GOBIERNOS DE JUAN MANUEL DE ROSAS (1829/1832 y 1835/1852)

El período de luchas que se inició luego del fusilamiento de MANUEL DORREGO y que prosiguió durante el interinato de JUAN JOSÉ VIAMONTE, concluyó al ocupar el poder JUAN MANUEL DE ROSAS. Este indiscutido caudillo popular, había hecho de la vida en la campaña su escuela política. Allí fue el jefe supremo, el más hábil, el más trabajador y también el más enérgico, el más duro e inflexible. Cuando interpretó que los unitarios desconocían los intereses de la campaña, se instaló como el heredero de DORREGO y levantó la bandera del federalismo, pero como una simple mística, al solo efecto de lograr el apoyo de las mayorías populares. Espíritu autoritario, amante del orden y de los gobiernos fuertes, estaba persuadido de que las autonomías provinciales, le impedirían controlar el país bajo su autoridad. En los largos años que duró su gobierno, prefirió no organizar a la República y continuar con un régimen provisorio, pues juzgaba prematuro establecer un orden constitucional. Consiguió la adhesión de la masa popular (que no entendía a teóricos e intelectuales) y llevó a la práctica un gobierno primitivo, adaptado a las exigencias del medio. Fue laborioso y honrado en el manejo de los negocios públicos y defendió la soberanía nacional contra repetidos ataques extranjeros.

Primer gobierno de Juan Manuel de Rosas. El 8 de diciembre de 1829 y en medio de un gran entusiasmo, Juan Manuel de Rosas se hizo cargo del gobierno de la provincia de Buenos Aires y asumió el mando en uso de las “facultades extraordinarias” que le habían sido otorgadas. En 1830, la Legislatura le otorgó el título de “Restaurador de las Leyes” y así comenzó una historia que finalizará 23 años después, precisamente el febrero de 1852, cuando cae derrotado por Urquiza en la batalla de Caseros. Durante el transcurso de su primer gobierno, el país no estaba organizado como una nación, sino que las provincias mantenían fuertes diferencias entre si y los caudillos pugnaban cada uno por los intereses particulares de sus territorios, librando feroces combates que ensangrentaron estas tierras. Algunos de ellos, en representación de Córdoba, Santiago del Estero, Catamarca, La Rioja, San Juan, San Luis, Tucumán, Salta y Mendoza,  habían conformado la “Liga Unitaria”, mientras que por otro lado, las provincias de Buenos Aires, Santa Fe, Entre Ríos y Corrientes, adhirieron al llamado “Pacto Federal”, confirmando así que nadie supiera definir el camino que conduciría a la paz y a la organización nacional.

Desde el principio de su gobierno Rosas declaró enemigo al partido unitario y utilizó la famosa divisa: “El que no está conmigo, está contra mí” para atacarlos, por lo que puso a su favor a los burgueses, conservadores y reaccionarios, a los católicos, a los gauchos descontentos, a los indios, a la plebe urbana y a parte de la población rural. Rosas apareció como un restaurador, debido a la actitud de desprecio, de violación de derechos que habían dado los anteriores gobiernos. En su contra aparecieron los unitarios, los jóvenes ilustrados, los liberales, los militares y viejos patricios de la revolución. Su gobierno era centralista, respetuoso de los señores feudales siempre y cuando estos le estuviesen sometidos. Dispuso varias medidas contra los unitarios integrantes de la  ”liga unitaria” que firmaron el “Pacto Federal” en 1831. Controló severamente los gastos públicos y conjugó el déficit del erario que había encontrado al asumir. Exigió la incorporación de los extranjeros al ejército nacional y reglamentó las atribuciones de los Jueces.

En el orden de las relaciones internacionales, nombró a Manuel Moreno a cargo de la representación diplomática ante el gobierno de Gran Bretaña, a Carlos María de Alvear ante el gobierno de los Estados Unidos y a Eugenio Santa Coloma ante el gobierno de Francia. Tenía un criterio proteccionista antieuropeo, de un nacionalismo estrecho, y reacio a los cambios y a lo extranjero. Su primera medida en el gobierno, de hecho, fue suprimir la libertad de prensa y adueñarse de ella. Sin embargo este primer periodo fue solo una imagen de lo que sería su segundo gobierno, ya que hasta aquí, Rosas no tenía experiencia verdadera en la política. Así es que en 1832 Rosas impide que la Comisión Representativa convoque a un Congreso general para organizar la república. La idea de Rosas era que el país no estaba en condiciones de entrar en una organización general; debía mantenerse la unión de las provincias sólo con el Pacto Federal. “Debemos existir y después organizarnos”, era su argumento.

Cumplido su mandato, en mayo de 1832, al parecer disgustado por la posición expresada por algunos de sus partidarios, que se oponían a que se le concedieran los poderes extraordinarios que había exigido para continuar en el gobierno de la provincia de Buenos Aires,  Rosas renunció ante la Legislatura, actitud, que aunque parecía sincera, era en realidad una astuta jugada política, que decidió, al tomar conciencia del rechazo que había provocado en la ciudadanía (aún entre sus seguidores), el poder absoluto que detentaba. Este problema había dividido el Partido Federal, pues un grupo minoritario de tendencia moderada (más tarde apodado “los lomos negros), se resistía a conceder nuevamente esas facultades. Después de largas y acaloradas discusiones, con quienes, fieles y enfervorizados adictos, exigían que se los renovara, triunfó el criterio de los moderados y la Legislatura dispuso reelegir a Rosas, que había finalizado su período legal de gobierno, pero sin otorgarle los poderes absolutos que se le habían adjudicado. Disgustado con esta determinación, Rosas rechazó el nombramiento y luego se dirigió al sur, empeñado en la Campaña al Desierto que iba a comandar Facundo Quiroga.

Ante esta situación, el 17 de diciembre  de 1832, la Legislatura de Buenos Aires eligió para reemplazarlo al general JUAN RAMÓN BALCARCE, pero éste se mostró poco dispuesto a aceptar las directivas que los rosistas, aún enquistados en el poder, querían imponerle, lo que aumentó aún más, el disenso existente entre los federales, enfrentados por la cuestión de los poderes dictatoriales que le habían sido otorgados a Rosas en 1829.

El 28 de enero de 1833 ROSAS fue designado jefe de una de las columnas de las fuerzas que al mando de FACUNDO QUIROGA debían dirigirse al sur de la provincia de Buenos Aires, para poner término a la angustiante situación de las pobladores de esos territorios, permanentemente atacados por los indígenas que asaltaban sus propiedades, saqueaban y robaban el ganado. ROSAS, cuyas relaciones con BALCARCE, su sucesor como Gobernador de Buenos Aires, eran cada día que pasaba, más frías y distantes, debió alejarse entonces temporariamente de Buenos Aires y  mientras se vio obligado a permanecer  lejos de la ciudad, se agravó aún más la división que existía entre dos grupos de federales enfrentados.

A fines de abril de 1833, con motivo del llamado a elecciones para elegir disputados, surgieron dos listas: la propiciada por los “cismáticos” (también llamados “lomos negros”), que eran los federales moderados liderados por BALCARCE y los “federales netos”, (también conocidos como “los apostólicos”), que eran los más duros y fieles seguidores de Rosas. El triunfo correspondió a los primeros, lo que originó una gran tensión política y la renuncia de algunos diputados federales netos, por lo que a mediados de junio, se realizó un nuevo comicio, a fin de llenar las vacantes producidas, pero otra vez, a causa de los tumultos que se produjeron, el gobierno lo suspendió, cuando los “apostólicos” llevaban ventaja.

ROSAS se hallaba en plena “Campaña al Desierto” y era su esposa Encarnación la encargada de manejar los asuntos políticos de su marido y en eso estaba, cuando se produjo “la Revolución de los Restauradores”, obligando a que el 3 de noviembre de 1833, la Legislatura dispusiera el relevo del general Balcarce (1), nombrando en su reemplazo al general JUAN JOSÉ VIAMONTE (ver “La revolución de los Restauradores” en Crónicas).

VIAMONTE asumió interinamente el gobierno de la provincia de Buenos Aires, el 4 de noviembre de 1833 y no tardó en quedar sometido al control de los rosistas, quienes censuraron su actuación y se aprestaron a la lucha por el poder. Estos “federales netos”, organizados en pandillas, atemorizaban a los pobladores de Buenos Aires y descargaban sus armas de fuego contra las viviendas de los “cismáticos”, muchos de los cuales, decidieron emigrar, mayoritariamente hacia la Banda Oriental. A fines de 1833, bajo la inspiración de Encarnación Ezcurra (la esposa de Rosas), con el objeto de organizar los actos de adhesión a Rosas y disuadir cualquier tipo de disenso, fue creada la “Sociedad Popular Restauradora” (conocida como “la mazorca”, porque ésta era su símbolo, ya que el marlo y sus granos, significaban la unión de sus integrantes). Al principio, la integraron hombres pertenecientes a distintas clases sociales, algunos hasta miembros de distinguidas familias porteñas, pero luego se transformó en una organización terrorista y represiva, cuando empezaron a incorporarse a sus filas, individuos pendencieros y fanáticos.

Expresando su impotencia para gobernar el 27 de junio de 1834, el doctor Viamonte renuncia a la gobernación de Buenos Aires en medio de una irresistible presión restauradora (pro rosista). Cuando Rosas regresó a Buenos Aires, luego de concluída su Campaña al Desierto, la trágica muerte de Facundo Quiroga (16 de febrero de 1835), había producido una  gran consternación popular. Los federales acusaron a los unitarios del asesinato y afirmaron que el episodio era el comienzo de un plan destinado a eliminar a las autoridades constituídas. Finalmente, tras un paso fugaz de TOMÁS MANUEL DE ANCHORENA, de NICOLÁS ANCHORENA y de MANUEL VICENTE MAZA por el gobierno, el 7 de marzo de 1835 la Legislatura aceptó la renuncia presentada por el doctor Maza y nombró en su reemplazo al brigadier general Juan Manuel de Rosas para el cargo de gobernador y capitán general de la provincia de Buenos Aires y por medio de una Ley, le confirió “la suma del poder público de la provincia, por todo el tiempo que a su juicio fuere necesario, sin más condiciones que las de defender la religión Católica Apostólica Romana y la causa nacional de la Federación, que han proclamado todos los pueblos de la República”.

Rosas demoró unos días en responder y luego, consciente del extraordinario poder que se le otorgaba, pidió a modo de garantía, que tanto la Legislatura como los ciudadanos “expresen su voto precisa y categóricamente sobre ele particular” El criterio fue aceptado y luego de tres días de plebiscito, (se realizó entre el 26 y el 28 de marzo de ese año), resultó que 9.320 ciudadanos sufragaron en favor de la Ley y sólo ocho en contra. Seguidamente, la Legislatura procedió a la discusión relativa a la suma del poder público y puesto el temario a votación, treinta y seis diputados votaron a favor de la ley y solamente cuatro lo hicieron en contra. Cuando la Legislatura le comunicó estos resultados a Rosas, le aclaró que no se había consultado a los pobladores de la campaña, porque se descontaba, “por actos muy repetidos y testimonios inequívocos”, que ´éstos adherían por unanimidad. Cumplidas ambas formalidades impuestas por Rosas, éste aceptó el nombramiento y el 13 de abril de 1835, por segunda vez, asumió formalmente el gobierno de la provincia de Buenos Aires.

Segundo gobierno de Rosas..
El 13 de abril de 1835, los porteños, en masa, asistieron a los actos celebratorios de la ascensión de JUAN MANUEL DE ROSAS al Gobierno de Buenos Aires, por segunda vez. Las calles por donde pasó Rosas con su comitiva, desde la Casa de Representantes hasta el Fuerte, estaban ornamentadas con grandes colgaduras de damasco rojo, mantones, cortinas y colchas que pendían de todas las puertas, ventanas y balcones. Los postes estaban cubiertos de guirnaldas de laurel y de sauce, el suelo de la calzada alfombrado de rojo. La plaza, la pirámide de Mayo y la Recova circundante cubiertas con trofeos de lienzo pintado, emblemas, figuras e inscripciones laudatorias al gobernante. En la esquina del Cabildo histórico se había erigido un arco de triunfo, en cuyo centro una pira simbolizaba el fuego y la pureza del amor de los buenos federales a su “Libertador y Padre”.

Fue su gobierno un espejo donde se reflejaron la violencia y el desorden que caracterizaron a esa etapa nefasta de nuestra historia, ensangrentada por las luchas fratricidas que inspiró los más descabellados proyectos egemónicos promovidos por caudillos, caciques y capitanejos aborígenes e intrigantes profesionales. La policía, el ejército, la prensa y las masas estaban decididamente a su favor y tras formar su propio “Partido Restaurador Apostólico”, y con el apoyo de la Sociedad Popular Restauradora, conocida como “La mazorca”, que aterrorizaba a sus adversarios unitarios, comenzó a erigirse en dueño absoluto del poder. Formó alianzas con los líderes de las demás provincias argentinas, logrando el control del comercio y de los asuntos exteriores de la Confederación y quizás, fue en el ámbito de la política exterior, donde Rosas, durante éste, su segundo gobierno, marcó su impronta, poniendo énfasis en la defensa de la soberanía nacional en todos sus aspectos  y particularmente contra la agresión extranjera y es hoy evidente que los problemas surgidos con dos grandes potencias europeas de esa época: Francia e Inglaterra, se debieron en gran parte a la actividad de los “unitarios” exilados en el Uruguay, quienes procuraron obtener la ayuda de estas naciones, para derribar a Rosas.

ROSAS ocupó el cargo desde 1835 hasta 1852, largo período en que aplicó sistemáticamente su anunciado propósito de castigar a todos aquellos que se oponían a su voluntad. Había aceptado el gobierno, luego de que sus conciudadanos le otorgaran la suma del poder y desde un principio, hizo pública la dura misión que debería cumplir. El gobierno de Rosas fue la consecuencia del proceso de descomposición social que siguió a la anarquía. El elemento popular y autóctono, en su mayoría pobre e inculto, fue privilegiado por los caudillos en defensa del federalismo y la tradición, contra una minoría autocrática y liberal de tendencia europea, que trataba de imponer los principios unitarios. Las dos fuerzas que impulsaron los acontecimientos de la Argentina, desde 1810, hicieron crisis después del fusilamiento de Manuel Dorrego, el legítimo gobernador de la provincia de Buenos Aires. Los unitarios y los federales, ya puesto de manifiesto su encono durante el gobierno de Rivadavia, desatan una mutua violencia y engendran la dictadura de Rosas, una resultante de un proceso anárquico que marca un tiempo funesto en nuestra Historia.

La política exterior de Rosas se caracterizó por la defensa de la soberanía nacional en todos sus aspectos y particularmente contra la agresión extranjera. Es evidente que los problemas surgidos con dos grandes potencias europeas (Francia e Inglaterra), se debieron en gran parte a la actividad de los unitarios exiliados en el Uruguay, quienes procuraron obtener la ayuda de dichas naciones para derribar a Rosas. En enero de 1833, Inglaterra ocupó nuestras Islas Malvinas y el gobernador de ese entonces, Balcarce y luego Rosas, elevaron enérgicas notas de protesta ante el gobierno inglés, sin lograr respuesta alguna. En mayo de 1837, Rosas, de acuerdo con el gobierno de Chile, le declaró la guerra  a la “Confederación Peruano-Boliviana”, cuyo ambicioso presidente, el mariscal Santa Cruz, había atacado la provincia de Jujuy y su política exterior “amenazaba la independencia de las repúblicas americanas” (1).

Durante el gobierno de Rosas, Buenos Aires y el litoral argentino sobre el río de la Plata, fueron bloqueados dos veces por naves extranjeras. El primer asedio lo efectuaron naves francesas y se prolongó desde marzo de 1838 hasta octubre de 1840 (ver “Bloqueo francés” en Crónicas). El segundo estuvo a cargo de una poderosa flota anglo-francesa, desde setiembre de 1845 hasta julio de 1847, fecha en la que Inglaterra retiró sus efectivos, dejando a las naves francesas para que continuaran con el asedio hasta junio de 1848. Las intervenciones de Francia e Inglaterra en nuestros problemas internos, motivó que el general San Martín, desde su ostracismo en Francia, censurara la actitud de dichas potencias (ver “San Martín felicita a Rosas por su defensa de la soberanía argentina ante el ataque anglo-francés” en Crónicas)

Rosas y el ataque ingles a las Islas Malvinas. En enero de 1833 Inglaterra ocupó nuestras Islas Malvinas y entonces, el gobernador Balcarce y más tarde Rosas enviaron enérgicas protestas al gobierno inglés sin obtener nunca una respuesta satisfactoria a sus demandas.

Conflicto con la Confederación “Peruano-Boliviana”. En mayo de 1837, ROSAS, de acuerdo con el gobierno Chileno, le declaró la guerra a la Confederación Peruano-Boliviana, cuyo ambicioso jefe, el mariscal  SANTA CRUZ, había atacado la provincia de Jujuy y su política exterior “amenazaba la independencia de estas repúblicas americanas”.

El bloqueo francés. La causa inmediata del primer bloqueo Francés se debió a la aplicación de una antigüa Ley de nuestra legislación, que obligaba a los extranjeros a incorporarse a las milicias,  a lo que se opuso Francia, alegando que esa ley no siempre era aplicada y que al hacerlo con los residentes franceses, se cometía un acto discriminatorio. Las relaciones con el gobierno galo empeoraron cuando Rosas ordenó poner en prisión, acusándolo de conspirador, al ciudadano francés HIPÓLITO BACLE y la reacción francesa no se hizo esperar. El 28 de marzo de 1838, el almirante francés LEBLANC declaró el bloqueo de Buenos Aires. Contemporáneamente con estos sucesos, en el mes de diciembre de ese año, se concertó una alianza defensiva y ofensiva entre el encargado de negocios francés en Montevideo (un tal MARTIGUY), el gobernador uruguayo FRUCTUOSO RIVERA y el gobernador de la provincia de Corrientes (BERÓN DE ASTRADA), propiciado por los exiliados argentinos antirosistas, con el fin de derrocar a Juan Manuel de Rosas, pero el plan les fracasó debido a las derrotas militares que estaban sufriendo los unitarios a manos de los federales.

El bloqueo anglo-francés.Después de ordenarle al general MANUEL ORIBE el sitio de Montevideo en febrero de 1843 (ver “El sitio de Montevideo dispuesto por Juan Manuel de Rosas” en Crónicas), Rosas declaró el bloqueo de dicho puerto y cerrada la navegación para las naves extranjeras, por los ríos Paraná y Uruguay. Teniendo a la vista estas medidas que afectaban grandemente sus posibilidades de éxito en la guerra que mantenía con el gobernador de Buenos Aires, el gobernador de Montevideo, FRUCTUOSO RIVERA y los argentinos unitarios exilados en el Uruguay solicitaron la ayuda militar a los gobiernos de Francia e Inglaterra, quienes nombraron a los comisionados DEFFAUDIS y OUSELEY para presentarle a ROSAS una serie de exigencias que fueron rotundamente rechazadas por éste. Fracasada su gestión, ambos diplomáticos, en nombre de sus respectivos gobiernos, declararon el bloqueo del puerto de Buenos Aires (1845). Ante la certeza de que las naves europeas remontarían el Paraná, desobedeciendo lo dispuesto por Rosas, éste dispuso fortificar la orilla derecha del río, al norte de la provincia de Buenos Aires, en un paraje conocido como “La vuelta de Obligado”. El 20 de noviembre de 1845, once naves con bandera de Francia e Inglaterra forzaron el paso y luego de un violento combate, siguieron remontando el río hacia el norte, buscando llegar al Paraguay con fines comerciales (ver “Combate de “La vuelta de Obligado” en Crónicas). A principios de 1846 llegaron a Buenos Aires, nuevos mediadores enviados por las naciones agresoras: MANUEL HOOD y JUAN HOWDEN venían en representación de Inglaterra y ALEJANDRO WALESKY en representación de Francia, y como resultado de esta gestión, Inglaterra dispuso levantar el bloqueo el 15 de julio de 1847, quedando en consecuencia solamente las naves francesas para continuar en su actitud hostil hasta, el 16 de junio de 1848, fecha en la que también se retiraron.

Rosas y el combate de la Vuelta de Obligado. 20 de noviembre de 1845). En la Vuelta de Obligado, cerca de San Pedro, provincia de Buenos Aires, el general LUCIO V. MANSILLA con sus jefes de batería ALVARO ALZOGARAY, EDUARDO BROWN (hijo del Almirante), FELIPE PALACIO y JUAN BAUTISTA THORNE escribieron la más bella historia de nuestra armas en defensa de su soberanía. En 1845, Francia e Inglaterra comenzaron una acción combinada política, económica y militar tendiente a realizar un libre comercio en la Cuenca del Plata y frente a ese propósito, se reveló un sentimiento nacional por encima de toda disidencia. El gobierno de JUAN MANUEL DE ROSAS, ante tamaño acto de irrespeto hacia nuestra soberanía, sustentando principios internacionales entonces en boga y que establecían que los ríos internos eran propiedad del Estado, dispone romper relaciones con Inglaterra y Francia y encomienda  al General LUCIO V. MANSILLA defender con los medios disponibles la soberanía de las aguas territoriales argentinas. En la medida de sus fuerzas, el general Mansilla cumplió las órdenes y en la Vuelta de Obligado, cerca de San Pedro, provincia de Buenos Aires, el ilustre guerrero recordó que había aprendido con SAN MARTÍN, que a falta de medios, había que poner coraje e ingenio y allí fue cuando el heroísmo y el ingenio, entraron en la leyenda.  Fue una lucha tremenda, un escenario que ofreció escenas de un increíble heroísmo por parte de sus protagonistas criollos, que si bien terminó en la derrota de nuestras tropas, deja para la memoria, la inclaudicable decisión de no arriar jamás las banderas de nuestra soberanía y el decidido empeño de un gobernante, en este caso, JUAN MANUEL DE ROSAS, que hizo defender con honor,  el derecho a no doblegarse ante intereses extraños a los de la Nación. “Esta contienda es, en mi opinión, de tanta trascendencia como la de nuestra emancipación de España”, escribiría luego desde “Grand Bour”, el general SAN MARTÍN (ver “Combate La vuelta de Obligado” en Acciones de Armas” en Temas Puntuales)

Rosas firma la paz con los franceses. El 31 de agosto de 1850, JUAN MANUEL DE ROSAS, firmó con el representante del gobierno francés, una Convención de Paz, conocida con el nombre “ARANA-LE PREDOUR” (algunos autores los llaman “Tratado Arana-Mackau”). Francia se comprometía a desalojar la isla Martín García, a levantar el bloqueo impuesto en el estado oriental, tal como lo había hecho con el bloqueo a las costas argentinas el 16 de junio de 1848 y reconocía la soberanía de la Confederación Argentina sobre la navegación interior del río Paraná, sometida a sus leyes y reglamentos y de igual modo en forma conjunta con el estado oriental sobre el río Uruguay. Se acordó también el saludo al pabellón argentino con salvas de 21 cañonazos por parte de las naves que arribaran a nuestros puertos. (Adolfo SALDÍAS, “Historia de la Confederación Argentina”, Tº 3, pag. 282). Es necesario destacar con respecto a este Tratado que el mismo se firmó a los catorce días del fallecimiento del general SAN MARTÍN y que seguramente la carta que el Libertador le escribió al Ministro francés VINEAU y la que dirigida a DICKSON, fue reproducida en La Presse, de París (Francia),  tuvieron influencia decisiva en este resultado. La actitud del general San Martín, espontánea y patriótica, posiblemente le fue insinuada por la muerte repentina de MANUEL DE SARRATEA en la ciudad de Limoges (Francia), que representaba los intereses de la Confederación en Francia; convirtiéndose así el prócer en el verdadero defensor de nuestra patria, favorecida esta actitud por la estima de que disfrutaba en todas las altas esferas de la política francesa, no sólo por el inmenso prestigio que le redituaba su admirable obra libertadora en el Continente Americano, sino por su conducta personal en Francia, a través de cuatro lustros de vida intachable.

Rosas y su relación con el Brasil. En julio de 1844 llegan a Río de Janeiro noticias de que el acuerdo entre Francia y Gran Bretaña marcha viento en popa. Esperando concretar la alianza anglo-francesa-brasileña contra la Confederación Argentina, el Brasil retoma su política agresiva contra Rosas. Un experimentado diplomático, MIGUEL DU PIN E ALMEIDA, vizconde de Abrantes, antiguo canciller de PEDRO I, es designado comisionado ante las cortes de Londres y París. Sus instrucciones están fechadas el 23 de agosto y dicen: “A su paso por París y Londres informará sobre las ambiciones de ROSAS que pretende anexarse el Estado Oriental. Se mostrará conforme con la libre navegación del Plata y sus afluentes y concertará la participación brasileña en la empresa”. ABERDEEN, el ministro de Relaciones Exteriores inglés, lo recibe el 22 de octubre en Londres con todos los honores, pero no responde nada ante la sugerencia de intervención conjunta, y pide un memorándum que explique lo que desea el Brasil de Inglaterra. El 11 de noviembre el vizconde de ABRANTES le entrega un documento donde reseña largamente la cuestión cisplatina y recalca los perjuicios de la guerra “devastadora” llevada por Rosas a Montevideo con “grandes inconvenientes”, no sólo para los intereses humanitarios, sino para los comerciales “tan ligados a los progresos de la civilización” y que “deben mover a los gobiernos cristianos a librar al mundo de semejante monstruo”.

Aberdeen guarda el largo memorándum sin leerlo y en forma chocante manifiesta al brasileño que “debería respetarse el derecho de los estados independientes a guerrear entre sí”. El vizconde se desconcierta ante esta salida, ignorando que proviene de los informes del representante británico en Río, que acaba de comunicar que los brasileños se muestran reacios a prorrogar el tratado de comercio con Gran Bretaña y a reprimir el tráfico de esclavos. En la tercera entrevista, que se lleva a cabo el 18, ABERDEEN señala sarcásticamente que le parece difícil una intervención conjunta con el Brasil, pues éste no tiene con Inglaterra “un perfecto estado de inteligencia”. ABRANTES, dolido, inquiere si eso significa el rechazo de la propuesta y Aberdeen lo consuela diciéndole que no hay tal rechazo, pero el 26 le comunica por escrito que le trasmita a su gobierno que, “en principio, Gran Bretaña estaría dispuesta a entenderse”, pero no antes de “tratar de remover todo o cualquier motivo de desinteligencia.

Gestiones en Francia.El 22 de diciembre, ABRANTES entrevista a GUIZOT, primer ministro francés, en París. Nada hay en contra de la participación brasileña, pero cuando se habla de intervención conjunta, GUIZOT quiere saber si “ROSAS se llamaría a razón”,  sólo con que los gobiernos de Francia, Brasil e Inglaterra a manifestaran sus intenciones. Abrantes aconseja “prepararse para lo peor”. Pero GUIZOT no quiere emplear tropas en una aventura en la que no tiene nada que ganar. Podría “cooperar con fuerzas navales… llegar al extremo de una guerra marítima, pero ningún ejército inglés ni francés se emplearía por tierra”. A principios de enero llega a París WILLIAM GORE OUSELEY para decidir a GUIZOT a intervenir en el Plata. ABRANTES visita al inglés el 9 de enero y éste le confirma que la expedición será solamente naval y sólo para amedrentar a ROSAS. ABRANTES protesta, reiterando lo que ha dicho a GUIZOT: en esas condiciones, el Brasil sería “el único en recibir la animosidad e indignación de los argentinos”; ROSAS y ORIBE se podrían aliar a los rebeldes riograndenses y poner en peligro –o en aprietos, por lo menos­ al imperio. OUSELEY trasmite esto a COWLEY, embajador inglés en París y GUIZOT invita a una cena el 13 de enero. Asisten COWLEY, ABRANTES, OUSELEY, MACKAU y el barón de DE LURDE.

MACKAU no considera prudente la lucha abierta contra Buenos Aires, pero, ya que está decidida la intervención, cree que una demostración naval bastaría para levantar el sitio de Montevideo. COWLEY es terminante: Inglaterra “no empleará otros medios que los marítimos” recordando los fracasados desembarcos de 1806 y 1807. ABRANTES cree que para doblegar a ROSAS hay que estar dispuesto a todo y emplear medios eficaces, o mejor será dejar las cosas como están. Para OUSELEY no es suficiente la demostración naval. Será necesaria una guerra con auxiliares criollos como en 1838; apoyados al oeste del Paraná por el ejército brasileño mientras los europeos, con fuerzas navales, garantizarían la independencia de la República Oriental, Paraguay, Entre Ríos y Corrientes, permitiendo la libre navegación de los ríos “que eran los objetos de la intervención”.

Un plan rechazado. Esa misma noche, ABRANTES informa a su gobierno: ese plan entraña gravísimos peligros para el Brasil que recibirá todo el embate de ROSAS si los auxiliares criollos fracasan. El 31 de enero, GUIZOT confirma oficialmente la invitación al Brasil y expone los tres propósitos públicos de la intervención: 1) Defender la independencia oriental contra ORIBE, “aliado del general ROSAS”; 2) Defender la independencia del Paraguay contra Rosas, “que se obstina en no reconocerla”, 3) Acabar con las guerras en el Plata “tan fatales para el comercio como desastrosas para la causa de la humanidad”. El 6 de febrero, ABRANTES informa reservadamente a Río los propósitos secretos: 1) Convertir a Montevideo en “factoría comercial para las naciones marítimas”. 2) Obligar a la “libre navegación” del Plata y sus afluentes; 3) Independizar Entre Ríos y Corrientes “si sus habitantes lo quisiesen”; 4) Fijar los límites del Estado Oriental, Paraguay y el nuevo Estado de la Mesopotamia “con prescindencia del Brasil”. 5) Conservar el estado de cosas en el resto de la Confederación “,si Rosas accediera a la razón sin recurrir a las armas” o diese libertad de comercio. En caso contrario, levantar contra él los auxiliares suficientes para obrar apoyados por las fuerzas navales y poner en Buenos Aires un gobierno “que dé muestras de amistad hacia Europa”. ABRANTES no está de acuerdo en una intervención concebida de tal modo. No es conveniente para el Brasil, que vería establecerse en el Estado Oriental, Mesopotamia argentina y Paraguay poderes más fuertes que los de la Confederación y por eso aconseja al gabinete brasileño no entrar en la intervención y, si aún es posible, buscar nuevamente la amistad de Rosas.

Rosas expulsa nuevamente a los jesuitas. El 9 de agosto de 1836 llegaron a Buenos Aires, procedentes de Europa, seis religiosos de la Compañía de Jesús a quienes tanto el gobierno como la población tributan cálida acogida. Días más tarde, el 26 de agosto, un decreto de ROSAS dispone el restablecimiento de la Compañía de Jesús “tan respetable entre nosotros por los imponderables servicios que hizo en otro tiempo a la religión y al Estado”. Se produce así en América del Sur, la primera revocación de la pragmática de Carlos III que había dispuesto su expulsión en 1767. El 7 de diciembre de 1836 los padres jesuitas son autorizados para abrir “aulas públicas de gramática latina, y después, cuando puedan y lo indiquen las circunstancias, enseñar la lengua griega y la retórica, poner Escuelas de primeras letras para varones y establecer cátedras de filosofía, teología. cánones, derecho natural y de gentes, derecho civil y derecho público eclesiástico, como también de matemáticas”. Al maestro mayor de la ciudad, arquitecto SANTOS SARTORIO, se le encarga de “la compostura y aseo de las piezas en que hayan de situarse dichas aulas” y al rector de la Universidad, se le ordena facilitar “todos los trastos, muebles y utensilios que haya de más en el establecimiento de su cargo, y que no haciendo allí falta, puedan ser útiles al servicio de dichas aulas”.

Pronto resulta evidente que los jesuitas, cuyo número se eleva rápidamente a 39, no mantienen cordiales relaciones con Rosas, por pretender quedar al margen de la propaganda federal. Rosas ha logrado que en todas las parroquias y funciones religiosas se predique en favor de los federales. El propio obispo exige a los párrocos que impidan el acceso a los templos de los fieles que no ostenten el distintivo federal. Pero los jesuitas no usan la divisa en el Colegio, ni prohiben que los alumnos vistan prendas de colores “unitarios”, es decir, celestes o verdes. Una carta de NICOLÁS MARINO, fechada el 4 de setiembre de 1841,  refleja el sentir rosista sobre !a conducta de los jesuítas. “Estos padres, que todo lo deben a nuestro Ilustre Restaurador de las Leyes, han creído poder cubrir con el ropaje de su hipocresía la ingratitud de su conducta y la perversidad de sus hechos. Pero se han precipitado en un funesto error. Los conocemos ya los federales. Son unos salvajes unitarios, tanto más alevosos cuanto que profanan la religión y la virtud, haciéndolas servir a su deslealtad y asquerosa codicia.” El 4 de octubre de 1841 comienza a oírse por las calles de Buenos Aires: “Mueran los jesuitas salvajes unitarios ingratos’”. Alarmado, el padre MARIANO BERDUGO, Rector del colegio, aloja a los sacerdotes en varias casas amigas y les concede asueto a los alumnos, que pronto dejan de concurrir definitivamente al establecimiento  por disposición de sus padres.

Ante la hostilidad, creciente, el padre BERDUGO se oculta en la ciudad y el 20 de octubre huye a Montevideo. Esta fuga complica aún más las cosas. Finalmente, en marzo de 1843,  el jefe de policía, BERNARDO VICTORICA, dispone la expulsión de los padres no secularizados. Sólo dos, FRANCISCO MAJESTÉ e ILDEFONSO GARCÍA, permanecen en Buenos Aires. (1) ver “Instrucciones del Obispo Mariano al cura vicario de Santos Lugares” en “Crónicas”).

Rosas se enoja con San Martín de Tours. El 31 de julio de 1839, JUAN MANUEL DE ROSAS decidió quitarle el patronazgo de la ciudad de Buenos Aires a San Martín de Tours. El bloqueo francés al puerto de Buenos Aires enardecía los espíritus patrióticos. El pretexto de la potencia agresora era reclamar para sus súbditos el mismo trato preferencial que Rosas reconocía a los británicos, a quienes, por ejemplo, relevaba de la obligación de incorporarse a las filas de sus ejércitos. Además, en la Banda Oriental del general FRUCTUOSO RIVERA y de los exiliados unitarios, se habían radicado tantos vascofranceses que Francia consideraba a Montevideo, casi como una colonia que era necesario proteger de ROSAS y de ORIBE. Por otra parte, la importancia de las potencias se medía entonces por la presencia militar más allá de las fronteras y los franceses habían estado demasiado ausentes, de tierras sudamericanas, a diferencia de España o de Inglaterra. El odio contra el invasor crecía en la población. Alguien recordó entonces que Tours era ciudad de Francia. No tardó mucho el Restaurador en dictar el decreto correspondiente y  obediente al reclamo de sus obsecuentes, el 31 de julio de 1839 dicta un decreto que dice: “”¡Viva la Santa Confederación Argentina, mueran los salvajes unitarios!”. Buenos Aires, 31 de julio de 1839, año 30 de la Libertad, 24 de la Independencia y 15 de la Confederación. “El gobierno, considerando que esta ciudad fue puesta desde su fundación bajo la protección de un francés, San Martín, natural de Tours, quien no ha sabido hasta la fecha librar a esta ciudad de las fiebres periódicas, escarlatinas, ni de las secas y epidemias continuas que en diferentes épocas han arruinado nuestra campaña, nuestras cosechas y nuestros ganados, ni de las extraordinarias crecientes de nuestro río que destruyen casi anualmente una cantidad de obras y monumentos de la ciudad que se encuentran sobre la costa”.

“Que la viruela acaba de desaparecer a causa del descubrimiento de la vacuna, sin que el patrono por su parte haya jamás hecho el menor esfuerzo para librarnos de esa terrible calamidad”. “Que para combatir las invasiones de los indios en la frontera, para sostener las guerras civiles y extranjeras que nos han sobrevenido, hemos tenido que recurrir en el primer caso a la Santa Virgen de Luján. en el segundo a la Virgen del Rosario y la Merced y también a Santa Clara Virgen, con cuyo único consuelo hemos podido triunfar, mientras que nuestro patrono, el francés, permanecía indiferente en el cielo sin ayudarnos en lo más mínimo como era su deber. “En vista de los motivos expuestos venimos en decretar y decretamos: Artículo 1o) El francés unitario San Martín de Tours, que ha sido hasta hoy el patrón de esta ciudad, habiendo perdido la confianza del pueblo y del gobierno, abandonado por sus compatriotas, por el traidor Rivera y demás salvajes unitarios, es destituido para siempre del empleo de patrón de Buenos Aires”. Los demás artículos eran de forma. Cuando Rosas cayó, San Martín de Tours fue restituido en su sitio (copiado de un texto de Mario O’Donnell).

Acotemos que existen indicios (nunca confirmados ni desmentidos) que tal Decreto nunca existió y que todo esto, sólo fue una maniobra muy bien orquetada por los “unitarios”, para desprestigiarlo y ponerlo en ridículo.,

Rosas expresa su pesar ante la negativa de San Martín para hacerse cargo de la embajada argentina en el Perú. El 16 de enero de 1840, el Ministro FELIPE ARANA contestó al general SAN MARTÍN diciéndole que el gobernador JUAN MANUEL DE ROSAS había valorado debidamente los fundamentos de la renuncia que le había enviado por intermedio de su carta del 30 de octubre del año anterior, “y con grave pesar se ve en el deber de admitir la renuncia que vuestra señoría hace del alto cargo que le encomendó Su excelencia a su elevado saber y acreditado patriotismo, teniendo en vista las importantísimas bienes que de tan acertada elección resultaban a ambas repúblicas y a las demás del. Continente americano”. Y terminaba la nota con estas palabras: “Últimamente, su excelencia ha ordenado al infrascripto, manifieste a vuestra señoría, que al paso que siente intensamente no se hayan conseguido los vitales objetos que se propuso en el nombramiento de vuestra señoría para su ministro plenipotenciario en la República del Perú, se ha complacido en observar y acepta con la más grata complacencia, la buena voluntad, el vivo deseo de acierto y la lealtad más pura con que vuestra señoría se ofrece en servicio de la Confederación Argentina, que con orgullo lo cuenta entre sus hijos predilectos”.

Un horror que duró dos años (1842)
En abril de 1842 se desencadenó en Buenos Aires, una de las oleadas más sangrientas de terror, en la se dirimieron viejos odios y sed de venganzas personales, que fueron  más allá de todo lo imaginable. Para denunciar esta violencia desatada por “la mazorca”, PASCUALA BELÁUSTEGUI, esposa de FELIPE ARANA, el 16 de abril de 1842, le escribió a TOMÁS GUIDO lo siguiente: “Las reuniones federales que usted ha visto aquí, son tortas y pan pintado para las que hay ahora. El exterminio de los “salvajes unitarios”, es lo único que ya se oye como único remedio a la terminación de la guerra, pues ya han desesperado de que la moderación pueda jamás convencerlos”. El propio ROSAS tuvo que frenar los excesos de su “cuerpo de policía y para ello, el 19 de abril, su edecán MANUEL CORVALÁN transmitió una circular dirigida a personajes de primera fila de las huestes federales: el coronel JOAQUÍN M. RAMIRO, el general MARIANO B. ROLÓN, el coronel CIRÍACO CUITIÑO, el sargento mayor JOSÉ N ABONA, el jefe de policía BENJAMÍN VICTORICA y el comandante PEDRO GIMENO. Se les comunicaba que el gobernador había visto con profundo desagrado los escandalosos asesinatos que se habían cometido.

Los degüellos de prisioneros y de sospechosos de ser unitarios entre  1840-1842 fueron registrados, en parte, en la instrucción del proceso criminal que se inició contra Rosas y los miembros de la “mazorca”, después de Caseros. Durante la indagatoria a que fue sometido CIRÍACO CUITIÑO declaró “que la orden de degollar al coronel FRANCISCO LYNCH, a ISIDRO OLÍDEN, a MESSON, etcétera, la recibió su secuaz PARRA del mismo gobernador ROSAS, verbalmente. Que, luego de ejecutada, pasaron él y PARRA a la casa de gobierno, y que quedándose el declarante en el patio, entró PARRA adentro a dar cuenta al gobernador ROSAS del cumplimiento de la orden. Que PARRA repartió quinientos pesos a cada vigilante (degolladores) y a él le entregó mil pesos que le mandaba ROSAS. Que en su cuartel se han fusilado hombres que mandaba el gobierno; que degollados fueron JUAN PEDRO VARANGOT, y JOSÉ M. DUPUY, compadre de sacramentos del declarante y un indio que se mató a bolazos, mientras estaba puesto en el cepo”.

Rosas felicita a San Martín por el nombramiento de su yerno Mariano Balcarce en la legación de París. El 1º de enero de 1849, el Gobernador y capitán general de Buenos Aires JUAN MANUEL DE ROSAS le contestó al general JOSÉ DE SAN MARTÍN su carta del 2 de noviembre del año anterior: “En el nombramiento que el Gobierno ha hecho de su hijo político para oficial de la Legación Argentina en París, sólo ha sido guiado del íntimo deseo de manifestarle a usted el vivo aprecio que hace de sus inmarcesibles servicios a la patria, y los honorables antecedentes de su digno hijo. Si este acto de justicia ha sido acogido por usted con tanto agradecimiento, para mí no ha sido menor la satisfacción el haber podido demostrarle el distinguido aprecio que de usted hago, así como de su digna familia. Pero es bien entendido que en la distinción hecha a MARIANO BALCARCE, asignándole un puesto en la Legación Argentina en París, no puede comprenderse la idea de separarle un apoyo con que usted cuenta en su bien sensible situación, ni quitarle el auxilio de su persona, que tanto lo requiere su interesante salud. Puede usted estar seguro que si llegase el caso de tener usted que separarse de ese país, don Mariano Balcarce lo acompañará, y desde ahora lo autorizo para que así lo haga, bastando para ello que usted muestre esta carta al señor MANUEL DE SARRATEA, Ministro plenipotenciario en París.”

Rosas y la guerra del Paraguay. Al estallar la guerra del Paraguay, JUAN MANUEL DE ROSAS vivía exiliado en Gran Bretaña. El 26 de abril de 1865 el diario de BARTOLOMÉ MITRE “La Nación Argentina”, publica una nota titulada “Un aliado formidable”,  en la que, el periodista, asombrado de que ROSAS se declarara resueltamente aliado del Paraguay, expresa : “S. E. el ilustre restaurador, se sirve relinchar desde lejos a su no menos Excelencia, el mariscal SOLANO LÓPEZ”. El diario porteño publica también una carta que Rosas enviara anónimamente a la redacción, con el objeto —decía su remitente— “de que el diario “La Nación Argentina” no falsee la historia del gobierno de ROSAS respecto del Paraguay, como lo hizo en su número del 20 de abril, haciendo el cotejo de ROSAS y el presidente del Paraguay”. La carta de Rosas estaba fechada en Southampton, el  4 de diciembre de 1864 y en ella, ROSAS niega haber sido enemigo del doctor FRANCIA y de CARLOS ANTONIO LÓPEZ. Con respecto al primero dice que “si no se hubiera muerto S. E. el Dictador, yo hubiera conseguido hablar con él; algo habíamos de haber acordado de la mayor importancia”. También ROSAS se refiere a la visita que le había hecho el general FRANCISCO SOLANO LÓPEZ en Inglaterra, hacia 1854, y añade: “De S. E. el actual Sr. Presidente, jamás he sido desafecto. Lo he mirado y lo miro y considero con bien distinguida estimación. Quizás llegue o acaso no esté lejos, el día en que el Gobierno Paraguayo y los paraguayos todos, se hagan cargo de mi defensa y el tiempo en que yo les sea útil en aquélla, en ésas o en estas Naciones”. Comentando el suelto del diario “La Nación Argentina” sobre la posición de Rosas con respecto al Paraguay en guerra, JUAN BAUTISTA ALBERDI diría en carta a MÁXIMO TERRERO, del 21 de mayo: “Que el general ROSAS se felicite de los ataques que le dirige el diario “La Nación Argentina” del 26 de abril por sus nobles simpatías al Paraguay”. Cuatro años después, ROSAS dejará un nuevo testimonio de esas simpatías. El 17 de febrero de 1869, en momentos en que el mariscal LÓPEZ comenzaba su marcha desesperada hacia los confines del nordeste paraguayo, el antiguo jefe de la Confederación Argentina escribía desde Southampton a su amigo JOSÉ MARÍA ROXAS Y PATRÓN: “Por mi parte he registrado en mi testamento la siguiente cláusula, entre otras adicionales. “Su Excelencia el Generalísimo, Capitán General  JOSÉ DE SAN MARTÍN, me honró con la siguiente Manda: “La espada que me acompañó en toda la guerra de la Independencia, será entregada al Gral. Rosas, por la firmeza y sabiduría, con que ha sostenido los derechos de mi patria”. “Y yo Juan M. Ortiz de Rosas, a su ejemplo, dispongo que mi albacea entregue a Su Excelencia, el Señor Gran Mariscal, Presidente de la República Paraguaya y Generalísimo de sus Ejércitos, la espada diplomática y militar, que me acompañó durante me fue posible sostener esos derechos; por la firmeza y sabiduría con que ha sostenido y sigue sosteniendo los derechos de su Patria, el equilibrio, entre las Repúblicas del Plata, el Paraguay y el Brasil.”

Rosas y la instrucción pública. En 1832, JUAN MANUEL DE ROSAS, en un mensaje a la Legislatura informa sobre el problema de la instrucción pública en “dos renglones”. En el año 1835, expresa que las escuelas para varones debían “ser costeadas, en adelante, con lo que produzca el ramo de corrales en cada pueblo” y dicta un decreto que imponía a los preceptores la obligación de jurar adhesión y fidelidad a su persona y a la santa causa federal, como requisito previo al ejercicio de la docencia. Dispone que los escolares vistan “en lo sucesivo trajes de listado que no tenga nada de celeste ni de verde; esclavina punzó y moño también punzó al lado izquierdo de la cabeza, bien grande y en todo tiempo”. En 1837, hace saber a la Junta de Representantes que la educación para las niñas era de orden “religiosa, federal, industrial y modesta”. En el mensaje de 1838 anuncia que el gobierno había suprimido “la dotación de los preceptores de educación primaria” y le hace saber a la Sociedad de Beneficencia que las alumnas deben costear su educación y “que la que no entregase la suma que le fuera asignada sea despedida”.  Además, añade, que “si no se reuniese la cantidad necesaria, cese la escuela o escuelas”. En los mensajes de los años 1840 y 1841, informa “que el gobierno había retirado los subsidios destinados a la conservación de los establecimientos de caridad, de beneficencia y de educación de ambos sexos”. En 1842 dicta un decreto que disponía que los establecimientos de enseñanza sólo debían recibir a los niños cuyos padres se hallaban prestando “servicios federales de la causa nacional”. Dispuso también que la policía averiguara “el color político y la calidad federal” de los maestros. En los años subsiguientes las referencias a esa importante rama del gobierno se limitan “a una o dos frases”; en las de 1844 y 1845 no se hace mención de la instrucción pública. En el mensaje de 1846 informa que la enseñanza elemental debe ajustarse “a la santa religión del Estado” y “a la sagrada causa nacional de la Confederación”, demostrando en los años siguientes hasta 1852, la más absoluta indiferencia por el progreso de la instrucción popular.

En materia de estudios superiores, Rosas siguió una política semejante. Clausuró el Colegio de Ciencias Morales de Buenos Aires, de enseñanza preuniversitaria; creado en 1823, en la época de Rivadavia, argumentando “que no correspondían sus ventajas a las erogaciones que causa ni a los fines que motivaron su fundación”. En 1835 suprimió el consejo directivo de la Universidad y disminuyó su personal docente y administrativo. Hizo saber a su rector que al gobierno le era imposible abonar los sueldos y demás gastos del establecimiento y al mismo tiempo le indicaba que los catedráticos debían exigir a los padres de los universitarios, el pago de una cuota destinada a sufragar los haberes del profesorado, los sueldos del personal administrativo y los gastos generales. Se advertía finalmente a dichas autoridades, la obligación de despedir a los alumnos que no satisficieran esas exigencias. Quedaba al arbitrio del gobierno la clausura de la Universidad, si ésta no lograba reunir los fondos para sostenerse. En 1838 Rosas comunicó a la Junta de Representantes que el “déficit de las rentas obligó al gobierno a suprimir la dotación de las cátedras que no fuesen sostenidas por los alumnos”.

Rosas y el asesinato de Facundo Quiroga.  El 3 de marzo de 1835 Rosas recibe la noticia del asesinato de FACUNDO QUIROGA en Barranca Yaco y la impresión que ese hecho causó en su espíritu, está claramente expuesta en la carta que ese día, le escribió al capataz de una de sus estancias, donde luego de encargarle la entrega de unos animales, le dice: “El señor DORREGO fue fusilado en Navarro por los unitarios. El general VILLAFAÑE, compañero del general Quiroga, lo fue en su tránsito de Chile para Mendoza por los mismos. El general Latorre lo ha sido a lanza después de rendido y preso en la cárcel de Salta, sin darle un minuto de tiempo para que se dispusiera, lo mismo que al general AGUILERA que corrió igual suerte. El general QUIROGA fue degollado en su tránsito de regreso para ésta el 16 del pasado último Febrero, 13 leguas antes de llegar a Córdoba. Esta misma suerte corrió el coronel JOSÉ SANTOS ORTIZ, y toda la comitiva que en número de 16,  escapando sólo el correo que venía y un ordenanza que fugaron entre la espesura del monte. ¡Qué tal!. He conocido o no el verdadero estado de esta tierra? ¡Pero ni esto ha de ser bastante para los hombres de las luces y los principios! ¡Miserables! ¡Y yo, insensato que me metí con semejantes botarates!. Ya lo verán ahora. El sacudimiento será espantoso y la sangre argentina correrá en porciones. Siempre deseando la salud de Ud. como su afectísimo patrón. Juan Manuel de Rosas.”.

Resuelto a no dejar impune el crimen de Barranca Yaco, Rosas hace que todos los inculpados sean conducidos a Buenos Aires. Así es como llegan a Buenos Aires, para ser juzgados como presuntos autores del crimen, el gobernador de Córdoba, JOSÉ ANTONIO REYNAFÉ, con dos de sus hermanos y el capitán Santos Pérez con los demás soldados de la partida que comandaba en esa ocasión, además de algunos otros importantes funcionarios del gobierno de Córdoba. ROSAS se preocupó porque el juicio se ajuste estrictamente a las normas legales. Los acusados pueden ejercer el derecho de defensa y elegir abogados. Se respetarán los procedimientos jurídicos: declaraciones, pruebas, plazos y alegatos. Rosas, haciendo uso de las facultades extraordinarias que le han sido concedidas por la Legislatura, nombra juez especial a MANUEL VICENTE MAZA y se reserva el derecho de fallar en última instancia. El abogado de los Reynafé, el  doctor GAMBOA, en el transcurso del proceso, impugna las facultades de Rosas y del juez comisionado, Vicente Maza, para entender en la causa. En su alegato señala entre otras objeciones, que los acusados debían ser juzgados por una ley que perteneciera a un sistema constitucional y que dicha constitución no existía. Esta declaración significa, de hecho, un abierto desconocimiento de la autoridad de Rosas, quien por decisión de la Legislatura, refrendada por plebiscito popular, se hallaba investido de la suma del poder público y, por lo tanto, facultado para dictar leyes y firmar sentencias prescindiendo de los organismos legislativos y judiciales. Gamboa no se limita a plantear este alegato, sino que además solicita al gobierno que se le permita publicarlo en la prensa, separándolo del expediente del proceso. La reacción de Rosas es inmediata y colérica.

El 17 de octubre de 1836, dicta una orden a MANUEL CORVALÁN, su edecán general, en la cual —después de señalar “que sólo un atrevido, insolente, pícaro, impío, logista y unitario ha podido cometer el avance de interrumpir las altas y delicadas atenciones del Gobierno con semejante tan sin fortuna y atrevida solicitud”—, dispone que “en pena de su descarada insolencia, en el acto subraye,  por su propia mano, uno por uno todos los renglones de su atrevida representación”. Además. ROSAS resuelve aplicar a GAMBOA el siguiente castigo: “Primero: Que hasta nueva resolución superior, no debe salir a más distancia que veinte cuadras de la plaza de la Victoria. Segundo: Que no debe ejercer su oficio de abogado, ni hacer escrito alguno de ninguna laya por más simple e inocente que sea. Tercero: Que no debe cargar la divisa federal, ni ponerse, ni usar, ni en público ni en privado, los colores federales. Cuarto: Que por cualquier infracción de las tres prevenciones anteriores será paseado por las calles de Buenos Aires en un burro celeste y castigado además según el tamaño de la falta. Quinto: Que si tratase de fugar del país, luego que sea aprehendido será inmediatamente fusilado“. Como principal fundamento de esta orden, ROSAS declara que: “   sólo un hombre a quien los decretos de la Divina providencia, han colocado en la senda de su fin funesto,  ha podido pedir a la suprema autoridad,  el permiso de una publicación separada de la causa, como si la justicia de la opinión pública,  tuviera una sola oreja para oir y juzgar los delitos de los unitarios, por las obras de defensas en su favor, o que en el país existiese la ley del embudo, dándole lo ancho para ellos y lo angosto para los federales y el orden social”. Al año siguiente, ROSAS hace publicar en un volumen “La Causa Criminal seguida contra los asesinos de Quiroga”. En el volumen está incluido, en su totalidad, el alegato de Gamboa, junto con las demás piezas documentales del proceso (ver).

 (1) El gobernador Balcarce ordenó que se diera a lugar un juicio al periódico “El Restaurador de las leyes”, por lo que se empapeló Buenos Aires con carteles que anunciaban el proceso al “Restaurador de las leyes”. Y la gente de los suburbios pensó que el juicio era a Rosas, ya que también se lo conocía con ese nombre. Y al iniciarse la audiencia se produjo un enorme alboroto que terminó con el sitio de la ciudad por parte del general Pinedo, adherido a la protesta.

Bibliografía consultada: “Rosas y su tiempo”, José  María Ramos Mejía, Editorial La Cultura Argentina, Buenos Aires, 1907; “Historia Argentina”, José María Rosa, Juan C. Granda Editor, Buenos Aires, 1963; “Vidas argentinas”, Octavio Amadeo, 7.ª edición, Editorial Cimera, Buenos Aires, 1945; “Historia Política y Constitucional Argentina”, Romero Carranza, Rodríguez Varela Ventura, Editorial Círculo Militar, 1992; “Unitarismo, federalismo, rosismo”, Enrique M. Barba, Ediciones Pannedille, Buenos Aires, 1972; “Historia de Rosas”, Manuel Bilbao, Ediciones Anaconda, Buenos Aires; “La santa federación”, Andrés Carretero, Editorial La Bastilla, Buenos Aires, 1984; “La dictadura de Rosas”, Mariano A. Pelliza, Editorial La Cultura Argentina, 1917; “Juan Manuel de Rosas”Carlos Ibarguren, Ediciones Frontispicio, Buenos Aires, 1948; “Vida de Juan Manuel de Rosas”, Manuel Gálvez, Editorial Tor, Buenos Aires, 1943; “Juan Manuel de Rosas”, John Lynch, EMECE, 1984; “32 escritores con Rosas o contra Rosas”, Editorial Freeland, 1974; “Vindicación y memorias de don Antonino Reyes, sobre la vida y la época de Juan Manuel de Rosas”, Manuel Bilbao, 1974; “Juan Manuel de Rosas, el maldito de nuestra historia oficial”, Mario O’Donell, Editorial Planeta, Buenos Aires, 2001; “Encarnación Ezcurra y los restauradores”, María Sáenz Quesada, Revista Todo es Historia, número 34; “Del fracaso unitario al triunfo federal”, Hugo Galmarini, Editorial La Bastilla, Buenos Aires, 1984; “Juan Manuel de Rosas”, Félix Luna, Editorial Planeta, Buenos Aires, 1999; “San Martín y Rosas”, Mario César Gras, Buenos Aires, 1948; Revista “Todo es Historia”; artículos varios;  “Contribución al esclarecimiento de episodios relacionados con la vida y actos del general Juan Manuel de Rosas, Bartolomé Descalzo, Instituto Nacional Sanmartiniano, 1949;“El nacionalismo de Rosas”, Roberto de Laferrere, Editorial Haz, Buenos Aires, 1953

26 Comentarios

  1. Horacio (Publicaciones Autor)

    Señorita Carla Saravia: Imagino que los símbolos que nos envió, representan malas palabras que usted querría proferir para mostrar su desacuerdo con el contenido de nuestro comentario acerca de “Los gobiernos de Juan Manuel de Rosas” y al respecto queremos decirle que nos sería más útil a nosotros y a nuestros usuarios, saber qué es lo que a usted le parece que está mal, para corregirlo si ello cuadra. El texto que usted rechaza es una transcripción de textos publicados en numerosos libros de Historia, en gran cantidad de publicaciones periodísticas y en la opinión de muchos historiadores. Sabemos que la Historia que se cuenta, no siempre es reflejo de la realidad. Sabemos que las ideologías dominantes tienen grandes recursos para tergiversarla y anatematizarla, por eso, en el caso de temas tan sensibles de nuestro pasado, como lo es la personalidad del general Juan Manuel de Rosas, hemos tratado de ser prudentes y no embarcarnos en el bando de los críticos ni en el de los panegirístas. Soy un convencido de la exactitud de lo dicho por Ortega y Gasset y me adhiero al acerto de que “el hombre es el hombre y sus circunstancias”, por lo que muy lejos está de mi, criticar o ensalzar algo que sucedió fuera de mi contemponareidad, porque desconozco las circunstancias que obligaron a tal o cual actitud Creo que los hombres de nuestra Historia merecen nuestro respeto por lo que hicieron bien y no nuestras críticas solamente por lo que hicieron mal. Por eso, le agradeceré que en lugar de malas palabras, nos envíe datos (y fuentes que los confirmen), que demuestren que lo que nosotros escribimos no es verdad, porque no merecemos insultos por lo que escribimos, sino ayuda para hacerlo bien.

    Responder
  2. Ayelen

    Muy clara la información, gracias por la ayuda

    Responder
  3. Roberto Madero

    No estoy seguro de estar dirigiendome al autor de la breve historia o a un usuario. Se trata de un favor pero puede ser util para muchos si se lo expande. Tiene usted idea durante que periodos Anchorena fue ministro de Rosas?

    Responder
    1. Horacio (Publicaciones Autor)

      Señor Roberto Madero: Nos da mucho gusto poder satisfacer su inquietud acerca de la participación del doctor Manuel Anchorena en el gobierno de Juan Manuel de Rosas. Aquí consignamos esa información sucinta con todos los datos que tenemos al respecto y lo invitamos a que lea la Biografía completa del doctor Anchorena, que tenemos instalada en nuestra página en la sección “Personajes”.

      “En 1829 fue Diputado ante la Legislatura de la provincia de Buenos Aires y actuó al frente del grupo federal que apoyaba a su pariente, JUAN MANUEL DE ROSAS. En 1830 integró la Cámara de Apelaciones y a fines de ese año, fue nombrado Ministro de Relaciones Exteriores.y en ese carácter, el 4 de enero de 1831, suscribió el Pacto Federal. En 1832, enfermo de gravedad, se retiró de toda actividad pública aduciendo problemas de salud. En 1834 la Sala de Representantes le ofreció el cargo de Gobernador y Capitán General de la provincia de Buenos Aires, pero no lo aceptó y se retiró de la vida pública. Dedicado a sus actividades privadas como exitoso abogado, integró varias comisiones  como miembro de la Junta de Teólogos, canonistas y juristas, encargada de dictaminar sobre asuntos eclesiásticos.  Fue uno de los Directores argentinos del Banco fundado con fondos ingleses. Falleció en Buenos Aires el 29 de abril de 1847 y ROSAS dispuso Decreto que se le dispensaran altos honores fúnebres.  Una calle de la ciudad recuerda su nombre y en el Museo Histórico Nacional se conserva su retrato al óleo. Espero haberle sido útil.

      Responder
  4. Lucila

    Hola

    Responder
  5. George Albadr

    Pero en las conclusiones no se identifica al 100% la identidad de este personaje.

    Responder
    1. Horacio (Publicaciones Autor)

      Señor George: Nosotros exponemos los hechos y las circunstancias. No juzgamos ni emitimos juicios de valor, ni etiquetamos. Hay mucha bibliografía donde se trata el tema que a usted le interesa y no nos creemos capaces de superar la información y el aporte de datos que ellos ofrecen. Espero que en alguno de esos libros pueda usted satisfacer su inquietud (que por otra parte, somos muchos los argentinos que aún la compartimos). Con mis atentos saludos. Horacio.

      Responder
  6. pic-19

    Hey! Marvelous content! I enjoy the way you referred to GOBIERNOS
    DE JUAN MANUEL DE ROSAS (1829/1832 y 1835/1852) .

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    Responder
  7. maria cristina aparicio

    yo soy bisnieta del coronel amaro mercàu ,que partisipo en la conquista del desierto,estaba casado con la hermana de lisandro de la torre,no puedo encontrar documentacion a mi bis abuelo ,dicho por mi abuela le pagaban con tierras,y a los soldados tambien ,pero ellos no querian tierras ,entonse mi bis y otros mas le compraban las tierras ,señores las tierras de mi bis abuelo que heredo mi abuela se las quedo un tal pepe mercàu sobrino de mi bis abuelo ,yo vivo en bs as alquilando soy juvilada y no me quieren ,debolver una parte ya que somos bisnietos somos 6 no les pedimos todo solo para vivir y no pagar alquiler,gracias
    los tataranietos que tienen las tierras se llaman jose y carlos mercàu,viven en merlo san luis,gracias nuevamente dios los bendiga!!!!!!!!!!!!

    Responder
    1. Anónimo

      Uuu, bueno que puedas seguir adelante y q recuperes

      Responder
  8. pablito el del clavito

    hola wenas me sirvio de mucho gracias

    Responder
  9. Lara

    Q pidió rosas a la provincia de Bs as en la segunda guerra mundial ??

    Responder
    1. Anónimo

      fecha de muerte de rosas:1877
      inicio de 2da guerra mundial:1939

      Responder
  10. Anónimo

    ¿Cómo era el trato en el gobierno de Rosas?

    Responder
  11. Amaia

    holi
    gracias me sirvió muco la información.

    Responder
  12. Amaia

    perdón era mucho no muco

    Responder
  13. Anónimo

    15812852
    44

    Responder
  14. Anónimo

    no me sirvioooooooooooooooooooooooooooooooooo

    Responder
  15. Anónimo

    en algún momento nombra en qué circustancias rosas tiene que asumir el cargo de gobernador?
    si es así por favor me gustaría que me lo aclaren, me ayudaría mucho, gracias y buen trabajo¡

    Responder
    1. Horacio (Publicaciones Autor)

      Señor Anónimo: Respondiendo a su solicitud, he abierto un enlace externo de mi página con un texto que quizás le de las respuestas que busca, si no las encuentra en mi trabajo. El enlace está al final del artículo y se llama “monografías.com. Espero haberle sido útil.

      Responder
  16. valeria

    Estimado ud podría ayudarme y decirme cuáles fueron los puntos mas importantes de la política exterior del federalismo?

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    1. Horacio (Publicaciones Autor)

      Señorita Valeria: Nosotros no somos historiadores. Somos simplemente buscadores de datos que nos permitan dejar constancia de los hechos, personajes y circunstancias que forman parte e nuestra Historia. Por ello, solamente puedo acercarle una opinión personal, sin emitir juicio de valor alguno, acerca de lo más trascendente de la política exterior de JUAN MANUEL DE ROSAS y creo que en ese sentido, debemos consignar: su acertada decisión de nombrar Ministro de Relaciones Exteriores a FELIPE ARANA (abril de 1835), de destacada actuación, principalmente en los comienzos de su gestión, manejando la relación del gobierno con la Iglesia; su rechazo a la invasión de la Confederación peruano-boliviana incitada por el dictador boliviano ANDRÉS DE SANTA CRUZ (mayo de 1837); Su prescindencia en el movimiento libertario del Paraguay, demostrada cuando se le confirmó oficialmente la Declaración de su Independencia, oportunidad en la que expresó que “no estaba en condiciones de reconocer ni desconocer tal declaración”, sin olvidar de que nunca dejó de intentar la incorporación del Paraguay a la Confederación, aunque haciéndolo siempre por medios diplomáticos (a veces cohercitivos), pero sin llegar jamás a la confrontación por las armas; su participación en la Guerra Grande (marzo de 1839) y su relación estratégica con MANUEL ORIBE; nunca tuvo problemas con Chile, a pesar que desde ese país, muchos unitarios allí refugiados lo atacaron con mucho vigor; sus relaciones con Brasil siempre fueron muy malas, pero nunca se llegó a la guerra, aunque es historia conocida el enojo del imperio, por los perjuicios que ROSAS le había traído a su comercio, debido al sitio que en 1843 le había impuesto a Montevideo. Puede haber otras referencias a este mismo tema, pero como las ignoro, siempre estamos abiertos a la colaboración de nuestros usuarios para incorporarlas a nuestra página.

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  17. juana bertran

    es una buena fuente la verdad q me sirvió mucho. muchas gracias

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  18. Milu

    Muy buen trabajo con lo de Juan Manuel de Rosa y ami se me iso fácil. La imbestigacioneta y encontrar al toque

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    1. Anónimo

      MIS OJOSSS… TODAVIA NO LO LEO PERO SE ME DA QUE ES MUY EXTENSO

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  19. Anónimo

    me encanta me sirvio mucho por que tenia que hacer un afiche para mi escuela y esta informacion me ayudo e todo yo le doy un excellent

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