EL TEATRO ESPAÑOL DE AZUL

Esta sala fue levantada a fines del siglo pasado e inició una intensa actividad, cuyo brillo fue como el de la luciérnaga, pero fue felizmente recuperada en 1978, cuando tras una larga agonía y a punto de desaparecer, casi destruída por el paso del tiempo y la desidia, un grupo de vecinos, decididos a no dejar morir esta joya que enorgulleció a la ciudad de Azul y fue escenario de memorables veladas, se encargó de su reconstrucción.

Las dos etapas en la vida de este Teatro, muestran el valor que tiene para el desarrollo de una comunidad, la participación activa y el coraje de sus integrantes, para enfrentar los desafíos que les impone el destino. Esta Sala que fue orgullo de Azul, estaba al borde de tener un fin que no merecía y del que fue salvada, gracias a esos méritos de sus vecinos.

El 16 de diciembre de 1832 el coronel PEDRO BURGOS, dejó instalado el “Fuerte de San Serapio del Arroyo de Azul”, en cuyas proximidades, pronto comenzaron a afincarse atrevidos pobladores, que sin temor a los riesgos que corrían por el contínuo ataque que los indígenas llevaban contra los poblados cristianos de esos territorios, buscaban un futuro, labrando y criando animales.

Ya en 1833, esas tierras se convirtieron en partido; en 1872, se editó la primera de una larga lista de publicaciones que honra al periodismo pro­vincial. En 1876, llegaron juntos el tren y el telégrafo y en 1895, Azul fue elevado a la categoría de ciudad. Un año antes, ya  había comenzado a construirse el Teatro Español.

Una vez terminada la obra fue inaugurado el 16 de enero de 1897, con grandes esperanzas para que fuera el polo de atracción cultural y turístico que la ciudad necesitaba para despegar de una monotonía que no le permitía crecer. Una espléndida lucarna  que pendía de su abovedado techo, una platea con 600 auténticas sillas “thonet”, hermosos vitraux filtrando la luz, un escenario rebatible y una maravillosa acústica, fueron algunos de los detalles que calificaron a esta sala, como una de las más bellas y capacitadas técnicamente de las salas teatrales del país.

No bien levantó el telón, inició una intensa actividad  artístico-cultural que trascendió largamente el ámbito de la ciudad. Para presenciar los espectáculos y funciones que allí se ofrecían, llegaba gran cantidad de público proveniente de localidades cercanas y hasta muchos de ellos de la misma capital federal, tal la fama que logró. La lista de quienes actuaron en él refleja tanto la importancia que tuvo la plaza,  cuanto la calidad de la que pudo disfrutar el público que ocupó las seiscientas localidades en las distintas temporadas que se realizaron  durante los primeros años de su existencia: Ermete Zacconi, Margarita Xirgu, Carlos Gardel, Francisco Canaro, Agustín Magaldi, Joaquín Pérez Fernández, Libertad Lamarque y Tita Merello, Mecha Ortíz, José Gola, Elías Alippi, Roberto Escalada, Pierina Dealessi, Chela Cordero y Enrique Serrano, Tito Lusiardo, son sólo algunos de los nombres más rutilantes que brillaron en ese cielo de fantasía y hasta Luis Angel Firpo, en las postrimerías de su carrera, hizo algunas exhibiciones sobre su escenario.

Pero cosas del destino o vaya a saber que fue lo que pasó, su brillo comenzó a declinar en los años 70 (1970), y su ocaso fue tan repentino e inexplicable, que casi provoca la desaparición de la sala. Inexplicablemente, el Teatro se fue apagando. No llegaban las grandes figuras, no había público, la situación económica se volvió inestable. Vaya a saber cuál fue la causa o las causas que determinaron su ocaso. La verdad es que empezaron a ser corrientes los “cierres temporarios”, las funciones casi sin público y la acumulación de deudas, hasta que  todo se derrumbó y los propietarios del Teatro decidieron cerrarlo.

Poco a poco el paso del tiempo, la lluvia y el abandono, comenzaron a degradar este edificio que otrora fuera orgullo de la ciudad y que comenzó a ser refugio de alimañas y predadores.

Pero no estaba dicha la última palabra. Un grupo de vecinos, de la comunidad azuleña, no quiso que así fuera y logró que el telón volviera a alzarse y retornaran su noches de gala. Acompañados por grandes figuras de la escena nacional, actores, músicos y poetas se convocaron para reflotarlo y lograron el milagro. “Antes de que no quedara nada, llegamos nosotros; fue una verdadera lucha, pero finalmente todo Azul entendió y entre todos pudimos salvar el Teatro”, dirá el contador CARLOS FILIPETTI, uno de los artífices de este rescate. Una cruzada que realizó junto a muchos vecinos azuleños , que como la profesora RAQUEL DE PAULA DE ROLDÁN, ROBERTO KOBER, ARNALDO LUDUEÑO, MARCOS  ZUCATTO, IRMA GAYANI, MARIO FERRARI, LA ESCRIBANA MARÍA DELIA PRAT DE CRUZ, MIGUEL CASTELLÁN  y el arquitecto CARLOS FORTUNATO, entre una legión de otros adherentes y aportantes,  lograron reunir un millón y medio de dólares para reconstruír el teatro.

En 1978 la Legislatura Provincial declaró al Teatro Español “Monumento Histórico Provincial” y esa fue la orden de partida para el gran desafío que habías asumido los azuleños. De inmediato se comenzaron las obras para su reconstrucción, que se iniciaron con la reparación del techo, para impedir goteras y filtraciones que causaran más daño a las ya muy afectadas sala y escenario. Después, procurando salvar hasta el último tornillo que fuera recuperable, se fueron reparando pisos y paredes; se renovaron las aberturas cuyo estado era irrecuperable y por fín, los cortinados, muebles y sistemas fueron puestos a nuevo. Sólo había sido posible recuperar la lucarna original, cuatro vitrales y medio centenar de genuinas sillas “Thonet” (que se instalaron en la “tertulia”)

Finalmente, tras catorce años, el éxito coronó este esfuerzo realizado por toda una comunidad que entendió que era su responsabilidad, salvar este polo difusor de cultura y satisfacción estética: El Teatro Español, se reinauguró el 12 de octubre de 1992, mediante un acto que formó parte de los festejos por el V Centenario del descubrimiento de América y hoy luce tan lozano y majestuoso como lo fue y quizás también nostálgico, por un pasado de gloria que no se olvida.

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