EL PARQUE AVELLANEDA (28/03(1814)

El “Parque Presidente Nicolás Avellaneda” se encuentra ubicado en casi toda su extensión en lo que fuera la antigua chacra “Los Remedios”, que perteneció a la familia de Domingo Olivera, una vieja quinta cuya existencia se remonta al siglo XVII, cuando la “Hermandad de la Santa Caridad”, erigió en esas tierras una capilla (hoy llamada “Parroquia de San Miguel”), consagrando un oratorio a la virgen de los Remedios. En 1822,  secularizada la Hermandad, cedió su lugar a la “Sociedad de Beneficencia”, la que en remate público, en 1828  vendió la quinta  a Domingo Olivera, quien la utilizó como domicilio particular, aunque en alguna oportunidad también desarrollo allí algún proyecto agropecuario.

El 7 de marzo de 1912, la Municipalidad de la Ciudad de Buenos Aires, por medio de una ordenanza de esa fecha, adquirió una fracción de esa quinta, comprendida entre las calles Lacarra, Directorio, Moreto y Lobos (hoy Gregorio  de Laferrére), para destinarla a la construcción de un parque público y el 15 de noviembre del mismo año don Domingo Olivera (nieto del fundador de la chacra “Los Remedios”), hizo entrega del inmueble al Municipio, representado en ese acto por el Director General de Parques y Paseos, don Carlos Thavs.

El espacio libre destinado a servicio público era de cincuenta hectáreas y en ese predio se decidió instalar canchas de tenis y fútbol, una explanada para juegos y un teatro infantil. El Parque fue inaugurado por el Intendente de Buenos Aires, Joaquín S. de Anchorena, el 28 de marzo de 1914 y se le impuso el nombre de “Parque Domingo Olivera”, en homenaje al donante y a su antepasado, pero el 10 de noviembre del mismo año se le cambia esa denominación por la actual de “Parque Presidente Nicolás Avellaneda”.

En 1917 se inicia la incorporación de un vivero en ese lugar, con la plantación de seiscientos árboles y un millar de arbustos para responder a las necesidades siempre crecientes de arbolar calles y avenidas del municipio y en el mismo año, se instala una Escuela para niños débiles. Poco después se inaugura un tambo modelo, provisto de cámara frigorífica capaz de conservar mil litros de leche durante treinta horas Años más tarde, recogen crónicas de la época, que  gracias a ese Parque, “generosas oleadas de oxígeno” llegan a la ciudad para vivificar sus aires.

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