LA CIUDAD DE SAN JUAN (13 de junio de 1562)

El capitán JUAN JUFRÉ Y MONTESA, que llegó al Nuevo Mundo en el año 1538 y que en 1561 había sido Corregidor interino de Cuyo, fue nombrado Teniente Gobernador y Capitán General de las provincias de Cuyo, “Caria”, “Famatina”, “Tucumán” y “Noconcasta,  por el gobernador y capitán general de Chile, don FRANCISCO DE VILLAGRA.

A fines de mayo de 1562 parte desde la gobernación de Chile y el 13 de junio de 1562, fundó la ciudad de “San Juan de la Frontera”, a orillas del río del mismo nombre, , en la región de Cuyo, provincia de los “huarpes”, dándole “por término y jurisdicción treinta leguas hacia la banda de Lampa que es la banda del oeste hasta el valle de Cataive, y hacia la banda del sur, hasta el valle de Guanarache y por aquel distrito hacia la banda del norte otras treinta leguas”. Luego, hizo el señalamiento y distribución de solares entre los 23 españoles encomenderos con sus familias que fueron sus pobladores iniciales. Los aledaños estaban poblados por los “huarpes”, indígenas que algunos historiadores emparientan con los incas y otros con los tehuelches. Jufré eligió sobre la parte norte, con frente a la plaza mayor, media manzana con destino a la iglesia principal, que puso bajo la advocación del glorioso apóstol San Pedro. Juan Jufré, pertenecía a la corriente colonizadora que venía de Chile y la llamó “San Juan de la Frontera”, precisamente así, porque de esta forma se dejaba en claro el carácter de avanzada que se le quería dar a este pueblo dentro del movimiento conquistador de Cuyo.

Treinta años después de aquella fundación, una creciente arrasó la ciudad y LUIS JUFRÉ Y MENESES, hijo del fundador, la trasladó a su actual emplazamiento, 25 cuadras al sur del antiguo poblado. En 1776, San Juan se incorporó al recién creado Virreinato del Río de la Plata. Entonces se buscó comunicar la región con el Litoral y Tucumán, para comerciar la producción que consistía en vino, aguardientes, pasas de uva e higos, “patay” y algarroba. Dos viejos senderos indígenas en pleno desierto servían como rutas a las carretas que trasladaban los productos desde San Juan. La población creció sobre la mezcla de indígenas, españoles y criollos y después de las Invasiones Inglesas se les sumaron un centenar de ingleses, internados en la región luego de la derrota de Beresford. San Juan apoyó decididamente la Revolución de Mayo y fue una de las primeras ciudades en enviar diputados, ante el pedido de la Primera Junta. Su población tuvo un papel muy activo en la formación del Ejército de los Andes, pagando impuestos adelantados para crear fondos, mientras sus artesanos fabricaban armas, monturas y ropa para los soldados. La ciudad se levantó en el área de mayores posibilidades de sismos del país y fue afectada por graves terremotos, entre ellos el de enero de 1944, que la destruyó casi por completo.

Sobre la ciudad arrasada se levantó la nueva y hermosa ciudad de San Juan que hoy conocemos. Se cree que JUAN JUFRÉ Y MONTESA murió en el año 1578 y sus restos mortales, depositados en la iglesia de Santo Domingo, de Santiago, Chile, donde había fundado la capellanía, fueron enterrados allí, delante del crucero.

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