunviros correntinos libraran una letra de cambio contra la firma Lanús de Buenos Aires.

Pero esta virtual connivencia con el enemigo, no impidió que la firma Lanús obtuviera luego el contrato para la provisión de raciones para el Ejército argentino en campaña contra el Paraguay y que el 3 de junio de 1868, Lanús fuera favorecido por una adición al contrato anterior, para la provisión extraordinaria de caña, café y azúcar.

Se sabrá alguna vez la verdad?.
Se sabrán alguna vez las razones que justificaron esta guerra?. Se conocerán los intereses que movieron a sus protagonistas?. Se comprenderá algún día, el porque del sacrificio de los dos tercios de la población de un país hermano?. Hasta el año 2004 existían fundadas esperanzas de que alguno de esos protagonistas, abriera sus archivos, para saber las respuestas a estas preguntas. Pero lamentablemente en diciembre de 2004, el gobierno de Brasil, representado en este caso por su Presidente, LUIS IGNACIO LULA, ha sido terminante a este respecto: Según el diario “Folha de Sao Pablo”, el señor LULA ha dicho que su gobierno ha decidido que los documentos referidos a esa contienda, quedrán en secreto, por considerar que éstos son “dinamita pura” y que abrirlos, reavivaría conflictos.

Transcribimos a continuación la nota completa publicada en el diario “Clarín” de Buenos Aires en su edición del 17 de diciembre de 2004, para referirse a este tema: “Esta vez no habrá revisión de la historia. Brasil acaba de anunciar que jamás hará públicos los archivos secretos de la guerra de la Triple Alianza contra Paraguay entre 1864 y 1870, considerada la entrada sangrienta del Cono Sur a la modernidad. Así ya no verán la luz los reales detalles sobre cómo se realizó el trazado de fronteras al finalizar el con­flicto, un delineamiento que, se sabe sin documentación que así lo confirme, fue fraudulento. Sospechas, pues, que ahora morirán como tales”.

“La decisión de no revelar nunca aquellos documentos guardados celosamente bajo cuatro llaves la transmitió ayer el diario “Folha de Sao Paulo” e inmediatamente hubo repercusiones. Paraguay, país arrasado (y según varios historia­dores), jamás recuperado de los estragos del conflicto, considera hoy como un hecho del pasado la guerra que sostuvo con Brasil, Argentina y Uruguay, unidos en la Triple Alianza, y las consecuencias que esa conflagración del siglo XIX tuvo para su país (como la pérdida de gran parte de su terri­torio y la aniquilación de la población masculina), admitió sin ánimos de reabrir viejas heridas, la canciller paraguaya LEILA RACHID. “Todo lo que forme parte de la historia es justamente eso, parte del pasado”, sentenció la canciller cerrándole la puerta a cualquier roce diplomático”.

“Más de un siglo después “estamos viviendo en un momento absolutamente diferente en nuestra relación, no sólo con Brasil (sino también) con los miembros de Mercosur”, agregó la ministra que justamente se encuentra en suelo brasileño en el marco de un encuentro integrador con colegas del bloque sureño, que se realiza en Belo Horizonte”.

¿Por qué esta discusión ahora? Porque el gobierno brasileño acaba de decidir a principios de mes de diciembre (2004), su intención de abrir viejos archivos secretos, incluyendo los de las dictadura de 1964 a 1985, entre otros documentos, en el marco de una intensa discusión sobre la apertura de los registros que involucran aquellos años de plomo. Pero inmediatamente se aclaró que los papeles clasificados en poder de la cancillería brasileña sobre la guerra de la Triple Alianza no saldrán de los cajones. Nunca”.

“La aclaración la recogió “Folha de Sao Paulo” de boca de un ministro del gobierno del presidente LULA DA SILVA, cuyo nombre no fue revelado. Lo que aquellos documentos denunciarían y lo que justamente Itamaraty no desea que trascienda es cómo las autoridades brasileñas de la época sobornaron a árbitros que demarcaron fronteras, y lograron ocupar así territorios que pertenecían a Paraguay. Existirían además, en esos archivos, documentos que relatan atrocidades practicadas por los ejércitos de la Triple Alianza, agregó el ministro”

“Según la misma fuente, el mantenimiento del secreto fue acordado inicialmente en una reunión entre LULA DA SILVA y el canciller CELSO AMORIM, y fue confirmado en la noche del miércoles, durante la primera reunión de la comisión de ministros creada para analizar la apertura de los archivos de la dictadura militar brasileña”.

El gobierno considera que  la divulgación de esos documentos sería “dinamita pura”, y reavivaría antiguos conflictos con países vecinos, por lo que LULA dispuso que esos archivos permanecerán protegidos por el “secreto eterno”.

“Esta guerra que se cobró la vida de al menos a 166.000 paraguayos, 50.000 brasileños, 18.000 argentinos y 3.100 uruguayos (según los estudios más actuales), enfrentó al Paraguay de FRANCISCO SOLANO LÓPEZ contra la Argentina de BARTOLOMÉ MITRE, el Brasil del emperador PEDRO II y el Uruguay de VENANCIO FLORES. El conflicto originó muchos mitos fundacionales, porque se enlaza con la construcción de cada uno de los Estados nacionales que combatieron, y de ahí, la importancia de difundir esos registros históricos”.

“La decisión de no abrir esos archivos puede apenas ser modificada por la “Comisión de Averiguación y Análisis de Informaciones Secretas”, que reúne seis ministros, informó el diario. Pero nada se espera. El parecer de esa comisión debe ser aprobado en instancia final por el presidente LULA”,

Una síntesis trágica. Entre el 1º de mayo de 1865 y el 1º de marzo de 1870, Paraguay, un país avanzado para la época, con fundiciones y hasta ferrocarriles, se enfrentó a los ejércitos de Brasil, Argentina y Uruguay. El conflicto fue financiado por Gran Bretaña, como lo señalara JUAN BAUTISTA ALBERDI en sus “Escritos póstumos”, entre otros textos que escribiera. Según ALBERDI, Brasil se endeudó en 56 millones de libras esterlinas y perdió 168.000 soldados. Argentina se endeudó en 9 millones de libras y perdió 25.000 hombres. Paraguay perdió la mitad de su territorio y más del 80% de su población. Como lo destaca el historiador DAVID WOODWARD en su obra “Armies of the world (1854-1914)”, los 1.300.000 paraguayos de antes de la guerra, se redujeron a 220.000, de los cuales, sólo 28.000 eran hombres.

Derrotados en Uruguayana al comienzo de la guerra y con su flota destruída frente a Corrientes, los paraguayos se replegaron tras la fortaleza de Humaitá, que controlaba el paso hacia Asunción. Las tropas de BARTOLOMÉ MITRE, lucharán allí durante dos años. En mayo de 1866, los paraguayos perdieron 20.000 hombres en Tuyutí. En setiembre del mismo año, 6.000 argentinos murieron en Curupaytí, lo que detuvo la guerra durante un año. Pero en febrero de 1868, los acorazados brasileños lograron pasar Humaitá y a fines de ese año, cayó la ciudad de Asunción. SOLANO LÓPEZ se retiró al interior del pais y sostuvo una guerra de guerrillas en un vano intento de postergar el fin que ya veía cercano, pero en 1870 todo terminó cuando acorralado, murió en Cerro Corá”.

Creemos oportuno finalizar esta información con una nota que para referirse a este tema, escribiera Miguel Ángel de Marco y que el diario La Nación incluyera en su edición del 17 de agosto de 2015:

“La invasión paraguaya a la provincia de Corrientes, producida luego de la toma por sorpresa de dos buques de guerra anclados en el puerto de la ciudad capital el 13 de abril de 1865, encontró al país casi inerme.

El presidente BARTOLOMÉ MITRE dispuso el envío de unas pocas fuerzas de línea al mando del general Wenceslao Paunero, para que procurasen detener, junto con las milicias correntinas, un rápido avance que llegó hasta Goya. Además, ordenó la movilización de una parte de la Guardia Nacional, es decir, de los ciudadanos aptos para el servicio militar que debían armarse en defensa de la Nación según lo dispuesto por la Ley Fundamental.

El impacto que produjo el ataque provocó una rápida respuesta en la ciudad de Buenos Aires, donde la juventud se presentó a tomar las armas en las unidades de línea o en los batallones de milicias; en la campaña bonaerense, en Rosario, San Nicolás, Córdoba y otros sitios.

Mientras el gobierno nacional suscribía un Tratado de alianza con Brasil y Uruguay, que ya se hallaban en lucha con el Paraguay (1° de mayo de 1865), en el interior se iniciaba la movilización de efectivos, lenta no sólo por la carencia de uniformes, armamentos y medios de transporte, sino por la resistencia de los reclutas a abandonar hogares y modestos bienes con el objeto de empeñarse en una guerra remota contra un adversario del que pocas veces o nunca habían oído hablar. Las distancias para trasladarse desde el Noroeste y Cuyo eran enormes y las tropas convocadas debían cubrirlas en carro o a pie. De ahí que se produjeran deserciones y que se tomaran duras medidas para contenerlas.

La falta de órdenes precisas del presidente paraguayo Francisco Solano López y la derrota de su escuadra a manos de la brasileña en el combate naval de Riachuelo (11 de junio de 1865), obligó a la retirada de las fuerzas que se hallaban en Corrientes, permitió luego la victoria aliada en Yatay sobre el río Uruguay (17 de agosto) y provocó la rendición de la plaza de Uruguayana, el 18 de septiembre de ese año, ante los efectivos comandados por el generalísimo aliado, Bartolomé  Mitre.

Mientras se registraban estas acciones, se acentuaba el adiestramiento de los batallones de guardias nacionales de las provincias en el campamento general de Ayuí, próximo a Concordia. Estaban ausentes Santiago del Estero, que no había logrado reconstituir su contingente después de la sublevación de La Viuda, y Jujuy, que no había podido superar la falta de medios para responder al llamado. Si bien formaba parte del ejército un cuerpo de infantería de Entre Ríos, su caballería se había desbandado en Basualdo y volvería a hacerlo en Toledo.

Por decisión de Mitre, esos cuerpos iniciaron la marcha hacia las márgenes del Paraná y se concentraron con el resto del ejército aliado en las proximidades de la ciudad de Corrientes, donde se establecieron extensos campamentos.

El 16 de abril de 1866, un año después de la ruptura de hostilidades con la Argentina, sus tropas, unidas a las brasileñas y orientales, invadían a su vez el territorio paraguayo por el Paso de la Patria.

Los hombres del interior, una vez que asumieron la separación del pago y de la familia y moderaron -al menos parcialmente- el antiguo encono hacia los porteños, y apreciaron, como lo hicieron éstos, que lo que realmente unía a salteños y santafecinos, catamarqueños y entrerrianos, bonaerenses y riojanos, cordobeses, sanjuaninos, mendocinos y tucumanos era el coraje inherente a la mayoría de los argentinos.

Como tantas veces antes, aquellos seres hechos a la vida dura, a las luchas fratricidas, a los desafíos insensatos pero viriles, se cobijaron bajo el paño celeste y blanco de la Bandera. Y no pensaron sino en combatir, en dejar bien alto el nombre de sus provincias, de cada pequeño y entrañable mundo donde aguardaban el regreso sus seres queridos. A lo largo de casi cinco años bregaron codo a codo con los soldados de línea en Corrientes, Yatay, Paso de la Patria, Estero Bellaco, Tuyutí, Yataytí Corá, Boquerón, Curupaytí, Humaitá y Lomas Valentinas. Juntos apreciaron el valor legendario de los paraguayos y compartieron las victorias y los infortunios con los brasileños y los orientales.

A un siglo y medio del comienzo de la contienda que enfrentó a cuatro naciones hermanas correspondería evocar los sacrificios y el heroísmo de quienes defendieron sus respectivos pabellones en los campos de batalla.

Hoy se viven momentos de fraterna cooperación entre los antiguos adversarios y sería aleccionador que en los cuatro países se expresara públicamente la decisión de cerrar en forma definitiva las heridas que hubiesen podido quedar de aquella dolorosa sangría sudamericana”.

Datos extraídos de la obra “La guerra del Paraguay” (1865-1870), coronel Juan Beverina, Editado por el Instituto Mitre, Buenos Aires, 1975; “Guerra del Paraguay”, Ramón J. Cárcano, Editores Domingo Viau, 1939; “En tres meses en Asunción, Díaz Gavier, Mario (2005).. Rosario Argentina; “Maldita Guerra. Nueva Historia de la Guerra del Paraguay”, Doratioto, Francisco (2008) /Buenos Aires: Emecé; ““Crónica de una guerra, La Triple Alianza”,  Zenequelli, Lilia (1997). Editorial Dunken, Buenos Aires.

1 Comentario

  1. Pablo Etchevehere

    Me gusta la reflexión del Dr. De Marco, todos los bandos que hoy pretenden interpretar ideológicamente la guerra y marcan la intervención de Inglaterra se olvidan de los Combatientes. El Colegio Nacional de Buenos Aires tuvo en Crupaity y otros combates 250 ex alumnos muertos. Todos nombrados sub tenientes a Capitanes. La Oficialidad jóven argentina se hizo matar al frente de sus hombres, como Sarmiento Paz y un hermano de Roca, otros salieron heridos como Mansilla, Pellegrini Alem, Victoino de la Plaza y otros, y muchos llevaron secuelas psiquicas por años o toda sus vidas. Defendiendo justamente o no el pabellón nacional.

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