EL PROBLEMA DE LAS CARNES (1870)

EL PROBLEMA DE LAS CARNES. Desde fines del siglo XIX ya estaba en marcha en el país, la moderna industria de la carne, aunque durante los primeros 20 años, los frigoríficos instalados en nuestro territorio, se dedicaron casi exclusivamente a la congelación del ovino y mientras aumentaba la mestización del vacuno a través del mejoramiento de las razas y se lograba incorporar la carne congelada a las costumbres alimentarias de Gran Bretaña, se recurrió a la exportación de ganado bovino en pie. Desde los momentos iniciales de nuestra industria frigorífica, los británicos mediante hábiles maniobras diplomáticas y comerciales, prácticamente se habían asegurado el monopolio del negocio de la preparación y exportación de carne congelada argentina y a partir de 1900, gracias al gran estímulo del intercambio internacional practicado por nuestro gobierno, se inauguró un período de extraordinaria prosperidad. Coincidentemente, como ya se consideraban cumplidas las condiciones de mestización adecuadas y los intereses ingleses veían afianzado su dominio en el monopolio de los frigoríficos, Gran Bretaña cerró la importación de animales vivos con el pretexto de la aftosa y así, de 1900 a 1902, transcurrió la época de oro de los frigoríficos ingleses. La abundancia de nuestro ganado (y su consiguiente super oferta), les permitía imponer el precio a los ganaderos y la guerra anglo-bóer y la consecuente exportación de carnes congeladas hacia el África del Sur, posibilitó aún más el aumento de sus ganancias. Dadas estas óptimas condiciones, a partir de 1902 la incorporación de plantas frigoríficas se realizó de manera constante. Los frigoríficos de capital británico lograron beneficios notables y la clase ganadera argentina fue aumentando gradualmente sus ganancias, derivadas de los precios del ganado, que eran cada vez más favorables, a causa de la siempre creciente demanda externa. Sobre todo, después que los Estados Unidos dejaron de exportar carne a Inglaterra, para satisfacer las necesidades de su propio mercado interno. Los capitales norteamericanos. Tanto los empresarios de los frigoríficos como los produc­tores, trabajaban en una suerte de euforia económica. Pero esto no duraría mucho. A partir de 1907, se inició la afluencia de capitales norteamericanos que trataron de adquirir los frigoríficos ya instalados e inauguraron nuevas plantas, introduciendo técnicas más modernas en la organización y mecanización de la producción. En ese mismo año, Swift & Co., el frigorífico más importante de los Estados Unidos, compró las plantas de congelamiento de La Plata e inmediatamente promovió la cría de novillos de alta calidad destinados a la preparación del “chilled”, o carne enfriada. En 1909, un poderoso complejo de Chicago, la “National PacKing Co. (Swift, Armour y Morris) adquirió “La Blanca”, una planta de propiedad argentina que funcionaba en Avellaneda, mientras “Sulzberger & Sons”, negociaba con el Frigorífico Argentino. Ya hacia 1910, los frigoríficos con sede en Chicago estaban embarcando más de la mitad de la carne enfriada que se exportaba desde el Rio de la Plata. Guerra comercial. Los intereses británicos, afectados por este desafío, se volvieron hacia su gobierno y hacia los ganaderos argentinos en busca de apoyo. Propagandistas probritánicos comenzaron a denunciar los peligros de la penetración norteamericana. Esta campaña se reflejó en la Cámara de Diputados cuando, en junio de 1909, los diputados CARLOS y MANUEL CARLES presentaron un proyecto de Ley para prohibir “todos los “trusts” de acción conjunta en el negocio de los frigoríficos”. Sin embargo, acogían bien muchas inversiones extranjeras y encomiaban a las británicas. Era evidente que la inspiración de este proyecto procedía del Reino Unido: “nuestros amigos, los ingleses, hace rato que nos están poniendo alerta sobre el peligro yanqui de los “beuf trusts”, decían sus voceros. Y si bien el punto básico de esta campaña, consistía en ganar el apoyo de los ganaderos y transferir el conflicto anglo-norteamericano, desde el sistema económico al político, muchos estancieros, que obtenían grandes beneficios de la competencia suscitada entre los frigoríficos, se mostraron reacios a actuar, pues en esta situación, los precios del ganado ascendían en forma constante. Complacientemente, los ganaderos negaban todo motivo de temor y el proyecto de ley de los Carles, fue ignorado. La competencia iniciada a partir de 1907 por los frigoríficos norteamericanos, había provocado una ruptura del equilibrio de los precios, valorizando las haciendas. Por otra parte, el aumento de la faena, llevaba a presentar una mayor oferta de carnes con la consecuente depreciación en el mercado de Londres. Las compañías comenzaron a registrar algunas pérdidas y, hacia fines de 1911, la situación se había vuelto insostenible. Para conjurarla, las empresas norteamericanas y las inglesas —especialmente afectadas por el nuevo estado de cosas— acordaron la formación de un “pool”. El 1º de enero de 1912, los frigoríficos que operaban en el país, concluyeron un convenio que atribuía el 41.35% de los embarques a los establecimientos americanos, el 40,15% a los británicos y el 18,50% a los argentinos. Si bien esta distribución constituyó un triunfo para el capital norteamericano, era sólo parcial, ya que el británico disponía del mercado consumidor y de las bodegas necesarias para el transporte además de los vagones que llevaban el ganado, hasta los frigoríficos. Las empresas norteamericanas, productoras del “chilled” a un costo menor que las británicas, aparecían como más completas y adelantadas que éstas, de ahí que si bien el reparto de los cupos de exportación las favoreció transitoriamente, en realidad no les convenía un acuerdo permanente que detuviese su expansión y dejara en manos británicas la estabilización y el control de la producción. Los norteamericanos querían hacer valer sus mejores equipos y su técnica superior para aumentar su cuota sin tope alguno. Por eso, en abril de 1913, al año de la Primera Conferencia de Fletes que llegara al acuerdo citado, el grupo americano lo rompió unilateralmente y reanudada la guerra comercial, las exportaciones de sus empresas superaron el 55 %.

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