LA DOCTRINA MONROE (02/12/1823)

Después de la primera abdicación de Napoleón, las potencias coaligadas se reunieron en un Congreso General Europeo, que se efectuó en Viena, capital de Austria (entre abril de 1814 y junio de 1815). Allí se impuso el “principio de la legitimidad”, por el cual, los reyes destronados podían ceñir nuevamente sus coronas, con todos los derechos y autoridad sobre sus dominios.

En setiembre de 1815, las potencias vencedoras se unieron en un pacto de inspiración religiosa que se llamó “la Santa Alianza”, que fue en realidad un instrumento del absolutismo, por cuanto las monarquías europeas podían intervenir militarmente en cualquier territorio agitado por movimientos de carácter liberal o emancipador. Igual posición sostuvieron en el Congreso realizado en “Aix-la-Chapelle” (Aquisgrán), que comenzó a sesionar en octubre de 1818.

En 1819, el rey de España —Fernando VII— apoyado por el derecho así conferido, tenía ya preparada en Cadiz, una fuerza expedicionaria para enviar hacia América con el fin de restablecer su autoridad, propósito, para el cual contaba con el apoyo de otras potencias europeas, coaligadas en “la Santa Alianza”.

La actitud de la “Santa Alianza” para con los ex dominios españoles en América,  motivó que se realizara una serie de consultas diplomáticas entre los gobiernos de Washington y Londres, al término de las cuales, el ministro inglés GEORGE CANNING  manifestó, que a criterio del gobierno inglés, “España había perdido la oportunidad de recuperar sus dominios en América” y el ministro norteamericano RICARDO RUSH consideró “injusta y cargada de consecuencias nefastas” esta actitud.

Ante el curso de los sucesos, el quinto Presidente de los Estados Unidos, JAIME MONROE (1817-1825), manifestó que su gobierno no permanecería  inactivo  “en caso de que la Santa Alianza efectuase un ataque contra las colonias sudamericanas”. Para impedir la invención europea en el Nuevo Mundo, MONROE contaba con el apoyo del gobierno inglés, vinculado por intereses económicos, con muchos de los países americanos ya emancipados.

A fines de 1823, Fernando VII dispuso reunirse con representantes de Rusia, Francia y Austria, con el fin de ultimar con esas potencias los proyectos para recuperar sus ex dominios. Fue entonces cuando el presidente MONROE, en su discurso anual leído ante el Congreso de los Estados Unidos el 2 de diciembre de 1823, ratificando su posición, declaró que: “…los continentes americanos, por la condición libre e independiente que han asumido y mantienen, no serán considerados de ahora en adelante como sujetos a futura colonización por las potencias europeas…”. Más adelante agregó: “Debemos, en consecuencia, por la sinceridad y las amables relaciones existentes entre los Estados Unidos y esas potencias (las coali­gadas en la Santa Alianza) , declarar que consideraremos cualquier intento por parte de ellas de extender su sistema a cualquier porción de este hemisferio, como peligroso para nuestra paz y seguridad”.

La doctrina de Monroe, sintetizada en esta breve frase: “América para los americanos”, evitó en aquella época que las potencias europeas intervinieron militarmente en nuestro continente en favor de España.

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