LA FESTIVIDAD DE SAN JUAN EN EL NOROESTE ARGENTINO

Durante la noche de todos los 23 de junio de cada año, desde nadie sabe cuándo, en las provincias del Litoral y del norte argentino, especialmente en Formosa, se festeja a este Santo Patrono cumpliendo un ritual, que lejos está de ser aceptado por la razón, ya que más bien, parece ser bendecido por una fuerza que está más allá de la comprensión humana y de la racionalidad científica. Se trata de la caminata sobre las brasas, que numerosos “creyentes” realizan, para mostrar su devoción al santo, desafiando todas las leyes de la naturaleza.

Esa noche, luego de encender un buen fuego con leña del lugar, se extienden sus ardientes brasas formando un “colchón” de tres metros de largo, por uno de ancho y 20 centímetros de espesor. Oficiosos ayudantes se ocupan de mantener vivo este “colchón de brasas” y luego, por turno, quienes así lo desean y están preparados mentalmente para esta difícil prueba, , se descalzan en una de las cabeceras de este camino ardiente y luego, decididamente y musitando alguna oración, se lanzan a cruzarlo. Y lo más asombroso, es que no lo hacen corriendo ni dando muestras de dolor o sufrimiento. Caminan despacio, totalmente concentrados y sin que se les mueva un músculo.

Aquí no vale, para explicar el fenómeno, la teoría de que son personas acostumbradas a caminar descalzas y que por lo tanto las plantas de sus pies, han adquirido una dureza que las hace resistentes al calor. Son personas comunes, pertenecientes a distintas clase sociales, las “caminantes”. Algunas, quizás jamás hayan caminado descalzas. Por otra parte, hasta el cuero de los zapatos, ardería como yesca en contacto con estas brasas. Tampoco vale la teoría de la auto-hipnosis, pues una persona en trance hipnótico, quizás no sienta el dolor, pero las plantas de sus pies no están hipnotizadas y como toda materia orgánica, se llenaría de ampollas y graves heridas.

Ninguna explicación vale para desentrañar este misterio. Solo queda aceptar que hay hechos que escapan completamente a explicaciones convencionales, ya sea con fundamento científico o dictados por la razón y el conocimiento. Lo que si es cierto y quizás valga, para aceptar esta realidad, es que “los caminantes”, son solamente personas que racional y emocionalmente han decidido hacer el cruce, absolutamente convencidas de que no les pasará nada. Una sola duda, un solo titubeo, antes o durante la prueba, inexorablemente, los privará de esa inmunidad y sus pies terminarán horriblemente quemados.

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