LA FÁBRICA DE CAÑONES DE BUENOS AIRES (00/05/1812)

Dada la escasez de material de artillería, debida en parte a la necesidad de comprometer tropas en diversos frentes y a la perdida de material que se producía en algunas derrotas, en 1811, la Primera Junta de Gobierno resolvió instalar una fábrica de cañones, pero debido a la falta de técnicos y mano de obra especializada y materia prima, el proyecto fue suspendido., hasta que aparece en escena el español ÁNGEL MONASTERIO, quien será el que se hará cargo del mismo.

ÁNGEL MONASTERIO, natural de Logroño, España, había estudiado dibujo y escultura en la Real Academia de San Fernando y debido a sus aptitudes fue nombrado Académico de Mérito y en 1810 destinado al Río de la Plata por la Junta Central de la Administración. Aquí se identificó con el espíritu y los móviles de la Revolución de Mayo y debido esta actividad,  se lo envió preso a Montevideo acusado de traición a la corona.  Cuatro meses después, ya en noviembre de 1811 regresó a Buenos Aires y es  incorporado al ejército de línea, con el grado de capitán de artillería y se lo destina al Estado Mayor de esa arma. En 1812 es comisionado para instalar las baterias “Libertad” e “Independencia” en Rosario (las mismas donde MANUEL BELGRANO hizo jurar la Bandera) y a su regreso, se presentó ante la Junta, ofreciéndose para poner en marcha la proyectada Fábrica de Cañones y Municiones.

En mayo de 1812, ya con el grado de Teniente Coronel de Artillería, ÁNGEL MONASTERIO es comisionado para dirigir el montaje de una fundición en dos desmanteladas naves de la “Iglesia de la Residencia”, en la zona donde hoy se cruzan las calles Defensa y Humberto 1º. Allí funcionó desde  1812 hasta 1822, año en que se trasladó a la zona de la actual Plaza Lavalle, frente a Tribunales.

MONASTERIO se vió entonces obligado, contando con el sólo auxilio de otro español llamado SIMÓN ARÁOZ, quien tenía cierta experiencia en los trabajos de fundición de metales, a diseñar y construir hasta las maquinarias e instalaciones que le eran necesarias. Adaptó el edificio asignado a su nuevo destino e hizo construír  un horno, también producto de su propio diseño, que produjo notable resultados: A las cuatro horas de habérsele cargado el metal, ya estaba en estado de perfecta fusión, mientras que los modelos de “Reververo” usados generalmente en Europa,  en ese mismo lapso de tiempo, apenas estaban candentes. Solo una vez había visto fundir cañones en Sevilla, pero esto le bastó para establecer y dirigir con éxito la Fábrica de cañones de Buenos Aires. Con mucha razón, MITRE lo llamó “El Arquímedes de la Revolución”

Había pasado solamente un mes y ya, el 22 de julio de 1812, MONASTERIO realizó el primer ensayo de fundición: un mortero cónico de calibre 12 pulgadas (305 mm) que fue llamado “Tupac Amarü”y el 15 de agosto, se completa el segundo mortero de ese tipo, al que se llamó “Mangoré” Ambos fueron trasladados con grandes dificultades a Montevideo donde fueron montados en batería en un punto estratégico escogido por el coronel VON HOLMBERG y estos gigantescos morteros dispararon sus primeras granadas contra la fortaleza realista de Montevideo el 13 de Septiembre de 1813.

Alarmados por la potencia de estas piezas, los realistas estacionaron un vigia en el campanario de una iglesia, para que, al distinguir los fogonazos, los anunciara al público con dos campanadas, para que se puesiera a salvo. Durante el bombardeo, que se prolongó hasta el 1º de octubre, ambas piezas dispararon 295 bombas contra la posición enemiga. El 11 de Diciembre se probaron dos nuevos cañones de calibre 8, destinados para el Ejército del Perú y un tercer mortero de 12 pulgadas que en honor al Director de la fábrica fue llamado “Monasterio” (esta pieza se encuentra en el Museo Histórico Nacional, en Plaza Lezama, Buenos Aires)

Ya en 1814 en ese lugar también se fabricaban cañones livianos para el Ejército del Norte comandado por MANUEL BELGRANO, quien, tras las derrotas de Vilcapugio y Ayohuma, fue reemplazado por el general SAN MARTÍN y éste a su vez, reemplazado por JOSE RONDEAU. Los primeros cañones fundidos en esta planta fueron cuatro de bronce de calibre de a 8, que fueron probados el 11 de Marzo de 1814. Estas piezas, que salieron perfectas fueron asignadas al Regimiento de Artillería de la Patria. En el primer año de actividad la fábrica produjo 22 cañones de campaña de calibre 4 de bronce, y tres de montaña de calibre 6. Durante 1816 y 1817 la actividad se redujo, habiendo producido en ese tiempo, solamente dos piezas de bronce de a 6 llamadas “El Vigilante” y “El Chacabuco”. Otra pieza fundida en este arsenal denominada “El Inexpugnable”, fue llevada a Chile por San Martín, con el Ejército de Los Andes, y hoy se encuentra en el Museo Militar de Santiago de Chile.

Contó para lograr  tamaños resultados, con el concurso de un grupo de artesanos y armeros de la ciudad, muy pocos por otra parte, que elaboraban las distintas piezas o reparaban las armas, de acuerdo con tarifas determinadas. En el Museo Histórico Nacional, se conservan dos morteros fabricados por Monasterio en 1812. Son piezas muy cortas, de enorme boca y tiro curvo, que lanzaban bombas huecas rellenas de pólvora.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.