ENVIADOS DE LA JUNTA EXIGEN LA ABDICACIÓN DE CISNEROS (20/05/1810)

ENVIADOS DE LA JUNTA EXIGEN LA ABDICACIÓN DE CISNEROS. Muchos años más tarde de la revolución de Mayo, cuando el general MARTÍN RODRÍGUEZ vivía desterrado en Montevideo, relató la entrevista que en compañía del alcalde JOSÉ LEZICA y JUAN JOSÉ CASTELLI mantuvieron con el virrey Cisneros, el 20 de mayo de 1810, para pedirle la convocatoria a Cabildo abierto y la cesación en el mando. Cuenta Rodríguez a este respecto, que a las doce del mediodía llegaron al Fuerte, sede de la Casa de gobierno, subieron a la sala de recibo y encontraron allí al virrey Cisneros que estaba jugando a los naipes con el brigadier QUINTANA, el fiscal CASPE y su edecán, que era un tal GOICOLEA. Contó que se acercaron a la mesa y Castelli tomó la palabra para decir: “Excelentísimo señor: tenemos el sentimiento de venir en comisión por el pueblo y el ejército, que están en armas, a intimar a Vuestra Excelencia la cesación en el mando del Virreynato”. Dice Rodríguez que el virrey se levantó furioso diciendo que “qué atrevimiento era aquél, que cómo se atropellaba la persona del Rey que él representaba, que era el más grande atentado que allí se podía cometer contra la autoridad”. “Le hicimos saber que el pueblo se hallaba profundamente agitado y que, convencido de la pérdida de España, “estaba resuelto a reunirse por sí, para tratar de la suerte de las Américas, si el Cabildo no lo hacía”. Como Cisneros aún dudaba, como medida previsora y de concordia, volvimos a solicitarle al Virrey que autorizase la reunión de un Cabildo abierto. Cisneros trató de resistirse pero, convencido al fin de que de nada serviría su negativa, quiso, antes de dar el permiso solicitado, reunir a los jefes militares para conocer su opinión, a cuyo efecto los convocó a éstos y a los Magistrados de la Audiencia, para las ocho de esa noche del día 20 de mayo. Durante esa reunión, expuesta la situación por el Virrey ante los convocados, les hizo la pregunta decisiva: “ podía o no contar con ellos, para contener a los inquietos que pedían Cabildo abierto?”. Sólo un Jefe, el del Regimiento Fijo (cuyo nombre lamentablemente no registró la historia), declaró estar “dispuestos, él y sus soldados, a sacrificarse al lado de la autoridad y en defensa de los derechos de su rey”. Ante esta desgraciada manifestación, respondió RODRÍGUEZ PEÑA diciendo, con marcada intención: “Eso se verá mañana”, palabras que el Virrey no alcanzó a oír a causa de su sordera, pero que hicieron palidecer a los Oidores. Otro de los presentes en esa reunión, el coronel CORNELIO SAAVEDRA, como Jefe de los Patricios, por sí y por todos los cuerpos nativos, declaró: “Que ni él, ni los Patricios, ni ninguno de los cuerpos americanos estarán con el Virrey, por cuanto el gobierno que le había delegado su autoridad, había caducado”. Estas categóricas palabras pusieron fin a la conferencia, separándose los convocados sin que el Virrey hubiese dado a conocer su resolución, ni concedido el permiso para la reunión del Cabildo abierto que se le había solicitado. Al abandonar la sala, la incertidumbre reinaba en todos los espíritus, pero en los criollos persistía profundamente arraigada la resolución de conseguir por sí mismos y a cualquier precio, la libertad. Pasada la medianoche de ese día, ante otras exhortaciones de los visitantes y después de haber conferenciado en secreto con el fiscal Caspe, Cisneros se tranquilizó y dijo, ya en tono de resignación: “Señores… puesto que el pueblo no me quiere y el ejército me abandona, hagan ustedes lo que quieran….”.

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