EL SABLE DEL GENERAL SAN MARTÍN

El sable que acompañó al general JOSÉ DE SAN MARTÍN durante toda la Campaña Libertadora de Chile y Perú, durante el cruce de la Cordillera de los Andes y que a su muerte, dejara en herencia a JUAN MANUEL DE ROSAS, como expresión de solidaridad con su gestión en defensa de la soberanía de la Patria, fue adoptado por el Libertador, alrededor de 1811 en Londres, sumándose así a la costumbre que impusieron los oficiales de Napoleón, luego de la Campaña a Egispto en 1801, donde conocieron este tipo de arma, que fuera usada para combatir a los “Cruzados” durante el siglo XI d.C..

Por sus  características,  típicas de las armas árabes y su origen persa, se lo puede definir como un sable tipo “mameluco”  de gran belleza y finamente trabajado; aunque no enjoyado como lo eran aquellas. Armónico en sus formas, equilibrado y muy efectiva para el combate, sea éste a caballo o a pie, por su forma (curva irregular), tamaño  (94,8 centímetros)  y peso (910 gramos). Fue armado entre 1800 y 1810, quizás en una armería inglesa o francesa.

La hoja. Mide 82 centímetros y está hecha con acero de Damasco, lugar de Siria, famoso por la hechura del acero  con el que fabricaban sus armas, conocidas por los europeos durante las Cruzadas y preferidas luego por ellos, por su robustez, la calidad de su temple y la firmeza de su filo. Se estima que esta hoja fue estampada unos cien años antes de ser unida a la empuñadura que hoy tiene. Es del tipo de curva irregular, con punta y filo en un solo lado, modelo destinado a herir de corte, más que al mandoble o la estocada para herir de punta. Muy usado durante los siglos XVIII y XIX por las tropas de caballería,  que combatiendo montados a caballo, tenían la cabeza y el cuello de sus oponentes, como fácil blanco para abatirlo.  ,

La empuñadura. Está formada por dos “cachas”  de madera negra de ébano, unidas por un tornillo embutido. EL extremo que se une con la “guarda” está “segrinado” es decir cruzado por lieneas talladas formando una cuadrícula que garantiza un mejor “agarre” del arma. El extremo distal termina en una curva con un orificio, donde se fija la “dragona”, un cordel, en este caso rojo,  terminado en una borla con flecos dorados, cuyo uso fue reglamentado en 1750,  para que pasada por la muñeca del jinete, evite que el arma se le caiga de la mano durante el combate.

La guarda. La empuñadura del tipo llamado “mameluco” tiene una guarda en cruz, con un trébol de cuatro hojas, grabado en uno de sus lados.

La vaina. Pesa en total 680 gramos. Por dentro es de madera de haya europea y por fuera es de cuero granulado.  El brocal por donde entra el sable para envainarlo, es  de bronce y dada la curvatura de la hoja, tiene una abertura longitudinal de unos 20 centímetros de largo que permite su libre introducción. Posee dos abrazaderas  de bronce provistas con una anilla cada una, por donde se fijan los dos tiros de cuero que mediante con sendos mosquetones, permiten  colgar el sable del cinturón, siempre a la izquierda del portador para que pueda ser desenvainado rápidamente con la mano derecha.  Su extremo distal está recubierto por una contera de bronce que lleva grabados motivos florales y una rodela que impide que el arma sea arrastrada en la marcha a pie.

Sus destinos. San Martín lo compró usado, quizás en Londres en 1811 antes de partir hacia América y luego lo utilizó durante los doce años que permaneció en la Provincias Unidas, empeñado en sus campañas libertadoras de Chile y luego del Perú. Cuando se exilió en 1824, quedó en Mendoza, en manos de TOMÁS GODOY CRUZ (aunque hay opiniones que se lo dejó a AGUSTÍN MAZA). Diez años más tarde, en diciembre de 1835 le escribió a su yerno MARIANO BALCARCE y a su hija MERCEDES,  pidiéndoles que se lo enviaran a Francia, diciéndoles con picardía de esperanzado abuelo: “a mi me ha servido en todas mis campañas en América y ahora quizás sirva para algún nietecito si es que lo llego a tener”

Lo acompañó en la triste soledad de su ostracismo y producida su muerte  el 17 de agosto de 1850, el sable le fue enviado a JUAN MANUEL DE ROSAS, por haber sido así dispuesto por SAN MARTÍN en su testamento hológrafo. Muerto ROSAS en 1877, el sable pasa a manos de su yerno  MÁXIMO TERRERO, quien en 1897 lo dona al Museo Histórico Nacional, en cuyas vitrinas estuvo hasta que un grupo de militantes de la Juventud Peronista(Carlos Caride, Envar El Kadri, Jorge Rulli y Héctor Spina) lo robó  en 1963 con fines políticos.

Recuperado poco después quedó en custodia transitoria en el cuartel del Regimiento de Granaderos a Caballo, sito en Palermo, ciudad de Buenos Aires. El 17 de agosto de 1964, por mandato judicial el sable volvió a ser depositado en el Museo Histórico Nacional, de donde fue nuevamente robado el 19 de agosto de 1965  otra vez por activistas de la Juventud Peronista.

Diez meses más tarde fue recuperado y puesto por segunda vez bajo la custodia del Regimiento de Granaderos a Caballo, cuyo jefe, para garantizar su seguridad, dispuso la construcción de un Templete para albergar esta reliquia de nuestra Historia, contando para ello con una donación que para estos efectos hiciera el Banco Municipal de la Ciudad de Buenos Aires, destino que el 21 de noviembre de 1967, durante la presidencia de facto del Teniente General JUAN CARLOS ONGANÍA, se oficializó mediante Decreto Nº 8756. Posteriormente, un reclamo por la pertenencia de ese sable donado por MÁXIMO TERRERA al Museo Histórico Nacional, determinó que  el 24 de mayo de 2015 durante el gobierno de CRISTINA FERNÁNDEZ DE KIRCHNER el sable volviera a las vitrinas de ese Museo, donde actualmente se exhibe, luego de un injusto y frustrante recorrido.

(Este material ha sido confeccionado con información personal brindada por el Teniente Coronel Walter Philipeaux y material extraído de una infografía de Lucas Varela, publicada por el Diario Clarín de Buenos Aires, la obra “Historia del sable de San Martín” de José María Ramallo, Ed. Tehoría, Buenos Aires 1963 y de «Historia del sable corvo de San Martín»

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