INGLATERRA A LA CONQUISTA DEL PLATA (SIGLO XVII)

Ya desde los comiezos de la existencia de las colonias españolas en América, Inglaterra se mostró ávida de esta plaza para el desarrollo de su actividad comercial. Desde sus primeras incursiones en el siglo XVII, alentando el comercio de esclavos;  luego por medio de piratas y corsarios, que amparados bajo su bandera, recorrían estas costas y bloequeaban la actividad marítima de la corona española y hasta lanzando dos fracasadas invasiones en 1806 y 1807, tratando de lograr por la fuerza, lo que no podían conseguir por medio de otros recursos,  incansablemente buscaron los caminos que les permitieran un comercio libre con los pueblos del Plata (ver Las ocho invasiones inglesas)

Alentada muchas veces  por proyectos, algunos mesiánicos,  que hasta le ofrecieron la posibilidad de asumir un “protectorado” (ver Alvear pide la protección de Inglaterra);  enviando poderosas flotas en apoyo de grandes convoyes, atestados de mercadería para comerciar con este “nuevo mundo” (ver Combate La vuelta de Obligado) y hasta empleando sus innata habilidad diplomática, para tejer efímeras e interesadas alianzas, nunca cejó en sus intentos de establecerse aquí, para afianzar con estas tierra, un lucrativo intercambio comercial.

La opinión de un avispado portugués
El 24 de mayo de 1809 FELIPE CONTUCCI, un agente portugués analiza la política de Inglaterra frente al problema de la emancipación hispanoamericana y en una carta que le dirige al Conde de Linares y a la Princesa Carlota, les dice:

“Otra prueba de las ideas imperantes por aquí es que, con el nombre de Fernando VII, intentan seguir los planes de democracia, y esto es lo que en su tiempo se ha de contener, dejando por ahora que exista esta división entre aquel Gobierno y el de Buenos Aires”. Cada día concibo más que la Junta Central Española dirige sus miras para ligar estos dominios a la suerte de la Península y que la Inglaterra por otra parte,  está adherida a fomentar y proteger la independencia demócrata: una y otra, seguramente irán a oscurecer los derechos de Vuestra Alteza Real.

Respecto de la Inglaterra,  no parece quede duda de que quiere poseer estos dominios o adquirir en ellos la preponderancia demócrata. Debo hablar claro a este respecto a Su Alteza Real: ella (la Inglaterra) aspira por sus emisarios,  a la desunión de ideas. De ésta debe resultar la anarquía, y este será el momento en que pueda entrar con las fuerzas del dominio y si no es esto, quiere la preponderancia por la protección, pues que las voces generales, son de que se contenta únicamente con el comercio libre que le franqueara un gobierno republicano.

Para esto se ha trabajado ya en Londres y  a este Cabildo de Buenos Aires, le ha escrito el General Miranda refiriéndose a estos asuntos, por lo que ante este Virrey, se sigue un sumario secreto sobre el particular (“San Martín y la política de los pueblos”, Ricardo Piccirilli, Buenos Aires, 1957).

Oficio de Lord Strangford al rey de Inglaterra (1810)
» …..Es a Inglaterra, entonces, con la convicción de los importantes intereses que conectan su prosperidad y en cierto grado su seguridad, con la seguridad de este continente, que la América española mira en busca de su protección. La Corte de Saint James, sabia y poderosa, contiene en ella los medios de salvar la mitad del mundo, y de convertir sus recursos y su amistad en el beneficio más lucrativo.

Hispanoamérica, vasta en su extensión y dividida en diferentes casas y partidos, está a merced de cualquier poder que pueda tratar de provocar disensiones internas. Que Inglaterra sola intervenga, que salga al frente, no con amenazas de conquistas, sino con seguridades de protección. Y las esperanzas quiméricas de usurpadores extranjeros y de nativos traidore,  se desvanecerán en el aire.

Es únicamente una intervención generosa y desinteresada de parte de Inglaterra que sería aceptable en América. Que proclame la libertad de comercio, libre como la brisa que lo empuja; que anuncie su determinación de no respaldar divisiones o disputas internas, ni de erigirse en juez entre las partes en litigio; que sea cuidadosa en renunciar orgullosamente a todas las ideas de engrandecimiento o conquista territorial. Que actúe así y la voz del imperio estallará en gritos de gratitud a su desinteresada benefactora…

Es fácil concebir las grandes ventajas que Inglaterra obtendría como justo precio de su cooperación,  así como sería difícil enumerarlas individualmente. La gratitud de los americanos-españoles pagaría cualquier precio al poder que pueda salvarlos de su actual situación. Pero independientemente de estas consideraciones, que surgen de las circunstancias del momento, ¿qué beneficios no obtendría Inglaterra,  natural y permanentemente de su relación con la América española?, un continente vasto y en cierta medida inexplorado y rico,  más allá del poder de la fantasía que suministrará nuevos materiales a su inventiva industria y abrirá un nuevo campo a sus aventureros.

En una palabra, un mundo se le ofrece a Inglaterra y todos sus recursos y todas sus producciones estarán casi exclusivamente a su disposición” (“Mayo documental”. Documento Nº  1290)

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