LA CIUDAD DE SANTIAGO DEL ESTERO (1600)

De la ciudad de Esteco a Santiago del Estero hay cincuenta leguas, todas despobladas, a lo menos las cuarenta, porque a diez leguas de ella llegamos a dos poblezuelos de indios. Esta ciudad es la cabeza de la gobernación y del obispado. Es pueblo grande y de muchos indios instalados a la ribera del río y como los demás de la ciudad del Estero, ya se van consumiendo por sus borracheras. Son los indios de esta provincia muy holgazanes de su natural; en los ríos hallan mucho pescado, de que se sustentan: sábalos, armados y otros; saben muy bien nadar y los pescan de la siguiente manera, como los he visto: échanse al agua (los ríos, como no tienen ni una piedra corren llanísimos) ceñidos una soga a la cintura; están gran rato debajo del agua y salen arriba con seis, ocho y más pescados colgando de la cintura; débenlos tomar en algunas cuevas, y teniendo tanto pescado no se les da mucho por otros manteni­mientos. Son borrachos como los demás, y peores; hacen chicha de algarroba, que es fortísima y hedionda; borrachos, son fáciles a tomar las armas unos contra otros y cuando no, sacan su pie y flechanselo. Son grandes ladrones; todos caminan con sus arcos y flechas, así por miedo de los tigres, como porque salen indios a saltear, y por quitar una manta o camiseta a un caminante no temen flecharle. Los arcos no son grandes y las flechas a proporción. Pelean casi desnudos. En toda esta tierra y llanuras hay cantidad de avestruces; son pardos y grandes, a cuya causa no vuelan, pero a vuelapié, con un ala, corren ligerísimamente; con todo eso los cazan con galgos, porque con un espolón que tienen en el encuentro del ala, cuando van huyendo se hieren en el pecho v desangran. Cuando el galgo viene cerca, levantan el ala que llevaban caída, y dejan caer la levantada; viran como carabela a la bolina a otro bordo, dejando al galgo burlado. Hay también liebres, mayores que las nuestras; son pardas; no corren mucho.

Es providencia de Dios ver los nidos de los pájaros en los árboles. Cuélganlos de una rama más  o menos gruesa, como es el pájaro mayor o menor, y en contorno del nido, engieren muchas espinas por lo que no parecen sino erizos, v un agujero a una parte por donde el pájaro entra a dormir o a empollar sus huevos, y esto, con el instinto natural que les dió la naturaleza, para librarse a sí y a sus hijuelos de las culebras.

Es toda esta provincia abundantísima de miel, y buena, la cual sacan a Potosí en cueros. Es abundante de trigo, maíz y algodón y  cuando no se les hiela lo siembran. Cosa importante es el algodón para estas gentes: con él se hace mucho lienzo de algodón, tan ancho como holanda, uno más delgado que otro, y cantidad de pabilo, medias de punto, alpargatas, sobrecamas y sobremesas, y otras cosas por las cuales en Potosí les traen reales. Críase en esta provincia, la grana de cochinilla, muy fina con que tiñen el hilo para labrar el algodón. Es abundante de todo género de ganado de lo nuestro, en particular vacuno, de donde, los años pasados, porque en Potosí y provincia de los Charcas iba fal­tando, lo vi sacar, y se vendía muy bien, y bueyes de arada, y se vendía la yunta a sesenta pesos. Caballos solíanse sacar muy buenos; ya se ha perdido la casta y cría, por descuido de los dueños, de tal manera que es refrán recibido en toda la provincia de los Charcas: “De hombres y caballos de Tucumán. no hay que fiar”; tanto puede la mala fama.

El edificio de las casas es de adobes, como en las demás ciudades, pero en estas dos, como la tierra es salitrosa, el adobe se va desmoronando y cada año es necesario reparar las paredes. El río es grande, y de verano se vadea, sin dificultad porque por la frecuencia del pasaje, el suelo se afirma. Pasar por las demás partes no es bueno, porque, aunque el agua no llegue a la rodilla, se sume el caballo y el caballero en el cieno. Padece mucho esta ciudad por carecer de molino y aún, no poder hacerlo porque como lo dijimos su tierra es arenisca y mala para hacer adobes.

Hay algunas tahonas, no son más de tres y los dueños muelen solo para sus casas. Si otro ha de moler ha de llevar caballo propio para hacer girar la rueda Hacen también unos molinillos de madera que manejan con una mano y con una piedra pequeña traída de lejos, muelen a los pobres indios que las traen, porque, para una fanega de harina, son necesarios tres indios de remuda, para  moler el trigo, empero, el pan que se hace con ella es el mejor del mundo. A la mano derecha desta ciudad, a las faldas de la sierra, hay otra ciudad llamada San Miguel de Tucumán, pueblo más fresco  y de mejores edificios y agua en abundancia (fray Reginaldo de Lizárrega).

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