LA CASA DE DARDO ROCHA

LA CASA DE DARDO ROCHA Para los porteños memoriosos, la imagen de una vieja casona ya desaparecida, enclavada en Lavalle 835 hasta comienzos de los años ‘70, puede tener melancólicos recuerdos de pasados esplendores. Allí se levantaba, en efecto, la casa en que vivió DARDO ROCHA, el fundador de la Plata. Era una espléndida mansión cercada por una imponente reja labrada, con bellas ventanas y frontispicios “fin du siècle”. Gran puerta con cuatro columnas dóricas y balcones con figuras estilizadas. Declarada monumento histórico por el Congreso de la Nación en 1961, nunca fue convertida en museo. “El Parlamento no dispuso su compra a la familia Rocha –como aclaraba puntillosamente una crónica de la época–, ni autorizó a ésta a venderla, ni tampoco se ocupó posteriormente del objeto de aquel debate parlamentado”. La familia estaba obligada a mantener la casa, pero el Estado no se la compraba ni le permitía venderla”. Finalmente, fallecieron sus últimos ocupantes y el palacete quedó vacío. Su contenido fue remitido al “Archivo y Museo Dardo Rocha”, de La Plata, donde aún puede apreciarse. La biblioteca y la colección de documentos pasaron al Archivo General de la Nación. Lo demás se vendió en remate público, en un lamentable olvido por el pasado y el respeto debido a su ilustre propietario primitivo. En enero de 1969, el gobierno de la Revolución Argentina tomó una medida aún más penosa, derogó la ley que la declaraba monumento nacional, pero sus propietarios –es decir, los herederos de los últimos ocupantes– estaban ya en condiciones legales de deshacerse de ella. Y así lo hicieron. La gran casa histórica –que prolongaba en Buenos Aires la gloria del fundador de La Plata– desapareció bajo la acción de la piqueta, como decían los cronistas de otro tiempo.

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