EL TEATRO COLON DE BUENOS AIRES (24/04/1857)

El primer Teatro Colón (24/04/1857-13/09/1888)
La idea de un Teatro monumental, al estilo de las viejas ciudades de Europa, había nacido en la época cuando gobernaba el virrey SOBREMONTE. Pero se quedó en idea durante muchos años, siempre postergada por las invasiones, las guerras y las revoluciones. En 1855, aunque aún los problemas no habían desaparecido, empezó a levantarse este Teatro surgido de la decisión de un grupo de vecinos de Buenos Aires. Una sociedad de “jóvenes atolondrados que expusieron su fortuna particular”, entre ellos, JOAQUÍN LAVALLE, MARTÍN RIVADAVIA, ESTEBAN RAMS Y RUPERT, LORENZO TORRES, los “inevitables” hermanos VARELA, el coronel-poeta HILARIO ASCASUBI le encargaron la confección de los planos a “un ingeniero de nacionalidad francesa y apellido italiano, muy dedicado a los estudios históricos…”, el ingeniero CHARLES HENRY PELLEGRINI, a quien se le debe este Teatro que fue el primer Teatro Colón que tuvo la ciudad de Buenos Aires.

Estaba ubicado en la esquina noreste de las actuales Rivadavia y Reconquista, frente a la Plaza de Mayo, donde hoy se encuentra el Banco de la Nación, un lugar conocido como “el hueco de las ánimas” y que JUAN DE GARAY, cuando fundó la ciudad de Buenos Aires en 1580, había reservado para construír allí su residencia particular y que más tarde, al ser considerado un lugar estratégico para la defensa de la ciudad, se comenzó a levantar una fortificación, que nunca se terminó.

Las obras del primer Teatro Colón, comenzaron en 1855 y estuvieron a cargo del nombrado ingeniero PELLEGRINI, quien en dos años de trabajo, realizó una verdadera revolución arquitectónica y el Teatro fue inaugurado el 24 de abril de 1857, con la presentación de la ópera “La Traviata”, cantada por el tenor TAMBERLICK y la soprano VERA LORINI. Su sala tenía la forma de una herradura y poseía una araña, que el público bautizó  “lucerna”, con 450 picos de gas que eran encendidos mediante un mecanismo especial. Ese sistema de iluminación era toda una novedad y apenas se veían algunas de estas luces en unas pocas calles del centro de la ciudad. Su cieloraso tenía decorados de CHERONETTI y VERAZZI. Al sector de “cazuelas” y “paraíso”,  se entraba por la calle Reconquista. La noche de su inauguración el Teatro estuvo colmado por la aristocracia porteña y sólo hubo un palco vacío, en el que colgaba un crespón negro.  Era nada menos que el palco reservado para el poeta HILARIO ASCASUBI, el hombre que más había hecho por la creación de este Teatro y que esa misma noche, estaba velando a su hija, que había muerto de “mal de amores”.  Aquel viejo Teatro Colón estaba llamado a apagarse para dar paso a un emprendimiento estatal de mayor calibre, que desembocó, veinte años después, en el actual edificio de la calle Libertad, inaugurado en 1908. Y fue el 13 de septiembre de 1888 que apagó sus luces, dejando cumplida una relevante trayectoria que se extendió por espacio de treinta años. En el transcurso de este lapso la ciudad de Buenos Aires, alcanzó considerable desarrollo ya sea en el aspecto edilicio, social como cultural. La ópera, considerada entonces la expresión teatral por excelencia, estaba profundamente arraigada en el gusto y las predilecciones de los porteños. El cierre del viejo Colón se produjo a raíz de haberse ordenado en 1887, por Ley 1969 sancionada por el Congreso de la Nación, la venta del edificio del Banco de la Nación Argentina. Con el importe de esa operación, que alcanzaba la suma de $ 950.000 m/n. la Municipalidad debía construir un nuevo teatro de mayor capacidad y posibilidades técnicas. Para ello mediante la Ley 2381 se licitó en el 1888 la construcción del nuevo edificio. Por su magnitud y alcances la noticia despertó gran sensación en el ambiente.

En esos veinte años durante los que el viejo Teatro Colón no tuvo vida, el “Teatro de la Ópera”, ubicado en el mismo solar que hoy ocupa en la avenida Corrientes, fue protagonista de las temporadas porteñas de Ópera. Claro que lo alimentaba el mercado creciente de la inmigración, reflejado en una competencia intensa por parte del Politeama, el Odeón, el Teatro de la Comedia y el Avenida, a los que en 1907, se sumaron el Coliseo, sin olvidar las salas menores como la de Mayo o la de Zarzuela

El nuevo Teatro Colón (25 de mayo de 1908).
La construcción del nuevo Teatro Colón fue una decisión del Intendente TORCUATO DE ALVEAR que apoyando una iniciativa que el músico y empresario de ópera, radicado en Buenos Aires, ÁNGEL FERRARI (1835-1897), presentara en 1886, tres años más tarde llamó a Licitación pública para adjudicar la obra al mejor proyecto. Triunfó la propuesta de Ferrari, quien acompañó su oferta con un proyecto del arquitecto e ingeniero italiano Francesco Tamburini (1846-1890).

Los planos trazados por el ingeniero TAMBURINI fueron los más adecuados por la importancia que quería dársele a este nuevo centro de cultura. El plazo fijado por el contrato establecía que el nuevo Colón debía construirse en un término de treinta meses, pensando en inaugurárselo el 12 de octubre de 1892, fecha en que se cumplía el cuarto centenario del descubrimiento de América.

El emplazamiento del nuevo Teatro debía elegirse entre dos privilegiadas manzanas céntricas.  La primera, donde hoy se encuentra el Palacio del Congreso y la segunda los terrenos que ocupaba la vieja estación del Parque, del Ferrocarril Oeste, donde se encontraba instalado el Estado Mayor del Ejército. El lugar originalmente elegido para construirlo fue una manzana ubicada en el cruce de las avenidas Rivadavia y Entre Ríos, pero como ésta se destinó finalmente al futuro Palacio del Congreso Nacional, se compró la manzana que ocupaba la Estación del Parque” del Ferrocarril del Oeste, frente a la actual Plaza Lavalle, en el predio limitado por las calles Cerrito, Libertad, Talcahuano y Viamonte, lugar que hoy ocupa con su imponente estructura. Las obras comenzaron en 1889 y fueron tantas las vicisitudes de la nueva construcción que de los treinta meses previstos. se llegó a los dieciocho años de labor.

La obra estuvo a cargo de la empresa constructora de los italianos ÍTALO ARMELLINI y FRANCISCO PELLIZZARI. En 1890, cuando la construcción apenas llegaba al primer nivel, falleció TAMBURINI, por lo que se hizo cargo de la continuación de la obra, su colaborador, el arquitecto italiano VITTORIO MEANO (1860-1904), formado en Turín. En 1892 MEANO introdujo cambios notables en el proyecto y continuó dirigiendo la obra, de lenta ejecución, hasta que en 1904 fue asesinado en un confuso episodio policial. Asumió entonces la dirección de la obra su discípulo el arquitecto belga JULES DORMAL (1846-1924), a quien se deben las terminaciones interiores de refinada calidad y rica ornamentación.

Finalmente, pasados veinticinco años del cierre del primer Teatro Colón, ubicado en la Plaza de Mayo y luego de casi veinte años de construcción, aunque sin la totalidad de las obras terminadas, se puso a cargo de la empresa que dirigía CÉSAR CIACCHI, la administración y explotación comercial de esta Sala, que  fue inaugurada el 25 de mayo de 1908, en ocasión de la función de gala, tradicional de esa fecha, con una puesta en escena de “Aída”, ópera de GIUSSEPE VERDI, con LUCIA CRESTANI y AMADEO BASSIEN en los papeles protagónicos, bajo la batuta de LUIGI MANCINELLI, después de haberse repetido por dos veces el Himno Nacional Argentino.

El nuevo edificio, orgullo de una gran ciudad que conformaba ya Buenos Aires en los años cercanos al Centenario de la Revolución de Mayo de 1810, estaba totalmente tratado según los lineamientos artísticos del Renacimiento francés presentando todos los elementos arquitectónicos de esa época. El Teatro Colón de la ciudad de Buenos Aires es un “teatro de ópera”, que por su tamaño, acústica y trayectoria, está considerado uno de los cinco mejores del mundo. Comparable a “La Scala de Milán”, a la “Ópera Estatal de Viena”, a la “Ópera Semper” de Dresde y a la “Ópera de París” es índice inequívoco de consagración para quienes se presentan en él y lugar ineludible para los amantes de la música. Ha sido desde siempre un Teatro muy querido por el público y por los artistas que han pasado por su escenario. Es además, en rigor, junto con el “Palacio del Congreso” y la “Casa de Gobierno”, uno de los edificios históricos más representativos de la ciudad de Buenos Aires

El edificio es de estilo renacentista italiano, con ornamentación francesa, y llama la atención por su suntuosidad, especialmente “el foyer”, y la gran escalera. Ocupa 8200 metros cuadrados –con una superficie total de 58.000 m²– tiene siete pisos u órdenes, que contienen 2.487 asientos, en los que se incluyen 632 plateas y además de albergar las instalaciones propias del Teatro, es la sede de su Ballet y Coro estables, de la Orquesta Filarmónica de Buenos Aires, del Instituto Superior de Arte, de la Biblioteca y el Centro de Experimentación Musical. La entrada principal se encuentra sobre la calle Libertad, bajo una marquesina de hierro forjado, y conduce a un gran “Foyer” adornado por columnas con basamento de mármol rojo de Verona, recubiertas de estuco para imitar el mármol botticino y con aplicaciones de estuco dorado. El hall, de 14 metros por 28, está coronado por un luminoso vitral en forma de cúpula a 25 metros del suelo, realizado por la casa Gaudin de París. El piso, con diseño de guardas y motivos decorativos, está cubierto por teselas de gres de forma irregular. La escalinata de entrada, construida en mármol de Carrara, está flanqueda por dos cabezas de león talladas en piezas únicas. Mármoles amarillos y rosados de Siena y Portugal dan distintos matices de color y textura a la balaustrada. Sucesivas escalinatas, enmarcadas en vitrales de Gaudin, llevan a los niveles superiores.

La Sala principal-una de las mayores del mundo- tiene 32 metros de diámetro, 75 de profundidad y 28 de altura en un entorno de estilo ecléctico, que combina expresiones del “neorenacentismo italiano” y francés, con una rica decoración en dorado y escarlata. Dividida en siete niveles, tiene capacidad para 2487 espectadores sentados y alcanza los 3000 si se incluyen los parados. El escenario tiene 35 metros de profundidad por 34 de ancho y la boca de escena es una de las más grandes en los teatros con forma de herradura a la italiana. Rodeando la Sala, puede verse el gran hall de entrada (“Foyer”), el Salón Dorado, el Salón de los Bustos, el Salón Blanco y el Museo que alberga los trajes utilizados por algunas de las figuras que pasaron por el teatro. La platea está formada por 632 butacas de hierro forjado y madera, tapizadas en pana y dispuestas en 22 filas, divididas en dos por un corredor central. Un gran “plafonier” de bronce en semiesfera, ilumina la Sala con 700 lámparas y un centenar de apliques de bronce con tulipas de diseños variados y numerosas cajas con luz indirecta, sumados al rojizo y fresa de la tapicería y al oro pálido y marfil antiguo de los elementos de decoración, otorgan a la sala un tinte cálido y acogedor.

Desde las entradas laterales hasta el escenario hay, a derecha e izquierda, sendas filas de cinco palcos “baignoire” o “grillés”, construidos bajo el nivel de la platea y cerrados por una reja removible de bronce. Utilizados originalmente por el sector del público que guardaba luto o no quería ser visto, esos recintos -que el arquitecto MEANO llamaba “palquitos con reja”- albergan hoy cabinas de grabación de audio y video, así como de retransmisión de los espectáculos por radio o televisión. Estas grabaciones forman parte del archivo del Colón, que contiene buena parte de la memoria viva del teatro, y están ahora disponibles para los melómanos del mundo. Desde la platea se elevan tres niveles de palcos: bajos, balcón y altos. Construidos a la francesa, abiertos y con divisiones bajas, una cortina de brocato de seda color rosa viejo los separa de su antepalco, amueblado con banquetas, espejos y percheros. Los pisos superiores reciben los nombres de cazuela (con espacio de pie, tradicionalmente destinado a las mujeres), tertulia (con espacio de pie para hombres), galería y paraíso. A las localidades con asiento se suman más de mil quinientos lugares para espectadores de pie, distribuidos en esos cuatro niveles.

El escenario. Está construida con curva “a la italiana”, en forma de herradura algo alargada. Tiene 75 metros de largo total, con 38 metros desde el fondo de la platea hasta el telón. La sala reúne las características ideales de la resonancia italiana y la claridad francesa, rasgo que ha convertido al Teatro Colón en el favorito de muchos artistas.

La cúpula original de 28 metros de altura, que fuera obra de MARCEL JAMBÓN, en colaboración con el pintor argentino CASIMIRO MELLA, se dañó debido a filtraciones y humedades en 1930, por lo que tuvo que ser renovada, tarea que en 1966 se le encomendó al pintor argentino Raúl Soldi, que es la que actualmente luce.

Salones y Foyer. El tradicional paseo que puede realizarse durante los intervalos,  permite la visita a los grandes salones del Colón. El “Salón de los Bustos”: decorado con bustos de compositores realizados por el escultor Luis Trinchero y con el importante grupo escultórico llamado “El secreto”, de Eberlein, comunica con el Salón Blanco, un ámbito de estilo renacimiento francés, que se trata del antepalco de la platea- balcón en funciones oficiales y se utiliza frecuentemente para reuniones formales, conferencias y agasajos. Dos grandes galerías, coronadas por vitrales, ofrecen una vista amplísima del hall de entrada y conducen de la Galería de los Bustos y al

Salón Dorado. El Salón Dorado es de inspiración francesa, reminiscente del Grand Foyer de la Ópera de Paría”. El dorado a la hoja de su decoración, las columnas talladas, las arañas, los vitrales de Gaudin, con imágenes de Homero y Safo y el refinadísimo mobiliario son reflejados por una sucesión de espejos que potencia su fastuosidad. Convertido ya en una sala con vida propia, el Salón Dorado es centro permanente de conciertos de música de cámara, conferencias y exposiciones paralelas a la actividad de la sala, con entrada libre y gratuita.

Los Talleres del Teatro Colón, un sector que  conforma un mundo extraordinario. Uno de principales atractivos para los turistas que llegan  para revivir en ellos, las innumerables leyendas y anécdotas que se han tejido a su alrededor, vinculadas con las proezas creativas que han salido desde ellos, caprichos de las “divas”, historias de romances y secretos no revelados. Sastrería, carpintería, sala de tramoyas, parrillas para iluminación, peluquería y depósito de pelucas, son algunas de las sorpresas que aguardan entre sus paredes, haciendo del Teatro Colón una Sala única de entre sus pares del mundo, ya que telones, elementos escenográficos, vestuarios, decorados, utilería y todo lo necesario para una puesta en escena completa, se diseña, arma y construyen en el mismo edificio. Tanto el Instituto Superior de Arte, como los talleres y los cuerpos estables de coro, orquesta y ballet son un semillero de talentos que han dado prueba de la capacidad profesional y artística de sus egresados y empleados.

Después de su inauguración continuaron las obras y se siguió trabajando en detalles y en los interiores hasta después de 1910.El 5 de setiembre de 1908 fue estrenada en esta nueva sala, la ópera “Aurora” del compositor argentino HÉCTOR PANIZZA.

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