FORMA DE GOBIERNO

FORMA DE GOBIERNO. CUÁL ADOPTAR?. El Congreso General Constituyente reunido en la ciudad de Tucumán, luego de que sus integrantes prestaran el debido juramento, el 6 de julio de 1816, se abocaron al tratamiento de uno de los temas fundamentales del plan de trabajo contenido en la convocatoria, que se refería a la forma de gobierno que se adoptaría. Reunidos en sesión secreta ese mismo día, comenzaron escuchando las palabras de Manuel Belgrano, que se explayó sobre las ideas que predominaban en Europa y del “concepto que ante las naciones de aquella parte del globo, se habían formado de las Provincias Unidas y que es lo que de ellas se podía esperar para su protección”. Manifestó que las luchas internas no habían impresionado favorablemente y en mate- ria de gobierno, sostuvo la conveniencia de establecer una monarquía temperada (es decir constitucional), —como la de Inglaterra— representada por la dinastía de los Incas, para establecer un Estado con capital en el Cuzco. El 12 de julio, el diputado Manuel de Acevedo propuso discutir sobre tablas la forma de gobierno que debería adoptarse y anticipó su opinión, de que debería apoyarse la idea de Belgrano y restablecer la monarquía incaica, expresiones que generaron un intenso debate que se prolongó durante dos días. La discusión sobre el tema se precipitó en la sesión del 15 de julio, con una manifiesta tendencia monárquica, pues la idea de una monarquía, contaba con el apoyo de buena parte de los congresales e inclusive, de figuras del relieve de San Martín, Pueyrredón y Güemes, aunque estos últimos, la consideraban un medio y no un fin. Escribe el historiador Bartolomé Mitre a este respecto: “Bien que San Martin aceptara la monarquía como solución de oportunidad, y aun se inclinase a ella, como medio de constituír un gobierno fuerte y estable para triunfar de la España. Más cauto que Belgrano y tan juicioso como Pueyrredón, no hacía ostentación de sus opiniones, ni aún trataba de imponerlas a sus amigos. Así se ve que los diputados de Cuyo, que obraban bajo su inspiración, opinaron, unos en contra y otros en pro de la monarquía. Ante esta embestida de los “monárquicos”, durante la sesión del 15 de julio. el diputado fray Santa María de Oro, sostuvo que antes de expedirse sobre el asunto en debate “era preciso consultar previamente a los pueblos” y en caso de aceptarse el sistema monárquico, sin haberse recurrido antes a ese requisito, se le permitiese retirarse del Congreso. Joaquín B. González nos esos momentos diciendo: “… en la sesión del 15 de julio, y mientras se discutía la base quinta de las deliberaciones del Congreso, — sobre la forma de gobierno más adaptable al estado del país y más conveniente para hacer prosperar las Provincias Unidas, — cuando tomó la palabra el diputado Santa María de Oro, exponiendo que “para proceder a declarar-la forma de gobierno, era preciso consultar previamente a los pueblos”… y que en caso de procederse, sin aquel requisito, a adoptar el sistema monárquico (como lo habían propuesto otros diputados), a que veía inclinados los votos de los representantes, se le permitiese retirarse del Congreso, declarando ante quien debía verificar la renuncia de su empleo. “Se le contestó detenidamente por algunos señores diputados y no cediendo a sus convencimientos, el Presidente dio por terminada la sesión de ese día (1). Reiniciadas las sesiones, el 6 de agosto, el diputado Tomás Anchorena sostuvo que la “federación de provincias”, era la única forma de gobierno que conciliaría todas las diferencias de opiniones que se habían vertido hasta ese momento, generando esta posición que se ahondaran aún las diferencias existentes. Más tarde escribiría una carta diciendo: “educados todos bajo el sistema monárquico, los hombres de más saber, opinaban que en estos países de América, era imposible formar gobiernos estables y bien ordenados, bajo puras formas democráticas”, y que “lo que es insoportable y ruinoso, no es la monarquía, sino el absolutismo”. Pero “no todos los hombres de buen saber, eran monárquicos” como dijera Anchorena, y aunque el proyecto que proponía una monarquía incaica, fue definitivamente desechado, no se llegó a ninguna conclusión con respecto a la forma de gobierno que debería adoptarse. La polémica encontró eco en los periódicos. El altoperuano Vicente Pazos Silva a través de “La crónica argentina”, se mostró acérrimo defensor del sistema republicano y ridiculizó el proyecto de una monarquía incaica. Por su parte, Manuel Antonio de Castro, a través de “El observador americano”, bregó por el restablecimiento de una monarquía atemperada, por lo que se suscitó una polémica entre ellos Si bien el Congreso desarrolló sus actividades en base a una unidad de criterios, que se apoyaba en el común deseo de un país organizado, fue evidente que la mayoría de los congresales eran partidarios de establecer una forma monárquica de gobierno, es decir organizar el país, sobre la base de un poder centralizado, en controversia con los que pretendían el predominio de las provincias Por eso, las divergencias sobre la forma de gobierno que dividieron a los diputados, permite distinguir varias tendencias: los “monarquistas”, que sostenían la dinastía incaica, incaica o bien la candidatura de un príncipe portugués y los “republicanos”, divididos a su vez en “unitarios” (defensores del centralismo porteño) y “federales”, o partidarios de las autonomías provinciales, encabezados por los representantes de la provincia de Córdoba. Después, los congresales se trasladarán a Buenos Aires y la decisión sobre la forma de gobierno a adoptar, será tomada por los congresales que después de nueve meses de intensos debates, el 20 de abril de 1819, aprobaron el texto de la Constitución de 1819. (1) En el informe que el diputado Oro envió al Cabildo de San Juan, consta que calificó de “incompatible” el establecimiento de una monarquía y al oponerse a ella (son sus palabras), “creo seguir la opinión y voluntad de mi pueblo”. Por eso, cuando se dice, que a fray Justo de Santa María de Oro se le debe el establecimiento de la República (en vez de la monarquía), se expresa una irrefutable verdad histórica.”

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