LA BIBLIOTECA JESUÍTICA DE CÓRDOBA (1613)

El 20 de febrero de 1599 es la fecha estimada de la llegada de los jesuitas a los territorios que hoy ocupa la provincia de Córdoba y hacía muy poco que JERÓNIMO LUIS DE CABRERA, fundara a orillas del río Suquía, la ciudad de “Córdoba de la Nueva Andalucía” (de julio de 1573), un pequeño poblado, que pronto se vio enriquecido con la llegada de esperanzados españoles, atraídos por la riqueza y la belleza de esos parajes.

Pronto tuvieron su iglesia, pronto tuvieron su Colegio y pronto tuvieron su Universidad. Esa iglesia era la “Iglesia de la Compañía de Jesús”, ese colegio el  “Real Colegio Convictorio de Nuestra Señora de Monserrat”, fundado en 1687 por el padre IGNACIO DUARTE Y QUIRÓS y esa Universidad, fue la Universidad Nacional de Córdoba, tres pilares fundacionales que hoy integran la “Manzana Jesuítica” en la ciudad de Córdoba, declarada por la UNESCO “Patrimonio Cultural de la Humanidad” (manzana comprendida por las calles Obispo Trejo, Caseros, Duarte Quirós y Av. Vélez Sárfield).

La Universidad Nacional de Córdoba, es la más antigua del país. Fundada el 19 de junio de 1613 en lo que fue el Colegio Máximo, inaugurado en 1610  por iniciativa del obispo de Santiago del Estero, doctor FERNANDO TREJO Y SANABRIA.. El apodo “La Docta” que tiene la provincia de Córdoba, se debe a que durante más de dos siglos fue la única Universidad del país (la Universidad de Buenos Aires se fundó el 12 de agosto de 1821).

Fieles a sus ideas, los jesuitas volcaron sus primeros esfuerzos a fomentar la educación y fueron dejando sus tesoros en el corazón histórico de la ciudad. Más precisamente, en la conocida como “la Manzana Jesuítica”. Y es en los venerados claustros de la Universidad Nacional de Córdoba, donde se encuentra esa joya de la intelectualidad que se llama “Biblioteca Jesuítica”. Sus orígenes se remontan a 1613, cuando los padres de la Compañía de Jesús comenzaron a dotar al Colegio Máximo de diversas obras que con el paso del tiempo, les permitió contar con una importante Biblioteca, que fue conocida con el nombre de “Librería Grande o Mayor”. Ediciones provenientes de Europa y otras que comenzaron a imprimirse y editarse en América, permitieron a profesores y estudiantes acceder a una bibliografía relativamente actualizada en el campo de la teología, la filosofía y las ciencias. La serie bibliográfica, representativa de la civilización de su tiempo, contiene obras de San Ignacio de Loyola, de Santo Tomás y de San Agustín. También incluye piezas de Aristóteles, Descartes, los cinco tomos de matemática de Wolf y la “Opúscula Patológica” de Haller, entre otras obras científicas que aún hoy se conservan.

La “Biblioteca Jesuítica” esta instalada en los claustros de la Casa de Trejo, sede del rectorado de la UNC y la Facultad de Derecho, conservando aún mucho del edificio original, como ser sus paredes de un metro y medio de espesor hechas con ladrillos, piedras y caliza, su techo abovedado y dividido en cuatro gajos y algunas partes de su piso de ladrillos

Dispone de seis salas donde en grandes vitrinas se exponen 2.518 volúmenes, todos ellos ediciones antiguas, anteriores a 1767 (que van de 1515 a 1767), entre ellos 300 volúmenes que desde 1810 estaban en la Biblioteca Pública, trasladados en 1812 por orden del Triunvirato, una gigantesca  Biblia políglota (un volumen de 80 por 50 centímetros, escrito en hebreo, griego y árabe, entre otros idiomas, que data de 1645) y una gran cantidad de documentos que pertenecieron a la Compañía de Jesús y que por Decreto presidencial fueron trasladados a sus estantes y vitrinas, desde donde estaban guardados en diversas reparticiones públicas.

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