LA ESTANCIA JESÚS MARÍA DE LOS JESUITAS (09/01/1618)

Los sacerdotes jesuitas adquiere en la Provincia de Córdoba, la Estancia Jesús María, tierras que habían  pertenecido al alférez real GASPAR DE QUEVEDO y la destinan a la producción agrícola ganadera, como un medio para solventar los gastos de mantenimiento de la congregación y sus establecimientos educativos

Desde principios del siglo XVII,  los padres de la Compañía de Jesús, iniciaron en las tierras del sur de América, una intensa obra misionera. Pero no solo trajeron una religión, fueron también defensores de los indígenas,  fundadores de pueblos y promotores de cultura. Aunque su obra más conocida fue la del nordeste del territorio que hoy ocupa la Argentina, también fueron responsables de la instalación de muchos centros para la organización social y económica en otros puntos del país. En la Provincia de Córdoba, por ejemplo, los jesuítas adquirieron tierras e instalaron varias estancias que fueron los primeros establecimientos agrícolas que hubo en esos territorios. El primero de estos establecimientos, fue precisamente, la llamada “Estancia Jesús María”, comprada por el padre PEDRO DE OÑATE para sostener con su producto, al Colegio Máximo de Córdoba, una obra de los jesuitas, que  pasaba por una desesperante situación económica.

Inmediatamente comenzó la construcción de la Iglesia y de los primeros edificios para vivienda, galpones y establos. Para ello, construyeron los que fueron los primeros hornos de ladrillos que se vieron en estas tierras y como el proyecto era dedicar este establecimiento al cultivo de la vid y al desarrollo de una industria vitivinícola, se construyeron molinos, acequias y represas.

Una vez terminadas estas obras, iniciaron la explotación agrícola ganadera de este establecimiento, alcanzando un elevado rendimiento en todas las áreas, por lo que pudieron cumplir con creces el objetivo de autosuficiencia que necesitaban para continuar con sus tareas, tanto en el Coleio Máximo, como en la evangelización y la educación y ayuda a las comunidades nativas.

Pero llegó el año 1767 y el rey  Carlos III, presionado por intereses que se veían afectados por  esta “competencia” que amenazaba con sus negocios, dispuso la expulsión de los jesuitas de los territorios españoles en América y esta Estancia, como el resto de las obras de los jesuitas, fue abandonada.

Poco después los terrenos que ocupaba la Estancia Jesús María, fueron loteados y se malvendieron a especuladores. Cayeron así en el olvido, lo que habían sido 139 años de progreso y cultura. En 1876, sobre esos terrenos, se trazaron las calles de una parte de la que hoy es la ciudad de Jesús María en la provincia de Córdoba y los restos de lo que fue la residencia principal de los jesuitas, fueron declarados “Monumento Histórico Nacional”.

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