BASÍLICA NUESTRA SEÑORA DEL PILAR (12/10/1732)

La “Iglesia de Nuestra Señora del Pilar es hoy una Basílica que está ubicada en el Barrio de Recoleta, de la ciudad de Buenos Aires y está considerada una de las obras más hermosas de la arquitectura colonial. Desde el siglo XIX es una de las parroquias de la ciudad de Buenos Aires  y es el segundo templo más antigüo de la ciudad. Uno de los pocos que conserva todos sus retablos, imaginería, ornamentos y elementos de culto de la época

La primera capilla, que fue construída como templo del “Convento de los Franciscanos Recoletos”. La obra fue comenzada bajo la dirección del arquitecto jesuita italiano Andrés Bianchi, ocupando un predio, que en aquellaépoca, era los “extramuros de la ciudad, respetando las reglas de la orden franciscana que impone “recogimiento y separación” a sus adeptos.

Antecedentes. En 1705 el capitán PEDRO BUSTINZA pidió licencia al gobernador de Buenos Aires, JUAN ALONSO DE VALDEZ, para construír un convento que sería administrado por los curas “Recoletos de la Orden Reformada de San Francisco”, pero debieron pasar once años para que la obra fuera autorizada. Recién en 1716, por Real Cédula del rey FELIPE V de España, fue autorizada, pero como BUSTINZA ya había muerto, la aparición de un comerciante muy rico llamado  JUAN DE NARBONA fue providencial. Se ofreció como patrocinador haciéndose cargo de los gastos que ocasionara la construcción del Convento, solicitando se autorizara que el templo fuera consagrado a la Virgen del Pilar, en recuerdo y homenaje a su ciudad natal, Zaragoza (España), “donde es muy venerada esta advocación”. Aceptada que fue su propuesta, así como la dedicación a la Virgen del Pilar, el arquitecto jesuita italiano ANDRÉS DE BIANCHI (conocido en el mundo del arte como ANDRÉS BLANQUI, comenzó a construírla en 1724, pero a poco de empezar, cedió sus responsabilidades al arquitecto JUAN BAUTISTA PRÍMOLI, otro jesuita italiano famoso por las obras que realizara en estos territorios durante el siglo XVIII. Finalmente los trabajos terminaron y el convento fue inaugurado el 12 de octubre de 1732, poniéndoselo, como había solicitado DE NARVONA, bajo la protección de Nuestra Señora del Pilar y como segundo patrono, San Pedro de Alcántara. El 30 de mayo de 1734 fue consagrada por el obispo de  Asunción del Paraguay

Pasaron casi cien años y en 1821, durante el gobierno el coronel MARTÍN RODRÍGUEZ a instancias de su Ministro de Gobierno BERNARDINO RIVADAVIA, los frailes recoletos fueron expulsados del país y confiscados sus bienes, el convento quedó cerrado y abandonado por años, salvo en el solar que había sido su huerta, donde se creó el hoy conocido “Cementerio de la Recoleta” (pasarían muchos años más, hasta que en el mismo solar surgiera el el “Centro Cultural Recoleta”).

El 18 de noviembre de 1829, la Capilla se erigió en parroquia y en 1834 el Convento, se destinó a asilo de mendigos primero y luego de ancianos

La Iglesia consta de una sola nave con un crucero muy desarrollado cubierto por bóveda vaída. Las capillas laterales o altares menores, son poco profundas. El presbiterio es rectangular. Contiene un coro alto a los pies. En su interior, se destaca el retablo del altar mayor, de arte barroco, con la imagen titular en el centro y a sus costados dos santos franciscanos.

El altar mayor es una pieza muy singular, con ornamentación inca del Alto Perú, muy ricamente trabajado en plata. Los altares laterales de la única nave, también son barrocos. La talla de madera de San Pedro de Alcántara –copatrono de la iglesia– es del siglo XVIII y se le atribuye al escultor ALONSO CANO, mientras que el Altar de las Reliquias, según la tradición, fue un regalo del rey Carlos III de España. El púlpito es también de factura barroca. Hoy pueden verse también los famosos azulejos provenientes de Pas de Calais como elementos decorativos en los muros.

Uno de sus altares menores, el dedicado a la “Virgen de los Dolores”, quizás el principal de los seis que tiene la hoy Basílica del Pilar, fue restaurado en el año 2000 y en esa oportunidad quedaron al descubierto la fabulosa técnica de su primigenia construcción y la riqueza de los elementos empleados para ella. “Cuando las restauradoras llegaron a la capa original, no podían creerlo: entre las molduras laminadas con oro fino y plata había rojo, amarillo maíz, azul de Prusia. Colores intensos y alegres, que nunca se habían visto en un retablo de la Argentina. Los 3.000 fieles y turistas que ingresan cada día a la “Iglesia de la Recoleta”, podrán admirar estas bellezas. Lo verán tal como era a fines de la década de 1770 cuando fue instalado.  No estaba en 1724, cuando fue construido el templo, lejos de la ciudad, donde siempre se establecían los franciscanos recoletos. El edificio más cercano era el matadero (actuales avenidas Pueyrredón y Las Heras), el mismo que en el siglo XIX describiría ESTEBAN ECHEVERRÍA. Ya era una zona de malandrines y matones. Más allá, donde hoy está Retiro, funcionaban los cuarteles y la plaza de toros. Los monjes no podían ver el paisaje campestre desde las ventanas de la iglesia, cerradas con opacos alabastro porque entonces no había vidrios. Pero bajaban la barranca y, vestidos con largas camisolas, iban a bañarse al río, que entonces llegaba a la actual Avenida del Libertador”.

“En 1776, con la creación del Virreinato del Río de la Plata, Buenos Aires tuvo un boom económico y poblacional. La actividad comercial trajo dinero, y los feligreses comenzaron a adornar las iglesias. De esa época data este altar atribuido al portugués PEDRO CARMONA. Muchas de las tallas que hay en la iglesia del Pilar tienen su estilo. Y también este altar, cuyos materiales y colores coinciden con el estilo lusitano rococó de las iglesias brasileñas de esa época”.

“Para recuperar los colores elegidos por CARMONA se tomaron muestras, que se analizaron con técnicas de ingeniería nuclear en el Centro de Investigación y Desarrollo en Tecnología de Pinturas del Conicet. Los resultados dieron una nueva sorpresa: entre la tiza molida que recubre la madera del altar, aglutinada con cola de conejo, había restos de aceite de oliva y de ricino, es decir, pintura al aceite. “Eran los primeros óleos prefabricados que venían de Europa”, explicó en cierta oportunidad Agustina Beguiristain, una de las restauradoras que trabajó en esa obra, quien con Clara Moreno Vivot, Elsita Scaffino y Magdalena López, encararon la tarea mediante la técnica de “decapado”, es decir, retirando las capas de pintura hasta llegar a la original. Cada color fue homogeneizado aplicando una tinta oleosa en capas aguadas, para dar trasparencia”.

“El oro fue recuperado en un 95 por ciento, incluido el de las molduras que estaban tapadas con pintura El que estaba expuesto se limpió con un algodón humedecido en agua y alcohol, y pasándolo suavemente salieron esos rayos divinos de luz. Se ve que quisieron destacar especialmente este altar. Es el único que tiene el sagrario y, según las acuarelas de la iglesia pintadas en el siglo XIX por Carlos Enrique Pellegrini, entonces tenía comulgatorio”, apunta Guillermo Arias, responsable del patrimonio de la Basílica”

“Una técnica delicada. El oro que no pudo ser recuperado en el altar de la Virgen de los Dolo­res fue repuesto con la técnica de dorado al agua, que habían utilizado los artesanos del siglo XVIII. El procedimiento demanda tanta habilidad como paciencia. Primero se recubre la moldura de madera con una capa delgada de arcilla. Luego se moja la superficie con agua y alcohol. Sobre ella se aplican las láminas de oro con un cepillo de crines rubias de caballo (las oscuras, más duras, cortarían las láminas). Finalmente, con un utensilio terminado en una piedra de ágata, se frota la capa de oro hasta fundir los bordes de las láminas entre sí y lograr una superficie lisa y bruñida. El oro de calidad inferior fue remplazado por láminas de 24 kilates y la plata, por oro blanco, para evitar que se ennegrezca con el tiempo”.

La fachada de la Iglesia está  conformada por un conjunto de pilastras dobles bajo un frontis clásico. Del lado derecho hay una “espadaña” de dos arcos, que culmina en un reloj esférico construido en Londres por el maestro relojero inglés THOMAS WINDMILL y es considerado el primero que tuvo la ciudad. Del lado contrario hay una torre que termina en un tambor con cupulín con forma de campana, revestido con azulejos traídos especialmente en 1866 desde la ciudad de Calais, en Francia.

La iglesia cuenta con una pequeña cripta y un lugar llamado “Los Claustros”, único vestigio de lo que fue el claustro del monasterio, dedicado en la actualidad a museo donde puedenverse pinturas, esculturas, manuscritos, imágenes de devoción, objetos litúrgicos, etc.

Ya en 1936, el papa Pío XI  elevó la “Iglesia del Pilar” a la dignidad de “Basílica menor” y el 21 ee mayo de 1942, por medio del Decreto  Nº 120.412, fue declarada “Monumento Histórico Nacional”.

(Los textos encomillados han sido extraídos de una nota de la periodista Sibila Camps que fue publicada en el diario Clarín en agosto del 2000)

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