LAS CAMPAÑAS AL DESIERTO (1823/1884)

Las Campañas al Desierto, mal identificadas como “La Conquista del Desierto”, fueron un conjunto de acciones militares desarrolladas en los territorios llamados “la Pampa” y “el Chaco”, llevadas a cabo  por el gobierno argentino, contra los aborígenes que los ocupaban, con el objetivo de recuperar el dominio soberano de esos territorios, que no habían sido colonizados por España durante el ejercicio de su dominación en América. Fueron quince mil leguas cuadradas de excelentes tierras  que se reintegraron al territorio nacional,  para ser pobladas y destinadas al desarrollo agropecuario de  la Nación.

Porqué decimos “mal llamada “Conquista del Desierto”?.
Nos atenemos para ello, al comunicado de la Academia Nacional de Historia, institución que consultada acerca de esta controversia, se expidió mediante nota fechada 16 de junio de 1981, haciendo suyos  los contenidos  de un dictamen producido por los señores Académicos de número,  la opinión que al respecto aportara el historiador ORLANDO MARIO PUNZI y el dictamen de la Academia Argentina de Letras, mediante notas que trascribimos a continuación:

Buenos Aires, 29 de diciembre de 1980
Al señor Presidente de la Asociación de Expedicionarios al Desierto  General de Brigada (R.E.) D. ELBIO CARLOS ANAYA.
De mi máxima consideración:
Tengo el agrado de dirigirme al señor Presidente a fin de llevar a su conocimiento que, al examinar documentos, libros, publicaciones, artículos, etc., referidos al tema de las campañas al desierto, se advierte cierta disparidad en el modo de denominación de tal acontecimiento. Así, se lo titulo, por ejemplo:
“La conquista de desierto”, “Las campañas al desierto”, “Las guerras con (o contra) el indio”, “Guerras de tierra adentro”, etc.
En tal sentido y a fin de uniformar por principio la denominación oficial de un período tan importante de la Historia Patria, soy de opinión se eleve la presente iniciativa en consulta a las Academias Nacionales de la Historia y Argentina de Letras,  para que tan altos organismos tengan a bien dictaminar acerca de su correcto enunciado.
Al respecto, y como contribución a dicho estudio, me permito, sin ánimo de crítica, adelantar mi opinión basada en mis propias inquietudes históricas y en las acepciones con­signadas en el “Diccionario dé la Lengua Española” (Decimonovena edición, 1970) y su “Suplemento”, opinión que a simple título de colaboración,  resumo en los siguientes puntos:
a). Corresponde el uso del vocablo “desierto” puesto que significa “despoblado, solo, inhabitado” y “lugar, paraje o sitio despoblado de edificios y gentes”, y es notorio que las comunidades indígenas, generalmente nómades, ocupaban en general ciertos y muy limitados espacios geográficos.
b) No corresponde el empleo de la palabra “conquista” sino para las operaciones militares desarrolladas por España luego del descubrimiento. Durante el período independiente no corresponde su uso, puesto que se “conquista” lo que no es propio. Además, “conquista” incluye “operación de guerra” y es sabido que no sólo por ese medio (sino también por colonización y poblamiento, etc.) se concretó por parte de nuestro país, la ocupación definitiva del desierto.
c) No debe denominarse “guerra con el indio” sino a las operaciones puramente militares (defensivas, ofensivas y de ocupación) y no al todo. Las “guerras” fueron una parte de un todo llamado “las campañas al desierto”. En el caso de “guerra contra el indio”, es preferible el empleo de la preposición “contra” (oposición, contrariedad) en lugar de “con” (sociedad, junta, alianza, etc.). Finalmente, “Guerras de tierra adentro ” no encuadra específicamente en el problema del indio, y es una denominación vaga y general.
d) Como “campaña” es “el conjunto de actos o esfuerzos de índole diversa que se aplican a conseguir un fin determinado”, entiendo que tal vocablo es el de más lógico uso.

Por lo expresado, estimo que la definición más adecuada, de tal período histórico, salvo mejor opinión, podría ser: “Campañas al desierto”. Es el conjunto de operaciones militares (defensivas, ofensivas y de ocupación) y civiles (colonización y poblamiento),  que los ejércitos argentinos (nacionales o provinciales),  encararon para la incorporación definitiva al dominio del Estado,  de los  territorios del antiguo virreinato (deshabitados o habitados por tribus indígenas),  que aún no habían sido efectivamente colonizados por  España al acontecer la Independencia. Saludo al señor Presidente con mi mayor estima. Coronel Orlando Mario Punzi.

Buenos Aires, 5 de marzo de 1981
Señor Presidente
Asociación Expedicionarios al Desierto
General Elbio Carlos Anaya

Tengo el agrado de dirigirme a Ud. A fin de informarle que la Academia Argentina de Letras, ha recibido la consulta formulada por Ud. acerca de la denominación oficial que correspondería aplicar a las campañas al desierto, .Estudiada la consulta mencionada, la Academia acordó contestar en los siguientes términos: “Como bien se observa en la nota que acompaña la consulta, existe una considerable fluctuación en los modos de denominar las campañas al desierto, siendo posiblemente las dos más comúnmente empleadas las de “conquista del desierto” y “campaña al desierto”.

Aunque la primera goza desde antiguo,  de cierto predícamento, como puede observarse, por ejemplo, en las obras de Estanislao Zeballos (“La conquista de quince mil leguas”), Manuel Prado (“La conquista de la Pampa”) y M.J. Olascoaga (”La conquista del desierto”), tanto por razones léxicas como éticas, con el particular respeto debido a los argentinos de origen indígena, la Academia Argentina de Letras, no ve inconveniente en uniformar la denominación actual bajo la forma “campañas al desierto”.

Por último, cabe aclarar como ya lo ha señalado reiteradamente esta Academia, que sus informes se ciñen a lo establecido en las normas fijadas o propuestas por la Real Academia Española, complementadas con las sucesivas observaciones que aporta la Academia de la Lengua Española, por lo que bajo este punto de vista, la denominación de “campaña”, resulta inobjetable ya que la acepción general que nos atañe, esta voz significa, sin olvidar su matiz específicamente militar, “conjunto de actos o esfuerzos de índole diversa que se aplican a conseguir un fin determinado” (Diccionario de la Real Academia Española, ed.1970, p. 238).

Saludo a Ud. Muy atentamente Juan Carlos Ghiano, Secretario General

Antecedentes
La Pampa y la Patagonia oriental eran una amplia región habitada pos pueblos originarios, que nunca pudo ser conquistada por los europeos, y que desde el siglo XVII se fue unificando bajo la cultura mapuche. Recién a fines del siglo XIX, Argentina y Chile, lograron ocupar la región mediante la guerra contra los indígenas.

A la llegada de los europeos, el sur del continente americano, la Pampa y la Patagonia, estaba poblado por los pampas, los tehuelches (patagones) en la Patagonia oriental y los mapuches en la Patagonia occidental; Tierra del Fuego estaba habitada por una rama de los tehuelches: los selknams (onas), los yámana y los kawéskar.

Con el desembarco de los conquistadores realistas en las riberas del Río de la Plata y la fundación de la ciudad de Buenos Aires durante el siglo XVI, se produjeron las primeras confrontaciones entre los españoles y el pueblo originario que habitaba la región pampeana, los pampas (hetó querandíes), llamados luego ranqueles, una vez integrados a la cultura mapuche en el siglo XVIII.

A partir del siglo XVII una pequeña cantidad de bovinos abandonados por los españoles en las pampas, se multiplicaron naturalmente hasta conformar enormes manadas de bovinos salvajes. Tanto los pampas y mapuches, ocupantes de esos territorios, como los españoles y gauchos libres, se dedicaron a la caza de esos animales, lo que llevó a enfrentamientos entre unos y otros. Los españoles construyeron entonces una línea de fortines cercana a Buenos Aires y Córdoba, para ocupar zonas exclusivas de caza, llamadas vaquerías. Los pampas consideraron que los europeos habían usurpado invadiendo sus territorios, y durante siglos atacaron sus posiciones mediante un sistema de ataques en masa, denominados malones, utilizando diestramente el caballo, largas lanzas y boleadoras. Entre los siglos XVII y XVIII los mapuches impusieron su cultura a la mayor parte de los pueblos indígenas que habitaban la pampa y la Patagonia.

Desde fines del siglo XVIII, en el virreinato del Río de la Plata, los españoles comenzaron lentamente a avanzar sobre territorio ranquel. El río Salado (provincia de Buenos Aires), que divide al centro la pampa occidental, se convirtió entonces en el límite entre ambas civilizaciones. Algunos indígenas solían trabajar en las estancias españolas, mestizándose con europeos, negros y otros indígenas. El origen social de los gauchos está relacionado con este proceso de mestizaje. Simultáneamente desde la Capitanía de Chile se procedía a un ataque sistemático sobre los mapuches, conocidos también como araucanos, que se conoció como la Guerra de Arauco y luego de la independencia, en 1816,  Argentina mostró una abierta intención de ocupar las tierras dominadas por los ranqueles y mapuches.

Una confrontación secular
Según algunos historiadores, la confrontación con el aborígen, comenzó en 1516, cuando los guaraníes dan muerte  a JUAN DÍAZ DE SOLÍS, en las costas del río Uruguay. En noviembre de 1529, los indios “timbúes” destruyen el Fuerte Sancti Spiritus, en represalia por las crueldades a las que los someten los españoles. En 1531, el navegante portugués PEDRO LÓPEZ DE SOUZA, mientras explora el río Uruguay, es hostigado por los charrúas y obligado a retirarse. El 15 de julio de 1536, un grupo de 400 españoles es exterminado por los “querandíes” en la acción de “Luján” y el 21 de diciembre del mismo año, Buenos Aires es incendiada y sus pobladores obligados a abandonarla, por los mismos indígenas. En 1553, PEDRO DE VALDIVIA es muerto por los “mapuches” en Neuquén. En 1581, JUAN DE GARAY incursiona 70 leguas al sur después de refundar Buenos Aires y llega a los territorios donde hoy se encuentra la ciudad de Mar del Plata y es permanentemente hostilizado por los “querandíes” (pampas), con quienes libra varios enfrentamientos. En 1583 el sargento mayor JUAN RUÍZ DE OCAÑA, perteneciente a la expedición de GARAY se bate con el cacique guaraní TELEMONIÁN CONDIÉ, que se resiste a la presencia de los españoles “en su tierra” y marchando hacia Santa Fe, el mismo GARAY es lanceado durante un entrevero con los indígenas del lugar.

En 1606 los siete caballos y las cinco yeguas que quedaron vivos luego de que DOMINGO MARTÍNEZ DE IRALA ordenara el despoblamiento de Buenos Aires, se dispersaron. Y ya en libertad, con buenos pastos y sin predadores a la vista, se multiplicaron enormemente y esas grandes manadas, atrajeron la codicia de los habitantes originarios y hasta de los araucanos y mapuches, que se decidieron a atravesar la cordillera, donde además de caballos, tenían a la mano, fabulosas praderas e ingentes manadas de vacunos cimarrones, dando comienzo a las primeras correrías que se registran al sur de Cuyo

En 1609 comienza la caza salvaje del ganado cimarrón y en busca de ellos, los indios “pampa” saquean la zona sur de la provincia de Córdoba, hasta que son echados por una partida al mando del teniente LUIS DEL PESO  En 1627, como represalia  por los malones que efectuaban los “pehuenches” al sur de Chile, el capitán español JUAN FERNÁNDEZ los batió al norte del río Neuquén. En 1649, el capitán español LUIS PONCE DE LEÓN bate a una partida de aborígenes belicosos en cercanías del lago Huechulafquen y cuando el jesuita español DIEGO ROSALES, rescatando al cacique vencido, junto con 40 de sus hombres que habían quedado cautivos de ROSALES, los lleva devuelta a su toldería, es obligado a retirarse en medio de la hostilidad de toda la tribu.

En 1657 el corregidor de Cuyo, maestre de campo MELCHOR DE CARVAJAL Y SARAVIA rechaza un ataque de los pehuenches  y los persigue luego hasta el río Atuel.  En 1659. Puelches y pehuenches, pertenecientes a la tribu del cacique TANAQUEUPÚ, de reconocida crueldad, asuelan la región sur de las provincias de Córdoba y San Luis y unidos luego con los “boroganos”, venidos desde Chile, incursionan por los llanos de la provincia de Buenos Aires. En 1664, los “puelches”, aliados con los “araucanos”  llevan un gran ataque  que llega hasta las inmediaciones de donde hoy está la provincia de Mendoza

En 1666. GASPAR DE VILLARROEL  regidor de la provincia de Valdivia (Chile), cruza la cordillera y sale en persecución de indios que cometían desmanes al sur de Neuquén. En 1672 comienzan los malones de indios en el sur bonaerense : los “pampas”  atacan establecimientos ganaderos cercanos al arroyo de Tandil  y la sierra de Volcán. En 1700 los padres jesuitas VAN DER MEEN, JUAN JOSÉ GUGLIELMI y FRANCISCO ELGUEA son muertos por los aborígenes mientras éstos predicaban en los faldeos de la cordillera neuquina. En 1704, durante el gobierno del corregidor PABLO GIRALDEZ DE ROCAMORA, los “pehuenches”, del centrosur de Chile, someten a los pacíficos huarpes”, cruzan la cordillera y se unen a las tribus de esa etnia que habitaban en Mendoza. En 1713, los “pehuenches” incendian San Luis. En 1735 aparecen los primeros “malones” en lo que era el “centro” de la Provincia del Río de la Plata, realizando atrevidas “entradas” en diversos poblados y estancias de Buenos Aires, Santa Fe y Córdoba. El 5 de enero de 1735, los indígenas invadieron el valle de Salta, incendiaron los precarios asentamientos de los españoles y cometiendo toda clase de atrocidades, se llevaron numerosas “cautivas”, alimentos y armas. En agosto de 1737 los “pampas”, ya araucanizados,  atacaron a las poblaciones de la zona del Salado y Arrecifes y robaron gran cantidad de animales. El Gobernador SALCEDO envió una expedición “punitiva” que habiendo encontrado un poblado indígena, mató a su cacique “TOLMICHIYÁ” y a todos los hombres de su toldería. En represalia, el cacique “CACAPOL” con unos 2.000 indígenas entró al territorio que hoy ocupa “Magdalena”, arrasando con todo lo que encontraba, llegando hasta unas seis leguas de Buenos Aires. Simultáneamente, su hijo “CANGAPOL”, con 4.000 indígenas destruyó todo lo que encontró en la zona de Luján, arreó el ganado, mató a los hombres y se llevó cautivas a todas las mujeres. En 1740, los “malones” devastan Fontezuelas, Luján y Matanza, llegando hasta siete leguas de Buenos Aires y el pago de Magdalena sufre un feroz ataque que causa más de 100 muertos entre sus pobladores, muchos cautivos y grandes daños materiales. En 1741, el Gobernador del Tucumán JUAN DE SANTISO Y MOSCOSO acuerda la paz con el cacique “BRAVO”, líder de los “pampas”, quien se compromete a detener las incursiones de los “aucas”. En 1742, las matanzas llevadas a cabo en 1740 por los indígenas en Luján, San Antonio de Areco y Magdalena, deciden al gobernador de Buenos Aires, ORTÍZ DE ROZAS a buscar un acuerdo con las tribus hostiles, para que cesen en sus ataques, garantizándoles que no serán hostilizados y que se les atenderá en sus necesidades de alimento, pero fracasa en la intentona. En 1743, JUAN ALONSO ESPINOSA de los MONTEROS, es nombrado Gobernador del Tucumán (1743-1749) por FERNANDO VI. Durante su gobierno, en 1747, se produjo una gran invasión de indígenas “abipones” a quienes detuvo luego de una extenuante campaña. También en Salta y Jujuy debió luchar contra los “tobas” y “mocovíes” que lanzaban contínuos “malones” contra los poblados. En 1744, El  Gobernador de Buenos Aires, DOMINGO ORTIZ DE ROZAS derrotó a los indígenas que atacaban las poblaciones de la frontera con Luján. Toma numerosos prisioneros y los envía a trabajar en las obras de Montevideo. En 1745, el Gobierno de Buenos Aires dispone la instalación de fortines para defender sus fronteras, pero el plan fracasa debido a las numerosas deserciones que se producen por la hostilidad de los aborígenes y por la precariedad de medios de subsistencia para sus guarniciones. En 1747, JUAN ALONSO ESPINOSA de los MONTEROS, Gobernador del Tucumán, dispone una importante operación ofensiva para detener una gran invasión de indígenas “abipones” que comandados por el caudillo BENAVÍDEZ”, habían invadido la Provincia, asolando las campañas de Santiago del Estero y Córdoba y asaltando las tropas de carretas que viajaban entre Buenos Aires y Córdoba, camino del Alto Perú. En el marco de esa campaña, funda el “Fuerte San José” en Santiago del Estero. El 29 de enero de 1750, luego de una serie de combates en que fueron vencidos por las tropas santafecinas, al mando del Teniente de Gobernador de Santa Fe, FRANCISCO ANTONIO DE VERA Y MUJICA y del sargento mayor JUAN ESTEBAN FRUTOS, las últimas tribus “charrúas” que quedaban en el territorio de Entre Ríos, se rindieron a discreción a los españoles, poniéndose así fin a una de las luchas más encarnizadas que hayan sostenido los santafecinos contra los antiguos pobladores de estas tierras, entre los cuales se destacaron por su ferocidad y pujanza los célebres e indómitos “charrúas”. El 8 de mayo de 1751, un malón asalta, incendia y saquea el pueblo de Pergamino. En 1752, las constantes luchas contra los indígenas en las que se empeñaba el Gobernador del Tucumán, JUAN VICTORINO MARTÍNEZ DE TINEO, causaron la sublevación de las milicias de Catamarca y La Rioja. Los hombres reclutados y ya listos para marchar hacia la frontera de Santiago del Estero con el Chaco, se amotinaron y se dispersaron por toda la Provincia, acompañados por los campesinos en protesta contra el arbitrario servicio militar que los españoles les imponían. A causa de esto, MARTÍNEZ DE TINEO renunció. En 1773, comienza a vislumbrarse la poca efectividad de la presencia de los Fortines instalados en 1752 en “Zanjón”, “Luján” y “Salto” y dos “baqueanos”, llamados  EGUÍA y RUÍZ aconsejan trasladarlos a sitios estratégicos más avanzados. Comienza así entonces a estudiarse la posibilidad de realizar una vasta campaña contra lo indígenas y un plan de expansión colonizadora. El 30 de julio de 1774, el  Gobernador del Tucumán, JERÓNIMO MATORRAS, se reúne con los caciques de las tribus “mocobíes” y “tobas” que actuaban bajo el comando en jefe del famoso cacique LACHIQUIRÍN (también llamado PAIKÍN) y el 30 de julio de 1774 firmaron una paz y sometimiento al Rey de España. Poco después el cacique PAIKÍN fue muerto por su rival, el cacique BENAVIDES que desde 1747 asolaba la zona de campañas de Córdoba y que luego de matar a su rival, incrementó sus correrías, ignorando la paz que había firmado Paikín. Se sabe que esta expedición habría encontrado tres leguas más adelante de Caugayé unos torreones y murallas, vestigios ruinosos de un antiguo pueblo de cristianos fundado por ANGELO PAREDO, en 1670. En abril de 1778, son descartados por impracticables los ambiciosos planes de expansión que se estaban estudiando desde el año anterior y es aceptada la propuesta de MANUEL DEL PINAZO, que sugiere avanzar las fronteras, después de haber efectuado un detenido reconocimiento de los territorios a ocupar. En julio de 1778, aprobados los planes para terminar con la belicosidad de los indígenas y expandir la presencia colonizadora, el Maestre de Campo MANUEL DEL PINAZO, parte al frente de una imponente caravana de 580 carretas escoltadas por 400 soldados al mando del Capitán JUAN DE SARDÉNS, con la misión de explorar el territorio afectado por los malones y proponer las medidas a tomar. En 1779, el Teniente Coronel FRANCISCO BETBEZÉ inspecciona las fronteras de Buenos Aires y en consonancia con sus informes, se instalan seis nuevos fuertes que se ponen a cargo de los “blandengues” y cinco fortines que serán guarnecidos con milicianos de cada lugar, que no tendrán sueldo, pero sí alimentos. Son ellos los fuertes de “Juan Bautista de Chascomús”, Nuestra Señora del Pilar de los Ranchos”, “San Miguel del Monte”, “San Antonio del Salto”, “Luján” y San Francisco de Rojas y los fortines “Los Lobos”, “Navarro”, “Claudio de Areco” (hoy Carmen de Areco), “Mercedes” y “Melincué”. El 13 de diciembre de 1783, un malón asaltó la estancia “El Rincón de López”. En las llanuras desiertas del sur, sobre el río Salado. Los indígenas cometieron toda clase de atrocidades, cayendo inmolaos el dueño de la misma, CLEMENTE LÓPEZ DE OSORNIO y su hijo mayor Andrés, de veintiséis años de edad. Clemente López de Osornio encarnó, en la segunda mitad del siglo XVIII, “el tipo rudo del estanciero militar que pasó su vida lidiando con el indígena para conquistar palmo a palmo la pampa y dominar a los salvajes infieles”. Fue Sargento Mayor de milicias, caudillo de los paisanos y cabeza del gremio de hacendados, “de quienes tuvo durante muchos años la representación con el cargo de apoderado ante las autoridades del Virreinato”. Su famoso establecimiento “El Rincón” era el eje de la ganadería en el sur y el centro del abasto para la ciudad. Tan importante personaje y colonizador fue el abuelo materno de Juan Manuel de Rosas. En 1785, con efectivos aportados por Buenos Aires, Córdoba y Mendoza, se lanza una importante campaña contra los indígenas que llega hasta 240 leguas más allá de la frontera sur. En 1792, el comandante DOMINGO DE AMINGORENA llega hasta las 200 leguas al sur de Mendoza y logra batir a una poderosa fuerza de indígenas al mando del cacique NUYEGALEY.

Después de la Revolución de Mayo de 1810
Producida la Revolución de Mayo, los primeros gobiernos patrios combinaron las relaciones comerciales e internacionales con los indígenas, con expediciones militares ofensivas denominadas “campañas al desierto”, con el establecimiento de fortines con el fin de ir ocupando progresivamente el territorio en poder de los indígenas.

En 1810, la Primera Junta ordenó realizar una expedición a las Salinas y a su regreso una delegación indígena firmó un tratado de paz con las Provincias Unidas del Río de la Plata. En 1815 el general JOSÉ DE SAN MARTÍN solicitó permiso a la nación pehuenche, para atravesar su territorio con el Ejército de los Andes  En 1820 la recién creada Provincia de Buenos Aires y los pueblos indígenas pampeanos, firmaron el “Pacto de Miraflores”, estableciendo la frontera en la línea de las estancias al sur del río Salado.

Pero el 27 de octubre de 1820 un malón lanzado contra la localidad de Lobos, deja un saldo de 100 pobladores muertos y el 3 de diciembre del mismo año, la localidad de Salto es arrasada por 2000 indígenas de los caciques  PABLO, YANQUETRUZ y ANCAFILU, que junto a 500 desertores, bandoleros y prófugos de la justicia, actuaban bajo el mando del ex Director Supremo de Chile, el caudillo JOSÉ MIGUEL CARRERA. El 4 de abril de 1821, unos 1.500 mapuches bajo el mando del desertor y delincuente JOSÉ LUIS MOLINA atacaron el pueblo de Dolores, destruyéndolo completamente y llevándose 150.000 cabezas de ganado.

Como represalia por los ataques de CARRERA y YANQUETRUZ, el gobernador MARTÍN RODRÍGUEZ, el 15 de diciembre de 1820 inicia acciones ofensivas. Con 1.600 milicianos divididas en dos agrupaciones: la primera compuesta por 900 hombres al mando del coronel RAFAEL HORTIGUERA,  marcha hacia la Laguna de los Huesos, acompañado por JUAN MANUEL DE ROSAS que lleva 500 de sus soldados. La segunda agrupación, bajo de su mando, con 200 hombres se dirige hacia Kakel Huincul y luego de rechazar un ataque de los indígenas, ante la huída de los caciques, regresa el 17 de enero de 1821 a Buenos Aires.

En 1821 la frontera bonaerense es asediada  por los malones comandados por un renegado llamado JOSÉ L. MOLINA, que con 1.500 guerreros se lleva de Dolores y Monte 150.000 animales. En abril de 1822 quinientos pampas saquean Pergamino y los caciques  de Sierra de la Ventana exigen el retroceso de la frontera l Salado y el levantamiento del pueblo de Patagones. En Santa Fe el 10 de diciembre de ese año se lanza un importante malón  que es rechazado por el sargento mayor FEDERICO RAUCH y un nuevo embate indígena llega hasta las puertas de Buenos Aires. Se intensifica el tránsito de ganado robado hacia Chile, utilizando el llamado “camino de los chilenos” (río Colorado, Pichi Mahuida, Choele-Choel, río Negro, río Limay o Paso de Pino Hachado.

Acciones ofensivas
Y aquí comienza otra historia pues estaba visto que con una actitud pasiva y firmando pactos no se lograba la paz ansiada. Hasta ahora, como se ha visto, ante los ataques de los indígenas, no había habido una respuesta que llevara inquietud a a sus gestores. Más bien, casi siempre se adoptó una actitud defensiva, hasta que la ruptura del “Pacto de Miraflores” por parte de tribus belicosas, decidió  a las autoridades poner término a las correrías que realizaban los nativos, sembrando el pánico entre los pobladores, saqueando las propiedades, robando el ganado y llevándose cautivas a las mujeres, escenario que impedía el poblamiento y el desarrollo de un inmenso territorio, que no podía considerarse como parte integrante de un país soberano.

Fue entonces, que a partir de 1823, se inició lo que se conoce como  la etapa ofensiva de “La Campaña al Desierto.  En esos años, el incremento de las depredaciones cometidas en el sur bonaerense por los aucas o aucaes (indígenas comúnmente llamados “pampas”), indujo al Gobernador de Buenos Aires, MARTÍN RODRÍGUEZ a efectuar una excursión punitiva hasta sus tolderías.

Y FRENTE A ESTAS FAMILIAS ABORIGENES, SE ALZÓ LA FIGURA DEL HOMBRE BLANCO, QUE LLEGÓ A AMÉRICA, PRIMERO PARA CONQUISTAR ESTOS NUEVOS TERRITORIOS QUE SE ABRÍAN UBÉRRIMOS Y LLENOS DE RIQUEZAS PARA SATISFACER SU CODICIA Y SUS ANSIAS DE PODER Y DOMINIO, REEMPLAZADO LUEGO POR EL GAUCHO, QUE VIO EN ESTAS TIERRAS, LA POSIBILIDAD DE LABRARSE UN PORVENIR Y QUE QUISO POSEERLA, PORQUE SE LE DIJO QUE ERA SUYA, QUE ESTA ERA SU PATRIA Y QUE ERA SU DERECHO AFINCARSE EN ELLA, LABORARLA Y EXTRAER DE ELLA SU SUSTENTO Y EL DE SU FAMILIA.

Y ASÍ LO HIZO, SIN PENSAR QUE DETRÁS DE ESE HORIZONTE QUE VEÍA PROMETEDOR, ESTABAN QUIENES HABÍAN NACIDO EN ELLA. QUIENES POR SIGLOS Y SIGLOS LA HABÍAN RECORRIDO LIBRES Y FELICES. CON SUS HIJOS, SUS COSTUMBRES Y SUS MIEDOS.

Y ASÍ FUE QUE EN ESTA TIERRA HUBO DOS DUEÑOS. MEJOR DICHO DOS MUNDOS QUE SE CONSIDERARON DUEÑOS ABSOLUTOS DE UN BIEN. Y COMO ESTO NO ERA ASÍ, VINO LO QUE VINO.

CRUELDADES DE AMBOS BANDOS. INCOMPRENSIÓN, ENGAÑOS, VIOLENCIA, DOLOR, MUCHO DOLOR Y UN FINAL QUE NO MERECIÓ NADIE. PORQUE UNOS FUERON BORRADOS DE LA TIERRA Y OTROS, QUEDARON TRIUNFANTES SOBRE ELLA, PERO A QUÉ PRECIO SEÑOR !!!. AÚN HOY, PASADOS YA MUCHOS AÑOS, LA HISTORIA ARGENTINA AÚN ESTÁ MANCHADA CON LA SANGRE DE QUIENES MURIERON EN ELLA POR DEFENDER “SUS DERECHOS” Y AÚN SE PIENSA QUE PODRÍA HABER HABIDO OTRA SOLUCIÓN, PARA DIRIMIR ESAS DIFERENCIAS DE OPINIÓN.

El acto final de este drama, tuvo lugar el 18 de diciembre de 1884, fecha en la que  el último grupo rebelde de más de 3.000 “lanzas”, bajo el mando de los caciques INACAYAL y FOYEL, se rindieron en la actual provincia de Ch

Pueblos involucrados:
Pampas.
Con este nombre aludimos a los indígenas primigenios que habitaban en las pampas, desde mucho antes de la llegada de los españoles y comenzaron a extinguirse a principios del siglo XVIII, exterminados por aborígenes “araucanos”, que provenientes de Chile, cruzaron la Cordillera de los Andes en procura de mejores tierras y bienes, escapando de la “hambruna” a que los sometían los inhóspitos territorios que habitaban desde sus orígenes. Abarcaban a los “taluhet” del noreste (que incluía a los “querandíes”), y a los “diluhet” del sudoeste de dichas llanuras. Se dedicaban a la caza de guanacos y venados, para lo cual debieron ser  ágiles corredores y diestros en el manejo del arco y las boleadoras. Muerta la presa, bebían su sangre caliente. A veces recogían raíces, algarrobas y langostas, cuando las había. Su industria principal era el trabajo de la piedra, con la que fabricaban algunos útiles, puntas de flecha y “sobadores” para la preparación de las pieles. Se guarecían al amparo de paravientos hechos con estacas, cueros y ramas y más tarde en toldos. Los hombres vestían un taparrabo triangular  y usaban “barbote”, también llamado “tembetá”, voz guaraní (“tembé”: labio, “Ita”: piedra),  que designa a una varilla de metal, madera  u otro material que atraviesa el labio inferior de los miembros de la tribu, como señal de madurez sexual). Las mujeres se cubrían con “pampanillas” y unos y otros se abrigaban con mantos hechos con pieles de zorro, guanaco o nutrias cosidas entre si y según las circunstancias (fiesta o guerra), se pintaban el cuerpo. De pueblos más avanzados aprendieron a modelar una tosca alfarería. La “araucanización” que sufrió este pueblo, hace muy difícil que hoy se encientre algún individio de esa etnia en estado puro.

Araucanos
 “Araucano”, es un término que significa habitante de Arauco, una región que actualmente se encuentra en territorio chileno. Por extensión se ha utilizado la expresión para referirse a las personas o comunidades de lengua mapuche aunque habitaran fuera de Arauco. A estas tribus, pertenecían los caciques TRACALEU, MARCELO NAHUEL, JUAN SALPÚ, NAMUNCURÁ, ZUNIGA, PURRÁN . SAYHUEQUE, estaban en la provincia de Neuquén. El cacique araucano YANQUETRUZ, se estableció con su tribu entre los ranqueles, ocupando territorios al sur de Córdoba, Santa Fe, San Luis y La Pampa, tomó el mando de los ranqueles al morir el cacique CARIPILÚN y los llevó a la guerra contra el blanco, apoyado por los “aucas”, una tribu de belicosos aborígenes escindidos de los araucanos que se dieron el nombre de aucas (que significa “pueblo libre”) y que habitaba sobre las márgenes de los ríos Negro y Colorado

Aucas.
Una tribu de belicosos aborígenes que se dieron el nombre de aucas, que significa “pueblo libre” y que habitaba sobre las márgenes de los ríos Negro y Colorado

Boroganos (o boroanos)
Se conoce como boroanos, borogas o boroganos (en cualquiera de los tres casos también se los encuentra en la bibliografía escritos con v), al grupo de mapuches originarios de Boroa (o Voroa) en la Araucanía chilena. Su lugar de origen se encontraba en el territorio actualmente chileno que se extiende, entre los ríos Cautín y Toltén, cerca de La Imperial. Su nombre deriva del arroyo Vorohue (“lugar donde hay huesos”, aunque según algunas versiones estos “huesos” serían mazorcas de maíz). Durante la guerra e la Independencia de Chile (1819/1821), la mayoría de los boroganos lucharon junto a los realistas, acaudillados por el cacique Curiqueo, pero algunos otros lo hicieron del lado de los “patriotas” (independentistas). A partir de 1818, comenzaron a realizar incursiones al oriente de la Cordillera de los Andes, llegando hasta la actual provincia de Buenos Aires en donde formaron una federación gobernada por un consejo de seis caciques mayores: Cañiullan, Melín, Alún, Gauyquil, Mariano Rondeau y Cañiuquir, del cual dependían otros veinte caciques menores. Se unieron al general chileno José Miguel Carrera, que luego de ser derrotado en su patria, había huído hacia la Argentina y lo secundaron en sus correrías hasta que este fue derrotado el 30 de agosto de 1821 en Punta del Médano por las fuerzas del coronel José Albino Gutiérrez. En  1823, comenzaron a trasladarse a las Salinas Grandes y a la Sierra de la Ventana, donde se asentaron. y en agosto de 1828, atacaron Carmen de Patagones y la “Fortaleza Protectora Argentina”. El boroga Caniucuiz (Cañiuquir o Cañiquir) asumió el mando de los boroganos y éstos intentaron unirse al levantamiento unitario de Juan Galo de Lavalle, pero Juan Manuel de Rosas  logró impedir esto, llegando a un arreglo con los boroganos por medio de una de las esposas (Luisa) del cacique mayor Cañiuquir, que mantenía prisionera en su estancia de Los Cerrillos. Más tarde, de la mano del cacique Rondeau  buscaron acercarse a las autoridades y vivieron un tiempo en paz, hasta que el araucano Calfucurá, considerándolos traidores a “la causa araucana”, asesinó a Rondeau y a todos sus capitanejos.

Manzaneros,
Tehuelches septentrionales” que fueron araucanizados y que vivieron en los territorios actualmente ocupados por las provincias de Río Negro, Neuquén y Chubut

Mapuches.
“Mapuche” es la palabra que utilizan los mapuches para designarse a sí mismos. Deriva de las expresiones “mapu” (tierra) y “che” (persona o gente). Tribu del cacique COLIQUEO, proveniente de Chile, que se ubicó en Los Toldos, provincia de Buenos Aires. El origen de esta “gente de la tierra”, que habitaba en Chile, arrancaría de una población remota de pescadores y cultivadores, de lengua mapuche dominados por “moluches” (guerreros), que los habría invadido hacia los siglos XII o XII (según R.L. Latcham). Uno de sus componentes habría derivado de una básica vinculación amazónica y el otro sería de raza “ándida”. No se sabe en qué medida intervinieron elementos oceánicos que aportarían una fuerte influencia polinésica (toquis o hachas ceremoniales, arcos cortos, inhumación de sus muertos en una canoa, anclas de cuatro uñas y velas trapezoidales). Los mapuches, desplazados por la invasión de los “moluches”, se extendieron hacia el norte (pincuches),  y hacia el sur (huilliches). Quizás otra etnia que había llegado a tener  unos 400.000 individuos se afincó al oeste de la Cordillera de los Andes y cuando llegaron los conquistadores españoles, los llamaron “araucanos”, gentilicio derivado de “Arauco”, voz corrupta equivalente al topónimo “ragco” (agua gredosa), según F. Erize.

Ranqueles
Surgidos de la araucanización de un grupo de los “tehuelches septentrionales”, dominaban el sur de las provincias de Mendoza, Córdoba y San Luis y el norte de la de La Pampa. Su nombre es la castellanización de la palabra mapuche “rangkülche”,  que proviene de “rangkül” (caña) y “che” (persona) y que era utilizada para denominarse a sí mismos. Para los mapuches eran una de las cuatro identidades territoriales del Puelmapú. La República Argentina utiliza oficialmente la designación rankulche. Surgidos de la expansión de los rasgos culturales de un sector de los tehuelches septentrionales, dominaban el sur de las provincias de Mendoza, Córdoba y San Luis y el norte de La Pampa, capitaneados por los caciques EPUMER ROSAS -EPUMER PAINE, REUMAY, PINCÉN, CARIPILÚN, MANUEL GRANDE, TRIPAILAO, y RAMÓN CABRAL o RAMÓN PLATERO.

Salineros. Aliados naturales de los ranqueles, el núcleo principal se ubicaba en las Salinas Grandes, en el noroeste de la provincia de Buenos Aires. Estaban gobernados por la dinastía araucana de los Curá, que ocupaban el sudeste de La Pampa y el oeste de Buenos Aires, mientras que la tribu del cacique PINCÉN ocupaba  el noroeste de Buenos Aires.

Tehuelches
“Tehuelche” es una palabra derivada del mapudungun, que significa “gente bravía”, para denominar a un conjunto de pueblos que habitaban la Patagonia argentina. Es la denominación genérica con que los españoles y argentinos llaman a diversos grupos nómades de la Patagonia. Puelche (“gente del este”) es también una palabra mapuche para denominar a los pueblos del este de los Andes, que se ha utilizado para pueblos como los “gününa kune”, los “aonikenk” e incluso para mapuches o tehuelches mapuchizados. La agrupación de varios pueblos en una sola palabra, produjo históricamente confusión sobre la identidad de cada uno de ellos. En 1995 el antropólogo argentino ROODOLFO CASAMIQUELA  identificó a los pueblos tehuelches del siguiente modo: Tehuelches insulares: los “selnám” y los “manekenk o haush”; Tehues meridionales australes: los “aónik’enk” y los “patagones” o “chewelches”; Tehuelches meridionales boreales: los “mech’arn”; Tehuelches septentrionales australes o gününa kena, llamados también “pampas”, “chewelches”, “tehuelches”, “williches”, y “puelches” (un subgrupo de ellos son los “chüwach a künna”); Tehuelches septentrionales boreales: los “querandíes” y los “puelches” del norte del Neuquén). En La República Argentina, se utiliza oficialmente la designación tehuelche para referirse a los habitantes de la Patagonia. Vivían en la zona de Tapalqué, provincia de Buenos Aires, en Río Negro, Neuquén y Chubut. A esta etnia pertenecían la tribus de los caciques JUAN SACAMATA, MANUEL QUILCHAMAL, tehuelches de la cordillera de los andes, CATRIEL, que vivían en la zona de Azul y la Tribu del cacique principal MANUEL BAIGORRITA.

CAMPAÑA AL DESIERTO DEL CORONEL MARTÍN RODRÍGUEZ (19 DE MARZO DE 1823)

19 de marzo de 1823
Se instala el “Fuerte Independencia”. El general MARTÍN RODRÍGUEZ sale de la Guardia del Monte con una fuerza de 2.500 hombres con la misión de construír una línea de fortines que aseguren la vida de los pobladores  contra las invasiones indígenas en la frontera sur del país y el 19 de marzo de 1823, instala el “Fuerte Independencia”  en la frontera sur con el indio. Este será el origen de la ciudad de Tandil, en la provincia de Buenos Aires (ver “Fundación de la ciudad de Tandil” en Crónicas).

08 de mayo de 1823
Combate de “La perfidita”. El coronel RODRÍGUEZ salió de Guardia del Monte, en la provincia de Buenos Aires, en procura de un grupo de 800 indígenas “aucas” que se iban a incorporar a sus fuerzas para auxiliar a sus tropas en posibles entreveros con los ranqueles y también para indicarles en el terreno la ubicación de aguadas y pastizales. El 8 de mayo, llegando a una laguna conocida como “La Perfidia”, los “aucas” que se le habían unido sólo esperando el momento oportuno para volverse contra él, lo atacan tratando de frustrar su intento de seguir la marcha para dominar las tierras que consideraban propias. Los indígenas son rechazados, pero a costa de grandes pérdidas, lo que obliga al coronel Rodríguez a emprender el regreso hacia Montes.

Octubre de 1823
Una coalición de 5.000 ranqueles, pampas y tehuelches atacaron simultáneamente el sur de Santa Fe, Luján, Tandil y Chascomús. Fueron perseguidos por el comandante de milicias JUAN MANUEL DE ROSAS, quien logró rescatar 120.000 reses que se habían llevado.

25 de enero de 1824
El coronel MARTÍN RODRÍGUEZ, al frente de 2.500 hombres, acompañado esta vez por JOSÉ RONDEAU, insiste en su decisión de poner coto a los desmanes que producían los indígenas en la frontera sur de Buenos Aires y llega hasta cerca de Bahía Blanca pero agotados sus hombres por las exigencias de una dura marcha y el contínuo hostigamiento de los indígenas, debe regresar sin haber logrado su cometido por segunda vez.

03 de enero de 1827
Combate de la Laguna de Epequén. El coronel RAUCH ataca y dispersa a una indiada belicosa  que se había refugiado en las tolderías de los caciques PETEY, MAICÁ, UÑOL y COÑUEPAN.

07 de enero de 1827
Combate de “Sierra de la Ventana”II. El coronel RAUCH vence a las tribus de los caciques NEQUELEQUE y PATRACUA.

27 de diciembre de 1827
Se instala el “Fuerte Federación”. El teniente coronel BERNARDINO ESCRIBANO al frente de efectivos del Regimiento 5 de Caballería, con asiento en Salto, funda el “Fuerte Federación, un eslabón más de la línea de frontera trazada por el gobierno para proteger esos territorios de los ataques de los indígenas. Se construyó 3 kilómetros al norte del “Cerrito colorado” y 4 kilómetros al oeste de la Laguna “El carpincho” y fue el origen de la actual ciudad de Junín.

22 de marzo de 1829
Combate de Las Vizcachas. Librado en el marco de la Campaña al Desierto contra el indio y los malvivientes que, refugiados en las tolderías, incitaban a la indiada a la violencia contra el “blanco” y la guiaban en los malones que asolaban el sur del país, prestos a enriquecerse con el saqueo y la destrucción. A principios de ese año FEDERICO RAUCH, un alemán que se incorporó a las fuerzas que combatían a JUAN MANUEL DE ROSAS, al mando de un destacamento, salió en campaña con el apoyo de gauchos e indios, para enfrentar a los federales, que al mando de Rosas participaban en la campaña que éste había emprendido contra los indígenas. Rauch fue derrotado en el Combate de las Vizcacheras, en cuyo transcurso fue lanceado por el jefe ranquel NICASIO MACIEL, (apodado “Arbolito), aliado de Rosas y luego decapitado junto al coronel NICOLÁS MEDINA. Su cabeza  fue primeramente arrojada en la puerta de la madre del coronel federal PRUDENCIO ARNOLD, a quien Rauch, supuestamente había jurado matar, y luego llevada en triunfo a la ciudad de Buenos Aires y arrojada en una calle céntrica como un desafío.

14 de diciembre de 1830
Alianza de los aborígenes con ROSAS. En cercanías de Chillué (actualmente Valle Argentino en la provincia de La Pampa, los aborígenes “borogas” acuerdan una alianza con YANQUETRUZ, un cacique mapuche llegado de Chile,  que en 1828, al morir CARRIPILÍUN, había comenzado a liderar a los ranqueles del sur de la provinia de Córdoba. Participaron de La reunión, 26 caciques boroganos, 19 caciques ranqueles de la tribu de YANQUETRUZ y 9 caciques ranqueles de la tribu de PABLO LEVENOPÁN y todos se definen a favor de la alianza firmada por los “boroanos” con JUAN MANUEL DE ROSAS, por lo que lanzan operaciones contra los Pincheira en el sur de San Luis y de Mendoza..

Pero, inesperadamente, el 19 de agosto de 1831, los caciques boroanos CAÑIUQUIR, RONDEAU, CANUILLÁN y MELLÍN junto con YANQUETRUZ sitiaron la villa de Río Cuarto y se llevaron el ganado de las estancias cercanas poniendo como pretexto que, como aliados de JUAN MANUEL DE ROSAS, actuaban contra los unitarios de Córdoba, aunque esta provincia ya estaba en poder de los federales. Habían actuado en forma bastante pacífica y en prueba de su buena fe, le enviaron a ROSAS a doce unitarios refugiados entre las filas de YANQUETRUZ (entre ellos el ex gobernador de San Luis, coronel LUIS VIDELA y el teniente coronel CUADRA). Al parecer habían actuado así, guiados por versiones que aseguraban una ruptura de su alianza con ROSAS y que se preparaba un ataque general contra ellos. Las acciones desarrolladas en Río Cuarto,  terminaron por romper efectivamente la alianza de YANQUETRUZ con los boroganos y con Rosas, por lo que en octubre de 1831 acogió a un grupo de unitarios encabezados por MANUEL BAIGORRIA.

CAMPAÑA AL DESIERTO DE JUAN MANUEL DE ROSAS (28/01/1833 al 25 de mayo de 1834)

En cuanto Rosas dejó de ser gobernador el 17 de diciembre de 1832, comenzó a coordinar con los gobernadores de Mendoza, de San Luis y Córdoba la realización de una Campaña al Desierto, para hacer una batida general, que además sería acompañada por otra que realizaría el general BULNES en Chile. ROSAS concentró y adiestró la tropa en su estancia de Los Cerrillos, en “San Miguel del Monte”,  pero hasta el 28 de enero de 1833 no recibió del gobierno la comunicación de su nombramiento como comandante de las fuerzas expedicionarias, como había convenido con JUAN RAMÓN BALCARCE, el nuevo gobernador de la provincia de Buenos Aires.

a un valle; entonces vimos gran polvareda que no dejaba duda que era gente que nos cerraba el paso de un arroyo que debíamos pasar. Previendo encontrar allí muchos indios me desvié  a la derecha, y notando que los indios amenazaban cargarme por retaguardia, tomé posesión de un arroyito seco que encontré a mi paso. En ese momento se presentó en mi flanco izquierdo un infante del ejército chileno con bandera de parlamento, mandé no hacer fuego, mas como viera que detrás de él venía una compañía de infantería en guerrilla y  ocultándose, y que la indiada me atacaba por retaguardia y teniendo en cuenta lo sucedido a  otras comisiones anteriores, mandé romper el fuego, siendo yo el primero en efectuarlo. Desde este momento se trabó un encarnizado combate cargándonos por último los enemigos a la bayoneta, hasta cuarenta pasos de nuestra débil posición, donde dejaron 7 muertos y algunos heridos que fueron recojidos (sic) por los indios poniéndose en retirada al trote”

28 de enero de 1833
El general BALCARCE, si bien se muestra dispuesto a poner en marcha el plan presentado por ROSAS, para afianzar la frontera del sur, continuamente alterada por las violentas incursiones de los aborígenes que atacaban las haciendas para saquearlas, robar ganado y llevarse cautivas, dejando de lado a ROSAS, decide nombrar al general FACUNDO QUIROGA para que comande estas operaciones,  destinadas a vencer la resistencia de los caciques CHOCORÍ y YANQUETRUZ para poder  llevar hacia más al sur del río Colorado, la línea de frontera que iba desde el océano Atlántico hasta la Cordillera de los Andes.

Hay constancias que ya a fines de diciembre de 1832, BALCARCE tenía decidido poner a QUIROGA y no a ROSAS al mando de esta fuerza expedicionaria: Por esa fecha,  los gobernadores de San Juan, VALENTÍN RIVERO y de Mendoza, PEDRO NOLASCO, con la anuencia de sus respectivas Legislaturas, autorizaron a QUIROGA para dirigir las operaciones dispuestas por el gobierno de Buenos Aires. QUIROGA aceptó y envió una circular a las demás provincias solicitando su colaboración, respondiendo favorablemente Catamarca, La Rioja, Tucumán, y otras.

El mismo 28 de enero de 1833 JUAN MANUEL DE ROSAS, es designado por Decreto, jefe de la “División izquierda”, con la misión de operar en la pampa del sur, desde los ríos Colorado y Negro hasta el Neuquén para asegurar la línea del río Negro; el general RUÍZ HUIDOBRO, que se desempeñaba como comandante de la frontera sur de Córdoba, fue nombrado jefe de la “División del centro”, con la misión de desalojar a los indígenas  de la pampa central y el general FÉLIX ALDAO, hasta ese momento, comandante de fronteras  de Mendoza, fue designado jefe de la “División derecha”, que debía operar sobre la región andina, pasar por el Diamante y el Atuel y seguir hasta el Neuquén para encontrarse con ROSAS.

Las tres Divisiones quedaron bajo el comando supremo del general FACUNDO QUIROGA, con la misión de extender y asegurar las fronteras más allá del río Colorado, edificar fuertes, someter a los indígenas rebeldes causantes de grandes desgracias –asesinatos, malones, robos de haciendas y cautiverio de hombres, mujeres y niños de raza blanca, argumentos todos éstos que más tarde, no lograron ocultar que la verdadera razón de esta campaña, se apoyaba en la necesidad de extender los límites de los territorios que ocupaban la provincia de Buenos Aires, considerando su notable expansión y la necesidad de disponer de nuevas tierras para la explotación ganadera.

Originalmente, de acuerdo al plan presentado por ROSAS, se había acordado coordinar con fuerzas chilenas comandadas por BULNES que actuarían sobre los mapuches del sur de Llanquihué y confluiría con las columnas argentinas en las márgenes del lago Nahuel Huapi, pero esto no pudo ser, porque el gobierno chileno estaba absorbido en solucionar graves problemas políticos internos derivados de la rebelión de JOSÉ IGNACIO CENTENO, a pesar de los insistentes intentos del gobierno de Buenos Aires para lograr la participación chilena en esta operación (El 6 de abril de 1833, el ministro de Relaciones Exteriores MANUEL VICENTE MAZA, envió una nota al gobierno chileno en un último intento de coordinar estas acciones militares, donde decía “Sería convenientísimo (sic) al más favorable y breve éxito, que Chile anticipase al mes de diciembre su cooperación lo más rápido posible que el tiempo diese, internando su fuerza hasta los ríos Neuquén y Negro, pues por este tiempo deben obrar por ellos las de esta República”. En junio de 1833, Bulnes le comunicó a Quiroga que no podía realizar la campaña “a causa de fuertes embarazos que no me son posibles vencer”.

FACUNDO QUIROGA, finalmente no fue de la partida (se dice que se negó a asumir el mando, aduciendo que no era su oficio combatir a los indígenas), y ante la ausencia de éste, ROSAS quedó como comandante supremo de esta expedición, contando con el general ÁNGEL PACHECO y el coronel CONRADO VILLEGAS como comandantes de ala.

03 de febrero de 1833
El 3 de febrero de 1833, JUAN MANUEL DE ROSAS, al frente de la “división izquierda” de las fuerzas mandadas para consolidar y “pacificar” la frontera Sur del país, ferozmente acosada por los indígenas,  partió desde Buenos Aires hacia el desierto. El mismo día que partió la columna de ROSAS, éste recibió una nota del Ministerio de Guerra que le comunicaba que no se le podría proveer de vestuarios, municiones, pertrechos, caballos ni ganados, por lo que Rosas decidió realizar la campaña a su costa y la de sus amigos.

El grupo estaba formado por 2.000 hombres, 6.000 caballos, bueyes, carretas y hasta naves que se transportaban desarmadas para navegar el río Colorado.  El sueño de Rosas era correr a los indios de los territorios que ocupaban al sur de Buenos Aires. Para eso organizó una estrategia que incluía movimiento de tropas desde la cordillera de los Andes hasta el Atlántico.  Había preparado todo cuidadosamente: desde la elección de los hombres hasta las armas, pasando por el color de las telas, que debía ser indefectiblemente “encarnado”.  También llevó consigo un equipo encargado de las comunicaciones que lo mantuvo en contacto con todo el país y con los jefes indios. Su relación con ellos tenía distintos matices; según lo conviniera, se mostraba amistoso o amenazante.

22 de marzo de 1833
A las 16.30 del 22 de marzo de 1833, desde la Guardia de San Miguel del Monte, parte la División “Izquierda” de esas fuerzas, al mando de JUAN MANUEL DE ROSAS. Encabeza la columna el cuartel general de ROSAS, que es su custodia personal. Lo sigue el batallón escolta, compuesto por milicianos de infantería montada, un piquete de artillería con cinco piezas y 25 marinos que luego tripularán en el río Colorado las naves que se transportan desarmadas, componiendo en total esta expedición unos 2.000 hombres y 5.000 caballos, una nutrida impedimenta de carretas con los abastecimientos, yeguadas y manadas de bueyes, mujeres y comerciantes (vivanderos).

El plan estratégico de ROSAS
El sueño de Rosas, acariciado desde 1821, comienza a concretarse. La idea de Rosas era avanzar hacia el sur del río Colorado y remontar el río Negro para dominar a los pueblos mapuches y tehuelches, ya sea originarios de la región o procedentes de la Araucanía en Chile. Se trata de correr a los indios de las tierras que ocupaban al sur de Buenos Aires, detrás de la precaria frontera interior. Es la primera expedición que persigue un fin estratégico y que ha sido planeada con visión amplia y general del problema.

Utilizando su experiencia práctica, durante su reciente gobernación en Buenos Aires, ROSAS ha estructurado bien sus planes. La acción comprende un vasto objetivo: cubre desde el Atlántico hasta la cordillera andina y se realizará mediante una presión conjunta que se ha acordado previamente y que ejercerán en forma simultánea tres divisiones argentinas y una chilena. Las argentinas que se denominan “División Izquierda”, que está a su mando directo, deberá  operar en la pampa del sur, desde los ríos Colorado y Negro hasta el Neuquén para asegurar la línea del río Negro. La “División  Centro”, que al mando del general JOSÉ RUÍZ HUIDOBRO, debe desalojar a los indios de la pampa central, y la “División Derecha”, que al mando del general JOSÉ FÉLIX ALDAO, debe operar en la región andina, pasar por los ríos Diamante y Atuel y seguir después hasta el Neuquén, donde se encontrará con Rosas. Las fuerzas chilenas, al mando del general MANUEL BULNES, debían batir a los indios en aquel país y arrojarlos al oriente de la Cordillera de los Andes.

Cuidadosa preparación.
ROSAS preparó todo cuidadosamente: desde la elección de los hombres hasta las armas, pasando por el color de las telas, que debía ser indefectiblemente “encarnado”.  También llevó consigo un equipo encargado de las comunicaciones que lo mantuvo en contacto con todo el país y con los jefes indios. Su relación con ellos tenía distintos matices; según lo conviniera, se mostraba amistoso o amenazante.

Organizó una alianza general —Chile. Cuyo, Córdoba y Buenos Aires— que le permitió reunir las fuerzas necesarias para esta vasta empresa y ha conseguido 6.000 caballos. Ha preparado las armas, los vestuarios, los ví­veres, el entrenamiento de sus hombres. Ha cuidado los más ínfimos detalles: desde el jabón hasta las telas. En éstas, le preocupa obtenerlas de color encarnado y cuando se las ofrecen de color verde, escribe: “Si el gobierno no las quiere comprar, tómelas usted a mi crédito particular. Páguese un peso, páguese dos, páguese doble que la verde: pero no me quieran obligar a tomar ésta”. Rosas lleva  también consigo una oficina de relaciones públicas, donde trabajará durante toda la campaña escribiendo a Buenos Aires y a todos los puntos del país, tejiendo incesantemente una red de comunicaciones que prepara su futuro político,  además de mantenerlo en contacto con los Indios. Porque entre éstos, Rosas, diplomáticamente, varía el trato según la idiosincrasia de cada cacique. Habla a cada uno en el lenguaje y de las cosas que le interesan. Convence, inmoviliza o amenaza buscando sus propios fines, usando una gama de presiones que van desde el trato más que amistoso hasta la orden terrible:A YANQUETRUZ y su hijo PICHÚN se los habrán de perseguir y se me habrán de entregar sus cabezas”,  como escribe desde el Colorado el 15 de julio de 1833. Rosas expediciona acompañado de indios amigos a los cuales raciona con el mismo cuidado que a su propia tropa, pero no concede mucha confianza a sus aliados. Los mantiene a prudente distancia, tanto en las marchas como en las acampadas.

El fracaso de los aliados.
El plan de ROSAS, cuidadosamente meditado y minuciosamente preparado, nace con mala estrella. En Buenos Aires, un grupo de federales opositores critican la campaña, escatiman la ayuda y finalmente, consiguen que el gobierno prácticamente se desentienda de las obligaciones contraídas y es el mismo Rosas quien tiene que afrontar erogaciones de su propio peculio. Las fuerzas chilenas, que debían atacar a los indios arrojándolos a la pinza formada por las columnas del centro y la izquierda, no inician siquiera las acciones. Sus milicias son destinadas a controlar una situación política interna. Las fuerzas de la “División  Derecha”,  300 hombres al mando del general  ALDAO, veinte días después de haber partido, sin haber librado combate alguno, se enteran de la derrota y fuga de YANQUETRUZ, que ha chocado con las fuerzas de la “División Centro” y decide emboscar al fugitivo en un lugar más apropiado. Llegado al río Salado, Aldao obtiene varias victorias menores contra tribus diseminadas en su campo de acción, toma prisioneros, rescata cautivos y arrebata a los indios buena cantidad de ganado, pero mal comunicado con sus bases, ALDAO ignora que la “División Centro”, al abandonar la campaña, ha invalidado su estrategia. Soporta el invierno sin víveres, con muchos enfermos y sufriendo golpes de mano de los indios. A principios de octubre regresa a Mendoza, sin haber cumplido los objetivos señalados por Rosas. RUÍZ HUIDOBRO por su lado, al mando de la “División “Centro”, con 1.000 hombres y 4.000 caballos, después de duras jornadas combate el 16 de marzo con la tribu de YANQUETRUZ en Las Acollaradas. El cacique huye dejando 160 muertos —entre ellos su hijo PICHÚN— y Ruiz Huidobro, un general que viaja en carroza y rodeado de todas las comodidades, persigue lentamente a YANQUETRUZ, sufre muchas deserciones y regresa a Río IV a reponer caballadas. En mayo de ese año, RUIZ HUIDOBRO ataca a los ranqueles en acciones indecisas. Por fin, ante los sucesos políticos de Córdoba, suspende la campaña y hace devolver a San Luis. Mendoza y Córdoba, los hombres, armas y elementos que le fueron facilitados.

ROSAS persiste en el esfuerzo
Rosas, ahora solo, se mantiene en campaña. Bien montado y pertrechado, su ejército sigue avanzando. Tiene buena información sobre el terreno que pisa, ha establecido bases de abastecimiento en Bahía Blanca y un efectivo sistema de enlace por postas militares. El plan de Rosas es golpear a los indios inmovilizados por el invierno en sus tolderías. Trata de entrar en contacto con Ruiz Huidobro y Aldao, y convencido del fracaso de éstos, adelanta varias columnas para sorprender a los indios. El coronel mayor ÁNGEL PACHECO, el más activo y eficaz de sus jefes, llega al río Negro. Rosas se establece junto al rio Colorado y para lanzar sus columnas, llega a quedar con apenas 150 hombres a su lado. Y el 25 de mayo de 1834, cuando Rosas preparaba un esfuerzo final para rematar las acciones, el gobierno le ordena retirarse desde las posiciones alcanzadas.

25 de mayo de 1834
Fin de la Campaña y despedida en Napostá. Sobre la margen del arroyo Napostá, JUAN MANUEL DE ROSAS, dirige a sus soldados una Proclama de agradecimiento en la que destaca el valor demostrado en la expedición y el éxito obtenido en la campaña contra el indio dándola por concluida. Los únicos aborígenes que no pudieron ser reducidos fueron los araucanos, que unidos a los ranqueles, se batieron exitosamente con las divisiones de ALDAO y RUIZ HUIDOBRO, pero que depusieron luego sus armas al saber que por el lado de Chile, venía el general BULNES y por el sur, hacía lo propio ROSAS, con la intención de encerrarlos para obligarlos a una batalla final. Durante más de un año JUAN MANUEL DE ROSAS había avanzado hacia sus objetivos, mientras sus aliados, que debían acompañarlo desde Chile y el centro del país, fracasaron en el intento. Rosas quedó solo entonces involucrado en esta campaña y en el transcurso de ella, puso fuera de combate a 6.000 indios, recuperó 2.000 cautivos y dejó guarniciones y fortines en distintas partes de las tierras recorridas. El mayor logro fue la conquista de un inmenso territorio hasta entonces en manos de los indígenas y de la barbarie. Ganó a los indios cerca de 3.000 leguas cuadradas, afianzó la soberanía nacional en un vasto territorio y permitió re­coger valiosas observaciones (iban en su ejército 16 profesionales entre médicos, ingenieros y astrónomos).  El problema del indio no terminó con Rosas, pero quedó paliado por veinte años ya que recién en 1879 Roca le pondrá punto final adoptando la misma concepción estratégica de la guerra ofensiva que empleara Rosas. Al fin de la campaña, entre heridos, muertos y desaparecidos, Rosas perdió el 50 % de su fuerza activa, pero los indígenas, acobardados por el duro castigo y enredados en los pactos a que los llevaba Rosas, quedarán prácticamente inmovilizados. Los sobrevivientes no consiguieron organizarse y durante 20 años casi no hubo rebelión indígena. La Sala de Representantes concedió a Rosas la Isla de Choele-Choel, en propiedad para si y sus descendientes, pero Rosas la devolvió recibiendo en cambio sesenta leguas cuadradas de tierra en campos públicos de pastoreo, en lugar a su elección.

06 de junio de 1834
Un premio para ROSAS. El 6 de junio de 1834 la Legislatura de Buenos Aires dictó una ley donando al general JUAN MANUEL DE ROSAS la isla Choele-Choel, en Río Negro (Patagonia),”para sí y para sus descendientes, como prueba de gratitud por la expedición al desierto que acababa de llevar a cabo. Rosas rechazó esta donación, en cambio de la cual admitió la de sesenta leguas de tierras públicas que le donó la Legislatura por ley de septiembre del mismo año.

Acciones, encuentros y combates
En los 477 días que duró la campaña, fueron numerosos los encuentros que sus tropas tuvieron con los aborígenes. Comentaremos a continuación los que tuvieron mayor significación, porque resultaron decisivos para el cumplimiento de la misión en que estaba empeñado:

16 de marzo de 1833
Combate de “Las acollaradas”. Se sostuvo entre las fuerzas comandadas por el general JOSÉ RUIZ HUIDOBRO y las del bravo cacique YANQUETRUZ, al frente de los indígenas. El choque fue terrible, pero YANQUETRUZ fue derrotado aunque logró salvarse  ocultándose luego en los montes

23 de marzo de 1833
Combate de Ranquilcó. Una partida compuesta por 50 hombres al mando del teniente RODRÍGUEZ que saliendo desde el Fuerte San Carlos, debía dirigirse al sur luego de marchar 36 leguas por un terreno árido y salitroso que por falta de agua, se le hizo muy penoso, ataca en sus tolderías de Ranquilcó al cacique YAYPILAU tomándole numerosos prisioneros.

25 de marzo de 1833
Combate en la Laguna de las Tortugas. En este paraje del Chaco el comandante MATÍAS DÍAZ bate en sus tolderías a los indígenas “Avipones”, comandados por los caciques JUAN PORTEÑO, PEDRITO, MANUELITO e HIPÓLITO.

28 de marzo de 1833
La expedición de ROSAS llega hasta los pies de la Cordillera de los Andes y ocupa Choele Choel, en la región patagónica del Río Negro. Redujo allí varias tribus rebeladas y ajustó tratados de paz con los indígenas. Entre los principales jefes indígenas , a quienes se combatió o pactó la paz, se encontraban los caciques y caciquillos CACHUL, CATRIEL, YANQUETRUZ o LLANQUETRUZ, CHUPAMIEL, CAÑIUQUIR, CAÑIULLÁN, GUAYQUIMIL, ALON, GUILIPAN, CALFULCURÁ, NAMUNCURÁ, TORIANO, NIQUIÑILE, TRANAMILLA, CHOCORÍ, LLANQUETREN, PAYLLARÉN, CAYUPÁN, EPUILLÁN, CHOCOROY etc., pertenecientes a distintas tribus: “borogones”, “pampas”, “pincheiras”, “pehuenches” “hulliches”, “araucanos o mapuches”, “tehuelches” etc. (Adolfo SALDÍAS, “Historia de la Confederación Argentina”, Tº 1, pág. 279).

01 de abril de 1833
Combate de Limay Mahuida. Al mando del general JOSÉ FÉLIX ALDAO, salió del fuerte de San Carlos, provincia de Mendoza, “el ala derecha”, de las fuerzas comandadas por JUAN MANUEL DE ROSAS. En poco más de un mes llegó hasta la isla de “Limayn-Mahuida”, en el Salado, dispersando a los indígenas que encontró y destruyendo sus tolderías, Se apoderó del cacique mapuche PAINEQUEO y otros indígenas y de una crecida cantidad de hacienda que éstos había robado durante recientes correrías.

26 de mayo de 1833
La vanguardia de las fuerzas comandadas por el capitán SOSA, al mando de CAYETANO FERRAT atacó la toldería del cacique pehuenche PAYLLERÉN (o Pillarén), un aliado del cacique CHOCORÍ, quien fue muerto con 24 indios. Un sargento y varios soldados murieron ahogados durante el ataque.

03 de julio de 1833
Toma de la isla Choele-Choel. El coronel ÁNGEL PACHECO, al mando de 300 hombres, llega frente a la isla Choele-Choel Grande y el 30 de junio de 1833 en un golpe de mano sorpresivo, se apoderó de ella, sin encontrar resistencia, pues los guerreros que la habitaban, habían salido a realizar un malón hacia la zona de la Bahía Blanca. Los comandantes SOSA y  LAGOS y el teniente FERRAT, recorrieron la isla en busca del cacique CHOCORÏ sin poder hallarlo. Sólo encontraron indios de las familias de éste y de los caciques VETOCURÁ y LUPIL, además de 20 cautivas. Sin darse por satisfecho, PACHECO hizo recorrer durante dos días la isla y otra vecina que fue bautizada como “Isla de Pacheco”. Al no encontrar ni rastros  de CHOCORÏ, PACHECO dispuso la inmediata evacuación, luego de izar la Bandera Argentina en el lugar. Llevando sus tropas, los prisioneros (que entre los 200 tomados con anterioridad y los 200 hallados en la isla, ya sumaban 400) y las cautivas rescatadas y dejando una reducida guarnición, se dirigió hacia la “Riconada de los Malchaquines”, donde estableció su campamento

Siguen los problemas.
El problema del indio no terminó con ROSAS, pero su campaña logró llevar algo de paz a la frontera y si bien siguieron las tropelías y los ataques de los indígenas, estos fueron más espaciados. Pero las diferencias con los aborígenes seguían estando presentes en esos vastos territorios. Si bien algunos caciques habían comenzado a caminar por el sendero de la paz, numerosos “capitanejos”, alentados por forajidos y delincuentes que habían encontrado en ellos, la “mano de obra” que podía ayudarlos a cometer sus tropelías, reiniciaron las hostilidades, más que para defender su tierra, para robar ganado, rapiñar y hacer cautivos, sobre todo mujeres. Fue así que la crónica registra violentos ataques a los poblados sureños y la consiguiente represalia por parte de las tropas destinadas en los Fortines que desde la época de MARTÍN RODRÍGUEZ, se habían ido multiplicando, estableciendo una línea de frontera,  que lamentablemente continuaba siendo vulnerada. En la primavera de 1836,  el cacique boroga RAILEF, procedente de Chile, realizó un malón con 2.000 guerreros sobre Buenos Aires, Córdoba y Santa Fe, logrando apoderarse de 100.000 cabezas de ganado, pero, cuando iba de regreso a Chile, su rival, el cacique CALFUCURÁ, lo emboscó y le dio muerte, después de derrotarlo en combate.

CALFUCURÁ, señor de las pampas (1852)
Luego de la caída de Rosas (Caseros, 1852), se produjo una gran conmoción en las pampas argentinas. Quedó desarticulado el “Negocio Pacífico con los Indios” que había manejado Rosas con mano de hierro y hábiles alianzas. Se inicia un período siniestro que durará veinte años: hasta 1873, la Argentina es acorralada por los malones indios. “Cinco mil jinetes a las órdenes de CALFUCURÁ operaban al día siguiente de Caseros en divisiones comandadas por sus capitanejos CACHUL, CATRIEL, NAMUNCURÁ, RAIPIL, CARUPÁN, CALVUQUIR y CAÑUMIL”..

El cacique araucano CALFUCURÁ llegó a dominar así, un extenso territorio que incluía la mayor parte de la Provincia de Buenos Aires y las de Neuquén, Río Negro, La Pampa, San Luis y el sur de Mendoza, comandando una gran confederación de tribus mapuches, ranqueles y tehuelches con base en las Salinas Grandes que se mantuvo en alianza con el gobierno de ROSAS y que después de Caseros, intentó hacer lo mismo con URQUIZA. Escuadrones de CALFUCURÁ participaron asistiendo a ROSAS en la batalla de Caseros, el 3 de febrero de 1852.

Al día siguiente de la batalla de Caseros, al mando de 5000 lanzas atacó el poblado de Bahía Blanca y tres años después, su ejército dominaba por completo las vegas pintorescas de Olavarría, el fecundo llano del Azul y las pampas de Córdoba, de Cuyo y Santa Fe. El 13 de febrero de 1855, CACHUL y CATRIEL rompiendo los tratados que habían firmado, al frente de 2.000 lanzas,  arrasaron el pueblo de Azul, al sur de la provincia de Buenos Aires, dando muerte a 300 pobladores, llevándose cautivas a 150 familias y 60.000 cabezas de ganado, lo que lo llevó a enemistarse con el gobierno de Buenos Aires.

CAMPAÑA DEL CORONEL BARTOLOMÉ MITRE (1855-1863)
El clamor de las víctimas inmoladas en Azul, resonó en Buenos Aires y el militar de más talento y mayor prestigio de la provincia, el coronel BARTOLOMÉ MITRE, ministro de Guerra, partió para el Azul, con la misión ordenada por el gobierno de “acometer y destruir en sus propias tolderías a los indígenas del sur”.

11 de mayo de 1855
Tropas al mando del coronel BARTOLOMÉ MITRE, enviadas por el gobierno del presidente URQUIZA a sofocar la insurrección indígena que aterrorizaba con sus malones el sur de la Provincia de Buenos Aires, obligan la retirada del cacique CALFUCURÁ que se dirige a Sierra Chica.

31 de mayo de 1855
Combate de Sierra Chica.. El 27 de mayo de 1855, 1.100 efectivos (700 partieron desde Azul y 400 desde 25 de Mayo), al mando del ministro de Guerra del Gobierno de la Confederación, coronel BARTOLOMÉ MITRE, salen en busca del cacique CATRIEL, con la orden de acometer y destruir en sus propias tolderías a los indígenas de los cuales se tenían noticias de que, luego de ser derrotados el 11 de ese mes, se habían hecho fuertes en Sierra Chica e iban a atacar a las tropas que guarnecían la frontera, se enfrentó en ese lugar con los salvajes sublevados y comandados esta vez, por del cacique CATRIEL. La acción fue cruel y la llegada al campo de batalla del cacique CALFUCURÁ, cacique principal, con indiadas de refresco, definió la lucha. Las fuerzas del coronel BARTOLOMÉ MITRE fueron  rodeadas, acosadas, acribilladas, cargadas con pasmosa audacia por lanceros desmontados, que morían sobre los gallardos batallones de ARREDONDO, MARTÍNEZ, DE RIVAS, MITRE, VEDIA, OCAMPO, PAUNERO, CONESA y otros bravos”, terminando en fracaso este primer intento por llevar la paz al desierto. Las tropas de MITRE fueron así obligadas a retirarse hacia Azul, dejando en el campo de batalla y en el tránsito los despojos de un combate desventurado que duró dos días. A partir de entonces CALFUCURÁ fue conocido como el “Napoleón del desierto”.

00 de setiembre de 1855
Envalentonado por su triunfo, CALFUCURÁ atacó y mató al comandante NICOLÁS OTAMENDI y a 125 soldados en la estancia de San Antonio de Iraola y 8 días después su aliado JOSÉ MARÍA BULNES YANQUETRUZ añ frente de 3.000 guerreros atacó la ciudad de Tandil y luego, junto con CALFUCURÁ saquearon el pueblo de Puntas de Arroyo Tapalqué. MITRE organizó entonces el “Ejército de Operaciones del Sur” que al mando del general MANUEL HORNOS partió desde la ciudad de  Azul con 3.000 soldados y 12 piezas de artillería.

29 de octubre de 1855
CALFUCURÁ derrota a al general HORNOS en la batalla de San Jacinto, en proximidades del arroyo Tapalqué, dejando muertos en el campo de batalla 18 oficiales y 250 soldados. Luego de esta victoria, las fuerzas de CALFUCURÁ atacaron los pueblos de Cabo Corrientes, Azul, Tandil, Cruz de Guerra, Junín, Melincué, Alvear, Bragado y Bahía Blanca.

1857
El cacique COLIQUEO invade Pergamino y se apodera de 40.000 cabezas de ganado, retirándose protegido por 14 soldados del Regimiento de Dragones 7° de Línea al mando del subteniente SANTIAGO RODRÍGUEZ . Debido a que los invasores, luego del ataque,  acamparon junto al Fortín Melincué sin ser molestados, Mitre protestó ante el gobierno de la Confederación asentado en Paraná, sin que se le dieran las satisfacciones del caso.

00/09/1857
Combate de la “Cañada de los Leones”. El coronel EMILIO MITRE logra una importante victoria, al vencer a los ranqueles en el combate de “Cañada de los Leones”, librado en proximidades de laciudad de Azul.

01 de noviembre de 1857
Combate de Cristiano Muerto. Las fuerzas de Buenos Aires sostuvieron un violento combate en este lugar de la provincia de Buenos Aires, con los indígenas del cacique CAFULCURÁ, quienes luego de ser derrotados, dejaron abandonado el ganado que habían robado de la haciendas

1858
El coronel Nicolás Granada partió desde Bahía Blanca a principios de 1858 con 3.000 soldados, logrando algunas victorias contra los guerreros de CALFUCURÁ.

13 de enero de 1858
El coronel EMILIO MITRE al mando de 2.000 soldados partió del fortín Médano de Acha (ángulo sureste que forma el límite de Buenos Aires y Santa Fe) con la misión de dispersar a las tribus ranqueles que amenazaban la zona, pero regresó sin haber podido tomar contacto con los indígenas.

15 de febrero de 1858
En Pigüé, provincia de Buenos Aires, las fuerzas de los coroneles NICOLÁS GRANADA, EMILIO CONESA y WENCESLAO PAUNERO, luego de dos días de duro combate consiguen dominar a las “montoneras” del cacique CALFUCURÁ.

19 de mayo de 1859
La “Fortaleza Protectora Argentina” fue tomada por asalto por más de 2.000 guerreros al mando del cacique CALFUCURÁ, último malón que se llevó contra la ciudad de Bahía Blanca.

00 de diciembre de 1862
El coronel JULIO DE VEDIA partió de Bragado con 1.000 soldados. Batió a los ranqueles llegando a unos 60 km de Leuvucó, centro de operaciones de los ranqueles.

10 de enero de 1863
Propuesta de Mitre al cacique CAFULCURÁ para terminar con el “problema indio”.El general BARTOLOMÉ MITRE, siendo ya Presidente de la Nación,  le  escribe al cacique JUAN CAFULCURÁ y le pone sus propósitos para con los indios:

“Buenos Aires, enero 10 de 1863, Al cacique D. Juan Calfucurá. “Estimado amigo: He recibido su carta última, en la que veo el interés que se toma por mi salud, que es muy buena al presente, lo que me alegro en participarle, deseando por mi parte que usted y sus indios se encuentren buenos y fuertes como yo. “Veo por su carta los buenos consejos que da usted a los capitanejos á que se refiere, á fin de que no vengan á robarnos y siento que no sigan esos buenos consejos, como lo  prueba la última invasión que han hecho por el Bragado y Rojas; pero esto no me aflige, porque estoy resuelto a poner  término á esos robos escandalosos; como hace tiempo que me estoy preparando para contenerlos y escarmentar a los indios ladrones, yendo a buscarlos hasta el fin del mundo he de conseguir lo que me he propuesto, pues no tengo guerra ninguna que me distraiga, ni más atención que guardar la frontera. “Pero no puedo dejar de decir á usted c que me sorprende que los mismos indios que están a sus órdenes, sean los que  nos invaden, como acaban de hacerlo ahora. Esto no puede ser, porque estando yo en paz y amistad con usted, no es posible que una parte de sus mismos indios vengan a robarnos, desobedeciendo sus consejos y sus órdenes. O la paz es como debe ser, castigando usted a los indios que lo desobedecen, o seamos francamente enemigos, haciéndonos la guerra como enemigos. “Esperando su respuesta sobre este punto, le diré con franqueza, que por lo que hace á usted y los indios que obedecen sus órdenes y que están en paz con nosotros, yo los he de  mirar como hijos y los he de atender en todo y les he de dar todo para que vivan bien. Estamos en paz y ustedes han de tener en mi un padre cariñoso y de buen corazón, pero no he de transigir con los ladrones y no he de cesar de perseguirlos hasta exterminarlos. Es por eso que tanto á usted como a los demás capitanejos de que me habla, les he de señalar un sueldo arreglado a sus necesidades, para que no pasen  ninguna miseria y les he da dar grados militares con sus despachos correspondientes; pero antes conviene que usted hable con el coronel  Rivas, que es también un buen amigo de los indios, pues según lo que él me diga, he de proceder yo para con ustedes. “Sin embargo de que estoy seguro que Rivas y mis demás jefes, lo han de recibir bien, le escribo en esta ocasión, recomendándole que lo atienda en todo, que 1º trate como a un  amigo mío, lo mismo que a los indios que lo acompañen cuando usted vaya a visitarlo, que espero será pronto”.

Mitre le informa luego de las acciones que ha estado llevando a cabo el coronel VEDIA contra los ranqueles, tribu que promete destruír, si es que antes no pide la paz y que URQUIZA en Entre Ríos y JUAN SAA en Montevideo, por ahora se quedará quietos y en paz. Finaliza su carta con algunos comentarios sobre ciertos pedidos que le formulara CAFULCURÁ y se despide diciéndole: “Deseo a usted que lo pase bien con todos sus indios y que me crea su buen amigo de todo corazón, que verlo desea”.

Tiempos de paz en la frontera
A partir de 1863 hasta 1872, la guerra que se libró contra Paraguay interrumpió las operaciones que se llevaban contra los  indígenas. A pesar del conflicto internacional, en 1867 el Congreso Nacional promulgó la Ley Nº 215 que estableció una nueva frontera al sur de Buenos Aires, llevándola hasta los ríos Negro y Neuquén, concediéndole a las tribus nómades todo lo necesario para su existencia fija y pacífica debiendo otorgarles territorios a convenir; autorizó una expedición general contra aquellas tribus que se resistieran al sometimiento pacífico de las autoridades nacionales y a expulsarlas más allá de la nueva línea de frontera; autorizó la compra de barcos para la exploración de los ríos, el establecimiento de guarniciones militares en sus márgenes que contaran con Telégrafo, y dispuso que por medio de una ley especial, se fijaran las gratificaciones a los expedicionarios.

Renace la violencia.
Lo que parecía ser una fuerza que se estaba agotando, con el pasar del tiempo y por la inoperancia de los
gobiernos de turno, explotó nuevamente con renovada violencia. Volvieron los malones salvajes. La Pampa entera era un volcán. Los pobladores huían despavoridos de sus viviendas, dejando todo abandonado, antes de perder la vida y nadie quería correr el riesgo de aventurarse para radicarse en esas tierras, que permanecían ajenas al desarrollo del país.,

28 de febrero de 1864
Combate de “Bally-Manca”. El día 28 de febrero DE 1864, el fortín Bally Manca (60 km al Noroeste de Tapalqué, provincia de Buenos Aires), fue atacado por alrededor de 200 indígenas, generándose un violento combate con sus defensores. Antes del ataque, los aborígenes habían sorprendido y asesinado a los 10 hombres que integraban una partida que había salido del fortín para recoger leña

Noviembre de 1864
El ministro de guerra, general JUAN ANDRÉS GELLY Y OBES, le ordeno al general EMILIO MITRE, inspeccionar la frontera al sur de las provincias de Santa Fe, Córdoba, Mendoza, y San Luis y ponerlas a cubierto de las maloqueadas, autorizándolo además a entenderse con el cacique MANUEL ROSAS, señor de los ranqueles y atraerlo con un pacto para que mantuviera tranquila la región y cesara en sus ataques.

El General EMILIO MITRE recorrió personalmente la línea de estas fronteras y elevó nota al Ministerio dando cuenta que se las había reforzado y que se habían fundado nuevos fuertes, los llamados LORETO, TOTORAS, LOBOY, LOS ALGARROBOS, LAS TERNERAS, SANTA CATALINA, CHEMEG Y SANTO TOMAS (ubicados en la jurisdicción de Santa Fe y Río cuarto), con lo que se aseguraba la cooperación entre los fuertes, demasiados alejados uno de los otros y se sustraía a las poblaciones fronterizas de la penetración de los malones, avanzando varios kilómetros en el territorio en disputa

En cuanto a las fronteras de Buenos Aires no hubo ningún avance territorial y su abandono alentó a los indios salineros a lanzarse al pillaje, llevándose la mejor parte casi siempre y aprovechándose de los lugares desguarnecidos. Además vagaban por los campos algunos restos de Montoneros, perseguidos por las autoridades que optaron ganar el desierto y unirse a las tribus, temiendo que el indulto que se le ofreciera no fuera sino un engaño.

23 de noviembre de 1866
Combate del Jagüel. Una de las más grandes invasiones de indígenas llegó hasta los suburbios de la población de Río Cuarto, provincia de Córdoba. Una turba compuesta por más de ochocientos indígenas, extendiéndose a lo largo de la costa del río del mismo nombre atacó la población allí establecida y asesinó a muchos de sus habitantes, cometiendo infinidad de robos y tropelías hasta que el capitán EGIDIO SOSA, a cargo de esa guarnición, les salió al encuentro con ciento setenta soldados y los puso en fuga, después de sostener dos combates en Los Jagüeles.

25 de febrero de 1868
Combate de Sayago
. El coronel JULIO CAMPOS derrota en la “Laguna Sayago” a un malón de indígenas que en la frontera sur de Buenos Aires, cometían toda clase de tropelías contra los colonos de esos territorios.

1870
CALFUCURÁ firmó un convenio con el comandante de la frontera sur, el  coronel FRANCISCO DE ELÍAS, pero pocos meses después Elías atacó a los tehuelches de las tribus capitaneadas por los caciques Manuel Grande, Gervasio Chipitruz y Calfuquir

14 de junio de 1870
Combate de “Tres Arroyos”
. Terminada la guerra del Paraguay, el regreso de las fuerzas aliadas, le permitió al gobierno encarar la posibilidad de avanzar la línea de fronteras hasta el río Negro, dando así cumplimiento de la Ley dictada en 1867 que así lo disponía. Poco a poco, las tropas veteranas de esa contienda, fueron enviándose para reforzar algunos de esos puestos en la frontera y a poco de llegar estos refuerzos a los fortines “General García” y “Coronel Suárez”, el 14 de junio de 1870, el cacique CALLVUCURÁ llevó un ataque contra el pueblo de Tres Arroyos, matando a varios pobladores y llevándose un arreo de 40.000 animales. Las tropas de esos fortines al mando del coronel CAMPOS salieron a reprimir el ataque y luego de perder en el combate al alférez PÍO CÁCERES, al teniente BENJAMÍN RIVERO y a 14 soldados, logró recuperar parte del ganado robado y tuvo que volver a los fortines, por el mal estado de la caballada.

1871
El cacique JUAN JOSÉ CATRIEL asesina a su hermano, el cacique principal CIPRIANO CATRIAL por considerarlo traidor.

03 de mayo de 1871
El coronel CONRADO VILLEGAS libra la que será su primera acción de combate y se enfrenta con la indiada del cacique EPUMER ROSAS, iniciando así su presencia en este dramático escenario, que lo tendrá como protagonista principal de la lucha contra los indígenas en la frontera sur de Buenos Aires.

1872
Se libran diversos combates en varios frentes en la lucha contra los aborígenes de la Patagonia. Antonino BAIGORRIA derrota al cacique de los ranqueles Mariano ROSAS; Nicolás LEVALLE al cacique NAMUNCURÁ, en La Pampa, Luis TEJEDOR al cacique Juan CHICO y Conrado VILLEGAS al cacique PINCEN.

05 de marzo de 1872
CALFUCURÁ, al frente 6.000 guerreros, atacó los pueblos de General Alvear, 25 de Mayo y Nueve de Julio, en la provincia de Buenos Aires, resultando muertos 300 criollos y robadas 200.000 cabezas de ganado.

08 de marzo de 1872
Combate de “San Carlos de Bolívar” (o de “Pichi-Carhué). El comandante general de la frontera, general IGNACIO RIVAS, al mando de 1.000 soldados y 800 indígenas aliados, entre quienes se contaban las tribus de los caciquesCOLIQUEO y CATRIEL, derrotan en la localidad de “San Carlos”, cerca de Bolívar, provincia de Buenos Aires,  a los indígenas de la tribu de los “Pampas”, capitaneados por el cacique Juan CALFUCURÁ. Como resultado de ello, los aborígenes fueron rechazados en la provincia de Buenos Aires hasta una frontera más allá de  los distritos colonizados de 9 de Julio y 25 de Mayo.

21 de enero de 1874
Combate de los “Catorce Jagüeles”
. El capitán de guardias nacionales REGINALDO FERREIRA, con dieciséis hombres montados en pelo, atacaron a los indígenas que habían invadido el partido de Tapalqué, y los derrotaron a la altura de los Catorce Jagüeles.

CAMPAÑA DE ADOLFO ALSINA. (26/07/1875)
Cuando NICOLÁS AVELLANEDA llegó a la presidencia de la Nación en 1874, le encomendó a su Ministro de Guerra, el doctor ADOLFO ALSINA, que se hiciera cargo de este problema y que le presentara un plan de acción para terminar con esta situación que alteraba el normal desarrollo del país. En 1875, ALSINA, le presentó al gobierno un plan que definió como destinado a poblar el desierto y no a destruirlo.

El complicado problema del avance de la línea de frontera y conquista de la extensa pampa, había sido proyectado desde el tiempo del coloniaje por los virreyes del Plata y por todos los gobernantes de la Argentina. Se reconocían las grandes ventajas que reportaría el aseguramiento de la línea de fronteras y se consideraba de urgente necesidad, pero de difícil realización, a causa de las múltiples dificultades que primeramente había que resolver; ya por el peligro de la anarquía latente que fermentaba en los estados provinciales, ya por el malestar reinante, en el orden social y político, temiéndose, por consiguiente, estallara de un momento para otro la guerra civil. Las pasiones políticas mantenían los ánimos en alto grado de tensión, habiéndose olvidado nuestros prohombres que la codicia de orgullosas naciones buscaba cualquier pretexto para aplicar la arbitraria ley del “uti posidetis” en nuestras ricas y dilatadas regiones despobladas. Por otra parte, el mal más grave con que tropezaba el gobierno era la carencia absoluta de recursos: nuestro estado financiero se encontraba en lamentable bancarrota. Entonces ¿cómo llevar a expedicionar un ejército sin armamento, sin equipo ni proveeduría, careciendo hasta de los indispensables elementos de movilidad, a ocupar puntos estratégicos en la pampa desconocida?. ¿Cómo ejecutar tan arriesgada excursión, en la que los soldados tenían que combatir, desde la primera hasta la última jornada, con numerosos indígenas envalentonados, bien montados y armados?. Para complicar más la cuestión, no faltaban quienes asegurasen ser conocedores de las pampas inhospitalarias y presagiaban, pintando con colores tétricos y siniestros, desastrosos resultados. Con relatos espeluznantes afirmaban que el ejército sería sacrificado, una vez que afrontara empresa tan temeraria e irrealizable. Toda la prensa nacional de esa época, al unísono, opinaba y sostenía ser aventura descabellada, puesto que ni los virreyes, ni gobierno alguno, habían podido solucionar problema tan complejo y delicado. ¡Hasta el cansancio ensordecían con luctuosos relatos de la suerte que corrió la infortunada expedición al desierto, cuando el general BARTOLOMÉ MITRE, salió a traer la llave de la frontera, con un poderoso ejército, cuyas fuerzas sólo pudieron llegar hasta Sierra Chica, siendo allí rodeado por los belicosos indios, quienes los obligaron a retornar al Azul con las monturas al hombro, después de dejar el campo cubierto con caballos desgarrados!. Como se ve, pues, en consideración de estos antecedentes y otros informes desconsoladores, se creía utópico y absurdo emprender semejante operación. Tanto más cuanto que el mismo general Mitre había afirmado, en un discurso que pasarían, ¡trescientos años más para recién pensar en la conquista del desierto!.

ALSINA despejó la incógnita aplicando aquel conocido proverbio, que asegura que “el querer es poder y el poder es un deber”. Tenemos que Alsina, sin ser militar profesional, ni siquiera haber viajado por Alemania, concibe un vasto plan de ofensa y defensa fronteriza y lo ejecuta poniéndose al frente de las fuerzas. Introdujo grandes innovaciones en el sistema de combatir en la guerra con el indígena. Cambió de armamento a los cuerpos de caballería, dejándolos en condiciones de combatir cuerpo a cuerpo con mayores ventajas; sacando al ejército de la vergonzosa táctica defensiva por la ofensiva y más tarde cuando sus planes se pusieron en marcha, se puso al frente de sus tropas y fue notable su actividad: templando y levantando el espíritu abatido y decaído del soldado, recorriendo todos los caminos con sus soldados, repasando sus planes, y analizando los informes que le llegan. Consulta la situación con los Fuertes y equipa ligeras columnas, que cada comandante, desprendido del resto de ellas, marchará a operar sobre las mismas tolderías de los indios (ver “Adolfo Alsina y la Campaña al Desierto” en Crónicas).

Un frustrado Tratado de Paz.
Pero antes de lanzar su ataque, busca otros caminos para poner fin a esta situación y firmó un Tratado de Paz con el cacique JUAN JOSÉ CATRIEL, sólo para ser roto corto tiempo después cuando éste atacó junto al cacique NAMUNCURÁ, los poblados de Tres Arroyos, Tandil, Azul (Buenos Aires) y otros pueblos y granjas en un ataque incluso más sangriento que el de 1872. ALSINA respondió atacando a los originarios, forzándolos a retroceder y a dejar los fortines en su camino hacia el sur para proteger los territorios conquistados.

03 de junio de 1875
Murió el cacique CALFUCURÁ y lo sucede en el mando de las tribus beligerantes que integraban la Confederación de las Salinas Grandes, su hijo MANUEL NAMUNCURÁ.

26 de julio de 1875
El Ministro de Guerra, ADOLFO ALSINA dispone que el sargento mayor de ingenieros FEDERICO MELCHER se traslade a Bahía Blanca y se reúna con el mayor FELIPE CARONTI y otros vecinos conocedores  del camino que hay que recorrer para llegar a “Puán”, “Carhué” y “Guaminí”, saliendo desde Bahía Blanca o desde “Sauce Corto” y le ordena que “llevando los instrumentos que le sean necesarios, levante los Planos de ese camino, llegando hasta “Carhué”.

Diciembre de 1875
La invasión grande. Comenzó en diciembre de 1875 y fue una coalisión de guerreros de NAMUNCURÁ, lanzas chilenas, ranqueles, indios de Pincén y los pampas de CATRIEL  que se sublevaron contra el Gobierno nacional. Un total de 3.500 lanzas (otras fuentes hablan de 5.000) asolaron los partidos de Azul, Tandil, Olavarría, Juárez, Tapalqué, Tres Arroyos y Alvear, una extensión de casi 7.000 kilómetros cuadrados. Solamente en Azul dejaron 400 muertos. Se llevaron 500 cautivos y un total de 300.000 reses. Los indios fueron vencidos el 18 de marzo de 1876 en la batalla de Paragüil, recuperándose numerosos animales.

26 de diciembre de 1875
Una partida como de unos 300 indígenas invadieron el campamento “Blanco Grande”; en el sur de la provincia de Buenos Aires, pero fueron batidos y obligados a retirarse  por la guarnición local al mando del Comandante LORENZO VINTER quien se lanzó en su persecución. Alertado éste de que en ese momento, el “Fuerte Lavalle”, estaba siendo atacado por una fuerza integrada por 2.000  indígenas y que los 150 naturales incorporados a las milicias, se habían sublevado en apoyo del ataque, desistió de la persecución y se dirigió de inmediato a ese lugar, acompañado de los comandantes MARCELINO FREYRE y BENAVÍDEZ, de los mayores ACEVEDO, GODOY y DÍEZ y del capitán CAMILO GARCÍA. Llegaron hasta el punto conocido como “El Sauce”, donde batieron a los salvajes, quitándoles todo el arreo robado, que consistía, en 150.000 cabezas de vacunos, 40.000 lanares y, unos 30.000 yeguarizos.

01 de enero de 1876
Un grupo de aproximadamente 1.500  guerreros de la coalición formada por los caciques NAMUNCURÁ, CATRIEL, PINCÉN y EPUMER, atacaron el “Fortín Lavalle” y las fuerzas del gobierno al mando del comandante LORENZO VINTER salieron a rechazarlos, logrando vencerlos y ponerlos en fuga, dejando tras de sí, un  arreo de ciento setenta mil cabezas vacunas, treinta mil yeguarizas y cuarenta mil lanares.

02 de enero de 1876
El cacique JUAN JOSÉ CATRIEL, acompañado por su hermano MARCELINO, todos ellos de la dinastía CATRIEL,  hijos de JUAN y nietos del homónimo, que fueron aliados de JUAN MANUEL DE ROSAS desde 1833 hasta 1852, invadieron “Tapalqué”  y luego lograron desaparecer en el desierto, eludiendo así al coronel CONRADO VILLEGAS que había salido en su persecución.

18 de enero de 1876
El coronel CONRADO VILLEGAS derrota a una fuerte “indiada” entre los fortines “Reunión” y “Rodríguez”.

10 de marzo de 1876
Combate de Las Horquetas. La indiada del cacique CATRIEL, compuesta por unos 2.000 guerreros, invadieron el poblado de Olavarría, pero en “Las Horquetas”, son vencidas por las tropas nacionales comandadas por el coronel SALVADOR MALDONADO y mayor PLÁCIDO LÓPEZ, recuperándose toda la hacienda que llevaban, producto del robo.

18 de marzo de 1876
Combate del Paso del Sauce (o de Paragüil). Efectivos del coronel NICOLÁS LEVALLE atacan una importante partida de aborígenes que habían acampado en espera del amanecer, para continuar su huída llevando un gran arreo de animales robados. Al recibir noticias de esto, dispuso sus tropas, poniendo a la órdenes del teniente coronel SALVADOR MALDONADO los regimientos 1 y 11 de Caballería formando su ala derecha; a los teniente coroneles FÉLIX BENAVÍDEZ y ANTONIO DÓNOVAN, al mando de los regimientos 5 y 8 de Infantería; y al teniente coronel VÁZQUEZ al mando del Batallón “Gendarmes de Rosario”, para que ocupe el ala izquierda y colocó en el centro, dos cañones Krupp apoyados por el regimiento 5 de Infantería al mando del teniente coronel LORENZO WINTTER. El combate fue duro y los aborígenes fueron dispersados, logrando reuperar los 225.000 animales que robado durante sus correrías y quedando el coronel CONRADO VILLEGAS a cargo de las operaciones, destinadas a desalentar nuevas invasiones de esos territorios.

20 de marzo de 1876
ALSINA aprueba la construcción de un zanja defensiva(“la zanja de ALSINA”. El 20 de marzo de 1876 el doctor ALSINA,  optando por un sistema defensivo para contener a los malones que asolaban la frontera interior sur y para dificultarles el traslado hacia sus tolderías del ganado que robaban, dispuso construír una nueva frontera interior avanzada y fundar a su amparo, pueblos y colonias. Esta nueva frontera se consolidaría con la instalación de nuevos fortines que estarían comunicados por líneas telegráficas entre sí y con las Comandancias instaladas a retaguardia, en los fortines ya existentes La nueva frontera sería reforzada por un profundo zanjón que desde Bahía Blanca llegara hasta la laguna “La Amarga”, en el sur de Córdoba. En los considerandos de la resolución ministerial, el doctor Alsina afirmaba que “el plan del Poder Ejecutivo era contra el desierto para poblarlo y no contra los indios para destruirlos”

30 de marzo de 1876
Combate de Mayo-Leufú. La vanguardia del Regimiento  2 de caballería, a órdenes del teniente coronel ENRIQUE GODOY bate a una “indiada” que se había concentrado en las márgenes del arroyo “Mayo-Leofú” (actual Guaminí), paraqué  desde allí sus malones se dirigieran a invadir los partidos de 9 de julio, Tapalqué y Alvear.

30 de marzo de 1876
Cumpliendo una orden del Ministro de Guerra y Marina de la Nación, doctor Adolfo ALSINA, el ingeniero francés ALFREDO EBELOT inicia la construcción de  la “Zanja de Alsina”, un profundo zanjón de alrededor de 600 kilómetros, que iba desde Bahía Blanca hasta la laguna “La Amarga”, en el sur de Córdoba, con el objeto de imponer una barrera a los malones indígenas

30 de marzo de 1876
Se inicia la construcción de la “zanja de Alsina”. Cumpliendo una orden del Ministro de Guerra y Marina doctor Adolfo ALSINA, el ingeniero francés ALFREDO EBELOT inicia la construcción de  la “Zanja de Alsina”, un profundo zanjón de alrededor de 600 kilómetros, que iba desde Bahía Blanca hasta la laguna “La Amarga”, en el sur de Córdoba, con el objeto de imponer una barrera a los malones indígenas.

12 de abril de 1876
El coronel CONRADO VILLEGAS fundó la actual ciudad de “Trenque Lauquen”, como avanzada en la lucha por el dominio de esos territoriosen que limitaban con las tierras que estaban en poder del temido cacique rannquel PINCEN, conocido como “el terror de los fortines”

Para instalar la nueva frontera en el sur de la provincia de Buenos Aires que proponía el Ministro ADOLFO ALSINA, el 15 de abril de 1876, cinco Divisiones se dirigieron hacia los objetivos designados: el coronel NELSON a “Italó”, el coronel VILLEGAS queda en la recién fundada “Trenque Lauquen”, el coronel FREYRE a “Guaminí” y los coroneles LEVALLE y MALDONADO a “Pigüé, “Carhué” y “Puán”.

24 de abril de 1876
Fundación de Carhué. El 24 de abril de 1876, el coronel  NICOLÁS LEVALLE fundó el pueblo de Carhué, acto,  que sumado a su rápida ocupación, aseguró la frontera sur en un inmenso territorio, que a partir de ese entonces, se incorporó definitivamente a la integridad nacional. Carhué sirvió luego de campamento base, durante la campaña del Río Negro y allí, el 26 de abril de 1879, se firmó la orden de partida de la Expedición al desierto que se realizó bajo el mando del general ROCA

01 de junio de 1876
Un “malón” bajo el mando del famoso cacique PINCÉN y algunos otros “capitanejos” más que lo acompañaban, llegó hasta los fuertes “General Levalle” y “Junín”, pero las guarniciones de éstos, al mando del coronel MANUEL SANABRIA y el comandante ATALIVA ROCA, le salieron al encuentro ocasionándole mucha mortandad y heridos, y arrebatándole todo el arreo que había  en la costa del Salado, salvando al mismo tiempo cuatro cautivas que los salvajes se llevaban.

15 de junio de 1876
En un importante editorial del diario La Prensa, se le demandaba al Congreso de la Nación, que no permaneciera indiferente ante la grave situación que se había creado en la campaña. El terror y el saqueo que estaban sufriendo los pobladores de la campaña en la provincia de Buenos Aires, asaltados permanentemente por indígenas hostiles, ya había tomado proporciones alarmantes y se estaban produciendo graves daños a la economía de la región, por las grandes pérdidas de ganado que estos asaltos provocaban. El artículo terminaba alertando sobre el peligro que acarreaba esta situación en territorios, que ya conquistados en 1872, habían vuelto al dominio de la barbarie, por la inoperancia de los gobiernos (Campaña al Desierto).

15 de julio de 1876
Un reclamo de la sociedad para terminar con la barbarie. En el editorial del diario La Prensa, del 15 de julio de 1876, se le demandaba al Congreso de la Nación, que no permaneciera indiferente ante la grave situación que se había creado en la campaña. El terror y el saqueo que estaban sufriendo los pobladores de la campaña en la provincia de Buenos Aires, asaltados permanentemente por indígenas hostiles, ya había tomado proporciones alarmantes y se estaban produciendo graves daños a la economía de la región, por las grandes pérdidas de ganado que estos asaltos provocaban. El artículo terminaba alertando sobre el peligro que acarreaba esta situación en territorios, que ya conquistados en 1872, habían vuelto al dominio de la barbarie, por la inoperancia de los gobiernos”

08 de agosto de 1876
El Comandante del Batallón 8 de Infantería, ANTONIO DÓNOVAN, al frente de una reducida fuerza, tuvo un sangriento enfrentamiento con una columna de mil seiscientos indígenas que comandados por los caciques NAMUNCURÁ Y JUAN JOSÉ CATRIEL, habían llevado una nueva invasión hasta los campos de Olavarría, El comandante Dónovan logró dispersarlos en varios grupos, abandonando el arreo que llevaban, calculado en 50.000 vacas y gran número de yeguarizos. Los indígenas sufrieron muchas bajas  y la pérdida de caballos ensillados, de armas y cargueros que habían robado (Campaña al Desierto).

10 de agosto de 1876
El pueblo de Carhué, recientemente fundado por el general NICOLÁ LEVALLE, fue atacado por una tropa de indígenas al mando del cacique NAMUNCURÁ, pero son batidos por las fuerzas a las órdenes del teniente RAMÓN RUIZ (Campaña al Desierto).

15 de agosto de 1876
El capitán EXEQUIEL DEL MOZO y el subteniente MANUEL PALACIO, al mando de sesenta soldados del Regimiento 2º de Caballería, combatieron por espacio de dos horas contra trescientos sesenta indígenas sublevados, logrando vencerlos y recuperar el ganado que habían robado. El mismo día al atardecer, el mayor ROQUE PEYTEADO, al mando de 60 soldados, derrotó otra partida de salvajes; mientras a escasas horas el mayor BARRIONUEVO, del regimiento 2º de Caballería, acompañado de cuatro soldados, se batió contra quince indígenas, que huyeron dejando cuatro de ellos malheridos.

07 de diciembre de 1876
El teniente coronel TEODORO GARCÍA, que marchaba a la vanguardia de la División del Sur, a las órdenes del coronel NICOLÁS LEVALLE, sorprendió en Lehué-Calel a la tribu del famoso cacique NAMUNCURÁ, produciéndole numerosas bajas y logrando rescatar treinta y tres cautivas y toda la hacienda que habían robado en sus correrías.

10 de enero de 1877
NAMUNCURÁ, el cacique más respetado del desierto por el poder de sus lanzas, hijo del célebre cacique CALFUCURÁ, fue atacado en sus propias tolderías de Chiloé por el coronel NICOLÁS LEVALLE, y después de haber perdido en el combate unos cuatrocientos indígenas, tuvo que abandonar el campo, retirándose a unas veinte leguas más al oeste, cediendo así a las fuerzas nacionales el control del desierto, por lo que también perdió para siempre su prestigio entre las tribus que lo consideraban invencible.

20 de abril de 1877
Combate de Curumalal Chico. Se llevó a cabo este encuentro entre una tropa de 3.000 indígenas de los “generales” CATRIEL y NAMUNCURÁ que desafiaron a un destacamento al mando del comandante DÓNOVAN, que logró derrotarlos, recuperando en el entrevero, una bandera que el general BARTOLOMÉ MITRE, le había obsequiado al cacique CATRIEL, cuando éste, mantenía con los aborígenes una política de paz y mutuo entendimiento 15 de junio de 1877

15 de junio de 1877
El ingeniero ALFREDO EBELOT informa al gobierno que ha finalizado la construcción de la zanja que se le ha ordenado y que luego se hará conocer como “la zanja de Alsina”. Los aborígenes continuaron con sus ataques para alzarse con el ganado de las chacras en la provincia de  Buenos Aires y el sur de la provincia de Mendoza, pero la presencia de esa zanja, les creaba dificultades para escapar con los animales. La marcha se les hacía más lenta y la detención a la que los obligaba ese obstáculo, facilitaba la acción de las patrullas que habían salido a perseguirlos. Frustrados sus intentos de pillaje, muchos originarios que no sólo sufrieron de hambre sino que también la venganza del hombre blanco, decidieron unirse a las granjas-estancias para trabajar para ellos a cambio de comida y refugio, pero la gran mayoría prefirió seguir con su resistencia (ver “La zanja de Alsina” en Crónicas).

23 de junio de 1877
El soldado de baqueanos ISAAC TORRES, al mando de veintiún vecinos que se habían ofrecido voluntariamente al jefe del fortín “Mendoza”, coronel LUIS TEJEDOR, sorprendió al cacique JUAN CHICO en su toldería, cuando estaba  reunido con su gente y los atacó, logrando producirle seis bajas, luego de lo cual se retiró, regresando con todos los animales vacunos y caballares que éstos tenían. Pero al día siguiente, 24 de junio, se encontró con un nutrido grupo de indígenas que venían de “maloquear” desde las pampas y que le quitó el arreo que llevaba, continuando luego su retirada hacia el desierto. Pero el soldado Torres no aceptó tal despojo y atacando la retaguardia de la indiada, logró recuperar el arreo y regresó con é al fortín, sin haber sufrido ni una sola baja.

30 de julio de 1877
Los caciques MANUEL GRANDE y TRIPAYLAO con sus tribus, tanto la gente de lanza como de chusma, se sometieron al jefe de la División Carhué, perteneciente a las fuerzas del gobierno nacional.

13 de noviembre de 1877
El coronel CONRADO E. VILLEGAS salió de su campamento de Trenque-Lauquen y se internó en el desierto en busca de los toldos del temido cacique PINCÉN. Poco después llegó a los montes de Malal, donde estaba acompañado aquél con su indiada. Inmediatamente lo atacó, persiguiéndolo por cuatro horas, tanto en el llano como entre los montes, dando por resultado esta batida 80 salvajes muertos, cuatro cautivos rescatados y ciento cuatro de “chusma” prisioneros, la recuperación de toda su caballada, animales vacunos y lanares.

29 de diciembre de 1877
Fallece ADOLFO ALSINA, el Ministro de Guerra del Presidente NICOLAAS AVELLANEDA que había sido el artífice y cabeza de la Campaña al Desierto emprendida con el objeto de pacificar los territorios que se extendían al sur de Buenos Aires, permanentemente hostilizados por tribus de aborígenes, que venidos desde Chile, se hicieron dueños y señores de la pampa argentina, sometiendo a los indígenas nativos.

02 de enero de l878
ROCA sucede a ALSINA como Ministro de Guerra. El 2 de enero de 1878 el entonces Presidente de la Nación doctor NICOLÁS AVELLANEDA nombró Ministro de la guerra al general JULIO ARGENTINO ROCA, en reemplazo del doctor ADOLFO ALSINA que había fallecido el 29 de diciembre de 1877.

04 de enero de 1878
El general JULIO ARGENTINO ROCA, reemplazando en el cargo como Ministro de Guerra al fallecido doctor ADOLFO ALSINA se manifiesta en clara oposición al criterio de su antecesor, que había optado por una actitud defensiva, para poner fin a las hostilidades de los indígenas en la frontera sur de la provincia de Buenos Aires y aconseja lanzar una ofensiva general para pacificar la región, porque consideraba que “la política de contención en las fronteras no había dado resultado” y creía que la única solución contra la amenaza de los indígenas era “subyugarlos, incorporarlos a nuestras leyes y costumbres y si no aceptaban eso, expulsarlos de los territorios que ocupaban. Consideraba que la inmensa mayoría de quienes se oponían a la presencia del blanco, no eran los pobladores originarios, sino que eran tribus naturales de Chile (araucanos y mapuches), que luego de exterminar a los verdaderos originarios, se habían apoderado de estas tierras, que encontraban más promisorias que las suyas.

30 de julio de 1878
Los caciques BAIGORRITA Y EPUMER acuerdan una tregua con el Gobierno Nacional.

14 de setiembre de 1878
Se aprueba una inversión extraordinaria para financiar una nueva Campaña al Desierto. El 14 de setiembre de 1878 la Cámara de Diputados de la Nación aprobó un proyecto de Ley que autorizaba al Poder Ejecutivo a invertir 1.600.000 pesos, para establecer la línea de fronteras sobre la margen izquierda de los ríos Negro y Neuquén, “previo sometimiento o desalojo de los indios bárbaros de la pampa, desde el río Quinto y Diamante hasta los mencionados”.

17 de setiembre de 1878
Veinticinco mil indígenas invadieron “Malle Lauquen”, provincia de Buenos Aires y arrearon una gran cantidad vacas y caballadas. Mientras, en Trenque Lauquen, el mayor RUIZ, con 60 hombres, rodearon a 30 salvajes de los caciques PICHI-PINCEN Y MANUEL PAYAN, y les tomaron 21 prisioneros, muriendo en el combate el capitanejo CARRI LONGO

29 de setiembre de 1878
El Teniente primero JOSÉ DAZA, con 12 hombres del Regimiento 1º de Caballería, se batió contra 60 indígenas que habían invadido “Mayalauquen”, “La Tigra”, “La Totora” e inmediaciones, logrando producirles numerosas y recuperando parte del arreo robado.

02 de octubre de 1878
Cae prisionero el famoso cacique araucano CATRIEL

09 de octubre de 1878
Cumpliendo instrucciones del Ministro de guerra, general JULIO ARGENTINO ROCA, el jefe de la División de Guaminí, coronel MARCELINO FREYRE, en la fecha, atacó las tolderías situadas al norte del Valle de Chiloé, a setenta leguas del campamento.

12 de octubre de 1878
En el paraje denominado “Huacal Grande”, en La Pampa, el teniente coronel TEODORO GARCÍA, al frente de una fuerza de doscientos cincuenta hombres, sorprendió en este día las tolderías instaladas en la frontera Costa Sud, tomando ciento seis prisioneros, entre los que se contaban los indígenas CAMUÑIL Y HUENCHUQUIL, además de otras gentes. El resto de los que se hallaban en el lugar consiguió huir.

04 de noviembre de 1878
El coronel RACEDO sorprendió al cacique “ranquel” EPUMER ROSAS, y lo derrotó, tomándole doscientos prisioneros y numeroso ganado.

06 de noviembre de 1878
El cacique PINCÉN cae prisionero y este es el fin de uno de los cabecillas indígena más audaces y famosos de la pampa argentina. El coronel CONRADO VILLEGAS, Comandante de la frontera sur, tomó la decisión de acabar con las fechorías de PINCÉN y desde su campamento en Trenque-Lauquen,el 5 de noviembre de 1878, salió con algunas fuerzas hacia las tolderías del cacique, en el mismo corazón del desierto y en la madrugada de esta fecha, llegó hasta su campamento instalado en “Futalaufquen”, que encontraron abandonado, porque, habiendo advertido la llegada de Villegas, Pincén se alejó y se ocultó en el desierto. Al día siguiente se reincorporó a las fuerzas del coronel Villegas, el sargento mayor RAFAEL SOLÍS, que con setenta hombres, se había desprendido del grueso de sus fuerzas, trayendo prisionero al cacique Pincén y alguna chusma. Los sargentos mayores GERMÁN SOSA, EVARISTO RUIZ Y JORGE RONDE, destacados también de las fuerzas de Villegas, sorprendieron también algunas tolderías, matando a los indígenas que se resistieron, y tomando gran número de prisioneros, tanto de lanza como de chusma. El resultado de estas operaciones fue, además del increíble apresamiento de Pincén y el de muchos salvajes, la recuperación de toda la hacienda que había en aquel paraje. y que muchos caciques y capitanejos se sometieron con sus familias e indígenas de pelea. Pincén, que tenía 70 años y que  había sido sorprendido durmiendo, fue llevado a Buenos Aires y cuando le preguntaron cómo siendo tan valiente, se había dejado atrapar tan tontamente, contestó: “Porque a todo hombre le llega su hora”

08 de noviembre de 1878
Ataque a los toldos de PINCEN. Salió de Villa Mercedes el teniente coronel RUDECINDO ROCA, jefe de la frontera de San Luis, para hacer campaña contra las tribus de EPUMER Y BAIGORRITA. La expedición llegó hasta los toldos de los primeros, en “Yoitagüé”, y los atacó, tomándoles prisioneros cinco capitanejos, setenta y seis indígenas de pelea y doscientos treinta de chusma.

22 de noviembre de 1878
El comandante LORENZO VINTTER informó al Poder Ejecutivo de la Nación que el temible cacique JUAN JOSÉ CATRIEL se había rendido a discreción., “con los últimos ciento cincuenta guerreros indígenas que le quedaban de aquella famosa tribu que, en tiempo de Rosas, formaban 3000 lanzas, y 1000 en 1875, cuando se sublevó” (Campaña al Desierto).

23 de noviembre de 1878
El comandante LORENZO VINTTER, que había tomado prisionero al feroz cacique JUAN JOSÉ CATRIEL y su tribu —de setecientos indígenas—, informó “que la indiada está materialmente desnuda, y los soldados, compadecidos de tanta miseria, les dan sus mantas para abrigarlos”. Pedía que se le enviara bayeta, por lo menos para vestir a las mujeres. Los setecientos salvajes fueron remitidos a Buenos Aires, donde se les dio destino.

25 de noviembre de 1878
El comandante en jefe de la Frontera Sur, coronel NICOLÁS LEVALLE, salió en busca de dos mil indígenas que capitaneados por el famoso cacique NAMUNCURÁ se preparaban para llevar a cabo una invasión

09 de diciembre de 1878
El cacique PINCÉN, hecho prisionero el 6 de noviembre de ese año, llegó a Junín, provincia de Buenos Aires. Al día siguiente, acompañado por algunos de sus “bravos”, sus mujeres y niños, marchó hacia la capital de la República. El aspecto del feroz cacique ya no era el mismo que sembrara el terror en la frontera sur del país. Iba, serio, taciturno y sin palabras.

11 de diciembre de 1878
Rota la paz que habían celebrado los caciques EPUMER Y BAIGORRITA con el gobierno nacional el 30 de julio, el día 11 de diciembre de 1878,  el comandante en jefe de aquella frontera, coronel EDUARDO RACEDO, salió de su campamento de Río IV, llevando sus fuerzas hasta las mismas tolderías de los ranqueles. Como resultado de esta expedición, que duró hasta fines de enero de 1879, fue tomado prisionero a EPUMER ROSAS, cacique general de los ranqueles y a setecientos setenta y ocho entre prisioneros y presentados, tanto de indígenas de pelea como de chusma, y salvar del cautiverio a ochenta y seis cristianos para devolverlos al seno de sus familias. Después de esta gran batida, los ranqueles desaparecieron de sus guaridas.

00/04/1878
El general ROCA presenta su plan de operaciones donde adopta la misma concepción estratégica de la guerra ofensiva que empleara ROSAS en 1833. Decidido a “limpiar” la zona entre la “zanja de Alsina” y el Río Negro por medio de ataques sistemáticos y continuos a los establecimientos de los indígenas, planea desarrollar esta empresa  en dos etapas: 1º) Batida general del territorio comprendido entre la frontera demarcada por la “zanja de Alsina”  y el Río Negro; 2º) Marcha del Ejército hasta los ríos Negro y Neuquén y fijar sobre ellos las guarniciones acordadas en el proyecto.

04 de octubre de 1878
Por medio de la Ley Nº947 el Congreso aprueba el Plan de Operaciones presentado por el general ROCA

06 de noviembre de 1878
El cacique PINCÉN cae prisionero. Y este es el fin de uno de los cabecillas indígena más audaces y famosos de la pampa argentina. El coronel CONRADO VILLEGAS, Comandante de la frontera sur, tomó la decisión de acabar con las fechorías de PINCÉN y desde su campamento en Trenque-Lauquen,el 5 de noviembre de 1878, salió con algunas fuerzas hacia las tolderías del cacique, en el mismo corazón del desierto y en la madrugada de esta fecha, llegó hasta su campamento instalado en “Futalaufquen”, que encontraron abandonado, porque, habiendo advertido la llegada de VILLEGAS, PINCÉN se alejó y se ocultó en el desierto. Al día siguiente, 6 de noviembre, se reincorporó a las fuerzas del coronel Villegas, el sargento mayor RAFAEL SOLÍS, que con setenta hombres, se había desprendido del grueso de sus fuerzas, trayendo prisionero al cacique Pincén y alguna chusma. PINCÉN, que tenía 70 años y que  había sido sorprendido durmiendo, fue llevado a Buenos Aires y cuando le preguntaron cómo siendo tan valiente, se había dejado atrapar tan tontamente, contestó: “Porque a todo hombre le llega su hora”.

22 de noviembre de 1878
El 22 de noviembre de 1878,  el comandante LORENZO VINTTER informó al Poder Ejecutivo de la Nación que el temible cacique JUAN JOSÉ CATRIEL se había rendido a discreción., “con los últimos ciento cincuenta guerreros indígenas que le quedaban de aquella famosa tribu que  en tiempo de Rosas, reunía 3000 lanzas, y 1000 en 1875, cuando se sublevó”

23 de noviembre de 1878
Llegan a Buenos Aires, indígenas en estado lamentable. El comandante LORENZO VINTTER, que había tomado prisionero al feroz cacique JUAN JOSÉ CATRIEL y su tribu —de setecientos indígenas—, informó “que la indiada está materialmente desnuda, y los soldados, compadecidos de tanta miseria, les dan sus mantas para abrigarlos”. Pedía que se le enviara bayeta, por lo menos para vestir a las mujeres. Los setecientos salvajes fueron remitidos a Buenos Aires, donde se les dio destino

09 de diciembre de 1878
Traen a Buenos Aires al cacique PINCÉN. El cacique PINCÉN, hecho prisionero el 6 de noviembre de ese año, llegó a Junín, provincia de Buenos Aires. Al día siguiente, acompañado por algunos de sus “bravos”, sus mujeres y niños, marchó hacia la capital de la República. El aspecto del feroz cacique ya no era el mismo que sembrara el terror en la frontera sur del país. Iba, serio, taciturno y sin palabras (Campaña al Desierto).

18 de diciembre de 1878
El cacique PINCÉN  es internado en la isla Martín García. El famoso cacique PINCÉN fue enviado a la isla de Martín García. Lo acompañaron nueve indígenas y dos mujeres, pertenecientes estas últimas a la familia del cacique.

24 de diciembre de 1878
Siete aborígenes son  incorporados a la Marina. El comandante militar interino de Carmen- de Patagones comunicó a la Inspección General de Armas que de los indígenas prisioneros tomados en aquella frontera, siete habían sido entregados al jefe del acorazado “Los Andes” para el servicio de ese buque y dos al comandante de marina MARTÍN GUERRICO para el de la cañonera “Uruguay”.

28 de diciembre de 1878
La División comandada por el coronel NICOLÁS LEVALLE, en la fecha, salió a batir  las tolderías del cacique NAMUNCURÁ y sostuvo varios encuentros con partidas que le salieron al cruce, intentando impedirle que llegara a su destino y luego de rescatar numerosos cautivos y de recuperar gran cantidad de ganado, regresó a sus cuarteles.

15 de enero de 1879
El teniente coronel LORENZO VINTTER sorprendió la tribu del cacique CAYUL, en Cochi-Có, matándole treinta y siete indígenas y tomándole prisionero el resto, que se componía de dicho cacique, siete capitanejos, cincuenta y siete de lanza y ciento sesenta y cuatro de chusma..

24 de enero de 1879
El diario “La Prensa” de Buenos Aires, informó la muerte del cacique NAUCULEO, producida según el artículo que se publicó diciendo: “Tomado prisionero por las fuerzas del coronel NICOLÁS LEVALLE, Nauculeo pidió a éste que le aflojaran las ataduras que lo lesionaban, prometiendo llevarlo a un lugar donde dijo, que hallaría un capitanejo con muchos guerreros. Aunque parecía una estratagema, se le concedió, reforzándosele la vigilancia. Al llegar a la “Laguna de los Caranchos”, pretendió darse a la fuga, pero cayó muerto a balazos. Nauculeo era un indígena alto, imponente. Vestía siempre de gaucho, y su arrogancia no cedía ante nadie. Cuando hablaba con el coronel Levalle, lo hacía de igual a igual y no de prisionero a vencedor.

25 de enero de 1879
El teniente coronel BENITO HERRERO atacó una toldería en “Maracó”, refugio de indígenas dispersos, sobrevivientes de las tribus de Pincén y los derrotó, luego de un reñido y encarnizado combate (Campaña al Desierto).

01 de febrero de 1879
El diario La Prensa informó que la “Comisión de Negocios Constitucionales” presentaría a la Cámara de Diputados de la provincia de Buenos Aires, para que a su vez, la enviara al Presidente de la República, doctor NICOLÁS AVELLANEDA, un proyecto para que se le adjudicara una Medalla al Mérito a quienes “participando en la Campaña al Desierto”, con su inteligencia y abnegación, concibieron y realizaron el más trascendental de los hechos, la obra más decisiva para el progreso y engrandecimiento de la República: la ocupación del desierto y la seguridad de sus fronteras”.

01 de febrero de 1879
Traen prisionero al cacique EPUMER a Buenos Aires. Llegaron a la ciudad de Buenos Aires OCTAVIO PICO, encargado de confeccionar los estudios geográficos a que dio lugar esta campaña y el mayor ÁLVAREZ que formaron parte de la expedición al desierto bajo el  mando del coronel EDUARDO RACEDO. Traían, para presentar al Ministro de Guerra, JULIO ARGENTINO ROCA, un grupo de prisioneros tomados durante esa campaña, entre los que se encontraba el cacique EPUMER ROSAS, que venía escoltado por  el cacique teniente coronel RAMÓN y acompañado de su mujer y sus cinco hijos. Esta célebre princesa indígena era de la que se ocupa el general LUCIO V. MANSILLA en su libro “Una excursión a los indios ranqueles”

13 de febrero de 1879
El coronel MANUEL OBLIGADO, al mando del Regimiento 10 de Caballería de Línea, sorprendió en una toldería que estaba al norte de su línea, en la frontera de Santa Fe, a un grupo de indígenas, guerreros todos ellos y los dispersó.

15 de febrero de 1879
El comandante MARCELINO FREYRE, en cercanías del río Negro, sostuvo un encuentro con un numeroso grupo de indígenas, el último que quedaba en esos territorios y los derrotó, produciéndoles gran cantidad de bajas.

CAMPAÑA DEL GENERAL ROCA (16 DE ABRIL DE 1879)
Por encargo del Presidente NICOLÁS AVELLANEDA, el Ministro de Guerra, general JULIO ARGENTINO ROCA, planea una nueva Campaña al Desierto, con el objeto de afianzar definitivamente la soberanía nacional sobre los territorios del sur y habilitarlos para su colonización y desarrollo. Durante esta campaña, donde casi no hubo combates ni enfrentamientos con los aborígenes, se logró la ocupación formal del territorio argentino, trasladando la frontera interior del sur, desde el Río Salado hasta el Río Negro.

14 de abril de 1879
Para el  mejor desarrollo de su campaña, ROCA , decide realizar la empresa en dos etapas: 1º) Batida general del territorio comprendido entre la frontera y el Río Negro, para lo cual dispone que se efectúen incursiones preliminares “de limpieza”, para desgastar las fuerzas aborígenes y 2º) Marchar con el Ejército hasta los ríos Negro y Neuquén y fijar sobre ellos las guarniciones acordadas en el proyecto.

16 de abril de 1879
El general ROCA se pone al frente de la Primera División de las fuerzas que empeñará en la que será la quinta Campaña al Desierto (luego de las emprendidas por MARTÍN RODRÍGUEZ, JUAN MANUEL DE ROSAS, BARTOLOMÉ MITRE y VALENTIN ALSINA) y partiendo desde Azul, inicia la marcha hacia Carhué,  para dirigirse luego desde allí,  hacia la isla Choele-Choel. En el momento de abrir la marcha al Río Negro, dio una proclama al ejército, diciendo

“Al despedirme del señor Presidente de la República, para venir a ponerme al frente de vosotros, me recomendó saludaros en su nombre y deciros que está satisfecho de vuestra conducta. Con asombro de todos nuestros conciudadanos, en poco tiempo habéis hecho desaparecer las numerosas tribus de la pampa que se creían invencibles con ci pavor que infundía el desierto y que eran como un legado fatal que aún tenían que trasmitirse las generaciones argentinas por espacio de siglos. Extinguiendo estos nidos de piratas terrestres y tomando posesión real de la vasta región que los abriga, habréis abierto y dilatado los horizontes de la patria hacia la. comarca del Sud, trazando, por decirlo así, con vuestras bayonetas un radio inmenso para su desenvolvimiento y grandeza futura. Dentro de tres meses quedará todo concluído; pero la República no termina en el río Negro” (Esta proclama fue publicada en el diario La Prensa del 29 de abril de 1879)

El 19 de abril de 1879
ROCA llegó con su Estado Mayor y treinta hombres de escolta al “Fuerte General Lavalle” y fue recibido a algunas leguas del Fuerte por el comandante de esa Plaza, el coronel ZACARÍAS SUPISICHE, con quien al día siguiente marchó hacia  Carhué.

25 de abril de 1879
La columna llegó a Trenque Lauquen y allí ROCA dispone la creación de una Quinta División en operaciones, compuesta de quinientos hombres e indígenas auxiliares y lo pone al mando del coronel HILARIO LAGOS, (hijo), tras lo cual, el 29 de abril, parte desde Trenque Lauquen acompañado por un grupo de científicos de la “Academia de Ciencias de Córdoba” que se han incorporado a sus fuerzas, para realizar estudios y observaciones sobre la población indígena, la topografía, la flora y la fauna del lugar.

29 de abril de 1879
El general ROCA parte desde Trenque Lauquen decidido a eliminar la amenaza de aborígenes hostiles y abrir la Patagonia a la colonización, la agricultura y la ganadería. En ella va un grupo de científicos de la “Academia de Ciencias de Córdoba” para realizar estudios y observaciones sobre la población indígena, la topografía, la flora y la fauna del lugar.

01 de mayo de 1879
El general ROCA y su fuerza expedicionaria llegan a Puán y de inmediato continúan su marcha hacia Carhué, adonde llegan el 5 de mayo, siendo recibidos por el coronel NICOLÁS LEVALLE, fundador de esta población (24 de abril de 1876), que ya contaba con cien casas, varias de material cocido y hasta una de altos, que era la que ocupaba el coronel LEVALLE.

04 de mayo de 1879
Desde Trenque Lauquen, la columna expedicionaria al desierto que comandaba el coronel HILARIO LAGOS (hijo), se puso en marcha siguiendo una dirección paralela a la ruta que tomará la columna del coronel NICOLÁS LEVALLE, hasta encontrarse en “Travó-Lauquen” y “Luan-Lauquen”. Para asegurar las líneas de comunicaciones, a medida que se avanzaba, la retaguardia quedaba defendida por fortines que se iban instalando sobre la marcha. Mientras tanto, una columna al mando del comandante ENRIQUE GODOY partía desde  Guaminí, con 135 soldados del 7º de Línea y veintiún indígenas amigos, guiado por un baqueano que le servía  de guía y de lenguaraz.

06 de mayo de 1879
El general ROCA, al frente de mil ochocientos veteranos, parte desde Carhué en dirección al Río Colorado. El ejército del centro, al mando del coronel EDUARDO RACEDO, avanzó hasta 40 leguas después de Villa Mercedes. Todas las fuerzas que venían desde Córdoba, junto con la división de San Luis, tenían la orden de converger hacia Médano Colorado

07 de mayo de 1879
Esta fuerza con el general ROCA a la cabeza, llegó a Nueva Roma,  punto de partida para el desierto inexplorado.

08 de mayo de 1879
El general ROCA, desde “Nueva Roma” parte en dirección a “Salinas Chicas”, donde esperará la “División Puán”, que venía a las órdenes del coronel TEODORO GARCÍA. La “División Trenque Lauquen”, del coronel CONRADO E. VILLEGAS, marchaba a la vanguardia y se hallaba ya en las márgenes del río Colorado. El teniente coronel NAPOLEÓN URIBURU, comandante del 4º Cuerpo de Ejército en operaciones sobre los valles de los Andes, llegó al río Grande y exploró sus tributarios, encontrando grandes cantidades de ganado chileno invernando en territorio argentinos, por lo que los ganaderos chilenos le solicitaron permiso para seguir ocupando esos campos y se ofrecieron para ayudar al ejército en operaciones contra los indígenas.

13 de mayo de 1879
Llega al río Colorado la División del coronel VILLEGAS, y se construye una gran balsa para cruzarlo. Un Regimiento de vanguardia lo pasa a nado sin inconvenientes.

13 de mayo de 1879
El general JULIO ARGENTINO ROCA llega al Río Colorado, destino final de la marcha que emprendiera con el objetivo de recuperar el territorio de la Patagonia oriental para la soberanía nacional. Ese mismo día, el corresponsal de La Prensa, que marchaba con la expedición al desierto, por medio del servicio “chasque” que envió a la estación telegráfica del “Fuerte Argentino”, informó que habían llegado al río Colorado, después de acampar en Salinas Chicas y Algarrobo Clavado. “Los campos —agrega el articulista— son en esa zona muy hermosos, de abundantes pastos, agua y leña.

13 de mayo de 1879
El general ROCA, rehusando el honor que se le había discernido, autorizándolo para bautizar a un paso del río Colorado con su nombre y deseando, a la vez, demostrar su aprecio a su antecesor en el Ministerio de guerra, le ordena al coronel VILLEGAS que  hiciera colocar en aquel sitio, un palo con la inscripción “Paso Alsina”, denominación que quedó hasta el día de hoy en aquella parte de dicho río

13 de mayo de 1879
En persecución de un numeroso grupo de indios que huían hacia la cordillera, llegan  al río Colorado las fuerzas comandadas por el coronel CONRADO VILLEGAS, el coronel LORENZO VINTTER y el coronel TEODORO GARCÍA y mientras la vanguardia lo cruza a nado para establecer una cabecera de playa, se construyen balsas para que el resto de la tropa y los bagajes puedan vadearlo

14 de mayo de 1879
Las fuerzas de los  coroneles CONRADO VILLEGAS, LORENZO VINTTER  y TEODORO GARCÍA, cruzan en balsa el río Colorado.

23 de mayo de 1879
La División comandada por el coronel HILARIO LAGOS (hijo), integrante del Ejército que bajo el mando del general JULIO ARGENTINO ROCA estaba empeñada en la “conquista del desierto”, atacó a una fuerza de 300 indígenas que se habían hecho fuertes en “Luan Lauquen”,  y luego de vencerlos, estableció allí su campamento.

24 de mayo de 1879
Después de una penosa y arriesgada marcha de cuarenta días, manteniendo repetidos y violentos encuentros con partidas dispersas de indígenas que aún, a pesar de la pérdida de muchos de sus caciques, se resistían al avance del “blanco”, con 6.000 soldados y rifles nuevos, el 24 de mayo de 1879 la fuerza expedicionaria llega a los poblados indígenas que ocupaban el territorio de la actual Choele-Choel, en la provincia de Neuquén. Rinde pacíficamente s sus pobladores e izando la Bandera Argentina, funda allí  el pueblo de “Avellaneda” en homenaje al en esos d´´ias Presidente la Nación(origen de la actual ciudad de  Choele-Choel).

Desde allí, se dará comienzo entonces, a la segunda etapa del Plan de Operaciones de ROCA y mientras desde otros puntos, las compañías del sur hacían  su camino hacia el río Negro y el Neuquén (el tributario norteño del río Negro,  que juntos, marcaban la frontera natural desde los Andes hasta el Atlántico), ROCA se dirige hacia Neuquén

02 de junio de 1879
El general JULIO A. ROCA, desde Choele-Choel, escribió al entonces presidente de la República, expresándole: “Hoy hemos cantado un solemne Tedeum, para dar gracias al Señor de los Ejércitos por el feliz resultado de nuestra campaña. El Señor Provisor doctor ESPINOSA celebró el Santo Sacrificio de la Misa, en una verde y hermosísima llanura, a orillas del Río Negro, asistiendo todos los cuerpos como en orden de gran parada. El espectáculo resultó imponente y le aseguro que en ningún tiempo como entonces, hemos estado compenetrados de un porte religioso y sagrado recogimiento. En ninguna parte como en el desierto se siente uno más cerca de Dios. Mañana, al clarear el día, nos ponemos en marcha hacia el Neuquén…”.

04 de junio de 1879
Las fuerzas del general ROCA en marcha desde la isla Choele-Choel,llegan a Neuquén  y luego de remontar el río Negro hasta su  confluencia con el Limay, da por terminada la misión que se le impusiera: La toma de posesión de esos territorios, para incorporarlos a la integridad nacional.

Mientras esto sucedía, el general NICOLÁS LEVALLE avanzaba con la segunda división desde Cathué hasta Traurú Lauquen (Acha) en la Pampa central e HILARIO LAGOS, desde Trenque Lauquen, al mando de la quinta división se dirigía a Luan Lauquen y la tercera división al mando de EDURDO RACEDO, avanzaba en dos columnas: una desde Villa Mercedes (San Luis) y la otra desde el Fuerte Sarmiento (en Córdoba), para reunirse ambas en Médano Colorado, desde donde planeaban avanzar hasta Poitahué y Pitre Lauquen. Por su parte, NAPOLEÓN URIBURU al mando de la cuarta división marchó desde San Rafael (Mendoza), hasta el río Neuquén.

Muchos establecimientos fueron construidos en la cuenca de estos dos ríos, así como también en el río Colorado. Por mar, algunos establecimientos fueron erigidos en la cuenca sur del río Santa Cruz, principalmente por colonos galeses.

1879
La organización de la Campaña del Desierto determinó que en 1879, se creara la “Oficina Topográfica Militar”, que fue puesta bajo la jefatura del coronel MANUEL J. OLASCOAGA.

26 de junio de 1879
Combate de Choique Mahuida (Sierra del Avestruz) en la actual provincia de La Pampa. Cuando la tribu del cacique NAMUNCURÁ se alejaba de sus antiguos dominios pampeanos, tratando de evitar un  encuentro que temía decisivo, para llegar a sus tolderías de su tío, el cacique REUQUECURÁ, donde se reorganizaría para continuar la lucha, una avanzada de las tropas del general ROCA, cerrando las pinzas de una encerrona que habían armado, los toman por sorpresa y luego de un encarnizado combate, las rinden y las obligan a volver sobre sus pasos y someterse a la autoridad.

29 de junio de 1879
Combate del “Paso de la balsa”. Obligados por una implacable persecución que en los territorios hoy ocupa la provincia de Neuquén, a la que los sometían las fuerzas comandadas por los mayores TABOADA e ILLIESCAS, los indígenas trataban de refugiarse en la seguridad que les ofrecía las cercanas montañas, pero no perdían la oportunidad de hacer alguna salida para hacerse de armas y caballos. Fue así que el 29 de junio de 1879, setenta de ellos, en proximidades del “Paso de la Balsa”, completamente desnudos cruzaron con sus caballos el río Neuquén y atacaron a una partida que venía persiguiéndolos y que logró rechazarlos, gracias a que lo quebrado de la zona, les permitió tomar una adecuada posición.

09 de julio de 1879
Desde Choele-Choel, el coronel CONRADO E. VILLEGAS, le comunicó al general ROCA que había colocado la señal del “Paso Alsina”, “cumpliendo así los deseos de vuestra excelencia, en el glorioso aniversario de nuestra Independencia”.

17 de julio de 1879
Una de las comisiones enviadas por el mayor SATURNINO TORRES, quien cubría con sus fuerzas el paso del río Agrio, en la Provincia de Neuquén, alcanzó y batió a un grupo de indios que huían aguas abajo por la costa del río Neuquén. Entre ellos se encontraba los indios procedentes de la Pampa, que habían venido huyendo tras las operaciones conjuntas realizadas por las divisiones expedicionarias al desierto. El cacique BAIGORRITA, herido al ser tomado prisionero, falleció al día siguiente.

12 de octubre de 1880
Roca presidente, lanza la última etapa de la campaña al desierto. El 12 de octubre de 1880, el general JULIO ARGENTINO ROCA,  sucedió a NICOLÁS AVELLANEDA como Presidente de la Nación y convencido  que era imperativo conquistar el territorio al sur del río Negro lo más pronto posible, en 1881  ordenó el lanzamiento de lo que será la última etapa de la Campaña al Desierto y puso en manos del coronel CONRADO VILLEGAS, la ejecución de la misma.

En el término de un año, VILLEGAS conquistó el territorio de la actual provincia de Neuquén (alcanzó el río Limay). La campaña continuó presionando a la resistencia de los pueblos originarios más al sur, para luchar la última batalla, el 18 de octubre de 1884. El último grupo rebelde de más de 3.000 miembros bajo el mando de los caciques INACAYAL y FOYEL, se rindieron dos meses después en la actual provincia de Chubut.

19 de enero de 1881
La destrucción del “Fuerte Guanacos” en Neuquén y la matanza de su tropa por los indígenas rebelados a los tratados firmados por el general JULIO ARGENTINO ROCA, obligan a realizar una nueva “campaña del desierto” (será la sexta), para lograr la definitiva pacificación de la Patagonia.

16 de enero de 1882
Combate en el “Fortin Primera División”. Una partida de 1.000 indígenas liderados por los caciques NAMUNCURÁ, SAYHUEQUE, NANCHUQUEO y RENQUENCURÁ, atacaron el fortín Primera División, y fueron rechazados por el capitán JUAN JOSÉ GÓMEZ, que contaba solamente con 16 soldados y 14 peones, después de un heroico combate con fuerzas muy superiores.

28 de marzo de 1882
Se organiza una nueva expedición que al mando del coronel CONRADO VILLEGAS, debe llegar hasta el pie de los Andes en Neuquén.

06 de enero de 1883
Combate de Pulmarí. Una partida de 40 soldados al mando de un capitán y un teniente, pertenecientes a las fuerzas del coronel CONRADO VILLEGAS, que marchaba en persecución de un “grupo de salvajes”, según el parte que este jefe enviara a sus superiores, al llegar a Pulmarí, fue atacado por éstos, cayendo en la acción los dos oficiales que iban al mando y uno de sus  soldados. En el mismo parte el coronel VILLEGAS menciona que “ese contingente fue atacado “por indios y fuerzas a cuyo frente se veía un oficial con uniforme, espada y revólver en mano” y como explicación de la derrota, el informe resalta la presencia de ese uniformado entre los mapuches, lo que aparentemente desorientó al capitán que mandaba las tropas argentinas, que por eso habría ordenado cesar el fuego, creyendo haber chocado por error,  con alguna de nuestras partidas que maniobraban en distintas direcciones. Los indígenas no se detuvieron en ninguna consideración, continúa diciendo el parte  y atacaron a los perseguidores, provocando las bajas consignadas”.

22 de enero de 1883
Combate de Apulé. El teniente coronel NICOLÁS H. PALACIOS vence en esta localidad al sur del río Limay, a los últimos caciques rebeldes de la Patagonia, Shaihueque e Inacayal, indiscutidos cacique de los Andes Patagónicos, quienes, luego de ese combate, se refugian en Neuquén, con los últimos 600 guerreros que restan de su otrora invencibles tropas.

El comandante NICOLÁS H. PALACIOS que al mando de la III Brigada operaba en inmediaciones del Lago Nahuel Huapi, persiguiendo  los caiques SAYHUEQUE y INACAYAL destacó como observador al capitán ADOLDO DRURY para que al mando de 15 soldados del 7º de caballería y 10 indios “amigos”, explorara el terreno y le informara acerca de cualquier movimiento o novedad que observase. Marchaba DRURY reconociendo el campo, cuando al penetrar en el valle de Apulé, descubrió una gran cantidad de indígenas preparándose para marchar. Era la tribu de SAY HUEQUE compuesta por 400 “indios de pelea” y 800 de “chusma” (familiares, ancianos y bagajes) y luego de enviar un mensajero para advertir de esta situación al comandante PALACIOS, cargó en medio de una gritería que esperaba sirviera para amedrentar a la indiada y logra separar a la “chusma” y a la hacienda del núcleo fuerte de esta tribu, tras lo cual se repliega para apoyarse contra la falda de un cerro cercano, en espera de los refuerzos que esperan lleguen a su llamado.

Repuesto SAYHUEQUE de este ataque tan sorpresivo como temerario, le ordena a uno de sus capitanejo atacar las posiciones de “los blancos”, para recuperar a su gente y al ganado que le habían llevado. Serán 400 indios contra 23 soldados y pronto, 14 de esos valientes de la patria quedan heridos y la indiada logra rescatar a su gente y al ganado, pero vuelve con renovados bríos para acabar con el “blancu”. Una muchedumbre contra solo 23 hombres (14 de los cuales están heridos) libran un feroz combate, que ahora es a sable, “bola” y cuchillo”. De a pie, aferrados a un árbol para o caer, estimulados por las voces de aliento de su capitán, conteniendo las sangre que les brotaba de mil heridas con un trapo sucio, los soldados de DRURY no se entregan ni se dejan matar.

Y cuando parece que todo está terminado para los valientes soldados de la patria, el capitán DRURY, aunque también él está herido, logra abatir de un sablazo  al capitanejo que se había entreverado  con la tropa buscándolo a él, justo en momento que el comandante PALACIOS llega al valle y logra darle vuelta al destino del combate, poniendo en fuga a las diezmadas huestes de SHAIHUEQUE e INACAYAL.

17 de febrero de 1883
Una partida de indígenas aliados con algunos delincuentes y desertores llegados desde Chile, atacó a una fuerza que al mando del Sargento mayor JUAN G. DÍAZ, desprendida de los efectivos que el coronel CONRADO VILLEGAS, había salido en persecución de una indiada que asolaba la región. Atacado en dos frentes en los alrededores de la Laguna “Aluminé” y con manifiesta inferioridad de efectivos, el mayor Díaz, con sus treinta y tres soldados y los tenientes SATURNINO CANAVERI, SONTAG y WAPPERS, pudo repeler el ataque y regresar con su tropa al campamento.

05 de mayo de 1883
El coronel VILLEGAS informa el fin de la segunda expedición ordenada por ROCA. El general CONRADO VILLEGAS informó que cumpliendo con los objetivos de su segunda expedición hacia el sur, para pacificar esta frontera, había logrado el control de un gran territorio comprendido entre los ríos Limay y Neuquén, la cordillera de los Andes y la Patagonia austral. El resultado de esta campaña fue la neutralización de las tribus de indígenas combatientes que dominaban  todo el territorio del sur de la república, luego de haberse recompuesto; tras la batida que sufrieron a manos de la expedición del general JULIO A. ROCA.

Pero aún mermadas sus fuerzas, diezmados sus guerreros y muertos o prisioneros sus caciques, el pueblo aborigen siguió aferrándose a su tierra y a sus costumbres, sin aceptar la llegada de la civilización. Largos años de lucha habían mermado sus ímpetus, muchos de sus guerreros quedaron en la tierra ensangrentada de la Pampa que va desde el Atlántico hasta la Cordillera de los Andes y “el blanco” cada vez más organizado y numeroso, lo fue corriendo de sus tolderías y mientras lentamente, se iban retirando hacia el oeste, siguieron realizando nuevas incursiones, obligando a una permanente presencia de las fuerzas nacionales, para custodiar a los pobladores,  que poco a poco se iban animando a ocupar estas tierras para cultivarlas y criar ganado, sin el temor de perderlo todo

El fin de esta larga lucha, llegó el 18 de diciembre de 1884, fecha en la que  el último grupo rebelde de más de 3.000 “lanzas”, bajo el mando de los caciques INACAYAL y FOYEL, se rindieron en la actual provincia de Chubut.

Se acabaron los malones y l terror. Desaparecieron de la inmensidad de la Pampa las viejas tribus de CALFUCURÁ, de los hermanos CATRIEL, los ranqueles de YAMQUETRUZ, MARIANO y EPUMER y las bravías huestes de PINCÉN, después de combatir fieramente más  medio siglo (1823/1884), contra todas las tropas nacionales que fueron a su encuentro comandadas por RAUCH, ROSAS, VILLEGAS, PACHECO, MITRE, ROCA, VINTTER y otros bravos.

Dos de los más famosos protagonistas  de esos años de lucha sin cuartel, BAIGORRITA y NAMUNCURÁ se escaparon de sus perseguidores y se dirigieron hacia Chile.  NAMUNCURÁ, el otrora insolente soberano de Salinas Grandes que en su huída, pasó a Chiloé, luego a la Cortadera, más tarde a Acuarez,  para desaparecer finalmente sin dejar rastro, abandonó su tribu y sólo lo acompañaba su mujer, 10 indios de lanza y unos pocos de “chusma”. BAIGORRITA, por su parte, que al no aceptar el sometimiento a las autoridades, que se le había ofrecido en condiciones muy dignas, se vio también obligado a refugiarse en tolderías semi escondidas en los contrafuertes andinos, para eludir la una persecución  que cada vez lo acorralaba más.

01 de enero de 1885
El último acto de este drama. El 1º de enero de 1885, el cacique SAYHUEQUE, el más poderoso y temido jefe aborigen de gran prestigio y poder entre los pampas y los araucanos, acorralado por las fuerzas del sargento mayor MIGUEL VIDAL, se entrega en el fuerte “Junín de los Andes”, al jefe del Regimiento  7 de Caballería, teniente coronel NADAL, llevando consigo a 700 indígenas “de lanza”, y 2.500 “de chusma” pertenecientes a las tribus de INACAYAL, HUENCHENECUL, CHIQUINCHAN, QUAL SALVUTIA y otros más.

Y así terminó la “Campaña al Desierto” una lucha épica, librada contra los aborígenes, que defendieron lo que consideraban “su tierra” (y lo era), como solo sabían hacerlo: maloneando, atacando una y otra vez a los poblados, incendiando los campos, robando el ganado, hostilizando permanentemente a los fortines, asaltando a los viajeros y cometiendo mil tropelías más, la mayoría de las veces, organizadas por “blancos renegados” que encontraron en ellos, la carne de cañón necesaria para lograr sus objetivos de riqueza personal.

Para finalizar, es necesario recordar que muy pocos fueron los casos en que el enfrentamiento se llevó a cabo con auténticos aborígenes de nuestras tierras, pues la mayoría de los caciques y capitanejos que encabezaron acciones hostiles, eran araucanos y mapuches que cruzaron la cordillera en busca de buenos pastos para su ganado y mejores oportunidades para sobrevivir, cansados de la lucha cruel a que los obligaba la aridez  y los rigores del clima que eran la característica de sus tierras al otro lado de la Cordillera,  estimulados a ello además, por la política expansionista del gobierno trasandino, que intentaba así ocupar el territorio patagónico, para poder reclamar luego, derechos soberados sobre el mismo.

Las armas de los indígenas
“Los indígenas de todo el país, con muy ligeras variantes, usaron las mismas armas tanto para la caza como para la guerra. Los guerreros a caballo manejaron con inigualable destreza las famosas chuzas que entre los pampas y araucanos llegaron algunas de ellas a medir hasta 3,60 metros de largo, mientras que entre los demás ecuestres del país, oscilaban entre 2,40 y 2,70 metros. Fabricadas en coligüe o tacuara con un fierro o moharra de ese mismo material, enastado en uno de sus extremos; normalmente a una cuarta abajo de la moharra, ataban un manojo de plumas de color, como adorno o distintivo de los diferentes escuadro­nes en que dividían sus cuerpos de caballería.

A poco más de un metro de su extremo inferior o regatón, les aseguraban un tiento doble, con el objeto de pasar la mano derecha por allí y dejar la chuza unida a la muñeca, para evitar su caída en un mal movimiento y también para voltear la lanza con su moharra contra el suelo y llevarla arrastrando, asegurada a su fuerte muñeca. La chuza llevada “a la rastra”, dejaba una huella en los pastos o la tierra y si eran 500 ó 1000 las lanzas volteadas contra el suelo, en un viaje de ida y vuelta dejaban una señal inconfundible que se conocieron como las rastrilladas del desierto.

Se valían de sus largas lanzas en muchas circunstancias ya que éstas no eran solamente su arma de combate. Si tenían que vadear un curso de agua, sin bajarse del caballo, las introducían en el agua y avanzando despacio, iban midiendo la profundidad y la fuerza de la corriente, para hacerlo con seguridad. Dormían montados y apoyados en ellas, permaneciendo atentos, aún en el sueño y si tenían tiempo y era oportuno, las clavaban en el suelo y extendiendo ponchos y mantas encima, fabricaban rápidos toldos, muy necesarios para el desierto. También usaban sus chuzas para medir la hora, sirviéndoles de jalón entre el la línea del horizonte y les bastaba inmovilizar la lanza, poniéndola perpendicular al suelo, para saber si un objeto muy lejano tenía movimiento o estaba quieto, según las vibraciones que ella les trasmitía. Astutos e instintivos, se valían también de técnicas primitivas, pero no por ello menos eficaces, para detectar algún movimiento en esas inmensidades: Aplicaban una oreja a la tierra y “escuchaban” y distinguían el galope de una tropilla o la marcha de una partida.

Todos los aborígenes argentinos usaron el arco y la flecha de distintos tamaños y eficacia. Lo mismo que la maza de piedra o la de madera dura, conocida como “macana”. También las hachas  de pedernal, encabadas en madera, la honda de cuero con la que arrojaban gruesas piedras a gran distancia y con una potencia asombrosa. El cuchillo de pedernal y luego de metal; la temible “bola perdida”,  que consistía en una bola de piedra acanalada en su circunferencia y asegurada con un tiento o trenzado de cuero, que hacía las veces de larga manija. Las arrojaban a la distancia, luego de hacerla girar rápidamente sobre sus cabezas, logrando tiros de una gran precisión o bien sujetándola por el extremo de esa “manija”, para golpear duramente con la piedra.

Las “bolas de dos ramales” y las “boleadoras” eran otras de las armas que usaron en defensa de lo que consideraban su tierra. La primera, eran dos piedras esféricas unidas por un tiento de aproximadamente un metro que se usaba generalmente para cazar, pero que también era llevada para el combate, lo mismo que las “boleadoras”, que consistían esta vez, en tres bolas de piedra unidas por un largo tiento, útiles también como arma arrojadiza o para golpear a un adversario, si sostenía con la mano una de esas bolas y se golpeaba con la otras dos. Con estas boleadoras de dos y tres ramales, el aborigen  sostenía combates personales con gran habilidad: aprisionaba entre los dedos mayor y siguiente de su pie derecho uno de los ramales y tomaba con ambas manos la o las restantes, realizando una especie de esgrima muy difícil de superar, que causaba la fractura  de un brazo o del cráneo del enemigo. Esta suerte de boxeo con verdaderos puños de piedra, fue muy practicada por los indígenas del sur y del Chaco Austral. Otra arma muy usada por los nativos argentinos para la lucha  a pié, fue la lanza corta que no era mayor de 1,70 metro de largo, con la cual se batían con inigualable habilidad.. Esta chuza, mucho más manuable que la larga que usaban yendo a caballo, fue el arma preferida de los guerreros del Chaco Austral y en cierta medida de algunos grupos de la cordillera central y sur (araucanos, mapuches, etc.).

Los caciques y capitanejos usaron también como símbolo de mando y jerarquía, sables y espadas que lucían orgullosos atados a su cintura. Los escudos de cuero crudo se emplearon de manera permanente y se los fabricaba con 3 ó 4 cubiertas de cuero crudo de guanaco, material que fue luego remplazado por el cuero de vaca, para darle mayor resistencia. También confeccionaban corazas que cubrían el pecho y la espalda del guerrero, utilizando los cueros de guanaco y más tarde de vaca, mucho más grueso que aquél. Con ellas, se protegían partes vitales del cuerpo y podían llevarlas sin mayor esfuerzo o incomodidad, debido al poco peso y gran flexibilidad que les era característico. Completaban estos equipos de cuero, llevando gorros o sombreros de ese mismo material, para protegerse la cabeza y en los grandes combates, acostumbraban presentarse con todos sus escuadrones cubiertos por esas prendas.

La estrategia de los indígenas.
Al principio, pelearle al hombre blanco, le fue muy difícil al aborigen. La superioridad de sus armas, la formación castrense, que lo habilitaba para el combate en cualquier circunstancia y terreno y el empleo del caballo como arma para la lucha, lo ponía en inferioridad de condiciones y sus ataques fueron siempre desbaratados, ocasionándoles  enormes pérdidas de vidas. Pero, poco a poco, el indígena fue perdiéndole el miedo al caballo y con suma habilidad fue aprendiendo a dominarlo y finalmente lo montó. Y ahí las cosas cambiaron: porque el indio a pie era una cosa y el indio a caballo era otra cosa muy distinta. Se hicieron eximios jinetes y supieron aprovechar al máximo las posibilidades que los caballos ponían a su alcance: podían recorrer muy largas distancias, podían atacar por sorpresa y en forma fulminante, podían arrear grandes cantidades de ganado, podían combatir mano a mano con el soldado criollo y hasta podían huir más rápidamente cuando eran perseguidos, luego de haber cometido alguna fechoría.

Su estrategia de combate cambió y sus ataques se hicieron más efectivos. Eran rápidas y desconcertantes sus apariciones. No se los veía venir y parecía que siempre sabían donde escaseaba la vigilancia o cuánto tardaría el “Huinca” en llegar para reprimir. Atacaban poblados y estancias, se llevaban cautivas a las mujeres, asesinaban a los hombres y huían llevando el ganado y los caballos que podían reunir, antes de que llegaran los soldados.

Cuando las circunstancias imponían una acción frontal, todas las tribus que se le opusieron al hombre blanco, en su lucha por la posesión de las tierras, realizaban sus ataques “a la atropellada”, con todos sus efectivos lanzados en masa contra el adversario o a lo sumo, escalonados en oleadas sucesivas, con sus jefes a la cabeza de cada grupo. Empleaban sus mejores caballos, la vestimenta más reluciente y sus mejores armas. El guerrero de a pié presentaba las mismas características y estas galas en la ropa y el armamento estaban condicionadas para el caso de muerte en el combate, porque así, con sus mejores ropas y armas debía entrar en los verdes campos de la vida infinita, donde el guerrero gozaría de alimentos, bebidas, música, caza, descanso y hermosas mujeres que atenderían sus mínimos reclamos.

Cargaban con toda rapidez, en medio de una gritería ensordecedora, revoleando sobre sus avezas sus largas “chuzas”,  hasta que se producía el choque frontal de ambas fuerzas y luego se abrían al combate personal. Esta táctica fue común en todos los pueblos indígenas argentinos y la única diferencia surgió cuando los combates se efectuaban con infantería, fenómeno muy lógico antes de la difusión del caballo en el país. En ese caso, el choque se realizaba con apoyo de arqueros que disparaban sus flechas sobre el enemigo, arrojaban piedras con las hondas de cuero y empleaban las peligrosas bolas perdidas. Esta táctica posibilitaba el avance de los guerreros para la lucha cuerpo a cuerpo, empleando la lanza corta, la maza o la macana, las bolas, el hacha de mano o el cuchillo.

Tanto el indio de las Pampas como los del Chaco austral, fueron eximios lanceros que daban la primera carga con la lanza en ristre, asegurada bajo el brazo y el torso, ligeramente abierta por el costado derecho del caballo, enhiesta hacia adelante y con su cuerpo echado sobre ese lado, como afirmando con su peso, el golpe de la temible chuza. Con su cabalgadura a toda rienda y más rápido aún en los últimos metros, daban el primer asalto, prorrumpiendo en estruendosos alaridos. Luego al producirse el entrevero, variaban sus tácticas y su esgrima, ora haciendo molinetes sobre su cabeza, ora a ambos costados de su caballo, imprimiendo a la lanza gran velocidad. De pronto paraban y quitaban los golpes de sable o lanza del enemigo, siempre con el empleo de su chuza o bien, buscando a toda velocidad, desprenderse de los adversarios, en busca de una salida que le diera distancia, para ejecutar nuevamente una segunda carga en formación, con la chuza en ristre.

La caballería indígena cargaba en compactos escuadrones, manteniendo una distancia prudencial entre cada jinete, para que estos pudieran evolucionar y hacer con sus chuzas las cabriolas necesarias, sea en “molinetes” por arriba o en los costados, más que nada para infundirse ánimo y causar pánico en el enemigo, para luego enristrar y dar la furiosa acometida. En la primera fila cargaban caciques y capitanejos, entremezclados entre los guerreros, para conducir y dirigir de manera más conveniente el combate y evitar la deserción de sus hombres. Cada 20 ó 30 lanceros, según la importancia de la fuerza empeñada en el combate, se intercalaba un cacique o un capitanejo. También solían llevar trompas de órdenes, para efectuar los diversos movimientos, pero otras oportunidades se llevaban trompas, cornetas, cuernos y silbatos, para producir un ruido ensordecedor, tratando de asustar al enemigo.

También solían atar en las colas de 100 ó 200 yeguarizos, vejigas de vacuno o yeguarizo infladas y con varias piedras pequeñas adentro,  para que, asustados por el ruido que producían las piedras, se espantaran y produjeran el desbande en la caballería enemiga al entremezclarse con ellos. O les arrebataban los caballos que encontraban pastando, para dejarlos de a pie y a merced de sus ataques. También les ataban cueros a los caballos, los que al ser arrastrados por el suelo, producían un ruido infernal que causaba pánico en las caballadas del enemigo y las hacía huir durante varias leguas, hasta que se lograba alcanzarlos y calmarlos. Prendían fuego al campo, para cubrir de humo a los soldados e incluso quemarlo, según la velocidad y la dirección viento, en una encerrona bien dirigida. Fue también costumbre de los indígenas hacerse perseguir a campo traviesa,  para llevar al empecinado perseguidor a zonas de fango o tembladeral, para dejarlos de a pié e indefensos, para luego poder matarlos.  Otra habilidad consistía en atraerlos a campos de “romerillo” o “mío-mío”, (ambos muy venenosos), para que los yeguarizos cansados y hambrientos  lo comieran y murieran envenenados.

Las avanzadas o exploraciones que realizaban los llamados “bomberos”, para controlar el movimiento del enemigo, cuando era factible, se realizaba a caballo y para ocultarlos de las partidas contrarias, se procedía a voltearlo en un bajo o un “fachinal” muy yuyoso, dejándolo maneado, para que no se pudiera levantar, con lo que lograban mantenerlo oculto a la vista del adversario y si iban de a pié, se acercaban sigilosamente, ocultos entre los altos pastizales hasta una distancia que les permitiera observar a su objetivo, manteniéndose absolutamente inmóvil y mimetizado con el terreno, por el tiempo que fuere necesario. En caso de existir cuevas de peludo o vizcacha, “el bombero” entraba en ellas y se cubría el rostro con cenizas o barro, para “enmascararse” y desapercibir su presencia, mientras observaba.

Las armas y la estrategia del hombre blanco (el Huinca)
En el siglo XVI, cuando aparecen los españoles en la cuenca del Plata, traen armas de fuego cortas y largas, cañones y armas blancas de acero. Cada disparo de cañón pedrero o con metralla, abría gruesos vacíos en la masa de infantería indígena, desde larga distancia y los mosquetes y fusiles, a menor recorrido, pero también eficaces y por último, las lanzas, sables, espadas y puñales del hombre europeo, diezmaban al guerrero aborigen. El español se cubría con yelmos y corazas de metal, tiene tácticas distintas y ha luchado en Europa con otros ejércitos tan aguerridos como el suyo. Además incorpora a la guerra en el Rio de la Plata, un elemento natural insustituible: el caballo que causa espanto en los indígenas, hasta que se acostumbran a pelearlo, tomándolo de las riendas y volteando al jinete, pero eso les cuesta muchas víctimas y siempre las luchas son muy desiguales. Hasta que los indígenas le perdieron el miedo al caballo y supieron servirse de él, para combatir de igual a igual con el soldado criollo.

Las cosas se pusieron después más parejas y durante largos años, los aborígenes tuvieron en jaque a las fuerzas que se enviaron para dominarlos, obligándolos a mantener una actitud defensiva. Pero, la seguridad en las fronteras era ya una exigencia que no se podía dejar de atender. Los contínuos ataques que realizaban los indígenas a poblados y estancias instalados en esas tierras irredentas, obligaron a las autoridades nacionales a definir su posición y tomar las medidas que fueran necesarias. El Ejército fue fraccionado para que pudiera cubrir una línea determinada por puestos militares aislados a grandes distancias, unos de otros, cubriendo una extensión de 400 leguas, desde San Rafael (frontera sur de Mendoza), hasta la costa del Océano Atlántico, denominada “Frontera Sur de Buenos Aires”. Este sistema de defensa continuaba con muy pocas variaciones en sus términos y medios de ejecución. Las tropas, de reconocida lealtad, se desmoralizaba y en muchos casos desertaba, por la inacción que le imponía la soledad de sus posicione, en tanto el indio proseguía con sus atropellos en distintas zonas, en veloz y permanente movilidad.

A partir de 1823, ante la probada ineficacia de la estrategia adoptada, se tomó la decisión de darle un giro de 180’ a la misma y el Gobierno Nacional se dispuso a tomar una actitud ofensiva, “para terminar con el problema con el indio”. A estos efectos, se realizaron sucesivas campañas y disposiciones que se pusieron en marcha  entre 1823 y 1870. En vastos territorios que se ubicaban al sur de Buenos Aires y en el Chaco Austral, comenzaron a surgir fuertes, fortines, avanzadas y poblados. ADOLFO ALSINA ideó construír la famosa “zanja de Alsina”, que si bien no sirvió para contener el ataque de los malones, si fue eficaz, para demorarlos en su huída llevando el ganado y las cautivas que habían robado. MARTÍN RODRÍGUEZ, el mismo ALSINA, JUAN MANUEL DE ROSAS y finalmente JULIO ARGENTINO ROCA, encabezaron sendas campañas

Al promediar el siglo XIX, sólo quedan dos masas de guerreros indígenas que luchan por su tierra y sus formas de vida. Son los pueblos del sur argentino y los del Chaco Austral. Los enfrentamientos son desiguales: el fusil, la ametralladora y el cañón krupp, no tienen oposición en la lanza, las flechas y las boleadoras. Las expediciones punitivas van terminando con caciques, capitanejos, guerreros, príncipes y princesas del desierto. La prisión o la muerte liquidan la clase dirigente y se anula por el hambre y los trabajos forzados al grueso de la población aborigen, carente ya de conducción militar, cultural y política  (“Caciques y Capitanejos  en la Historia Argentina”, Guillermo Alfredo Terrera, Editorial Plus Ultra, Buenos Aires, 1986).

Cómo combatir el indio en la frontera norte
Por considerarlo de interés, recordamos que la expedición al río Pilcomayo, efectuada por el gobernador intendente de Potosí, FRANCISCO DE PAULA SÁENZ, le sirvió a este, para producir un informe sobre los resultados de su expedición, acompañado por una serie de conclusiones, que según su criterio, deberían ser tenidas en cuenta para combatir con éxito a los indígenas hostiles. Dice al respecto en su informe del 21 de mayo de 1805:  “Es necesario tener en cuenta que la preparación y ejecución de una excursión contra los indígenas del Chaco, deberá afrontar serias dificultadas, fundamentalmente presentadas por factores geográficos. Es de capital importancia entonces realizar exploraciones previas y empleando pequeñas unidades de tropa, conocedoras del terreno y de las tribus que lo ocupaban; preparar detalladamente la zona de operaciones, de manera tal que los  operativos de la lucha contra los indígenas, se realicen contando con la debida organización, el necesario equipo y el suficiente adiestramiento de la tropa a emplear. La escasez de soldados y la falta de un equipamiento militar adecuado resulta menos peligrosa que la carencia de agua o abastecimientos. Por ello debe insistirse repetidamente en el aprovisionamiento de ganado vacuno y caballar, enviándolo  por remesas, previamente concertadas con las guarniciones  instaladas en tierras de indígenas o reunido luego de atacar los pueblos hostiles que se encuentren  en el camino. Ir penetrando en territorio indígena mediante etapas sucesivas para afianzarse en el terreno conquistado y abastecerse convenientemente para las próximas etapas. Utilizar, en lo posible, la vía fluvial y poseer un depósito de víveres siempre en las cercanías de las columnas. En nuestro caso,  el centro de abastecimiento fue el Fuerte de San Luis. Medir las jornadas diarias de marchas por la presencia de agua y pasto en primer término. Por ello, el indio quema siempre los pastos. Contar siempre con la presencia de indios aliados y baquianos. Arrasar con los pueblos hostiles para luego de quemar las casas buscar los “troges” de maíz, que muchas veces han sido enterrados y apoderarse de todos los animales que se encuentren como gallinas patos, etc. además del ganado caballar o vacuno  que posean. Dentro de la táctica operativa indígena,  además de la quema de los pastizales,  está también el retiro inmediato de sus muertos en batalla,  para evitar que el enemigo conozca el alcance del daño efectuado entre las filas de la indiada” Finalmente opina sobre la táctica operativa que será conveniente aplicar en la guerra contra los indígenas, diciendo que “se deben realizar ataques rápidos y decisivos y no efectuar operaciones prolongadas y  lejanas, dificultadas por las posibilidades de abastecimiento”.

Para finalizar, es necesario recordar que muy pocos fueron los casos en que el enfrentamiento se llevó a cabo con auténticos aborígenes de nuestras tierras, pues la mayoría de los caciques y capitanejos que encabezaron acciones hostiles, eran araucanos y mapuches que cruzaron la cordillera en busca de buenos pastos para su ganado y mejores oportunidades para sobrevivir, cansados de la lucha cruel a que los obligaba la aridez  y los rigores del clima que eran la característica de sus tierras al otro lado de la Cordillera,  estimulados a ello además, por la política expansionista del gobierno trasandino, que intentaba así ocupar el territorio patagónico, para poder reclamar luego, derechos soberanos sobre el mismo.

Obras consultadas: “Bárbaros: los españoles y sus salvajes en la era de la ilustración”, David John Weber. Ed. Critica, 2007; “Caciques y Capitanejos en la Historia Argentina”, Guillermo Alfredo Terrera, Editorial Plus Ultra, Buenos Aires, 1986; “Chasque del Desierto”, Anuario Nº 1, editado por la Asociación de Expedicionarios al Desierto; “Crónica histórica del Río Negro de Patagones (1774-1834). José Juan Biedma,  Ed. J. Canter, 1905; “Crónicas Militares”, Tomo I, editado por el Ministerio de Guerra, 1924; “Frontera ganadera  y guerra con el indio durante el siglo XVIII” de Fernando Enrique Barba; “Frontera indígena al sur del virreinato del Río de la Plata (Wikiwand); “Historia del Desierto”, Orlando Mario Punzi, “Historia Integral Argentina”, Centro Editor de América Latina, 1970; “La campaña del Desierto”, Arturo Carranza; “La conquista del Desierto”, Juan Carlos Walther, Buenos Aires 1947; “La conquista del Desierto”, Enciclopedia ilustrada Atlántida; “La nueva línea de fronteras”, memoria especial del Ministerio de Guerra y Marina, presentada a las Cámaras Legislativas por el doctor Valentín Alsina en 1877, Editorial EUDEBA, marzo de 1977, Buenos Aires; “Los orígenes de la Argentina: Historias del Reino del Río de la Plata”, Ricardo Lesser, Editorial Biblos, 2003; “Memorias póstumas”, Lucio Norberto Mansilla; “Memoria del Regimiento 6 de Caballería “Blndengues”; “Recuerdos y relatos de la guerra de fronteras”, Alfredo Ebelot, Buenos Aires, 1968; Revista “El Blandengue”, Año 2007; “Archivo de la Revista del Suboficial; “Vivir en la frontera”, Carlos A. Mayo, Ed. Biblos, 2000.

Trancribimos a continuación un extracto de la nota que nos llegara vía internet, firmada por el señor Alfredo Nobre Leite (DNI 18.221.024)
“La “Campaña al Desierto” (1878/1879), fue ordenada por el presidente Nicolás Avellaneda, quien designó para comandarla a su ministro de Guerra, Julio Argentino Roca, en estricto cumplimiento de la ley del 25 de agosto de 1867, demorada doce años (y que el 5 de octubre de 1878, el Congreso, mediante ley 947, aprobó el proyecto del Tte. General Julio Argentino Roca, de conquista del desierto, y por ley 954 creará más tarde la gobernación de la Patagonia.

La ejecución del plan se hizo en dos etapas. La primera fue preparatoria, realizada a partir de julio de 1878, mediante operativos aislados que fueron limpiando de tolderías todo un inmenso escenario, obligando a la indiada a dejar su hábitat y refugiarse en zonas aún no exploradas. Fue una campaña de “malones invertidos“, pues ya no era el malón indio el que atacaba poblaciones indefensas robando, sino que eran cuerpos del ejército los que caían sobre los toldos rescatando a cientos de cautivos.

En 1879 se realizó la segunda parte del plan, tendiente a ocupar el camino a Chile, que facilitaba la negociación del ganado robado, y desde donde podían llegar otros contingentes araucanos, como había ocurrido con Calfucurá en 1834. Unos 6.000 hombres, divididos en cinco cuerpos de ejército, convergieron a todo lo largo del Río Negro acompañados de misioneros, ingenieros, agrimensores, hombres de ciencia, periodistas, fotógrafos, médicos, etcétera. El 25 de mayo de aquel año se tomó posesión de la isla Choele-Choel. En junio, se llega a la confluencia del río Limay con el río Neuquén, mientras la columna de Napoleón Uriburu accedía al alto Neuquén.

Se logra así pacificar toda una inmensa zona sujeta durante largo tiempo a la rapiña, al sacrificio de vidas inocentes y muchas veces al incendio de las haciendas. Se incorporaron 15.000 leguas cuadradas a la producción agrícola-ganadera; y se afirmaba la soberanía nacional sobre la Patagonia, en momentos en que subsistía el conflicto limítrofe con Chile en esa zona”.

3 Comentarios

  1. Rafael

    Excelente reseña de 60 años de nuestra historia y de los pueblos invasores trasandinos…Gracias

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  2. ciro

    buenas tardes recien termino de leer el articulo queria saber si sabes algo del tratado de los 12 caciques que se firmaron en una laguna de Coronel Pringles

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    1. Horacio (Publicaciones Autor)

      Señor Ciro: No recuerdo el suceso que usted menciona. El único hecho que involucra a doce caciques, que yo tengo registrado. se produjo en 1815, cuando doce caciques solicitaron un parlamento al gobierno de Buenos Aires, en esa época, el Directorio, pero éste no fue realizado porque el coronel Pedro Andrés Barcia, que había sido designado para realizarlo, fue arrestado, sin que trascendieran las razones de ello. De todas maneras le sugiero que recurra al artículo “Cronología de la confrontación con los aborígenes” en esta página. Quizás encuentre allí, alguna referencia que se aproxime al dato que usted tiene. De todas formas, me ocuparé de seguir buscando alguna referencia al tema que usted busca.

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