LA CIUDAD DE ASUNCIÓN (15 de agosto de 1537)

Conducidos por la obsesión de una legendaria Sierra de la Plata, los primeros conquistadores que llegaron a las tierras paraguayas apenas las consideraron un lugar de paso hacia riquezas lejanas. Después de haber fundado Buenos Aires, PEDRO DE MENDOZA había enviado una expedición al mando de JUAN DE AYOLAS en busca de las “sierras de la plata”, pero sintiéndose enfermo decidió regresar a España sin esperar el regreso de los expedicionarios. Antes de embarcarse envió a JUAN DE SALAZAR para auxiliar a Ayolas que había remontado el Paraná y luego el Paraguay hasta los 20º 30’ de latitud sur, donde fundó la ciudad de Candelaria. Había dejado esta  ciudad cargo de DOMINGO DE IRALA y continuado su marcha hacia el oeste. Salazar se encontró con Irala el 23 de junio, precisamente cuando Mendoza fallecía en alta mar. Salazar siguió su camino, siempre en busca de Ayolas, sin saber que éste había perdido la vida, detrás de ese sueño, que fue su obsesión y de la mayoría de los conquistadores españoles de esa época. JUAN DE AYOLAS, había llegado por fin a la “sierra de la plata”, pero en el camino de regreso había sido asesinado por los indígenas, cansados del maltrato de los españoles. Salazar, perdidas las esperanzas de encontrarlo, siguió su marcha hacia el norte y en su camino se detuvo cerca de la confluencia del río Paraná con el Pilcomayo y trabó una amistosa relación con los guaraníes. Los caciques CUPIRATI y CAREARÁ le ofrecieron gran cantidad de alimentos, y Salazar les prometió regresar para levantar un fuerte en el lugar. Con las bodegas repletas, la expedición siguió viaje hacia el norte, pero como no se encontraron ni rastros de Ayolas,  Salazar decidió regresar y llegado en este día, a un lugar que le pareció propicio, como les había prometido a los caciques, el 15 de agosto de 1537. fundó allí un fuerte que llamó Asunción para celebrar la fecha religiosa que ese día festejaba a la Santísima Virgen. Mientras tanto, la primera Buenos Aires fundada por PEDRO DE MENDOZA, agonizaba entre el asedio de los indígenas y la falta de alimentos y se ordenó que los 350 españoles que quedaban allí, se trasladaran a la nueva ciudad de Asunción. A partir de entonces, el primitivo fuerte comenzó a cobrar importancia y llegó a ser la ciudad  más importante de las colonias del Río de la Plata. El clima era agradable, la tierra fecunda, los indígenas se mostraban amistosos y muchas de sus mujeres se amancebaron con los españoles, por lo que la ciudad fue considerada un paraíso.

La ciudad de Asunción en 1812. El inglés JOHN PARISH ROBERTSON describe la capital del Paraguay tal como se mostró a sus ojos dos años después de la revolución de mayo de 1810. “De la ciudad diré muy poco. Como ciudad, en nuestra acepción de la palabra, nada puede decirse. En extensión, arquitectura, comodidad o población, no se compara con ninguna ciudad inglesa de quinto orden. Es cierto que tiene una catedral y cuando pensamos en Gloucester, Salisbury y aun en Chester y otras catedrales, el nombre suena bien.

Pero no tiene Asunción mayor pretensión a compararse con las ciudades nombradas, como su mezquina y blanqueada iglesia episcopal no admite parangón con ninguno de los magníficos y sólidos edificios que, con el nombre de catedrales, adornan este país (Inglaterra). Su Casa de Gobierno, con título de palacio, es una mísera, baja, blanqueada aunque extensa estructura. Sus mejores edificios –aunque nada suntuosos– son los Conventos, y hay tan pocas casas particulares buenas y cómodas, que tardé un mes en encontrar una bastante amplia, con el alquiler más elevado que nunca se pagó allí, de trescientos sesenta pesos u ochenta libras esterlinas por año, para el establecimiento reducido que intentaba instalar en esa antigua capital.

De tales casas no había más de media docena en el lugar. Las demás eran pequeñas, míseras tiendas con tres o cuatro habitaciones anexas, mientras la mayor parte de las moradas eran simples chozas, formando estrechas callejuelas, o aisladas, rodeadas por pocos naranjos. No se puede decir que hubiera más de una calle en la ciudad y ésa no pavimentada. La situación de la ciudad, sin embargo, es magnífica. Está en anfiteatro sobre la ribera del majestuoso y plácido río Paraguay… Los habitantes de Asunción y suburbios ascendían, en tiempo de que escribo, a diez mil.

Había poquísimos negros y no muchos mulatos entre ellos. La gran masa de la población era mestiza de español e indio, tan atenuada respecto al aspecto de la última casta, que daba a los naturales el aire y la apariencia de descender de europeos. Los hombres son generalmente bien formados y vigorosos, las mujeres casi invariablemente hermosas. La ligereza y sencillez de su vestido y sus atractivos personales, todavía más notables que en las correntinas, agregado al escrupuloso cuidado de su aseo personal, les dan aire interesante y encanto atrayente. Cuando las solía ver con sus cántaros en la cabeza viniendo de los pozos y manantiales, siempre me recordaban otras tantas Rebecas.

Asunción comenzó a decaer, recién cuando, fundada por segunda vez, Buenos Aires se convirtió en el centro político del virreinato, debiendo sufrir aún males mayores, cuando en 1869 fue arrasada por los brasileños, durante el transcurso de la guerra de la Triple Alianza.

Dejar un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada.