EVOLUCIÓN DE LA POLICÍA DE BUENOS AIRES (1812/1921)

Los Alcaldes
Fueron Magistrados locales que eran miembros o funcionarios del Cabildo, cumpliendo una función que se remonta al “Fuero de León”, vigente en el año 1020 y que fue transferido a la América hispana, inmediatamente después del descubrimiento de América. Los primeros Alcaldes eran designados por el fundador de una ciudad, pero luego fueron elegidos anualmente por los miembros del Cabildo, con un intervalo de dos años antes de su reelección y siempre sujetos a la aprobación real. En nuestros territorios, pueden enumerarse alcaldes de las siguientes categorías:

1º): Alcaldes ordinarios.  Se nombraba uno o dos según la importancia de la población) y podían ser “Alcaldes de primer voto” (el más alto en 1a jerarquía) o “Alcaldes de segundo voto” (el que le seguía). Eran seleccionados preferentemente entre descendientes de conquistadores o fundadores de ciudades (esto fue menos significativo en el Buenos Aires del siglo XVIII) o entre ciudadano residentes blancos, instruidos y que no tuvieran deudas con el tesoro real. En Buenos Aires, las elecciones se realizaban generalmente el 1o de enero de cada año, pero podían llevarse a cabo también en otra fecha (octubre en Santiago del Estero). Los alcaldes presidían las reuniones del Cabildo, salvo que un administrado real residiera allí. Ejercían funciones judiciales, tanto en lo civil como en lo penal y asumían el poder político en caso de ausencia o muerte del funcionario real superior. Tenían jurisdicción tanto sobre la ciudad como sobre las zonas rurales circundantes, hasta la incorporación de los alcaldes de Hermandad.

2º) Alcaldes de Hermandad. El Cabildo de Buenos Aires, debido a las dificultades que padecía para la administración de justicia y policía en las áreas rurales sobre las que tenía responsabilidad —hasta Córdoba en el oeste y Santa Fe en el norte— eligió en 1606 a dos Alcaldes, ANTONIO HERNÁNDEZ BARRIOS y JULIÁN PAVÓN, para desempeñar esas funciones bajo las leyes de la “Hermandad de la Mesta Española”. El cargo recayó posteriormente en ricos estancieros que tenían la obligación de mantener el orden y dispensar justicia en las zonas rurales. Algunas veces se los llamó “Alcaldes cuadrilleros”, a causa de las milicias que mantenían. Su número aumentó proporcionalmente a la población y en algunas ocasiones y territorios, ni siquiera diez, eran suficientes para mantener el orden en el virreinato. En 1790 se propuso firmemente que una fuerza policial, similar a la “Hermandad de la Mesta Española”, se introdujera en la Argentina, pero en lugar de ello se creó un, nueva función, la de alcalde provincial. En 1821 al ser suprimidos los Cabildos, las tareas las responsabilidades de los Alcaldes de Hermandad, pasaron a los Jueces de Paz (en judicial) y a los Comisarios de Campaña (en lo policial)d

3º  Alcalde provincial: Poderoso funciona rio al que se le dio autoridad sobre todos los alcaldes de Hermandad de su territorio. Generalmente compraba su nombramiento, su importancia se acrecentó hacia el fin del período colonial en Buenos Aires.

4º. Alcaldes de Barrio: Cargo introducido en 1730, eran funcionarios seleccionados para fiscalizar sectores individuales, en la medida en que crecía el número de habitantes de los pueblos. Sus funciones tuvieron variable significación durante el resto del período colonial, pero adquirió importancia después de la Revolución de Mayo de 1810, cuando la Junta hizo responsable: a los alcaldes de barrio de toda la vida y las funciones públicas de sus distritos. Y por último estaban 5º “Alcaldes indios”: Fueron los que gobernaron las poblaciones indígena: bajo la supervisión y autoridad de los corregidores y de otros funcionarios reales.

La Partida Celadora (1804)
Siendo insuficientes para la vigilancia de la campaña los servicios y buena voluntad de los “Alcaldes de Barrio”, en 1804 se organizó una “Partida Celadora”, constituída por un oficial y seis celadores, un organismo que prestó eficientes servicios durante las invasiones inglesas. En 1809 alcanzó a integrarse con treinta y cinco hombres, reducidos luego a dieciséis, después de la Revolución de Mayo. Esta merma de sus efectivos la tornó inoperante, por lo que en 1812, el Triunvirato creó la “Partida Celadora de Policía” en sustitución de la anterior, para imponer el orden en la campaña. Estaba compuesta por tres oficiales y cincuenta soldados que fueron armados con carabina, pistola y sable, Pero poco duró en funciones, pues, por diversas causas, fue perdiendo fuerza, hasta que a fines de ese mismo año de su creación, fue disuelta y el 22 de diciembre de 1812 se puso en vigencia el Reglamento General de Policía, que creó otra “Partida Celadora” (también llamada “Compañía Celadora”), esta vez, más reforzada pues se asignaron a este cuerpo, tres oficiales y cien hombres de tropa uniformados.

Se debe al ministro BERNARDINO RIVADAVIA, que a propuesta del Intendente de Policía EUSTOQUIO DÍAZ VÉLEZ, el 10 de mayo de 1819, se aprobara el nuevo uniforme de la “Compañía Celadora”. Consistía, éste en chaquetilla corta encarnada, con bocamangas y cuello azul, de siete botones dorados, con galones de teniente; pantalón largo de montar, de color azul, con franja encarnada y entrepiernas, bajos y tirapiés de badana negra; gorra de plato azul con banda encarnada, visera y barbijo de suela negra y escarapela nacional. Llevaba por sable de caballería con vaina de suela negra con boquilla, puntera y adornos de bronce y cinturón de cuero y tiros blancos con hebilla dorada. En 1821, este organismo fue suprimido por el Jefe de Policía JOAQUÍN DE ACHÁVAL (primer funcionario de este título) y sus integrantes pasaron a formar un nuevo Cuerpo que se llamó “Peoneros de Policía”.

Cuerpo de Celadores de Policía (20/12/1823)
La precariedad de los servicios de vigilancia a cargo de los “Alcaldes de Barrio”, tras la efímera existencia de los “Peoneros de Policía” creado en 1821, dio lugar a que por Ley del 20 de diciembre de 1823, se creara un cuerpo de “Celadores de Policía”, cuyo carácter era eminentemente civil. Al reglamentarse sus funciones al mes siguiente, se determinó que sus integrantes debían poseer mediana educación, saber leer y escribir, tener conducta moral y gozar de buen concepto.

Para su identificación —pues se aclaró taxativamente, que no vestirían “traje alguno característico”— se les proveyó de una medalla de plata con el Escudo Nacional y con la palabra “Policía”, que debían llevar pendiente al cuello y exhibir sólo mientras cumplían actos del servicio. También se les dio una “papeleta” impresa con su nombre y filiación, suscrita por el Jefe de Policía y autenticada con el sello de la Repartición.

La iconografía existente, confirma que no usaban uniforme. Iban vestidos de paisano, con corta chaqueta negra, camisa blanca, chaleco floreado, pantalón blanco y alto sombrero de fieltro gris, bajo el cual se advertía el pañuelo que sujetaba la abundante cabellera. Pero la misma iconografía no confirma que no iban armados, ya que existen varias imágenes, en cuadros y dibujos de la época, donde se los ve armados con sable con vaina de cuero y carabina y hasta con dos pistolas de bolsillo. Quizás esto se explica, en que las imágenes que han llegado a nuestros días, corresponden a un cuerpo de “Celadores de a caballo”, creado en 1830, y estos sí, portaban sable y tercerola. En 1934, los “Celadores de Policía”, fueron reemplazados por los “Vigilantes de Día”.

Compañía de Caballería Auxiliar de la Policía (22/03/1831)
“Con el objeto de dar mayor respetabilidad al Departamento de Policía”, así comenzaba el Decreto dictado el 22 de marzo de 1831, se creó la “Compañía de Caballería Auxiliar de la Policía”, sin perjuicio de que siguieran subsistiendo los  “Alcaldes de Barrio” y los “Celadores”. Era una fuerza militarizada de ochenta  hombres puestos bajo las órdenes directas del Jefe de Policía, que actuaba preferentemente en la campaña.  Su creación fue impuesta por el alarmante índice de delincuencia que se registraba, según opiniones de la época, debido al gran incremento de la población.

Estaba uniformado con chaquetilla corta color punzó, con cuello y bocamangas azules; pantalón azul con franja punzó, debajo cual asomaba un calzoncillo blanco; botas de potro con espuelas de rodaja grande. Completaba el atuendo una galera  negra de copa alta y cónica con penacho azul, escarapela nacional y chapa de bronce con la inscripción “Policia”. Llevaban sobre el hombro izquierdo un poncho azul y al costado, un pesado sable de caballería con cinturón y tiros de cuero blanco y hebilla dora

Su actuación se extendió hasta 1834, año en que dejaron  de aparecer en el presupuesto de la Repartición, resumiendo todos los servicios policiales, en los “Vigilantes de Día”.

Cuerpo de Vigilante de Día de la Ciudad y Cuerpo de Vigilantes de noche  o Serenos (03/06/1834)
La expresión “vigilante”, antigua denominación del actual “agente de policía” fue utilizada junto a la de “celador” en 1811, al proponerse ante el Cabildo de Buenos Aires, la creación de una compañía de caballería de “Vigilantes Zeladores de la Patria” (sic), aunque sin éxito.

El cuerpo de “Vigilantes de Día de la Ciudad”, fue creado por el jefe de Policía, General LUCIO V. MANSILLA, el 3 de junio de 1834, y en él, se refundieron todos los efectivos entonces existentes, salvo los “Alcaldes de Barrio”, que siguieron existiendo. El nuevo organismo policial entró en servicio, simultáneamente con los “Serenos” o “Vigilantes de noche”, también creados por MANSILLA. Unos y otros alternaban diariamente sus funciones, con lo que la vigilancia urbana se hizo más eficaz. Los “Vigilantes de Día” subsistieron junto a los “Serenos” hasta fines del año 1872, fecha en que entró en servicio el “Cuerpo de Vigilantes”, con el que se unificaron todos los servicios policiales en un comando único, situación que perdurará hasta nuestros días.

Cuerpo de Vigilantes de Noche.
Llamados simplemente SERENOS, eran los guardas encargados de rondar de noche por las ciudades durante la segunda mitad del siglo XIX. El nombre deriva de la costumbre que tenían, de ir anunciando la hora y el tiempo durante toda la noche, gritando: “las doce y sereno” o “lluvioso”. En la época colonial había ciudadanos o soldados dirigidos por el Alcalde, que velaban por la seguridad nocturna y ya en 1805 el Cabildo de Buenos Aires quiso establecer un servicio regular de serenos pero no tuvo éxito. En 1815 hizo un segundo intento, que también fracaso. En 1821, el diputado de policía JOAQUÍN DE ACHÁVAL decidió probar por tercera vez y tampoco pudo ponerse en práctica el servicio que ya le era imprescindible a la ciudad de Buenos Aires, dado el incremento que había sufrido su población. En 1833, el gobernador BALCARCE volvió a proponer el proyecto y al año siguiente, el general LUCIO NORBERTO MANSILLA, jefe de la Policía de Buenos Aires, simultáneamente con la creación del cuerpo de “Vigilantes de Día de la Ciudad” (3 de junio de 1834), creó el “Cuerpo de Serenos” (o “Vigilantes de Noche), policía nocturna que entró en servicio el 13 de marzo de 1834, y se relevaba con los “Vigilantes de Día”, alternando con ellos su presencia en las calles de la ciudad de Buenos Aires.

Estaba formado por catorce hombres que patrullaban treinta y tres cuadras del centro de la ciudad y no eran en realidad un cuerpo oficial de policía, pues si bien dependía funcionalmente del Jefe de esa Repartición, eran costeados por los vecinos, que abonaban al efecto, un llamado “Impuesto de Serenos”, que era administrado por una Comisión Directiva, a la que también se hallaban subordinados. Sus obligaciones eran, además de las de vigilancia, la de despertar a los vecinos que se lo solicitasen, controlar que las puertas de las casas y comercios estuvieran bien cerradas (llamaban a los propietarios en caso de no estar así), atender las emergencias de los pobladores, por ejemplo, llamar al médico o al sacerdote, volver a encender los faroles o luces que se habían apagado accidentalmente, mantener el orden y velar por el cumplimiento de la ley. Cada 30 minutos debían cantar la hora y el tiempo, con el agregado del consabido lema político durante la época de ROSAS (“Las doce han dado y sereno, viva la santa Federación” era el latiguillo usado). Actuaban provistos de un farol para alumbrarse y hacer señales, una lanza corta y pistola para defenderse, y un capote con caperuza para protegerse de las inclemencias del tiempo. Fuera de lo nombrado, que era lo que los uniformaba, en lo demás, vestían a su arbitrio y fue frecuente verlos con sombrero gris de copa alta, pañuelo al cuello, con el obligado cintillo federal en el pecho, rojo, calzoncillo cribado blanco y pesados botines negros.

En 1840 comenzaron a vestir uniforme, al igual que las fuerzas policiales y como ellas militarizados. Con el crecimiento de la ciudad, este Cuerpo se hizo cada vez más numeroso y durante el gobierno de ROSAS, se involucró tanto con el gobierno, que se disolvió después de la caída del caudillo. En 1852, casi inmediatamente después de Caseros, el cuerpo de “Serenos” o “Vigilantes de Noche”, fue reorganizado. Recuperaron su estado civil, pero ahora patrullaban las calles a caballo y en 1854, pasaron a depender de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires

Este pintoresco organismo, cuyos integrantes dieron una nota característica a la vida nocturna de Buenos Aires, desapareció junto con los “Vigilantes de Día”, al ser sustituídos ambos, por el “Cuerpo de Vigilantes” y sus funciones pasaron a ser responsabilidad de la Policía. Los “serenos” prestaron su último servicio en la ciudad de Buenos Aires durante la noche del 30 de noviembre de 1872, pero hasta 1883 continuaron prestándolo en la ciudad de Rosario, provincia de Santa Fe.

Compañía de Vigilantes Bomberos (02/01/1870)
Antes de la creación del organismo técnico y especializado de Bomberos tal como hoy lo conocemos, los incendios eran combatidos por efectivos policíales con la cooperación de los vecinos y los medios con los que contaban eran totalmente rudimentarios e insuficientes. En 1860, Buenos Aires comenzaba a crecer y lo hacía no sólo en extensión sino que también comenzaba a verse edificios de máss de un piso y estaba muy atarsada respecto de los demás países en lo que respecta a la lucha contra el fuego.

En el año 1862, una entidad mutual y de seguros, “La Unión Americana”, organizó su propia compañía de bomberos, y poco después surgió otra de voluntarios en el barrio de San Nicolás, integrada por jóvenes de la sociedad de la época.

En 1866, la indefección de la población en este aspecto, movió al Jefe de Policía CAYETANO M. CAZÓN, a destinar diez “vigilantes”, a la tarea de extinguir incendios, pero fue el ENRIQUE O’GORMAN, cuando se desempeñaba como Jefe de Policía de Buenos Aires,  el verdadero creador de un organismo profesional al organizar el 2 de enero de 1870 una “Compañía de Vigilantes Bomberos” compuesta por treinta hombres

En años siguientes ésta creció en personal y elementos, alcanzando en 1872 la jerarquía de Cuerpo. Tras varias alternativas y altibajos en 1880, con la fede ralización de Buenos Aires, el ya llamado “Cuerpo de Bomberos” pasó a depender de las autoridades nacionales y utilizado como fuerza militar armada con fusil. Como tal, custodió cárceles y tuvo participación activa en la represión de movimientos revolucionarios que se produjeron en la época. En 1930 se le desmilitarizó, y hoy con categoría de Dirección, con­tinúa integrando la Policía Federal Argentina.

La figura de un “Vigilante-Bombero” que acompaña este texto, corresponde al año 1868. Lo muestra con cubierto con “chacó” (Gorra de uniforme militar con visera y de copa alta y cilíndrica, una prenda propia de la caballería ligera),  de visera lanzada y chapa de metal amarillo, chaquetilla corta con presillas azul-oscuro y vivos blancos, pantalón recto blanco de verano, botines negros, cinturón de tareas de cuero marrón con argollas y chapa de metal, machete de vaina negra de suela, con puntera de bronce, equipo éste que integraba el uniforme de salida, pues el de incendio comprendía casco de bronce y hacha, en reemplazo del “chacó” y machete.

Cuerpo de Vigilantes (18/09/1872)
A iniciativa del Jefe de Policía ENRIQUE  O’GORMAN, se creó el Cuerpo de Vigilantes”, el 18 de setiembre de 1872. Con él, desaparecieron los inconexos servicios prestados por los “Vigilantes Día” y los “Serenos”, que diariamente alternaban su presencia en las calles. La ciudad tuvo desde entonces y hasta hoy, una fuerza policial unificada con comando único, que cubre ininterrumpidamente las veinticuatro horas del día, manteniendo orden y velando per la seguridad pública. Los efectivos de este “Cuerpo de Vigilantes”, fueron distribuidos inicialmente en veinte Comisarías, que se integraron con un Oficial Superior, cuatro Capitanes, cuatro Tenientes, dos Subtenientes y mil setecientos Sargentos, Cabos y Vigilantes de infantería y caballería, con organización militar en batallones.

Cuerpo de Bomberos (1873)
La Compañía de Vigilantes Bomberos creada por O’GORMAN el 2 de enero de 1870, fue creciendo junto con la ciudad de Buenos Aires y ya con más personal y mayor y mejor equipamiento, en 1873, la Compañía es elevada al rango orgánico de Cuerpo de Bomberos, con organización militar. Pasó a depender de las autoridades nacionales y fue utilizado como fuerza militar armada con fusil. Como tal, custodió cárceles y tuvo participación activa en la represión de movimientos revolucionarios que se produjeron en la época. En 1877 el Cuartel original que estaba ubicado en el Departamento de Policía, fue  trasladado a las actuale calles Luis Sáenz Peña e Hipólito Irigoyen. Luego de la Federalización de Buenos Aires, se transformó en el “Cuerpo de Bomberos de la Capital” funcionando como “Cuartel Central de Bomberos”, hasta que el 30 de marzo de 1889, se instaló definitivamente en la sede que hoy ocupa, calle Belgrano 1547 de la ciudad de Buenos Aires, ya como parte integrante del Departamento Central de Policía. En 1930 se lo desmilitarizó y hoy,  con categoría de Dirección General, continúa integrando la Policía Federal Argentina

Policía de la Capital (1880)
Con la Federalización de Buenos Aires, en 1880 el Cuerpo de Vigilantes y las 20 Comisarías que componían el sistema de seguridad policial de la ciudad, pasaron a depender del Gobierno Nacional con la denominación de “Policía de la Capital”, nombre con el que funcionó hasta que el 24 de diciembre de 1943, pasó a llamarse “Policía Federal”,  pero con el aditamento de “Argentina”, con jurisdicción en todo el territorio nacional. El 9 de diciembre de 1880, el doctor Marcos Paz (h), fue designado como Jefe interino de la Policía de la Capital hasta que se reorganice definitivamente el Departamento  y el 13 de diciembre de 1880, se sancionó la Ley que reglamenta su funcionamiento. La misma estableció la integración del Cuerpo con  un Jefe de Policía, un Oficial 1º de Jefatura, nueve comisarios inspectores, veinte oficiales de primera categoría, cincuenta y cinco oficiales de segunda categoría, setenta y cinco sargentos, setenta y cinco cabos, mil trescientos cincuenta vigilantes y seis escribientes para la jefatura. El 17 de diciembre de 1880 el coronel JULIO DANTAS asume com jefe de Policía en reemplazo del doctor PAZ y es así que instala como “primer Jefe de Policía de la era moderna de la Policía de Buenos Aires.

Compañía de Vigilantes (1881).
Antecedente del actual Cuerpo Guardia de Infantería. Estaba integrada con VigilantesDepartamentales y Vigilantes Seccionales, entre ellos el Agente de la Sección Tráfico (hoy Cuerpo de Policía de Tránsito). Aparecieron así en las calles los primeros “Agentes de Policía” y  “Oficiales de Policía” cuyo uniforme azul oscuro, desde entonces tradicional, respondía al corte militar de la época. Chaquetilla cerrada, corta y ceñida, con ocho botones dorados y bocamangas con siete botones chicos, pantalón a la francesa, cuello blanco de plancha, botines enterizos de cuero negro y quepis con plato azul-gendarme —color también conservado—, barbijo de cuero negro, escarapela nacional de mostacilla y letra “P” (Policía) bordada en gusanillo de oro y completando este atuendo, un sable de dos tiros, con vaina niquelada y dos tiros, prendidos a un cinturón de cuero negro con hebilla de bronce con el Escudo Nacional.

Guardia de Caballería (1890),
luego Escuadrón  de Seguridad  (1893), luego llamado Guardia de Seguridad de Caballería (1912) y finalmente en 1932, pasará a llamarse Cuerpo de Policía Montada.

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