EL VALS, BAILE PROHIBIDO 30/07/1746

El baile constituía la diversión preferida de la juventud rioplatense y nunca faltaba en las tertulias porteñas, los alegres cultores de la “contradanza” y el “minué”, hasta que llegó el “vals” y rápidamente, se constituyó en el ritmo favorito de los jóvenes, ignorando sin duda las dificultades que tuvo esta danza para suplantar a las ceremoniosas y graves danzas del siglo XVIII y entrar por la puerta grande de los salones. Antes de su consagración, quizás veinte años antes de que esto sucediera, sólo los más audaces se animaban a valsear en los ambientes serios y distinguidos, arriesgándose a ser tildados de “alocados”. Entre los epítetos que mereció esta danza por parte de los moralistas, figuran  el de “aliado de la tisis y la muerte”, “galope apretado” o “danza de los amigos del vértigo”. Muchos le atribuyeron ser agente de propagación de la sífilis y otros, la responsabilidad de las desviaciones morales de esa época. Pero desafiando las críticas, el vals se impuso y sus alegres y rápidas notas se escuchaban a través de las ventanas cerradas de la gran aldea (no vaya a ser que algún loco tirara una piedra para castigar a los sacrílegos que bailaban esa danza infernal). Y fue tan grave la cosa que el 30 de julio de 1746, Obispo PERALTA, en una onmilía, amenazó con excomulgar a quienes bailaran vals en los domicilios particulares.

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