EL REGRESO DE FERNANDO VIII (7/1814)

EL REGRESO DE FERNANDO VIII. Durante seis años el rey de España fue una entelequia. Para su pueblo era un infortunado cautivo por cuyo retorno, el español común era capaz de dar su vida en terribles luchas contra el invasor. Para los liberales, sobre todo los que se nuclearon en las Cortes con sede en Cádiz, era un útil comodín en cuya ausencia se estructuró un ordenamiento legal que abría la nación española a los vientos de las nuevas ideas. Pero Fernando ha vuelto. Y según las noticias, ha vuelto decidido a recuperar la totalidad del poder, dispuesto a cancelar toda reforma implantada durante su cautiverio. Nada de constituciones, nada de liberalismo. Tal como sus primos, los Borbones franceses, Fernando no ha olvidado ni aprendido nada. Quiere ser el rey absoluto que nunca pudo ser y éste será el primer conflicto que deberá afrontar inmediatamente. Para los americanos en cambio, el regreso de Fernado llama a la hora de la verdad. Si los movimientos que estallaron en 1810 a lo largo de todo el continente, no tenían más significación que una defensa coyuntural de las ambiciones napoleónicas. Si todo se hacía en nombre de Fernando VII y para conservar sus dominios, ahora hay que volver a su vasallaje. Si, en cambio, la dinámica del proceso revolucionario, nos hace reconocer que vivimos en un estado independiente que tiene todo —bandera, himno, moneda, poder de decisión, luchas armadas en su defensa, etc.— menos el nombre de tal, entonces ha llegado el momento de declararlo solemnemente a la faz de la tierra. Y en primer lugar al propio Fernando, cuyo poder sobre tierras quedó abolido en los hechos, desde mayo de 1810. El retorno de Fernando pone a la revolución en el trance de una crisis moral, una crisis de sinceramiento No podemos seguir fingiendo una sumisión que desapareció hace cuatro años. No podemos ignorar una independencia en cuya defensa han sucumbido centenares de hombres de esta tierra. No podemos demorar más el momento de manifestar que nos hemos emancipado de toda tutela y que queremos ser dueños de nuestro destino. Tal como lo han hecho otros pueblos americanos. Fernando permitía mantener determinadas situaciones indefinidas mientras estaba cautivo. Ahora, su presencia física precipita y desencadena todas las ambigüedades, Tanto en España como en América. Es hora que terminen ya de una vez, los equívocos y las dudas. Queremos o no queremos ser libres?. Somos o no somos libres?.

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