INSURRECCIÓN DE LOS MERCENARIOS ALEMANES E IRLANDESES (6/1828)

INSURRECCIÓN DE LOS MERCENARIOS ALEMANES E IRLANDESES. Las tropas de mercenarios alemanes e irlandeses al servicio del Imperio del Brasil, durante la guerra que mantuvo con Argentina a partir de 1826, habían sido enganchadas en sus países de origen, con la promesa de recibir tierras para trabajar en Montevideo. Se creían por eso colonos y se vieron convertidos esclavos blancos. Para no morir de hambre, entraron al ejército, sin adaptarse ni al clima ni a la alimentación. Eran los más indisciplinados pese a los duros castigos que recibían. Un aventurero alemán llamado FEDERICO BAUER les propuso un plan de fuga en masa, con apoyo del gobierno argentino, que decía haber logrado obtener. Bauer, complotado con el comerciante austríaco ANTONIO MARTÍN THYM, en 1826 le habría presentado este plan a BERNARDINO RIVADAVIA y en agosto de 1827, repitió su intento ante VICENTE LÓPEZ Y PLANES, quienes lo rechazaron de plano por descabellado. Más tarde, en diciembre de 1827, llegado MANUEL DORREGO al poder, el nuevo gobernador de Buenos Aires lo aceptó, con la oposición de sus ministros y convino con Bauer, que los mercenarios pasarían al servicio de las fuerzas nacionales como auxiliares independientes y con mando propio, para que así atacaran la localidad de Santa Catalina (en Brasil) y la convirtieran en república. En caso de fracaso, serían indemnizados con tierras y dinero. El plan no era tan descabellado si se considera que de tener éxito, permitiría dar bases a los corsarios republicanos que tenían que vender sus presas en las Antillas por estar aislados del Río Plata. Además, en apoyo de los opositores del emperador, marchando sobre San Pablo, llegarían al bastión de los ANDRADA, gestores de la revolución republicana en el Brasil. En enero de 1828, Bauer embarcó en la “Juno”, nave corsaria al mando del capitán FOURNIER, pero, llegado a Río, no recibió suficiente dinero. Dorrego, presionado por Ponsonby, tuvo que abandonar el plan. La sublevación de los mercenarios irlandeses y alemanes, estalló en Río en junio de 1828 y rápidamente sofocada por las tropas leales. Su cabecilla fue fusilado y los regimien- tos desarmados y confinados. Bauer pudo esconderse, y en agosto de ese año, mientras se trataba la paz, informó a los plenipotenciarios argentinos que aún contaba con 3 batallones en Pernambuco, otro foco republicano y que sólo esperaban órdenes y fondos. Nunca llegaron ni lo uno ni lo otro. Dorrego, obligado a transigir, tuvo que aceptar la paz que las circunstancias le impusie ron.

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