GUERRA CON EL BRASIL (10/12/1825)

ANTECEDENTES Y CAUSAS
1). Las antiguas aspiraciones portuguesas, transmitidas al nuevo imperio surgido en 1822, respecto a la posesión del territorio oriental del Río de la Plata.
2). Las graves amenazas de orden político, económico y militar que, para nuestro país, desde el 31 de julio de 1821, constituyó la anexión de la Banda Oriental al reino de Portugal, como “Provincia Cisplatina”, luego de que tropas al mando del general LECOR, vencieran al caudillo oriental JOSÉ GERVASIO DE ARTIGAS y tomaran la ciudad de Montevideo (enero de 1817).
3). La expedición libertadora de los “Treinta y Tres orientales”, que provocó un estado de tirantez en las relaciones entre las Provincias Unidas del Río de la Plata y el Brasil, imperio que, no sin razón, acusaba al gobierno Buenos Aires de haber ayudado eficazmente a los expedicionarios  uruguayos en esta empresa.
4). El “amparo y protección a las fuerzas orientales”, que a consecuencia de una derrota que les infligieran tropas portuguesas, “intenten pasar el Uruguay”, ordenado por el gobierno de Las Heras.
5). La reincorporación de la Banda Oriental a las Provincias Unidas del Río de la Plata, proclamada oficialmente por los notables orientales,  reunidos en el Congreso de Florida después de los primeros triunfos de los “Treinta Tres Orientales” comandados por Lavalleja (Rincón de las Gallinas y Sarandí), aceptada por el Congreso Argentino en octubre de 1825, el cual declara que el “gobierno proveerá a su defensa y seguridad”.

RESUMEN DE LOS HECHOS PRINCIPALES. El general Lavalleja inició las operaciones contra los brasileños que habían ocupado la Banda Oriental, y el Congreso de Florida declaró su anexión a las Provincias Unidas del Río de la Plata, que fue aceptada por el Congreso de Buenos Aires. Las fuerzas argentinas blo­quearon el Río de la Plata y obtuvieron las vic­torias de Juncal y Patagones y posteriormente la de Ituzaingó. El gobierno argentino envió a M. J. García a Brasil, el cual firmó un tratado en que reconocía la soberanía brasileña en la margen izquierda del río de la Plata, acto que fue desautorizado por el gobierno argentino. Dificultades internas obligaron a los argentinos a buscar la paz por la mediación inglesa; por ella se reconoció la independencia del Uruguay.

Gestiones diplomáticas previas. Luego de que el 18 de julio de 1821 la Banda Oriental fuera anexada al Reino Unido de Portugal, Brasil y Algarve, con la denominación de “Provincia Cisplatina” o “Estado Cisplatino”, durante el gobierno de MARTÍN RODRÍGUEZ, se trató, por todos los medios que la diplomacia ponía su alcance, de lograr el reingreso de esos territorios al ámbito de las Provincias Unidas, como también lo deseaban los orientales, rechazando terminantemente ser anexados la soberanía de Portugal.

En virtud de esa decisión,  el general CARLOS MARÍA DE ALVEAR fue enviado en misión diplomática ante los gobiernos de Gran Bretaña y de los Estados Unidos de Norteamérica, con el objeto de lograr la intervención de ambos estados para poner fin a las acciones que Portugal y su aliado en América, Brasil, desarrollaban en el Río de la Plata,

Gestión ante Inglaterra. En Julio de 1824, ALVEAR llegó a Inglaterra, donde logró entrevistarse con el ministro JORGE CANNING. El comisionado abordó la cuestión portuguesa y procuró la mediación del gabinete británico, a fin de que la Banda Oriental pasara a depender nuevamente de las Provincias Unidas. El ministro CANNING  prometió la intervención de su país en el problema, aunque sin arriesgar una palabra definitiva.

Gestión ante los Estados Unidos. ALVEAR marchó luego a los Estados Unidos y a mediados a octubre de 1824 fue recibido por el Presidente JAIME MONROE, ante quien presentó sus cartas credenciales. MONROE hizo votos por la prosperidad de las Provincias Unidas y por el feliz éxito de sus heroicos esfuerzos en la causa de la independencia” y  no puso reparos en estrechar las relaciones con nuestro país, comprometiéndose gustosamente a oficiar como mediador en el conflicto con el Brasil. Dando por finalizada su misión, a mediados de 1825, el general Alvear regresó a Buenos Aires.

Gestión ante Bolívar. Poco más tarde, el Congreso Constituyente reunido en Buenos Aires,  dispuso enviar una delegación ante Bolívar para felicitarlo por sus servicios para la causa de la emancipación americana y conseguir su apoyo ante el problema originado por la expansión del Brasil, que hacía peligrar la existencia de las repúblicas americanas. La designación recayó nuevamente en el general  CARLOS MARÍA DE ALVEAR, esta vez acompañado `por el doctor JOSÉ MIGUEL DÍAZ VÉLEZ, quienes, a fines de junio de 1825, partieron hacia su destino en el norte. Cumplida la mitad de su trayecto, les llegó la noticia de la proclamación de la Independencia  de las cuatro provincias que integraban el Alto Perú.

El 18 de octubre fueron recibidos por primera vez por BOLÍVAR y durante el transcurso de la reunión, ALVEAR y DÍAZ VÉLEZ le expusieron al general venezolano, los detalles de un proyecto que propiciaba la creación de una Liga de cuatro repúblicas (las Provincias Unidas, Colombia, Perú y Chile), con el objeto de contener las ambiciones del emperador del Brasil, quien en esos días ya había comenzado a poner en marcha su plan de expansión, ocupando las provincias de Mojos y Chiquitos. BOLÍVAR se mostró partidario del plan, pero si bien, abierta-mente no les negó la posibilidad de darle su apoyo, expuso sus temores acerca de una posible intervención de Inglaterra, en favor del emperador de Brasil.

Dos días después los enviados ALVEAR y DÍAZ VÉLEZ, tuvieron una nueva reunión con Bolívar  y a pesar del apoyo al proyecto que el general SUCRE les aseguró, no pudieron llegar a ningún acuerdo y por el contrario, la ocupación de Tarija —perteneciente a la provincia de Salta— por tropas colombianas, pusieron más tensión a estas tramitaciones diplomáticas, por lo que el gobierno de Buenos Aires, ordenó el regreso de los diplomáticos, decidido a no adherir a la política absorbente y personalista que ponía de manifiesto BOLÍVAR.

Gestión ante el Emperador Pedro I. A semejanza de lo ocurrido en 1820 en España, los liberales portugueses hicieron un pronunciamiento en la ciudad de Oporto y este movimiento repercutió hondamente en el Brasil. El Rey Juan VI,  decidió regresar a Lisboa, justificando que en Buenos Aires, germinara la idea de que Portugal abandonaba sus intereses sobre la Banda Oriental y que sus tropas abandonarían su territorio ocupado.

Pero pronto estas esperanzas se desvanecieron. El monarca portugués envió a Buenos Aires a su representante MANUEL DE FIGUEIREDO, a la vez que comunicó sus deseos de reunir un Congreso en Montevideo, para resolver si la Banda Oriental se incorporaba al  Brasil o se declaraba independiente.

Juan VI regresó a su patria en abril de 1821 y poco después el general LECOR reunió el mencionado Congreso, pero con elementos que le eran adictos y entonces los diputados proclamaron la anexión de la Banda Oriental al Brasil, con el nombre de Provincia  Cisplatina (ver “La provincia Cisplatina” en Crónicas).

El príncipe Don Pedro, hijo y sucesor de Juan VI, encabezó entonces en el Brasil el Partido Patriota y en setiembre de 1822, proclamó la independencia de esos territorios y su separación del Reino de Portugal, siendo ungido luego como “Emperador del Brasil”.

Ante el curso de estos acontecimientos, BERNARDINO RIVADAVIA, en esos tiempos Presidente de las Provincias Unidas del Río de la Plata, planteó al Brasil la restitución  de la Banda Oriental y para ello, en agosto de 1825, envió a Río de Janeiro a JOSÉ VALENTÍN GÓMEZ y a ESTEBAN DE LUCA, pero vanos fueron los argumentos expuestos, ya que el emperador Pedro I se negó enfáticamente a devolver el territorio oriental, dejando como único camino a transitar el de la guerra.

Varios orientales, disconformes con lo resuelto en abril de 1821 por un Congreso, absolutamente impopular, que declaró la anexión de la Banda Oriental al imperio del Brasil, con el nombre de provincia Cisplatina, se trasladaron a Buenos Aires decididos a reconquistar la libertad perdida

Los patriotas emigrados, entre los que se encontraban JUAN ANTONIO LAVALLEJA y MANUEL ORIBE, lograron reunir armas y pertrechos a fin de emprender una expedición libertadora de su patria. En número de treinta y tres (once de ellos argentinos), los patriotas recruzaron el río Uruguay y enfrentaron a las tropas portuguesas que se opusieron a su avance y logrando vencerlas, pusieron sitio a la ciudad de Montevideo.

Mientras esta declarada rebelión contra los portugueses se extendía por el territorio, Lavalleja reunió un Congreso abierto en el pueblo de La Florida, que  lo nombró gobernador. El 25 de agosto de 1825, proclamó  la unidad de la Banda Oriental con las demás Provincias Unidas del Río de la Plata, “a que siempre perteneció, con los vínculos más sagrados que el mundo conoce” y designó a JAVIER GOMENSORO para que concurriera como Diputado de la Banda Oriental al Congreso de Buenos Aires. Poco después, el Congreso, reunido entonces en Buenos Aires, reconoció dicha incorporación decidida por la Junta de Representantes de dicho país, le comunicó esa resolución al gobierno brasileño y lo intimó al retiro inmediato de las fuerzas invasoras de esos territorios. Como respuesta, el 10 de diciembre de 1825, el emperador del Brasil, Pedro I, estimando avasallados sus derechos de posesión sobre estos territorios, le declaró la guerra a las Provincias Unidas y a los pocos días, naves brasileñas bloquearon  el Río de la Plata, iniciando así una guerra que duró más de tres años y que no le reportó beneficio alguno, aunque, al final, gracias a su astucia diplomática, logró sus objetivos.

Informado de esta declaración , el 1º de enero de 1826, el gobierno de Buenos Aires, se declaró en estado de guerra y confió sus efectivos, llamándolos  “Ejército Republicano”, al mando del general CARLOS MARÍA DE ALVEAR, que sería secundado por JOSÉ MARÍA PAZ, JUAN LAVALLE, ESTANISLAO SOLER y FEDERICO BRANDSEN entre otros brillantes oficiales.

Proclama del general ALVEAR a los soldados orientales.
El general ALVEAR, pasó la mayor parte del año 1826 organizando y preparando sus fuerzas y el 25 de diciembre de 1826, reunidas ya todas las fuerzas que iba a empeñar en esa contienda, se dirigió a sus soldados orientales, mediante una Proclama expresando: ““El general en jefe del Ejército de la República a los habitantes de la Banda Oriental: ¡ Orientales! La hora deseada de todos ha llegado. Las legiones de la República están en marcha sobre la frontera enemiga. Dejad vuestras ocupaciones. ¡ Bravos de Sarandí!, empuñad el acero y venid a llevar la libertad a vuestros vecinos. Mostrad al mundo la diferencia que hay entre pechos republicanos y los que están agobiados bajo un cetro de hierro. El imperio prepara nuevas cadenas para esclavizarlas. Preparemos nosotros coronas de flores para los pueblos del Brasil que van a romper sus grillos y que van a aparecer por primera vez en el mundo de los libres. ¡ Orientales!, venid a engrosar las filas de los soldados de la República. ¡ Pueblo de valientes, que tantas veces habéis aspirado a la gloria, no perdáis la mejor ocasión de coronaros de ella! Venid a ver los pueblos que dominan vuestros antiguos opresores y de donde salieron las cadenas que habéis arrastrado por diez años. Todo otro interés que no sea el de combatir por la libertad e independencia nacional en esta guerra sagrada, es indigno de vuestro valor y de vuestro heroísmo. El os acarrearía cien años de esclavitud.”

En los primeros días del año siguiente (1827), el grueso de su ejército avanzó hacia el norte y penetró en territorio enemigo por donde menos se lo esperaba, logrando sorprender a los imperiales en en Bagé, mientras otras columnas vencían a los imperiales en Bacacay, Ombú y San Gabriel. Luego, aparentando temer un encuentro decisivo, emprendió la retirada dejando en el camino caballos estropeados, vehículos rotos, restos de equipos y fornituras entre los que se encontraban algunas listas de revista, que reducían su ejército a menos de 4.000 hombres. La estratagema de Alvear tuvo el efecto deseado. El enemigo se lanzó en su persecución hasta que los dos ejércitos se encontraron el 20 de febrero de 1817 en la llanura de Ituzaingó, lugar elegido por Alvear para presentar batalla y que las tropas brasileñas tuvieron que aceptar, a pesar de las  condiciones desfavorables que éste les ofrecía.

Fue éste un triunfo trascendental que decidió la suerte de la guerra, ya que después de otras menos importantes victorias logradas en Camacuá y en Yerbal y los triunfos de la escuadra de GUILLERMO BROWN en Quilmes, Juncal y otros escenarios del Río de la Plata, la situación del ejército imperial era sumamente precaria.

Pero la crítica situación política interna de las Provincias Unidas, estaba poniendo en serio riesgo la autoridad del gobierno nacional ejercido por RIVADAVIA. Las provincias habían rechazado la constitución unitaria de 1826 y los caudillos no acataban las disposiciones del Presidente y se negaban a enviar tropas de refuerzo a las empeñadas en la guerra con el Brasil.

Y fue poco después de la batalla de Ituzaingó, a pesar del triunfo allí logrado, que RIVADAVIA dispuso firmar la paz con el imperio apelando para ello, a la mediación de Lord PONSOMBY, embajador ingles ante Brasil. El veterano diplomático MANUEL JOSÉ GARCÍA fue comisionado para hacerse cargo de tan delicada misión  y para ello se le dieron amplias facultades, para obtener el cese de la lucha.

El emperador Pedro I había declarado que no cesaría la lucha, hasta que la provincia Cisplatina (la Banda Oriental), pasara a depender nuevamente del Brasil y esta actitud irreductible, sumada la crítica situación interna existente en las Provincias Unidas, provocaron que el 24 de mayo de 1827, García firmara una muy desventajosa “Convención Preliminar de Paz”.

De acuerdo con este documento, las Provincias Unidas del Río de la Plata renunciaban a sus derechos sobre la Banda Oriental, que se incorporaba así al imperio del Brasil,  y se obligaba a retirar sus tropas de la vecina orilla. Además, la isla Martín García, debía ser desarmada y sus pobladores brasileños indemnizados por las pérdidas que les habían provocado las excursiones corsarias auspiciadas por Buenos Aires.

“En verdad, escribe el historiador RICARDO LEVENE, esta Convención era un sarcasmo. El país había triunfado en las acciones de mar y tierra y terminaba la guerra, entregándole todo al vencido”.

Cuando llegaron a Buenos Aires, las noticias sobre este acuerdo y su contenido, que había firmado GARCÍA, el pueblo manifestó unánimemente su rechazo e indignación y el Congreso dispuso rechazar lo acordado, circunstancias éstas que agravaron la situación de RIVADAVIA y lo obligaron a renunciar el 27 de junio de 1827.

El 30 de junio, el Congreso, que era el creador de la “presidencia unitaria”, con 48 votos a favor y dos en contra, aceptó su renuncia  y el 7 de julio de 1827, Rivadavia le entregó el mando al doctor VICENTE LÓPEZ Y PLANES, elegido Presidente provisional por el Congreso dos días antes.

Finalmente, MANUEL DORREGO, sucesor de VICENTE LÓPEZ Y PLANES, ahora como Gobernador del Estado de Buenos Aires, a cargo de las Relaciones Exteriores, aunque pretendía continuar la guerra con el Brasil, tomo conciencia que la paz era deseada por ambos países en lucha, afectados los dos por graves problemas políticos y económicos.

Aceptada que fue por los beligerantes la mediación de Lord PONSOMBY, embajador inglés ante la corte de Pedro I, Dorrego nombró a RAMÓN BALCARCE y TOMÁS GUIDO para que se trasladaran a Río de Janeiro para tratar la paz y el 27 de agosto de 1828, se firmó una nueva “Convención Preliminar del Paz”, por medio de la cual, ambos gobiernos, las Provincias Unidas y el Brasil, reconocían y garantizaban la independencia de la Banda Oriental, nuevo Estado que se regiría por un gobierno provisorio hasta que una Constitución determinara las autoridades definitivas, comprometiéndose a que ambos ejércitos debían evacuar el territorio en el término de dos meses.

Una Asamblea de Representantes convocada en Montevideo, designó al general JOSÉ RONDEAU (nacido en Buenos Aires y bien conocido por su participación en el sitio de Montevideo), como Gobernador y Capitán General provisorio de la República Oriental del Uruguay y más tarde el mismo organismo, sancionó una Constitución que fue jurada en Montevideo el 18 de julio de 1830, habiendo sido previamente aprobada por los gobiernos de Buenos Aires y Brasil.

Gran Bretaña y la guerra con Brasil.
El 12 de enero de 1826, MANUEL JOSÉ GARCÍA, Ministro de Relaciones Exteriores del gobernador de Buenos Aires, GREGORIO DE LAS HERAS, les comunicó a ALVEAR y a DÍAZ VÉLEZ, comisionados ambos del gobierno argentino ante Bolívar, el estado de guerra con el Brasil y pide que le informen a aquel,  que “es evidente el interés del gabinete británico en cortar la guerra en América…”. Aduce García que los británicos creen que el conflicto se convertirá en guerra de principios y que eso afectaría a Europa reavivando los rigores de la Santa Alianza, que eran contenidos por los ingleses.

Además de la preocupación por las cuestiones políticas europeas, el interés británico en la guerra argentino- brasileña, en realidad  tenía otros motivos. A partir del Tratado de Utrecht (1713), el gobierno británico trató de mantener el equilibrio de fuerzas en el Río de la Plata. Entre 1810 y 1816, en líneas generales, la política británica procuró, esencialmente, refrenar los intentos portugueses de conquistar la Banda Oriental. Cuando en 1816, ésta fue invadida por los portugueses, Gran Bretaña no apoyó ni reconoció la maniobra y tampoco tomó posición, cuando el imperio brasi­leño incorporó a la provincia Cisplatina.

Para Gran Bretaña, la Banda Oriental debía ser un Estado “tapón” que asegurara la libre navegación del río de la Plata e impidiera su control total,  tanto al Brasil como a las Provincias Unidas. Otro objetivo inmediato de esta política era la extensión del comercio saladeril, a un Estado que pudiera garantizar, con sus propias rentas aduaneras, los eventuales empréstitos que pudiera necesitar.

Consagrada y asegurada la libertad de comercio por sendos tratados firmados con las Provincias Unidas y con el Brasil, en 1825, el principal interés de Gran Bretaña,  era conservar la paz. Procurando esto, el ministro inglés de Relaciones Exteriores, GEORGE CANNING, en junio de 1825,  sugirió llegar a un arreglo, mediante el pago de una suma por parte de las Provincias Unidas al imperio, para que éste aban­donara la Banda Oriental y así se lo hizo saber a WOODBINE PARISH (su ministro plenipotenciario en Buenos Aires) y a CHARLES STUART (enviado británico en Río para zanjar las desavenencias entre Portugal y el Brasil).

La política de indemnizar al Brasil fue aceptada y defendida enfáticamente por el ministro argentino García. Los ingleses, finalmente, estaban deseosos de demostrar su buena voluntad hacia ambas partes y CANNING, en setiembre de 1825, le escribió nuevamente a PARISH: “No es nuestra intención desechar con ligereza la cuestión de cualquier posible interferencia de nuestra parte para evitar las hostilidades entre Brasil y Buenos Aires, pero deseamos situar esa in­terferencia. si tiene lugar, sobre su correcta base de acto desinteresado de amistad hacia ambas partes”.

Cuando la guerra se aproximaba, BERNARDINO RIVADAVIA, encargado de negocios en Londres, presiona sobre CANNING recordándole  que ya en 1812, lord STRANGFORD había dado garantías británicas para que la Banda Oriental quedara libre de fiscalización portuguesa. CAN­NING se siente molesto por este recordatorio de Rivadavia. y juzgando inconvenientes para un diplomático, las relaciones comerciales que mantiene el representante argentino,  recibe con alivio la decisión de éste de retornar a Buenos Aires, que lo deja en libertad de trabajar por la paz desde una posición de neutralidad.

También en esos momentos se estudió la posibilidad de que el propuesto Congreso de Panamá, actuando como mediador, examinara y resolviera la cuestión, posibilidad ésta, que fue aprovechada por los ingleses, para presionar a los brasileños a un acuerdo pacífico con el fin de evitara esa intervención del Congreso. Pero todo esto fue dejado de lado cuando el Congreso de Panamá dejó en claro las más amplias miras que habían inspirado su convocatoria.

La Banda Oriental, estado independiente.
Las consecuencias del conflicto, iniciado a principios de 1826, comenzaron a afectar a la comunidad británica re­sidente en Buenos Aires. Anunciado el bloqueo de ésta por parte de la escuadra brasileña al mando del almirante LOBO, los comerciantes ingleses le piden a PARISH que negocie una extensión del plazo de 14 días que los brasileños han concedido a los neutrales para sacar sus barcos y bienes de Buenos Aires. Los planes de PARISH de penetración mercantil en las Provincias Unidas  parecen esfumarse, y así le escribe a CANNING: “Temo que esto provoque muchos desastres mercantiles que a nadie alcanzarán más gravemente que a los intereses británicos en este país”. La idea de que Buenos Aires pague al Imperio para recuperar la Banda Oriental se va haciendo así menos factible.

Y de pronto surge otra “idea”, que será al fin, la que terminará  por imponerse: convertir la Banda Oriental en un Estado independiente. Sir CHARLES STUART ya había hecho esta propuesta antes de que se produjera el estallido de la guerra, pero CANNING creyó que esa solución expondría a Gran Bretaña a la acusación de buscar su propio provecho. La intransigencia de Don Pedro hace que rápidamente, esa solución se aceptara como la más factible y en marzo de 1826,  CANNING le comunica al vizconde de ITABOYANA, ministro de Brasil’ en Londres, que el Imperio tendrá que renunciar a la Banda Oriental.

Según informa el vizconde reservadamente a su gobierno. CANNING “quer dar a Montevidéu a forma de cidade hanseática sob a sua protecáo, para ter ela a chave do Rio da Prata como tem as do Mediterráneo e Báltico”. Al emperador se le concede un plazo de seis meses “para hacer la paz con Buenos Aires sobre la basa indicada, con la amenaza de declararse a favor de Buenos Aires y contra Brasil”. El 28 de febrero, CANNING nombra a lord PONSONBY como veedor británico de la guerra con asiento en Buenos Aires y a título de ministro plenipotenciario en las Provincias Unidas. Sus instrucciones le indican pasar previamente por Río de Janeiro para exigirle al gobierno imperial, la “independencia de la ciudad y territorio de Montevideo en situación algo similar a la de las ciudades hanseáticas de .la Europa”,  entregando a la vez, copia de lo manifestado por CANNING al vizconde de ITABOYANA acerca de !a urgencia- de hacer la paz en esas condiciones.

Finalmente el 27 de agosto de 1828 se firma el tratado preliminar de paz en Río de Janeiro y el diligente lord Ponsonby exclamará muy ufano “Hemos puesto un algodón entre dos cristales”.

Dios mio, los argentinos haciendo historia somos patéticos. Fíjense nomás la imbecilidad que escribió Levene: “En verdad, esta Convención era un sarcasmo. El país había triunfado en las acciones de mar y tierra y terminaba la guerra, entregándole todo al vencido”. Así nos han enseñado siempre nuestro pasado. Desde la óptica del derrotismo. “Se perdió en la mesa de negociaciones lo que se ganó en el campo de batalla”. ¿Qué se perdió, lo que nunca tuvimos? ¿Qué se le entregó al vencido si fue él quien terminó perdiendo todo? Se trató de un triunfo militar y diplomático impresionante. El Brasil nació a la vida independiente en 1822, con la Provincia Cisplatina incorporada a su territorio y para más, dominando el Río de la Plata y los ríos interiores (Uruguay y Paraná), sin mencionar su proyección sobre el Atlántico. Los portugueses habían invadido la banda Oriental en 1818 incentivados por los argentinos y los ganaderos uruguayos, muchos de los cuales estuvieron de acuerdo con la anexión. Al finalizar la guerra, perdió todo eso. ¿Dónde está la derrota en la mesa de negociaciones? Fue un triunfo inmenso para un país pobre, quebrado, desarmado, sin industria, en permanente guerra interna y despoblado como la Argentina. ¿Qué pretendían Levene y los demás habladores, hacernos creer que Buenos Aires podía hablar de igual igual con Francia e Inglaterra, que se nos escuchara, que se nos entregara el territorio oriental que habíamos tenido que evacuar en 1815 por presión de las fuerzas artiguistas, para peor, saqueando Montevideo? ¿Me quieren hacer creer que los uruguayos, después que le hicimos la vida imposible a Artigas, querían ser argentinos?, Por favor. Derrotamos en el campo de batalla a un imperio poderoso, con un ejército inmenso y bien pertrechado, reforzado por regimientos prusianos, la flota más grande de América y todas a su favor. Nosotros, que disponíamos de unas fuerzas mil veces más reducidas a las que, para peor, no podíamos abastecer. Dejemos de repetir como loros el casette que nos metieron en los tiempos escolares (Alberto. pechemiel@gmail.com).

 

3 Comentarios

  1. Alberto

    Dios mio, los argentinos haciendo historia somos patéticos. Fíjense nomás la imbecilidad que escribió Levene: “En verdad, esta Convención era un sarcasmo. El país había triunfado en las acciones de mar y tierra y terminaba la guerra, entregándole todo al vencido”. Así nos han enseñado siempre nuestro pasado. Desde la óptica del derrotismo. “Se perdió en la mesa de negociaciones lo que se ganó en el campo de batalla”. ¿Qué se perdió, lo que nunca tuvimos? ¿Qué se le entregó al vencido si fue él quien terminó perdiendo todo? Se trató de un triunfo militar y diplomático impresionante. El Brasil nació a la vida independiente en 1822, con la Provincia Cisplatina incorporada a su territorio y para más, dominando el Río de la Plata y los ríos interiores (Uruguay y Paraná), sin mencionar su proyección sobre el Atlántico. Los portugueses habían invadido la banda Oriental en 1818 incentivados por los argentinos y los ganaderos uruguayos, muchos de los cuales estuvieron de acuerdo con la anexión. Al finalizar la guerra, perdió todo eso. ¿Dónde está la derrota en la mesa de negociaciones? Fue un triunfo inmenso para un país pobre, quebrado, desarmado, sin industria, en permanente guerra interna y despoblado como la Argentina. ¿Qué pretendían Levene y los demás habladores, hacernos creer que Buenos Aires podía hablar de igual igual con Francia e Inglaterra, que se nos escuchara, que se nos entregara el territorio oriental que habíamos tenido que evacuar en 1815 por presión de las fuerzas artiguistas, para peor, saqueando Montevideo? ¿Me quieren hacer creer que los uruguayos, después que le hicimos la vida imposible a Artigas, querían ser argentinos?, Por favor. Derrotamos en el campo de batalla a un imperio poderoso, con un ejército inmenso y bien pertrechado, reforzado por regimientos prusianos, la flota más grande de América y todas a su favor. Nosotros, que disponíamos de unas fuerzas mil veces más reducidas a las que, para peor, no podíamos abastecer. Dejemos de repetir como loros el casette que nos metieron en los tiempos escolares.

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    1. Horacio (Publicaciones Autor)

      De inmediato agrego su comentario a nuestro texto. Gracias por su colaboración.

      Responder
  2. Johana

    Cual seria el conflicto de esto…

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