FEDERALIZACIÓN DE LA CIUDAD DE BUENOS (20/09/1880)

La Federalización de la ciudad de Buenos Aires, aprobada en 1880, puso fin al histórico problema que fue la causa de tantas guerras civiles que enlutaron nuestra patria y completó la estructura como Nación organizada de la República Argentina y aseguró la unión de todos sus estados provinciales e intereses. Desde entonces, ninguna revolución a vuelto a constituir una amenaza de desintegración interna, el mayor problema durante los primeros sesenta años de independencia.  Ya en la década de 1820, Rivadavia había insistido en la federalización de la ciudad de Buenos Aires (como parte de su deseo de lograr una autoridad fuertemente centralizada), pero su propuesta recibió una oposición tan violenta por parte de los federales de la provincia de Buenos Aires liderados por MANUEL DORREGO y MANUEL MORENO, considerados entonces por los caudillos de otras provincias como los defensores de los derechos autónomos de la totalidad de aquéllas), que fracasó por completo.

Durante el período de ROSAS, Buenos Aires se mantuvo en su condición de capital de la provincia del mismo nombre, y sirvió como capital nacional, sólo mientras el gobernador (Rosas) llevaba a cabo funciones de carácter nacional, delegadas en su persona por los demás gobernadores provinciales. A todos los fines prácticos, no obstante, Buenos Aires continuó siendo la capital nacional. Después de la caída de Rosas, en la década de 1852-1862, durante la cual la provincia de Buenos Aires se mantuvo apartada de la Confederación Argentina, existieron dos capitales: Buenos Aires para la provincia del mismo nombre y Paraná para la Confederación. En vísperas de la reunificación de todas las provincias, conforme con las modificaciones realizadas en 1860, a la Constitución de 1853,  adoptada por la Confederación de Urquiza, el asunto de la capital surgió con fuerza, tornándose  en objeto de una seria y acalorada discusión. No existía otra alternativa realmente satisfactoria para Buenos Aires.

La federalización de esa ciudad recibió nuevamente una oposición tan violenta por parte de esta provincia, que, en interés de la paz y el progreso nacional, se decidió postergar el tratamiento del tema, acordando que Buenos Aires pasaría a ser la capital nacional por un período de cinco años, transcurrido el cual, el asunto, volvería a discutirse. El 6 de julio de 1880, el Senador por Santa Fe, MANUEL DÍDIMO PIZARRO, presentó al Congreso Nacional, el que fue el primer proyecto de Ley, mediante el cual se declara Capital de la República, al Municipio de la ciudad de Buenos Aires. Pero AVELLANEDA permanece aferrado a la idea de conservar la Legislatura provincial “tejedorista”, actitud que sólo pudo explicarse por el pacto establecido con el vicegobernador JOSÉ MARÍA MORENO.

En 1880, durante una acalorada campaña presidencial que enfrentaba  al Gobernador de Buenos Aires, CARLOS TEJEDOR y al candidato oficial, JULIO A. ROCA, pareció inminente el estallido de una guerra civil provocado por este mismo tema. Tejedor invocó la Ley del acuerdo y desalojó al gobierno de AVELLANEDA, que se retiró al suburbio de Belgrano. Determinado el Ejecutivo Nacional a acabar con la presión que con frecuencia ejercía el gobierno de la poderosa y rica provincia de Buenos Aires sobre el gobierno nacional, el 24 de agosto de 1880, después de que el Congreso rechazara su renuncia, el Presidente AVELLANEDA envía a las Cámaras el Proyecto por el cual se convierte al municipio porteño, en Capital de la República, previa cobformidad de la Legislatura Provincial.

El 20 de septiembre de 1880, el Congreso Nacional, aún reunido en Belgrano, sancionó la Ley propuesta por Avellaneda y declaró a la ciudad de Buenos Aires, Capital de la República. Federalizó el área abarcada por la municipalidad de la ciudad de Buenos Aires, convirtiéndola en el Distrito Federal, exclusivamente dependiente del gobierno nacional. Los edificios públicos y hasta la deuda externa de la provincia pasaron al patrimonio de la Nación. La Legislatura bonaerense, renovada en su totalidad, luego de apasionados debates, cedió a la Nación, el territorio de su ciudad capital y la provincia de Buenos Aires, cuya aprobación había sido lograda, emprendió la tarea de conseguir una nueva capital que competiría en belleza, poder, riqueza y cultura (véase La Plata). Con esta acción, que solucionó el último problema de organización nacional, la República Argentina avanzó hacia un sorprendente progreso, tanto en el ámbito político, como en el económico y el cultural.

Ayer no, ahora si. Los cambios de opinión en el proceso de federalización de Buenos Aires.
El diputado JOSÉ HERNÁNDEZ, partidario en 1S80 de la capitalización de Buenos Aires y de su federalización, de­fendió esa tesis en la Legislatura bonaerense contra los argumentos del diputado LEANDRO N. ALEM que la rechazaba. Sin embargo, doce años antes, durante la presidencia de BARTOLOMÉ MITRE, el entonces periodista federal HERNÁNDEZ había sostenido la necesidad de la capitalización de Rosario, según consta en ediciones del diario “La Capital” de Rosario, de 1863.

El proyecto de ley por la que se declaraba capital del país a dicha ciudad santafecina, fue presentado al Congreso Nacional por el diputado MANUEL QUINTANA, siendo apoyado en el Senado por JOAQUÍN GRANEL, representante de Santa Fe. La ley fue  sancionada en agosto de 1863, pero el 25 de setiembre de ese mismo año, el Presidente MITRE LA VETÓ. En el período legislativo de 1869 el proyecto volvió a las Cámaras y fue sancionado por segunda vez, pero ahora fue SARMIENTO quien lo vetó.

El Partido Autonomista —al que pertenecían HERNÁNDEZ y ALEM— reflejó en sus crisis internas, las contradicciones existentes en torno de la cuestión de la Capital. Recuérdese que en 1862 dicho Partido levantó la bandera de la no federalización de Buenos Aires, pero cuando el Senado nacional en setiembre de 1880, trató el proyecto de AVELLANEDA sobre la federalización, DARDO ROCHA —autonomista y hombre de confianza de ROCA— sostuvo que Buenos Aires debía pertenecer a la Nación si se quería evitar que el presidente se viera de nuevo obligado a refugiarse fuera de la ciudad. Y justificó el cambio de opinión del autonomismo, con relación a lo que se apoyaba en 1862, en los distintos momentos históricos vividos. En 1862 se oponían a la federalización, por el temor a la formación de un nuevo despotismo, pero habiendo desaparecido esas causas, en 1880, sin renegar “del principio esencial que le había dado origen al Partido, que era la defensa de las autonomías provinciales, estaban dispuestos a apoyar el proyecto”.

 Algunos autores han visto en la capitalización de Buenos Aires un triunfo de las provincias sobre la ciudad portuaria y ello hubiera sido así antes de 1863, pero no lo era en 1880,  cuando,  reducida por fin la resistencia del interior, la llamada “oligarquía”  de Buenos Aires,  asumía el papel de factor decisivo en la vida del país, apoyada esencialmente por el capital británico, orientador de la economía nacional hacia el puerto único.

En 1880 “la federalización de Buenos Aires fue una consigna del comercio portuario, influido ostensiblemente por el capital europeo, y de las naciones del mundo que estaban  en buenas relaciones con la Nación Argentina”, según expresión del senador IGARZÁBAL. Desde luego que la capitalización se fundaba en bases históricas indudables: “Dad el nombre de gobierno nacional al gobierno que queráis, no será tal gobierno nacional,  si no le dais por residencia a Buenos Aires, donde está de hecho el poder nacional. De­clarando a Buenos Aires, capital de la República Argentina, la ley no hace más que confirmar y ratificar un hecho que es obra y resumen de la historia nacional argentina””, escribíó al respecto JUAN BAUTISTA ALBERDI..

La capitalización del 80 dejó consolidado al Estado nacional y puso término a inútiles  guerras civiles. Pero mientras lograba ese bien político, ya  derrotado el federalismo interior, facilitaba la consolidación en el poder de terratenientes y comerciantes ligados al capital extranjero, contrarios además a la democratización del poder. No era malo que Buenos Ai­res fuera la capital: el mal estuvo en la clase social que dominó el proceso y deformó económica y socialmente a la Nación, en provecho de nuevas metrópolis”.

10 Comentarios

  1. Daniel

    Excelente la pagina.
    Felicitaciones al creador

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  2. Anónimo

    GRACIAS. Por la información .es de valorarse.

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  3. Anónimo

    Hola

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    1. Anónimo

      hola

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  4. Anónimo

    p

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  5. Anónimo

    muy buena imformación me fue util para mi trabajo de ciencias sociales 💜

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  6. caro

    skereeeeeeeeeeee

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  7. Anónimo

    21

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  8. Anónimo

    ATR PERROO

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  9. Anónimo

    Skerrryy

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