GUERRA ENTRE LA CONFEDERACIÓN ARGENTINA Y EL ESTADO DE BUENOS AIRES (20/5/1859)

GUERRA ENTRE LA CONFEDERACIÓN ARGENTINA Y EL ESTADO DE BUENOS AIRES. El 20 de mayo de 1859, el Congreso promulgó una Ley que autorizaba a Urquiza, presidente de la Confederación, a “resolver la cuestión de la integridad nacional, por medio de negociaciones pacíficas o de la guerra…”. Antecedentes. A partir de 1852 y durante casi una década, la provincia de Buenos Aires se había convertido prácticamente en un Estado independiente y soberano, enfrentado al resto de las provincias argentinas. Durante ese período, los intereses económicos de un grupo de porteños impidieron la unión nacional, ya que no estaban dispuestos a perder el control del puerto y de la aduana que les otorgaba enormes ingresos en desmedro del interior. Cada sector lanzaba acusaciones y agravios que alimentaban la hoguera y todos los intentos de conciliación que se realizaron durante ese período, habían fracasado. Recursos. Aunque la Confederación tenía una población escasa, dispersa y empobrecida, Urquiza pudo armar un ejército muy superior al porteño. Recurriendo a alianzas con los gobiernos de Brasil y Uruguay, logró reunir 14.000 hombres, una excelente caballería y jefes veteranos en la acción bélica. En los festejos del 25 de Mayo de 1859, Urquiza aprovechó la fecha para realizar un imponente desfile de sus tropas, con la esperanza de impresionar a Buenos Aires y lograr evitar el enfrentamiento. Buenos Aires tenia mayores recursos materiales, pero también muchos problemas de organización que obligaron a Mi­tre a verdaderas proezas para alistar sus fuerzas. La población de la provincia entró en pánico ante un posible saqueo y el valor del oro aumentaba al mismo ritmo que el temor de un ataque a la ciudad y para dotar a la caballería se decomisaron hasta los caballos de los aguateros, dejando a sus pobres dueños sin fuentes de trabajo. Efectivos y acciones navales. Una de las preocupaciones primordiales de los hombres de la Confederación, en vísperas del enfrentamiento armado con Buenos Aires, se refería a la formación y organización de una escuadra, capaz de contrarrestar las fuerzas navales del Estado rebelde ya que, teniendo en cuenta la manifiesta superioridad naval en que había quedado Buenos Aires después de la deserción de Coe y del levantamiento del sitio, que había soportado, esa preocupación se justificaba plenamente. Para remediar la situación, la Confederación adquirió seis buques, incluyendo un transporte: tres de ellos, el “Salto”, el “Menay” y el “Pampero”, fueron comprados en Montevideo; el “Hércules”, la goleta “Argos” y el transporte “Concepción”, fueron adquiridos en Río de Janeiro. A esas unidades, los hombres de Paraná pudieron sumar el “General Pinto”, vapor de la escuadra porteña que se sublevó cerca de Rosario y se entregó a Urquiza, en un episodio en que fue muerto el oficial Alejandro Murature, hijo del comandante José Murature. Y es en uno de estos documentos, donde el coronel Ricardo López Jordán, que se encontraba en Paraná encargado de concentrar caballadas y pertrechos para el ejército de la Confederación en campaña, escribió a Benjamín Victorica, con fecha 3 de setiembre de 1859, lo siguiente: “Principiaré por decirte que el Gral. Virasoro está aquí desde anoche habiendo dejado a nuestra Escuadra en cuarteles de invierno al entrar el verano; estoy absorto de sólo oírlo; según él, aquélla no tiene otra compostura que cambiarle de gente porque todo aquello es un vivo desorden –me ha dicho que el día 25 estuvo la Escuadra Demagoga frente a Montevideo, que hizo meter la nuestra bajo los fuegos de la plaza y que allí permanece resguardada, pero lo que yo no me explico es cómo ha podido este hombre en momentos como éstos, venirse cuando ha podido mandar a su hermano y menos que todo, me explico que esté aquí desde anoche temprano sin pasar o volar si fuese posible hasta donde está el Presidente” El gobierno de Buenos Aires trató, en esos momentos, de anular la escuadra confederal por cualquier medio. No pu­diendo destrozarla, intentó que el gobierno de Montevideo la desarmase o la obligase a abandonar el puerto, poniendo de por medio razones de neutralidad. Pero mientras se discutía esto, Cordero aprovechó para armar sus naves y cargarlas con pólvora y pertrechos para el ejército de Urquiza. El paso Martín García. Buenos Aires había artillado la isla Martín García, en defensa de posibles ataques de la Confederación y el jefe de ésta, coronel Martín Arenas, esperaba de un momento a otro el paso de la escuadra confederal al mando de Cordero, marino para quien el río no tenía secre­tos, e intentaría sin duda burlar la vigilancia de los buques porteños. Efectivamente, el 12 de octubre, a las 11 de la mañana, la escuadra confederal abandonó el puerto de Montevideo y se dirigió hacia los canales de la isla fortificada. Dos días después entabló combate con la artillería del coronel Arenas y pese al empeño de las fuerzas de tierra, que cañonearon intensamente a la escuadra, el comandante Cordero forzó el paso, con escasas bajas y con algunos deterioros sin importancia en las naves. La escuadra de Buenos Aires, que esperaba a su adversaria en la boca del Paraná Guazú, persiguió a los buques confederales hacia Rosario, sin lograr alcanzarlos, por lo que Cordero dio por cumplida su misión, logrando preservar la integridad de la escuadra de la Confederación, facilitando así su posterior empeño en las acciones que culminaron con la integración del Estado de Buenos Aires a la Confederación Argentina. Combate de Cepeda. En el marco de las confrontaciones entre Buenos Aires y la Confederación, las fuerzas porteñas, comandadas por BARTOLOMÉ MITRE son derrotadas por JUSTO JOSÉ DE URQUIZA y Buenos Aires accede a unirse a la Confederación. El encuentro tuvo lugar en la Cañada de Cepeda, próxima al Arroyo del Medio, en la provincia de Buenos Aires, el 23 de octubre de 1859. Sorprendido el ejército porteño, la caballería abandonó el campo de batalla al iniciarse las operaciones, mientras que la infantería y la artillería hacían frente al ataque de las fuerzas de la Confederación. Ya entrada la noche, los soldados que obedecían al general Mitre se retiraron hacia San Nicolás, donde llegaron al día siguiente por la mañana, pasando en medio del ejército del general Urquiza, muy superior en número. En este lugar, el resto del ejército porteño se embarcó para Buenos Aires. En poder de los confederados quedaron la artillería y bagajes, abandonados por las fuerzas porteñas en la retirada. “Si la palma del triunfo hubiese coronado las armas de todo el ejército de mi mando —decía el general BARTOLOMÉ MITRE en el Parte de la Acción—, recomendaría especialmente a los que más se han distinguido par su valor y habilidad. Todos los que permanecieron en el campo de batalla han cumplido dignamente con su deber.” El general JUSTO JOSÉ DE URQUIZA, por su parte, dirigió desde su campamento una proclama con estas elocuentes palabras: “Compatriotas de Buenos Aires: Desde el campo de batalla os envío un abrazo de hermano. Integridad nacional, libertad, fusión, son mis propósitos. Aceptadlos como el último voto que os presentará vuestro compatriota.” Los dos ejércitos se dirigieron hacia la ciudad de Buenos Aires: uno por agua y el otro por tierra, produciéndose, a partir de ese momento, los acontecimientos que culminaron el 11 de noviembre con la firma del “Pacto de Paz y Unión de San José de Flores”. Acuerdo para el cese de las hostilidades. El general JUSTO JOSÉ DE URQUIZA después de su triunfo en los campos de Cepeda, se aproximó a la ciudad de Buenos Aires con el fin de sitiarla. Pero el 10 de noviembre, bajo la mediación del mariscal paraguayo FRANCISCO SOLANO LÓPEZ, las partes en litigio lograron llegar a un arreglo amistoso, aceptando la redacción definitiva del documento que luego de ser ratificado, se conocerá como “Pacto de San José de Flores”, acuerdo que conduciría, luego de inesperadas vicisitudes, a la unión de todas las provincias argentinas. Las condiciones de la paz eran las siguientes: Buenos Aires se declaraba parte integrante de la Confederación Argentina y verificaría su incorporación aceptando la Constitución Nacional, pero se le concedería el privilegio de analizarla dentro de los veinte días de firmado este Pacto, por medio de una Convención, cuyos miembros serían elegidos libremente por Buenos Aires y que de sugerir cambios, éstos luego serían considerados por un Congreso Nacional Constituyente. El ejército de la Confederación se retiraría de la provincia de Buenos Aires y ambas partes reducirían sus armamentos al estado de paz y finalmente, que el Presidente del Paraguay garantizaría el cumplimiento de dicho compromiso. Este pacto marcó la derrota de los separatistas de Buenos Aires como los ADOLFO ALSINA, PASTOR OBLIGADO y CARLOS TEJEDOR pero se necesitaron otros tres años de negociaciones y luchas (véase batalla de Pavón) para lograr la unidad nacional, con la elección de BARTOLOMÉ MITRE como Presidente de la República Argentina.

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