LA CALANDRIA

Es ésta una de las pocas danzas argentinas de dispersión limitada. Casi todas nuestras danzas se bailaron en todo el país y muchas de ellas en otros países, de donde vinieron o adonde fueron. Algunas, sin embargo, por ser variantes locales, desprendimientos de otras originarias, subsistieron durante poco tiempo y en reducidos ámbitos, pasando más o menos rápidamente al olvido. Tal el caso de la “Calandria”, un baile criollo nacido quizás en la provincia de San Luis, en la provincia de Córdoba o en la provincia de Santa Fe, sin poder asegurar en cuál de ellas fue, porque en las tres, y solo en ellas, se bailó.

Es un baile de cortesía, una pequeña pantomima galante, donde los bailarines deben prodigarse finamente y los zapateos deben ser suaves y discretos. Es una danza picaresca zapateada de “pareja” que no se enlaza, por lo que es “suelta e independiente”, porque la pareja se mueve sin relacionarse con las otras que bailan simultáneamente. Su coreografía incluye cuatro “tramos: “vuelta por la derecha”, “vuelta por la izquierda”, “zapateo-contorneo” y “enfrentamiento y medio giro”.

Parece ser que la “Calandria” fue una variante exclusivamente regional de alguna de las picarescas en boga a mediados del siglo XIX en la República Argentina. No hay mención alguna de esta danza en los registros históricos provinciales y solamente existen referencias de su existencia, en la obra “Bailes Tradicionales Argentinos” del musicólogo CARLOS VEGA, quien tuvo oportunidad de entrevistar al señor GREGORIO ROMO, un viejo vecino de la provincia de San Luis, en cuya campaña nació en 1840, y que le refirió que la “Calandria” se bailaba ya en sus épocas de mozo, en los salones de esa provincia y que según su opinión, era solamente allí donde se bailaba”. Tocó luego en su guitarra la música y cantó los versos de esa danza, permitiendo que el señor VEGA, transportara al pentagrama esas notas.  Recién a fines del siglo XIX aparecen algunos testimonios de quienes la bailaron en la provincia de Córdoba y luego en Santa Fe hasta que se pierden sus rastros definitivamente, pero no así su existencia, porque gracias a las notas tomadas por el señor VEGA, sabemos que el rasgueo con que se acompaña es análogo al del “Gato” y tiene un zapateo cantado, tal como ocurre en algunas variantes de éste, pero su estructura melódica no se parece a la de ninguna otra. Por lo demás, las vueltas, zapateos, media vuelta y giro son como las de sus congéneres, pero hechos muy suave y delicadamente (extraído de “Bailes tradicionales argentinos” de CARLOS VEGA).

 

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