LA CIUDAD DE SANTA FE VISTA POR FÉLIX DE AZARA (1783)

El ramo de sisas (quedarse con una cantidad pequeña de dinero de otra persona al hacer una compra para ella. Comisión que queda para beneficio del intermediario), produce a S. M. dieciocho mil pesos por año y los años pasados llegaba a veinticinco mil. Cada tercio de yerba del Paraguay que pesa de 7 a 8 arrobas paga dos reales a su entrada en esta plaza, 19 ¼  si ha de salir para Chile, adonde es conducida en carretas por Santiago, etc., y se calcula  que en esta forma, salen de aquí diez mil tercios de yerba anuales, la cual, cuando llega a su destino de Chile, ha pagado, en diferentes aduanas, 14 reales por arroba. Para recaudar los derechos reales hay aquí un oficial real.

Llevan de aquí a Buenos Aires muchas y buenas batatas de diferente especie que las de Málaga, pero no tan delicadas, muchos limones y doscientas mil naranjas dulces, cuyo precio es aquí a seis reales el ciento y en Buenos Aires un medio por cada dos. Los naranjos son disformes y algunos dan cinco mil y más naranjas.

Hace unos tres años que se quitó a este pueblo el privilegio de ser puerto preciso para todos los barcos del Paraguay que traían la yerba del consumo de Buenos Aires y Chile, miel de caña, maderas, azúcar, algodón y tinajas de barro. Aquí se descargaba todo y se conducía en carretas a sus destinos. Aquí permutaban los paraguayos dichos géneros por los que necesitaban, y jamás por plata, que no corría en su país. Así esta ciudad era arbitra del comercio de río arriba, y de la conducción a otras partes. Los paraguayos se veían precisados a tomar la ley de los comerciantes de este pueblo, que los tiranizaban y esto dio motivo a que ambas partes tuvieran que acudir a la superioridad, quien ha mandado, tres añops ha, que los paraguayos tengan libertad para descargar en Santa Fe o en Buenos Aires, según les acomode.

El comercio de Buenos Aires también protegió a los paraguayos, por lo que de esto resultará, y ya de esto empieza a conocer bastante, que esta ciudad y su comercio vayan a la decadencia. Además del comercio, estas gentes viven de la cría de ganados, principalmente mulas para el Perú. Sus estancias las tienen a la otra banda del Paraná y también se llevan mulas y caballos al Paraguay.

El vestido y el lenguaje es el mismo de Buenos Aires, bien que las mujeres gastan menos en ropa. Sus camisas son bordadas por el pecho y por los hombros, de azul en la gente ordinaria, mientras las ricas usan cribos y bordaduras exquisitas de hilo que trabajan con gran habilidad. Lo mismo hacen con sus sábanas, almohadas, toallas, calzoncillos y enaguas y de todo esto, llevan bastante a Buenos Aires para vender allí. Tienen estas mujeres santafecinas, fama de amables y hermosas y de taparse la boca cuando se ríen, aún cuando tengan buenos dientes (Félix de Azara).

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