EL REGIMIENTO DE GRANADEROS A CABALLO (16/03/1812)

EL REGIMIENTO DE GRANADEROS A CABALLO, una unidad de combate cuya trayectoria gloriosa incluyó 20 campañas y 110 batallas. El 16 de marzo de 1812, el Triunvirato dispone la creación del Regimiento de Granaderos a Caballo mediante Decreto del 16 de marzo de 1812, encargando la organización del mismo JOSÉ DE SAN MARTÍN, recién nombrado teniente coronel de caballería, quien se dedicó entonces a la formación de su Regimiento.

La formación del escuadrón de Granaderos puso a prueba las dotes de organizador del general  SAN MARTIN. Fue sereno e implacable como constructor que da bases inconmovibles a su obra, en todos sus detalles. Fue bien el vivo ejemplo que sus soldados debían imitar. Redactó un código de honor para los oficiales, que fue una prueba para templar la moral, el espíritu, y la fortaleza física de sus soldados Con sus colaboradores, el sargento mayor CARLOS MARÍA DE ALVEAR y el capitán MATÍAS ZAPIOLA, comenzó su labor, seleccionando al personal que formaría parte de este cuerpo, imponiendo requisitos muy estrictos para el ingreso. Seleccionó a su oficialidad entre jóvenes pertenecientes a las mejores familias de aquella época, que unían a su origen, las más relevantes condiciones físicas y morales y eligiendo como soldados a jóvenes de la campaña, por sus mejores dotes ecuestres, los educó y formó en esa escuela de hombría de bien donde se practicaban las más nobles virtudes varoniles, el respeto a la autoridad y la defensa del honor. Luego comenzó un período de severas exigencias e instrucción militar que se desarrolló en los Cuarteles del Retiro durante un año y medio.

El 3 de febrero de 1813, en un paraje ubicado al norte de Rosario, el Regimiento de Granaderos a Caballo, tuvo su bautismo de fuego, derrotando a una partida de realistas que se dirigían rio arriba en busca de provisiones, iniciando una presencia casi ininterrumpida durante los siguientes catorce años, en todas las acciones  que se desarrollaron durante la lucha por nuestra Independencia, la de Chile y la del Perú, actuando tanto en la Banda Oriental, como en el Alto Perú, Chile, Perú y Ecuador, demostrando siempre un gran valor en la batalla, y en los contrastes sufridos, la necesaria capacidad de recuperación, por mérito de la disciplina con que habían sido forjados.

En diciembre de 1813, dos escuadrones de granaderos al mando del general San Martín  se dirigió hacia el norte de las Provincias Unidas para incorporarse al Ejército Auxiliar del Alto Perú y cuando éste regresó, colaboraron con las guerrillas salteñas, A principios de año siguiente, otros dos escuadrones se dirigieron al este hacia la campaña oriental, al mando del capitán MANUEL ESCALADA para participar en las acciones que se libraban en la Banda Oriental, en poder de los realistas y fue en la batalla de Las Piedras, el 25 de junio de 1814, el escenario donde 200 granaderos, al mando del teniente coronel EUSEBIO BALDENEGRO que les permitió demostrar su valor y buena instrucción, derrotando al enemigo que se le enfrentó.

En 1816, en Mendoza el general San Martin reunió otra vez los cuatro escuadrones y empleó a este Regimiento como modelo  de entrenamiento y núcleo del Ejército de los Andes: Los vistió con un uniforme muy simple: casaca y pantalón de tela azul oscuro con ribetes  rojos, botas de granaderos y sombrero alto con una pluma. El armamento consistía en un sable curvo, una bayoneta y en ocasiones especiales, una lanza. Aparentemente, el nombre fue elegido, en virtud de la admiración que San Martín sentía por los granaderos españoles, que había visto actuar mientras prestaba servicios en España, antes de regresar en 1812, al país que lo vio nacer.

Al hablar de “sus granaderos” con alguien, San Martín solía decir: “De lo que mis muchachos son capaces, sólo yo lo sé; habrá iguales, pero quien los exceda no.” Compuso un severo reglamento, cuya observancia era condición indispensable para pertenecer al cuadro. Su valor personal, las prácticas de ataque y defensa que él mismo enseñaba y sus grandes condiciones de mando, le granjearon rápidamente la simpatía y el respeto de sus subordinados, quienes sentían verdadera admiración por su jefe. Desde el río Paraná, donde en San Lorenzo (Santa Fe) estrenaron sus sables corvos, hasta el Chimborazo, el escenario de sus triunfos fue muy vasto, y la bandera de la libertad flameó triunfante en victoriosas batallas. San Lorenzo, Montevideo, Achupallas, Putaendo, Chacabuco, Maipú, Bío-Bío, El Parral, Gavilán, Curapaligüe, .Jauja, Pasco, Chancay, Callao, Nazca, Junín, Río Bamba, Pichincha y Ayacucho los vieron pasar arrogantes en medio del peligro; “pero sin la altivez del conquistador, enfrentando la gloria y la muerte con la misma apostura gallarda”. No en vano por sus filas pasaron héroes como el sargento Cabral, que supo morir para salvar la vida de su jefe y con ella la libertad de medio continente. Hombres de la talla de LAVALLE, ROJAS, ESCALADA, ZAPIOLA, OLAZÁBAL, SUÁREZ, ALVEAR, GUIDO, BOGADO y muchos más que defendieron la sagrada causa con la punta de sus sables y su sangre generosa. Destaca MITRE que este cuerpo que combatió en cinco repúblicas ha dado 16 generales, 60 coroneles y 200 oficiales a nuestra historia militar.  Terminada la guerra de la independencia, tras el triunfo logrado en Ayacucho el 9 de diciembre de 1824, se dispuso su regreso a Buenos Aires y el 17 de enero de 1826, a las órdenes del glorioso coronel FÉLIX BOGADO, regresaron a la Patria los restos de los Granaderos de los Andes y aquellos veteranos, pocos menos de 100, dieron por terminada su gesta depositando sus armas en el “Cuartel del Retiro”, donde 14 años antes había sido fundado el Regimiento por el ilustre coronel San Martín. De los que volvieron, solamente siete granaderos pertenecían al  grupo de los fundadores del cuerpo: PAULINO ROJAS, FRANCISCO OLMOS, SEGUNDO PATRICIO GÓMEZ, DÁMASO ROSALES, FRANCISCO VARGAS y el trompa MIGUEL CHEPOYA.

El 28 de mayo de 1880, cuando llegaron a Buenos Aires los restos del general SAN MARTÍN a bordo del vapor “Villarino”, esos siete granaderos rescataron de entre sus recuerdos, los viejos uniformes que vistieron en tantas batallas y se presentaron en el puerto de Buenos Aires, para rendir homenaje a “su capitán”, escoltando luego sus amados restos hasta la Catedral, donde fueron depositados. Y sin que nadie se lo ordenara, solamente siguiendo los mandatos de su conciencia, se quedaron allí de guardia durante toda la noche, dando así origen a una tradición que perdura hasta hoy. Cada día del año, dos granaderos montan guardia ante el Mausoleo del general SAN MARTÍN. Y cada mañana cinco de ellos llegan para hacer el relevo, simbolizando así, la presencia inalterable de los últimos siete granaderos fundadores del glorioso Regimiento.

En 1903 el general PABLO RICCHIERI reorganizó este Regimiento, proporcionándoles uniformes similares y disponiendo también esta vez, muy estrictos requisitos para su ingreso.

En diciembre de 1959 fue promulgada por el Departamento Ejecutivo de la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires la ordenanza sancionada por el Concejo Deliberante que dispone que sea depositado nuevamente en el lugar establecido por la Ley, el cofre con la documentación correspondiente al monumento que de acuerdo con la ley 10.087 debía erigirse en homenaje al regimiento de Granaderos a Caballo General San Martín. Se dispuso  también, que el acto se realizara en una “solemne ceremonia”, que se colocara en el sitio una placa recordativa y que en colaboración con el Instituto Sanmartiniano, se conviniera la forma de efectuar una colecta pública para erigir el monumento. Por tal causa, el doctor don Alfredo Ríos publicó una carta en La Nación, el 12 de diciembre de 1959, que para mayor abundamiento se transcribe: “Con motivo de la noticia aparecida en ese diario el día 4 del corriente con el título “Un monumento a los Granaderos”, desearía aportar algunos antecedentes sobre este asunto, que considero son de interés por su origen de carácter patriótico. Soy un viejo socio del Club de Gimnasia y Esgrima, vitalicio, carnet número 36, y por la participación que le cupo al club en su oportunidad es que solicito y deseo se dé a publicidad lo siguiente: El Club de Gimnasia y Esgrima en el año 1889 tuvo la iniciativa de hacer conmemorar de una manera entusiasta y popular el 73er. aniversario del 9 de Julio, y dentro de los diversos actos programados figuraba el de obsequiar, en nombre del pueblo, al general don Eustaquio Frías, último jefe sobreviviente de los guerreros de la Independencia, una corona de oro y plata costeada por suscripción pública. Pagada la corona, el excedente, de $ 2.537, se puso a disposición del general Frías, quien lo devolvió expresando que “el Club de Gimnasia y Esgrima retuviese esos fondos para que sirviesen de base a una suscripción pública que tuviese por objeto levantar, en el sitio de donde partieron los Granaderos a Caballo, un monumento conmemorativo de su gloriosa cruzada”. Al constituirse la comisión nacional para celebrar el primer centenario del Paso de los Andes por el Ejército Libertador en 1817, se incluyó en el programa de festejos la colocación de la piedra fundamental del monumento a los Granaderos a Caballo, cuyo fondo inicial tenía en custodia el Club de Gimnasia y Esgrima. La comisión dispuso que la colocación do la piedra fundamental se efectuara en el sitio mismo de donde partieron los granaderos, al emprender su campaña de glorias, y en coincidencia con el aniversario de la primera centuria del día glorioso de Chacabuco, pronunciando en dicho acto el discurso de circunstancias el señor presidente del Club de Gimnasia y Esgrima, el doctor RICARDO C. ALDAO. El cofre colocado en esa oportunidad es el que fue hallado al remodelarse la plaza San Martín en 1951, y que quedó depositado en la Municipalidad hasta el 24 de julio de 1958, en que fue abierto. Actualmente, al estar constituido el Instituto Nacional Sanmartiniano, el Club de Gimnasia y Esgrima ha puesto a su disposición la cantidad de $ 37.582,59, a que, mediante los intereses acrecidos, asciende el depósito de origen mantenido en custodia por el club a través de 70 años.

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