HASTA LOS CHIQUILINES NOS HACÍAN LA GUERRA (1820)

HASTA LOS CHIQUILINES NOS HACÍAN LA GUERRA. El caserío perdido en la espesura parecía sólo un borrón en la selva salteña. Las ráfagas de viento traían por momentos bochornoso calor mientras el sol radiante iluminaba el paisaje con trazos vigorosos. Ni un solo hombre se veía por allí. Sólo mujeres, niños y ancianos habitaban el paraje. Los demás, los hombres y los jóvenes fuertes, se ha-bían ido con GÜEMES. De vez en cuando se oía allá a lo lejos, detrás de monte, el rápido galopar de caballos. Los gauchos preparaban la emboscada… Cerca del arroyo está el sendero, que sólo ellos conocen, por el que han de cortar la retirada de la patrulla realista después de atacarla de frente. En las casas ha llegado la hora del mate cocido. Doña Juana tiene en sus faldas a Francisquito, de apenas cuatro años de edad y lo riñe porque “corcovea” ante el brebaje demasiado caliente. El general VALDEZ, jefe de las fuerzas realistas, llega por un atajo y se detiene ante el tierno cuadro… “Es la naturaleza misma, gentes sencillas éstas”…” comenta con su ayudante. Casi se apena de ser el enemigo. Sin embargo, allí vienen con él tres mil hombres aguerridos. Francisquito lo mira: ¡ es el invasor! La madre alcanza a decirle unas palabras al oído y el chicuelo, como luz, monta en pelo en un zaino y parte a la disparada a avisar a los hombres de Güemes la llegada de los “gringos”. Valdez comprende la estratagema. Sabe que en el primer recodo volverá a perder varios de sus hombres. “A este pueblo no lo conquistaremos jamás!” exclama.”Hasta los chiquilines nos hacen la guerra !!.

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