EL PASEO DE JULIO (18/1/1847)

EL PASEO DE JULIO (hoy Av. Alem). En esta fecha, se colocó en Buenos Aires la piedra fundamental del nuevo Paseo de Julio, la avenida que hoy conocemos con el nombre de Leandro N. Alem y que todavía conserva en las diez cuadras de su recorrido (de Rivadavia a San Martín) uno de los paisajes más típicos de la ciudad. En una urna, a más de los documentos pertinentes, se colocaron ciento una medallas de oro, plata y cobre, que llevaban las fechas desde el año 1644 a 1845, y un billete de cada clase de papel moneda corriente, desde uno hasta veinte. La ceremonia la presidió doña MANUELITA ROSAS, hija de JUAN MANUEL DE ROSAS, que fue la madrina de este acto. Este paseo público había sido fundado en el siglo anterior por el progresista virrey del Río de la Plata don JUAN JOSÉ DE VÉRTIZ Y SALCEDO, con el nombre de “La Alameda”. En la época en que comenzó a construirse este Paseo, Buenos Aires guardaba aún algo de la clásica estructura hispánica, semejante a un tablero de ajedrez que le había impuesto tres siglos antes su fundador Juan de Garay. Sin embargo, la edificación había comenzado a cambiar y en vez de las casas coloniales se levantaban edificios bajos con azoteas entre los que se destacaban algunos miradores un poco más altos. El proyecto de la nueva avenida fue realizado por el ingeniero FELIPE SENILLOSA y su trazado se concretó sobre la antigua Alameda. Este lugar, que bordeaba el corazón de la ciudad, era un sitio poblado de tiendas de todo tipo donde las damas salían a pasear a pie o a bordo de coches livianos.

La calle tuvo muchos nombres pasando por Paseo de la Ribera, Paseo de la Encarnación, hasta que en 1919 se la llamó Leandro N. Alem en honor al ilustre político que falleció en 1896. Durante mucho tiempo la cercanía del puerto le dio a la avenida Alem un rostro muy especial. De día, la recova que la caracteriza era un lugar apagado que solamente se movilizaba alrededor de un comercio limitado. Pero por la noche gran cantidad de dáncings y cabarets abrían sus puertas y entre luces y música recibían a marineros de todo el mundo. La zona adquirió mala fama y “el bajo”, como se la conocía, era sinónimo de borracheras y prostitución. Cuando el puerto fue perdiendo su importancia comercial y el número de barcos disminuyó, la avenida también comenzó a cambiar y solo quedaron algunos pocos locales como recuerdo de aquellos tiempos. Entonces Alem volvió a transformarse, se construyeron edificios altos de los cuales la mayoría estaban destinados a oficinas y empezó a perder parte de su arquitectura histórica y su aire de leyenda. El murallón del Paseo de Julio. Con sus pilares cuadrados y verja de hierro, se alargaba desde la actual Casa de Gobierno hasta cerca de Lavalle y corría en línea recta y paralela con la de edificación del lado este de la actual Av. Alem. El edificio de la Capitanía estaba casi frente a la entrada del muelle de pasajeros, entre Sarmiento y Cangallo, y la Aduana, de forma circular, se veía ocupando lo que hoy es la plaza Colón, tomando todo el frente este de la Casa de Gobierno.

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