La bota de “anca de potro”

Estaban confeccionadas con el “pellejo” de una pata de yeguarizo. Se usaba este cuero sin curtir, por lo que debía ser cuidadosa e intensamente sobado para que adquiriera flexibilidad y pudiera adaptarse como un guante, a la pierna del hombre. Estaba abierta en ambos extremos, para que por el más angosto, asomaran los dedos. Cuando alguien quería hacer algo sin tener la capacidad necesaria para ello, se le recordaba que “no es para cualquiera la bota de potro”. Se referían así a lo difícil que era calzarse estas botas, pues si estaban mal sobadas o quien se las ponía, no tenía la piel de sus piernas y pies bien curtidos y acostumbrados al rigor de esa prenda basta y tosca, estaba condenado a sufrir graves escoriaciones e inflamaciones.

 

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