HALLAN PETRÓLEO EN LA PATAGONIA (13/12/1907)

El 13 de diciembre de 1907, marcó un jalón en la historia nacional. En esa fecha se comunicó a la Dirección de Minas y Geología la siguiente noticia: “Garantizamos que es kerosene de primera calidad”. La noticia se refería a lo que habían descubierto los obreros que realizaban las perforaciones que se hacían buscando agua potable en Comodoro Rivadavia, que en realidad era petróleo. En 1901 Comodoro Rivadavia, en la provincia de Chubut, empezaba a ser un pueblo. Un pequeño pueblo con un grupo de casitas, algún almacén de ramos generales y un hotel-fonda para alojamiento de algunos arriesgados viajantes que se animaban a llegar hasta aquellas lejanas zonas de la Patagonia, cuya mayor traba para su progreso era la falta de agua. Problema que no era solamente de Comodoro Rivadavia ya que eran numerosas las poblaciones que carecían de ese vital elemento para su subsistencia y desarrollo, situación que inquietaba a las autoridades nacionales ya que los pobladores de esas zonas, repetidamente habían  solicitado que el gobierno hiciera algo para solucionarles ese problema. Desde la creación de la “División Minas, Geología e Hidrología” dependiente del Ministerio de Agricultura de la Nación, el titular de dicha dependencia, ingeniero ENRIQUE M. HERMITTE, programó  la realización de perforaciones en diversas provincias, no solo para la confección de un mapa hidrogeológico, sino también con el objeto de reconocer el subsuelo y relacionarlo con el estudio geológico de la superficie. En el desarrollo de este plan de doble finalidad, contó con la inestimable colaboración el ingeniero JULIO KRAUSE, que se desempeñaba como Jefe de la Sección Hidrología. Embarcados ambos en este proyecto, el ingeniero KRAUSE dispuso el envío de varios equipos de expertos dotados con un eficaz reglamento de perforación, registros estadísticos, formularios de compras, talleres propios y almacenes para el abastecimiento de todos los campamentos diseminados por el país, en zonas cuya necesidad mayor en esa época era el agua para la expansión de sus áreas cultivables. Como parte de ese plan y respondiendo a nuevos reclamos de los pobladores de Comodoro Rivadavia, el ingeniero Krause, envió a ese pueblo, un grupo de trabajo para  hacer los estudios previos y cateos, que facilitarían luego las tareas necesarias en las áreas que se identificaran como las de más promisorias posibilidades.

Por fin, en 1903, llegó a Comodoro Rivadavia un grupo de operarios expertos en perforaciones encabezados como “jefe de sondeos”, por el “pocero” J. FUCHS, un alsaciano contratado en Alemania y la maquinaria que les era necesaria para iniciar los trabajos. Con aparatos adecuados se auscultaba el suelo en procura del más mínimo rumor que pudiera anunciar la presencia de agua, pero desde el principio, la mala suerte acompañó la búsqueda. Las máquinas llegaron hasta casi 200 metros de profundidad  sin encontrar agua y allí agotó su capacidad de perforación. El pueblo volvió a solicitar otra perforadora, que recién llegó en 1906. Era un equipo de la fábrica FAUCK con una capacidad de perforación de 500 metros, comprado por mediación del ingeniero JULIO KRAUSE, que se instaló a 3 kilómetros del pueblo, pero la desgracia siguió castigando a este proyecto: un violento huracán que azotó la zona, derribó la torre y los trabajos se paralizaron, obligando a que los pobladores debieran seguir trayendo el agua para su consumo, desde muy lejos, pagándola, a precio de oro.

Nuevamente se iniciaron las perforaciones, eligiendo distintos lugares de los alrededores de la ciudad, pero las tremendas dificultades que presentaban esos terrenos extremadamente duros y la inclemencia de un tiempo  que con sus violentos y constantes  vientos y nubes de arenisca volando, impedían la realización de un trabajo eficiente. Para colmo, comenzaron a surgir conflictos entre los integrantes del equipo que trabajaba en la perforación y el ingeniero Krause envió al experto HUMBERTO BEGHIN para que pusiera orden en el campamento y continuara con los trabajos.

En enero de 1907 se llevó al lugar una nueva perforadora. Se apelaba a los elementos más modernos de la época, pero todo parecía inútil. Se llegó a cavar hasta a  350 metros de profundidad, siempre sin resultado. I.os sufridos pobladores del pequeño pueblo vivían pendientes de la torre de perforar que en más de una oportunidad cayó por efecto del implacable viento del Sur, obligando a iniciar nuevamente los trabajos. Los ingenieros no se daban por vencidos y la tarea continuaba sin descanso. Pero  el resultado era siempre el mismo: absolutamente negativo. Para noviembre de 1907, el desaliento era casi total y comenzó a cundir el desaliento. La escasa y valiosa agua que había en el pueblo debía usarse para el funcionamiento de las máquinas, cuando la gente la necesitaba para su consumo y todavía no se vislumbraba ni la más remota posibilidad de éxito. Se habían perdido ya las esperanzas de poder dotar de agua a la floreciente población, donde muchos se habían radicado ilusionados y confiados en la riqueza de la zona. I.a decepción era total y tratando de llevar una solución a esa sufrida población, el gobernador propuso que se trajera agua desde un manantial mediante la instalación de cañerías. I.a población apoyó la idea que llegaba  como una salvación. Ya no quiere ni oír hablar de la torre perforadora que durante muchos meses había engañado sus esperanzas con renovadas promesas incumplidas.

Pero mientras los pobladores, decepcionados ya con la vana esperanza de contar con agua suficiente, se aferran a la búsqueda de un mejor futuro hasta que ésta llegue,  hay un grupo de hombres que no se da por vencido. El tesón y la voluntad de estos hombres, dirigidos por el técnico alsaciano JOSÉ FUCHS y el Administrador de la obra, el ingeniero HUMBERTO BEGHIN, son los motores que los impulsan a persistir en sus esfuerzos. Son los mismos atributos que mueven a los pobladores a continuar su vida mirando el futuro. Se inaugura una escuela, grandes manadas de ovinos ya pacen en sus tierras, se meten de lleno en la esquila. Sólo falta el hallazgo de agua, cuya ausencia seguía siendo la preocupación de todos. A fines de noviembre, cuando se había llegado a los 480 metros, el ingeniero Krausse, ordena que no se perforara más allá de los 500 metros, que era el límite técnico de la máquina. Así  lega diciembre de 1907 y los encuentra con la misma desesperanza. I.a población ya no confía en la torre que para su funcionamiento insume la escasa cantidad de agua que allí hay v que el pueblo necesita para su consumo. Todo parecía inútil. El 13 de diciembre —cuando ya terminaba el año— el jefe de la misión decide irse y ordena: “No se perfora mas”. Pero Fuchs, Beghuín y las cuadrillas de obreros no lo obedecen y deciden continuar sus trabajos.

El 11 de diciembre los trabajadores notaron que del pozo salía un marcado olor a querosene y dos días después, el viernes 13 de diciembre de ese año, a las 8 de la mañana, habiendo llegado a los 539 metros, de lo profundo de uno de esos pozos, perforados tan dificultosamente, llega una corriente ascendente. Ante el asombro de Fuchs y Beghin, que se miran absortos, comienza a brotar un líquido oscuro, viscoso y con un fuerte olor, que Fuchs, identificó como parecido al del kerosene. No era el agua esperada, pero era petróleo. Se había encontrado un mineral del que no se sospechaba la existencia hasta pocos días antes, cuando a una profundidad de 535 metros se observaron burbujas de gas en el agua y  se advirtió el olor característico del petróleo, un producto de las entrañas de la tierra que salía casi refinado. Recordemos que JOSÉ FUCHS era el jefe del equipo de perforación de la Dirección de Minas e Hidrología cuando se produzco ese maravilloso hallazgo y en ese momento, cumplían su turno en la boca del pozo, el auxiliar JUAN MULTEADO y otros 5 hombres, cuyos nombres no han trascendido, pero con su esfuerzo y tesón, lograron poner a la República Argentina en el concierto de los países productores de petróleo.

El descubrimiento se mantuvo en secreto y se envió un telegrafían a Buenos Aires, a la Dirección de Minas diciendo: “Aquí no hay agua, pero hay petróleo” (1). Por eso, la noticia se conoció en la capital antes que en Comodoro Rivadavia y cuando el pueblo se entera cinco días después y engalana sus calles en espontaneo feriado. Mientras; en la capital, la nueva se acoge con frialdad. Apenas si le dan importancia los grandes rotativos. No advertían la trascendencia del descubrimiento. Lo que se buscaba allí era agua. Para la capital, lo importante era encontrar eso. Pero el gobierno nacional, preocupado por la agitación política que se vivía en esos días, resolvió, sin embargo, adoptar ciertas medidas. Dictó un decreto prohibiendo la denuncia de pertenencias mineras y la concesión de permisos de cateo en el puerto de Comodoro Rivadavia, en un radio de cinco leguas kilométricas a todo rumbo, contándose desde el centro de la población. Se evitaba así la posible aparición de aventureros y la eventual explotación del suelo en beneficio de particulares. De allí partió el progreso de una vasta zona patagónica. I.a explotación del petróleo, descubierta de esa manera milagrosa fue, desde entonces, una fuente de in­calculable valor para acrecentar la economía nacional, y se constituyó en una de las bases de su riqueza (1). Algunas versiones dicen que el telegrama decía “En la Patagonia no se puede encontrar agua, pero se encontró Petróleo!!, mientras que otras versiones cuentan que en su telegrama, para mantener en secreto el hallazgo de petróleo, puso “”Encontramos kerossene de la mejor calidad”.

Antecedentes. Parece ser que ya antes del descubrimiento del yacimiento de Comodoro Rivadavia, se conocía la existencia de manifestaciones superficiales de petróleo en el territorio que hoy ocupa la República Argentina. En 1797, en la provincia de Mendoza, el general JOSÉ FRANCISCO AMINGORENA, hizo reconocer el yacimiento del Cerro Los Buitres, en San Rafael (hoy “El Sosneado”) y él, personalmente, exploró el de “Agua del Corral” (Cacheuta). Posteriormente, en 1865, se constituyó en la provincia de Jujuy, la “Compañía Jujeña de Kerosene” destinada a buscar petróleo en el norte del país. En 1886, se formó la “Compañía Mendocina de Petróleo”, con el objeto de explotar los posibles yacimientos de Cacheuta mencionados y al año siguiente se realizaron perforaciones sin suerte. En tres años, se llegaron a perforar 22 pozos sin obtener resultados positivos. En 1894, en un informe del ingeniero LANGE dirigido al perito FRANCISCO P. MORENO, se consignan datos referidos al hallazgo de depósitos de alquitrán en “La Brea”, provincia de San Juan (ver “El petróleo de Cacheuta” en Crónicas)

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