GUERRA DE LAS REPUBLIQUETAS (26/3/1816)

GUERRA DE LAS REPUBLIQUETAS. Los elementos nativos del Alto Perú, desde 1809, estuvieron siempre en guerra abierta con los realistas, a los cuales combatieron sin descanso y por todos los medios; con fusiles, cuando los tenían; y cuando no, a pedradas y a palos, o bien, derrumbando sobre los destacamentos que transitaban por los valles y hondonadas, peñascos de muchas toneladas, que, rebotando por las laderas de los cerros, aplastaban cuanto encontraban a su paso, ya fueran cosas u hombres. Las guerras promovidas por los indígenas fueron llamadas de las Republiquetas (Llamábase Republiqueta a cada una de las zonas o valles cuyos habitantes obedecían a un caudillo popular; fueron las principales la de Ayoupaya, Chayanta, Mizque, Santa Cruz de la Sierra, Cintis, Pomobamba y Muñecas.) y costaron a los ejércitos del rey sacrificios enormes, sin resultados apreciables; puesto que nunca dominaron, y aun no del todo, más que el terreno que pisaban. En una de las incursiones que hicieron las columnas realistas al territorio de las Republiquetas, atacaron al caudillo de una de ellas, CAMARGO, que se hallaba con su gente en las alturas de Ancapuñima. Los atacantes, divididos en dos columnas, acometieron con ímpetu, pero fueron repelidos con tanta energía, que una de sus columnas tuvo que retroceder por tres veces. Se combatió rudamente durante una hora, a tiros y bayonetazos; con piedras, palos y macanas. El jefe español, CENTENO, al dar parte de ella, dijo: Jamás he visto despecho ni energía semejante a la de estos enemigos, que asaltaban los fusiles como si no ofendiesen. Camargo fue derrotado al fin; pero los vencedores compraron cara su victoria; pues, según confesión del jefe que los mandaba, dejaron en el campo 120 hombres. Los indios, dispersos en el primer momento, se reunieron después en cinco grupos, que se mantuvieron siempre a la vista de los españoles, hostilizándoles e incomodándoles continuamente. Exasperado por tal actitud, que fatigaba y desmoralizaba a sus soldados, Centeno hizo fusilar a los prisioneros que había hecho, entre los cuales se hallaban los caudillejos RUDESINDO ÁVILA y MANUEL DÍAZ.

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