LA ESQUINA

Durante parte del siglo XIX en Buenos Aires y  hasta bien entrado el siglo XX en las provincias, lo que eran las Pulperías en la campaña colonial, fueron las “esquinas”  en los poblados que comenzaron a surgir rápidamente a partir de la llegada del ferrocarril, el afianzamiento de la autoridad que aseguraba la vida y las posesiones de la gente y la instalación del telégrafo en aquellas vastas soledades, que caracterizaban el inmenso territorio que habíamos heredado del disuelto virreinato del Río de la Plata.

La esquina era el comercio más importante de esos pueblos de campaña;  eran lugar de aprovisionamiento y  de encuentro;  de solución para ciertos problemas y punto de llegada del correo y las noticias que tanto se esperaban. Su propietario era un hombre, generalmente, reconocido por su honestidad, solvente y comúnmente solicitado para  desempeñarse en cargos de importancia como los de alcalde o juez de Paz, muchas veces ejercidos mientras despachaba tras su mostrador..

El escritor Ambrosio Althaparro, quien con buen criterio, ha prologado sus notas haciendo hincapié en que él sólo relata lo que ha visto para no guiarse por habladurías, dice que por el 1880: «La esquina abarcaba los ramos de almacén, tienda, ferretería, corralón, algo de farmacia, etc.; y dentro de estas líneas generales, su surtido y volumen del negocio variaban  mucho de acuerdo con el capital invertido». Era lo que conocíamos, como “un almacén de ramos generales”, donde también había alguinas mesas y sillas y un bien surtido  stock de bebidas para consumo de sus parroquianos, un rubro del negocio que siempre estaba activo y producía buenos dividendos.

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