LA ENTREVISTA DE GUAYAQUIL (27/07/1822)

LA ENTREVISTA DE GUAYAQUIL. Los generales SAN MARTÍN y SIMÓN BOLÍVAR se encuentran finalmente en Guayaquil (Ecuador), e inician la segunda conferencia, protagonizando lo que la Historia conoce como el “El abrazo de Guayaquil”. La América meridional ya era independiente y sólo quedaba una parte del Perú por liberar y hacia allí, convergieron los ejércitos vencedores de la revolución sudamericana, cuyo plan continental, habían cumplido San Martín por el sur y Bolívar, por el norte. Bolívar, después de la Batalla de Carabobo, llega victorioso desde el norte hasta la ciudad portuaria del Pacífico y desde allí le había escrito a SAN MARTÍN, “Tan sensible me será el que usted no venga a esta ciudad, como si fuéramos vencidos en muchas batallas, pero no, usted no dejará burlada el ansia que tengo de estrechar al primer amigo de mi corazón y de mi patria”. San Martín, que viene triunfando desde Chile y que partiendo de El Callao, se encontraba en la isla de Puna, recibe allí la carta de Bolívar y el día 26 desembarca en Guayaquil Ese mismo día ambos libertadores se encuentran para para acordar los términos de la reunión que tendrían al día siguiente. Esta histórica entrevista, que alcanzará contornos de leyenda, que nos dejará la idea de un misterioso acuerdo o desacuerdo y sobre la  que girará luego, un sinnúmero de versiones y opiniones, muchas de ellas antojadizas y muchas más guiadas por la pasión partidista.

Celebraron en total tres reuniones: la primera una hora y media en la mañana de su encuentro; la segunda, breve, esa misma tarde, y la tercera —la más importante— el dia siguiente, es decir, el 27, desde las 13 hasta las 17. Aunque las conferencias fueron secretas, los documentos redactados en la ocasión, arrojaron bastante luz sobre lo tratado y según éstos, las cuestiones fundamentales, agrupadas de acuerdo con su importancia, fueron las siguientes: A). Necesidad de unir las fuerzas libertadoras para terminar con éxito la campaña del Perú para asegurar definitivamente la emancipación americana. B). Situación política de Guayaquil, que si bien había pertenecido al virreinato de Nueva Granada, después de su emancipación,  deseaba incorporarse al Perú (Después de la emancipación de Guayaquil -octubre de 1820-, el pueblo se dividió en dos partidos: uno, minoritario, que propiciaba la anexión a la República de Colomba y otro, sostenido por Tomás Guido —enviado de San Martín—, que defendía el principio de su incorporación al Perú). C). Acordar la forma de gobierno más conveniente para los países liberados, en especial el Perú. Bolívar se negó a entregar la amplia colaboración militar solicitada por San Martín y sólo le ofreció un contingente de algo más de 1.000 hombres, como retribución por la ayuda prestada por el general argentino a Antonio Sucre. Tampoco aceptó el desinteresado ofrecimiento de San Martín, de luchar bajo sus órdenes. La cuestión de Guayaquil fue secundaria, por cuanto San Martín —de acuerdo con su invariable conducta— aceptó lo ya resuelto por Bolívar con respecto a ese territorio ecuatoriano. El general venezolano había obligado a la Asamblea a entregarle el mando y en consecuencia, la provincia quedó de hecho incorporada a Colombia.. La forma de gobierno y la organización de los nuevos países fueron temas tratados incidentalmente. San Martín sostuvo sus principios monárquicos constitucionales y Bolívar abogó por el sistema republicano, pretendiendo una presidencia dictatorial y vitalicia. “El resultado de esta histórica entrevista —escribe Ibarguren— fue consecuencia lógica de la situación política, militar y psicológica en que se encontraba cada uno de los Libertadores. Bolívar, a quien se le requería cooperación militar, en esos momentos, se sentía poderoso con las glorias que le daban sus victorias, que consolidaron la emancipación de Venezuela y de Colombia y con su grandioso plan de “una confederación americana”, cuyo eje y centro sería él, miraba con disgusto la crítica situación del Perú. San Martín, afectado por el drama espiritual que sufría ante las defecciones y el derrumbamiento de sus fuerzas políticas y militares, iba con la renuncia de “Protector del Perú” en el bolsillo y con la decisión de retirarse de la acción pública, si no obtenía el auxilio que reclamaba a quien disentía con él.

Treinta años de batallas carga ya San Martín. En ese tiempo no ha parado de pelear, por España primero, por América después. Solamente se ha negado a pelear contra su propio pueblo. Hay mucho cansancio en sus espaldas. Una carta posterior de Bolívar lo confirma: “Dice que se retirará a Mendoza porque está cansado del mando y de sufrir el ataque de sus enemigos…”. El tiempo hizo conocer después que el general SAN MARTÍN, entonces, se sacrificó a la ambición del general Bolívar para evitar el holocausto de América. Así fue que el ilustre guerrero, después de consolidar la libertad argentina, proclamar la independencia de Chile, llevar al Perú sus armas vencedoras y ocupar la capital del conquistador Pizarro, se retiró del teatro de sus hazañas dejándole el ejército y el campo libre a su ilustre rival y la gloria de concluir la obra que él había iniciado en el Perú.

Cuando terminaron las deliberaciones se sirvió un banquete, cuyos brindis reflejan con exactitud la personalidad de ambas figuras: Bolívar lo hizo “por los dos hombres más grandes de América: el general San Martin y yo”. Por su parte, el general San Martín brindó diciendo: “Por la pronta terminación de la guerra. Por la organización de las nuevas repúblicas del continente americano y por la salud del Libertador de Colombia”. A la noche tuvo lugar un gran baile dado por el Ayuntamiento en su palacio y a la una de la madrugada, el general San Martín ordenó a su edecán, RUFINO GUIDO, que llamase a su otro compañero, el coronel SOYER, y momentos después, sin despedirse de nadie, se retiraba del Ayuntamiento por una puerta secreta, acompañado por el general Bolívar, dirigiéndose al embarcadero, donde se embarcó en la lancha que lo condujo a la goleta Macedonia, a cuyo bordo se dirigirá a El Callao. En el momento de subir a la lancha, el general Bolívar le entregó su retrato en prueba de sincera amistad que por él experimentaba. El doctor A. J. PÉREZ AMUCHÁSTEGUI ha sumado a las investigaciones sobre lo ocurrido en Guayaquil una tesis más conciliadora, que exalta paralelamente a ambos libertadores en el ideal que selló entre ellos una férrea amistad: la causa de la independencia y la unión americana. Según ella, San Martin llegó a Guayaquil con el objeto de resolver una seria dificultad: el grupo patriota peruano que le había abierto las puertas de Lima y había sido su base de poder, lograda la liberación de Perú del poder español, se desinteresaba de la lucha por la independencia, preocupado por problemas locales. Sólo la llegada de alguien no comprometido en situaciones previas, podría poner orden y dar continuidad al proceso revolucionario y el hombre capaz de asumir ese resistido papel, según San Martín era Simón Bolívar. José de San Martin fue capaz de reconocer que su distanciamiento podía ser más útil que su presencia. Cada uno aceptó la parte de responsabilidad que le correspondía. Después de esa reunión, San Martín todavía soportará más penas y desaires, mientras Bolívar continúa con su campaña, aunque para él, también llegará el tiempo de los pesares. Sin embargo, más allá de los sinsabores que experimentaron por la incomprensión de sus contemporáneos, San Martín y Bo­lívar llegaron a cumplir airosamente con el mandato de su destino. Fueron los grandes libertadores de sudamérica y legaron para siempre el ejemplo de sus vidas, puestas al servicio del prójimo.

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