EL SITIO DE MONTEVIDEO DISPUESTO POR JUAN MANUEL DE ROSAS. (16/02/1843)

El ejército  federal al mando del general Manuel Oribe,  cruzó el río Uruguay y el 16 de febrero de 1843 comenzó el sitio de Montevideo ordenado por Juan Manuel de Rosas, con el objeto de desalojar a Rivera y a los “unitarios argentinos” que desde esa plaza, no cejaban en su empeño de derrocarlo.

La Guerra Grande. En 1839 en el Uruguay estalló la “Guerra Grande”, conflicto que se extendió desde el  10 de marzo de 1839 hasta el 8 de octubre de 1851 y en el que se enfrentaron “los blancos” encabezados por Manuel Oribe, aliados de los federales de Juan Manuel de Rosas y “los colorados”  aliados de los unitarios   argentinos. El conflicto trascendió ampliamente el marco de ambos países del Plata, ya que se vieron involucrados y tuvieron activa participación militar y diplomática en este conflicto, el imperio del Brasil, Francia y Gran Bretaña, además de otras fuerzas extranjeras (los italianos de Guiuseppe Garibaldi, españoles y franceses), algunos de los cuales actuaron en  como mercenarios. Entre 1839 y 1842 las acciones se desarrollaron fuera del territorio oriental, pues fue en territorio argentino donde se enfrentaron los unitarios y los federales. Rosas puso a Manuel Oribe al frente del ejército federal y Juan Galo de Lavalle lo puso a Rivera al mando de sus efectivos. En septiembre de 1840, 17.000 hombres al mando del general Manuel Oribe atacaron a las fuerzas de Lavalle, quien al mando de apenas 1.100, tuvo que retirarse hacia la provincia de Santa Fe, permanentemente hostigado por los federales, siendo estériles sus esfuerzos para reorganizar y poner en aptitud de combate a sus tropas, hasta que, luego de sufrir repetidas derrotas, fue definitivamente vencido en Famaillá (19 de setiembre de 1841).

El Sitio Grande. La segunda etapa de lo que se conoce como “La Guerra Grande”, se desarrolló entre 1842 y 1851, y tuvo como escenario el territorio Oriental. Después de su victoria en la batalla de Arroyo Grande (provincia de Entre Ríos), el ejército  federal de Oribe cruzó el río Uruguay y el 16 de febrero de 1843 comenzó el sitio de Montevideo ordenado por Juan Manuel de Rosas, con el objeto de desalojar a Rivera y a los “unitarios argentinos” que desde esa plaza, no cejaban en su empeño de derrocarlo. Acto seguido, Oribe organizó un gobierno, conocido como “Gobierno del Cerrito”, como si nada hubiera ocurrido desde el 24 de octubre de 1838. Designó ministros, se instaló  un Parlamento y se dictó una gran  cantidad de disposiciones legales. En esta etapa convivieron en el país dos gobiernos: el de Montevideo, llamado de la “Defensa”, afín a Rivera y el de Oribe quien, en las afueras de la ciudad, tenía tres campamentos o sedes. En el “Cerrito de la Victoria”, se organizaba la milicia. En una localidad que actualmente es el barrio montevideano de “La Unión”, se manejaba la política. En “El Puerto de Buceo”, se dirigía la economía del interior del país y por donde se sacaban los cueros para exportar. Finalmente, la capital de este gobierno paralelo, estaba en “Restauración”. Prácticamente, fue desde “Cerrito” que hasta 1851, se manejó y controló la totalidad de las actividades del país, exceptuando las ciudades de Montevideo y Colonia del Sacramento, rigiéndose por los postulados de la Constitución sancionada en 1830. Fue en esas circunstancias, que en 1845, surgió una propuesta de Rosas para que se “reunificar a la Patria”, con la reincorporación del Uruguay a las Provincias Unidas del Río de la Plata, anulando las imposiciones de la “Convención Preliminar de Paz” firmada 27 de agosto de 1828, por los gobiernos de las Provincias Unidas del Río de la Plata y el imperio del Brasil, luego de la guerra que los enfrentara y donde se acoró la creación de la “Provincia Cisplatina” (ver “La provincia Cisplatina” en Crónicas)

La defensa de Montevideo. Mientras Oribe sitiaba Montevideo, los colorados organizaron el “Ejército de la Defensa”, comandado por el militar unitario argentino José María Paz  y el oriental Melchor Pacheco y Obes.. A él se sumaron varios grupos de las colectividades francesa, española e italiana que formaron “legiones” que numéricamente superaron en conjunto a los propios efectivos orientales con los que contaban los colorados. Según observadores extranjeros,  como Domingo Faustino Sarmiento, que en 1848 pasó por allí en su viaje alrededor del mundo en 1848, en la ciudad de Montevideo, según el padrón de 1843, había 15.252 europeos, 11.431 orientales, 3.170 argentinos y africanos 1.344. Los habitantes se organizaron en milicias por nacionalidades. Ellas eran: la legión argentina, la legión italiana, bajo el mando de Giuseppe Garialdi, la legión vasca, 2 batallones de mercenarios franceses, 1 batallón de montevideanos y 3 batallones de negros libertos. En 1842 el gobierno de la Defensa designó a Garibaldi al mando de la flota y el 16 de agosto de ese año, éste fue vencido por Guillermo Brown, en el combate naval de Costa Brava, librado en el río Paraná y poco después se tomó revancha, logrando impedir que las naves de Brown ocuparan la Isla de Ratas, en la bahía de Montevideo (que pasó entonces a llamarse Isla Libertad), impidiendo con ello el bloqueo de este puerto, por parte de la flota rosista.

En el año 1851, la situación sufrió un cambio radical. Por un lado, el diplomático Andrés Lamas logró que el imperio del Brasil se comprometiera a  intervenir en el conflicto en favor del Gobierno de la Defensa (Riverista y unitarios). Y, por el otro, el caudillo entrerriano Justo José de Urquiza rompió su alianza con Rosas. El 29 de mayo se firmó en Montevideo un tratado de alianza ofensivo-defensiva entre el gobierno de la Defensa – que se presentaba como el único legitimo en el Uruguay -, el Imperio del Brasil y la provincia de Entre Ríos (los firmantes fueron, respectivamente, Manuel Herrera y Obes, Da Silva Pontes y Cuyás y Sampere). En su texto los firmantes acordaban “hacer salir del Uruguay al general don Manuel Oribe y a las fuerzas argentinas que manda”, y establecían que cualquier acto del gobierno argentino en contra de este propósito lo convertiría en enemigo de la coalición. El ejército oriental se colocaba bajo el mando del general Eugenio Garzón, ex blanco que se había cambiado por discrepancias con Manuel Oribe.

El 19 de julio, Urquiza, cruzó el río Uruguay desde Colón-Paysandú y Garzón lo hizo desde Concordia-Salto (ambas cabeceras en la provincia de Entre Ríos). En Paysandú se sumaron a Urquiza Servando Gómez, Lucas Piriz y  otros oficiales oribistas, hartos de aquella guerra interminable. El “Pronunciamiento” del general JUSTO JOSÉ DE URQUIZA contra el Gobernador de Buenos Aires, JUAN MANUEL DE ROSAS, del 1º mayo de 1851, encontró muchos adherentes en la campaña oriental y por eso, cuando las fuerzas de Urquiza, lograron atravesar con éxito el río Uruguay, varios jefes y numerosos milicianos que desertaban de las filas del general MANUEL ORIBE y efectivos dispersos que se identificaban con los que consideraban “sus libertadores”, se incorporaron a sus filas por lo que, en menos de sesenta días, circunvalaron al ejército de Oribe que cercaba a Montevideo y que así paso de sitiador a sitiado. La situación de Oribe se puso entonces muy crítica y fue manifiesta su indecisión. Era tal la defección diaria de sus efectivos orientales, que llegó a contar tan solo con las tropas enviadas por Rosas, lo que no le permitía tomar ninguna resolución para definir las acciones en las que estaba empeñado. Decidido a hacer un último intento para revertir su desesperada situación, dejó 6.000 hombres en el sitio y al frente de 3.000 se dirigió hacia Urquiza, uniendo esas fuerzas con las que le quedaban a su hermano Ignacio Oribe, pero el 4 de septiembre 13.000 soldados brasileños ingresaron por Santa Ana y Oribe comprendió entonces que no tenía posibilidad alguna de resistir y decidió capitular. Le envió a Urquiza  a su oficial de órdenes, Lucas Moreno, con instrucciones de llegar a un acuerdo y se retiró al Gobierno del Cerrito. Desde allí .reconociendo la autoridad del gobierno de la plaza de Montevideo, levantó el sitio que mantenía a esa ciudad. Después de una larga negociación, se firmó el 8 de octubre de 1851 el acuerdo que ponía fin a la Guerra Grande.

Según el mismo, Uruguay quedaba bajo el control del Gobierno de la Defensa, que se comprometía a convocar elecciones a la brevedad posible. Se establecía que todos los orientales, al margen del bando que se hubieran alineado, tendrían los mismos derechos. Que Oribe quedaba en libertad y podría disponer de su persona. Que los actos del Gobierno del Cerrito se considerasen legales a todos los efectos. Que el nuevo gobierno a ser elegido asumiría las deudas contraídas por aquél. Se reconocía que la resistencia a la intervención anglo-francesa se había hecho con el propósito de defender l independencia oriental y que en definitva, el conflicto terminaba “sin vencidos ni vencedores”. Algunos de los jefes que participaron en estas acciones regresaron a su patria. Los efectivos argentinos fueron incorporados al Ejército de Urquiza y los orientales que estaban formados por tres Batallones, se pusieron a disposición del gobierno de Montevideo. El general Oribe permaneció en Montevideo en carácter de simple ciudadano.

Datos sobre el sitio de Montevideo aportados por Bartolomé Mitre. El general BARTOLOMÉ MITRE, en un artículo publicado en el diario “La Nación” del 4 de julio de 1882, escribió: “Al tiempo de ser sitiada Montevideo por el ejército de Rosas, su población se componía de poco más de 31.000 habitantes. De éstos sólo once mil eran nacionales, de todos los sexos y edades, incluyendo en ese número, casi una mitad de negros emancipados, criollos los unos y africanos los más. Los veinte mil restantes, casi en su totalidad hombres de armas llevar, eran emigrados argentinos, franceses, españoles, italianos, etcétera. De estos veinte mil hombres, las tres cuartas partes (15.488 según el censo), correspondían a las nacionalidades argentina, francesa, italiana y española, que constituían su nervio. Los proscriptos argentinos, enarbolando en sus sombreros su escarapela azul y blanca, formaron una legión de más de 500 hombres bajo la dirección del general EUSTAQUIO DÍAZ VÉLEZ, al principio y luego del comandante JUAN ANDRÉS GELLY Y OBES, hoy general de la República Argentina. Los franceses se organizaron en batallones en número de más de 2.000 hombres, formando los vascos un cuerpo aparte, y cuando sus representantes diplomáticos les exigieron que depusiesen las armas, abandonaron su cucarda tricolor y aceptaron los colores nacionales, coronando las astas de sus banderas con el gallo de las galias y las águilas napoleónicas. Los españoles, en número como de 700 hombres, acudieron a las trincheras y los italianos, mandados por Giuseppe Garibaldi, formaron una legión de más de 600 hombres y adoptaron por enseña una bandera negra, en señal de duelo por la patria esclavizada, en cuyo centro se vela el Vesubio en erupción, símbolo de la llama republicana que ardía en sus corazones.

El núcleo del ejército de la defensa lo componían cinco batallones de infantería y un regimiento de artillería, formados con  negros libertos, mandados en su mayor parte por ofi­ciales argentinos”.

3 Comentarios

  1. Catalina Slemenson

    Estoy leyendo Memorias de Garibaldi autor Alejandro Dumas . Me interesó conocer más profundamente su participación en las luchas por la independencia de la Rca del Uruguay

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    1. Horacio (Publicaciones Autor)

      Señorita Catalina Siemenson:No tengo mucho sobre la Historia de la República Oriental del Uruguay. Solo tengo lo que se refiere a la Historia que la vincula con la República Argentina, pero no obstante, por si le resulta de utilidad para sus estudios, le sugiero que entre en nuestra página y ponga “Garibaldi”. Allí encontrará algún material que quizás le sirva. Con el mismo fin, le transcribo una nota de LEÓN BENARÓS publicada en la revista Todo es Historia Nº 40, donde se refiere a JOSÉ GARIBALDI diciendo: “En 1847 llegó a Buenos Aires ALFREDO DE BROSSARD, diplomático francés, secretario del conde ALEJANDRO COLONNA WALEWSKI, enviado por Francia ante la Confederación Argentina. El agudo secretario dejó testimonios muy interesantes sobre nuestro país, en sus “Consideraciones históricas y políticas sobre las Repúblicas del Plata, en sus relaciones con Francia e Inglaterra”, libro publicado en París en 1850, traducido y publicado luego en Buenos Aires. Brossard ha dejado una sincera silueta de Garibaldi, destacando luces y sombras del personaje al que vio actuar en Montevideo diciendo: “Los italianos radicados en Montevideo en gran cantidad, se organizaron igualmente en Legión bajo las órdenes de Giussepe Garibaldi a quien el Ministro de Guerra confió además, el mando de la Escuadrilla Oriental, compuesta por cuatro pequeños navíos. Garibaldi ha sido juzgado diversamente por espíritus partidarios: glorificado como un héroe por unos, ha sido infamado por otros como un bandido. Y como ocurre siempre que hay opciones tan contrarias, la verdad está en todas partes. Como particular, es de un desinterés, de una probidad y de una sencillez, que aún siendo un poco afectadas quizás, recuerda a los viejos romances. Como marino y como soldado, su fría intrepidez desafía todos los peligros e infunde confianza a quienes marchan con él. Pero ahí se detiene su mérito militar: no sabe hacer morir a sus soldados, no sabe hacerlos pelear. Muy capaz para ejecutar, es incapaz de de elevarse a las concepciones generales de la guerra. Su inteligencia está evidentemente reducida por el iluminismo político. Basta ver su figura noble y regular, para siempre distraído y sus grandes ojos azules fijos y tiernos, para reconocer en él, al hombre perseverante y decidido, pero nada más. Garibaldi es un ejemplo bastante serio de los errores a los que el orgullo de las opiniones políicas eclusivas y mal digeridas, puede arrastrar a los hombres. Es así que, por falsos prejuicios igualitarios, no se cree autorizado a comandar a sus soldados fuera de la lucha y que su tolerancia fraternal les ha permitido actos de indisciplina.
      BARTOLOMÉ MITRE defendió con ardor y admiración la personalidad de este héroe y aventurero de camiseta colorada, cabellos rubios y ojos claros que enviudó tres veces, se caso tres veces y encendido por la búsqueda de la libertad de los pueblos, puso sucesivamente su espada al serviocio del rey de Tunez, de los patriotas del Brasil que pugnaban por su independencia, del caudillo uruguayo Fructuoso Rivera y más tarde en Italia, con las tropas de Víctor Manuel, para luchar contra los austríacos.. Novelesca vida, signada por puntos geográficos lejanos y disímiles, desde Tánger a Nueva York y de Montevideo a Cerdeña.

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    2. Horacio (Publicaciones Autor)

      Señorita Catalina: Acuciado por la curiosidad que me provocó su pedido he entrado en una página que quizás también le rsulte útil. Se trata de “Garibaldi y Anita en Montevideo” y en ella podrá usted encontrar más datos acerca de la personalidad de este discutido personaje.Atentamente

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