INSTALACIÓN DEFINITIVA DEL VIRREINATO DEL RÍO DE LA PLATA (27/4/1777)

INSTALACIÓN DEFINITIVA DEL VIRREINATO DEL RÍO DE LA PLATA. El rey Carlos III de España dispone la institucionalización definitiva del Virreinato del Río de la Plata creado en 1776. Hasta entonces y desde el siglo XVI los territorios coloniales de la América del sur habían tenido la categoría de gobernación y el verdadero centro de poder se encontraba en Lima. Pero su extensión era tan inmensa y sus límites tan poco preciosos que ningún gobernador consiguió recorrer realmente sus dominios. La comunicación terrestre entre Lima y Buenos Aires implicaba un recorrido de miles de kilómetros y un lapso de más de cuatro meses. Además, franceses ingleses y portugueses miraban con codicia el vasto dominio, nunca dominado y el contrabando y la piratería eran cosa de todos los días. El más elemental sentido común indicaba que era necesaria una nueva organización del territorio y se creó el virreinato que abarcaba una superficie de casi 5 millones de kilómetros cuadrados, constituyendo la unidad geográfica más dilatada del dominio español. Tampoco entonces la región pasó a ser un dominio real de los españoles, la mayor parte de las tierras estaban completamente inexploradas por el hombre blanco y seguían en poder de sus dueños, los indígenas de cada región. Pero Buenos Aires, que era una de las más oscuras y olvidadas aldeas de la colonia, pasó a ser la cabeza del monstruoso organismo quedando bajo su administración la brillante Asunción, la riquísima Potosí y los territorios de Cuyo que dependían antes de Chile. Para mandar sobre el virreinato, el rey nombró a un representante directo de su persona: el virrey. El primer Virrey, aunque de carácter provisional, fue el ex Gobernador de Buenos Aires PEDRO DE CEVALLOS, en quien el rey tenía absoluta confianza y que consiguió parar el avance portugués. El verdadero primer virrey fue Juan José de Vértiz y Salcedo, un hombre de ideas muy progresistas para su tiempo. El virreinato duró solamente treinta y tres años y después de la Revolución se fue dividiendo para dar paso a la Argentina, el Uruguay, el Paraguay y a Bolivia.

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