EL PALACIO PAZ EN BUENOS AIRES (1914)

La construcción del Palacio Paz, fue encargada por el Doctor JOSÉ C. PAZ, diplomático fundador del Diario La Prensa,  para vivir en ella  junto con su esposa ZELMIRA PAZ y el resto de su familia. Está ubicado en un terreno trapezoidal con tres frentes bien definidos que dan sobre las calles Santa Fe, Maipú y Marcelo Torcuato de Alvear, en la ciudad de Buenos Aires, frente a la Plaza San Martín. El Doctor. Paz nunca llegó a ver su casa terminada, ya que falleció en París en 1912, cuando se estaban completando los trabajos de decoración. El palacio fue inaugurado en 1914 y en 1938 adquirido por el Círculo Militar, para instalar en él su sede social.

La obra responde a un proyecto del arquitecto francés Louis Marie Henri Sortais y fue dirigida por el arquitecto Carlos Agote, interviniendo en la confección de los planos el Ingeniero Alberto de Gainza. Consta de tres plantas y mansarda y por años, estuvo ponderada como la mejor obra arquitectónica de Buenos Aires, por la severidad de su estilo y la suntuosidad de su construcción e interiores. Algunos de sus ambientes, como es el caso del Gran Salón de Honor, son vertederas obras de arte, difícil de encontrar, incluso en Europa. Su imponente frente sobre la Avenida Santa Fe, recuerda los palacios franceses del siglo XVII, como los del Louvre y Luxemburgo. En su parte central posee un alto relieve obra del escultor Jean Baptiste Carpeaux que representa a Flora, la diosa de las flores.

El edificio, pensado para albergar a tres familias, tiene dos alas principales -sobre Santa Fe y Marcelo T. de Alvear, unidas por un pequeño frente sobre Maipú. En la unión del primero con este último, se desarrolla una forma cilindrica a modo de torre. Un espléndido jardín las comunica dándole armonía interior a la edificación. Allí  se encuentran dos de las esculturas más importantes con que cuenta el Palacio:  Una”Figura”  femenina de medio cuerpo con la cabeza inclinada, esculpida por Hernán Cullen Ayerza (1879-1936) en mármol de Carrara en 1905; y “El Tambor de Tacuarí”, obra de Luis Perlotti, fundida en bronce en 1919.

El portón de entrada, ubicado sobre la avenida Santa Fe,  es lo primero que impresiona al visitante. Es un enorme portón de cuatro hojas de hierro negro y bronce lustrado, fabricado en París. Confluyen en esta reja diversos estilos, conforme la usanza de principios del siglo XX. Detrás del portón, el Vestíbulo de acceso. Tiene piso de mármol y columnas monolíticas del mismo material y de allí, arranca una amplia escalera de piedra Lunel, enmarcada por dos banquinas macizas de mármol rojo francés (Rouge de France) con molduras de bronce dorado, que lleva a la planta principal.

Un óleo de grandes dimensiones del General San Martín donado por el Jockey Club, a cuyo pie se exhibe una réplica del sable corvo del Gran Capitán nos recibe en el Hall, desde donde se ingresa a las dependencias principales del edificio.

Es un  también lujoso ámbito con paredes revestidas hasta el techo con madera, en cuyo centro luce, sobre una mesa, una magnífica escultura en bronce que representa un carro tirado por dos caballos. Saliendo por la derecha,  se entra en la Galería de Honor o “Pasillo Renacimiento”, que al final termina en el Gran Hall de Honor y a ambos lados, abre sus puertas a grandes salones, destinados a comedores y otros usos.

Hablemos primero del Gran Hall de Honor, punto dominante del Palacio Paz, ya que es,  en realidad, el corazón del edificio. Confluyen en él todos los ambientes y su riqueza es tal que cuanto digamos será tan sólo una aproximación a lo que en realidad exhibe y a las sensaciones que produce admirarlo «in situ». Diversos mármoles revisten paredes y piso. Este último exhibe dibujos concéntricos subdivididos en forma radial, cuyo centro es la figura simplificada de un gran sol. La influencia versallesca se advierte en los bronces, las molduras y los relieves de yeso y en todo el resto de la ornamentación, como el balcón circular que rodea la estancia y las diversas figuras y pinturas que ornan las paredes, alimentando la riqueza visual del conjunto. Su imponencia, apabulla. La gran cúpula vidriada suministra luz suficiente a esta estancia de 16 metros de diámetro y 21 de altura. Los nichos que flanquean la entrada, albergan candelabros iguales a los del Palacio de Versalles que, conjuntamente con los brazos aplicados de la planta alta, otorgan una luz puntual que refuerza la proveniente de la cúpula.

Dejando el Gran Hall de Honor, regresamos a la “Galería Renacimiento”, un lugar que nos remite a la época de apogeo de la monarquía francesa. Paredes tapizadas en damasco de seda rojo; un gran zócalo de nogal tallado por el genial Perchaux, que reprodujo, tras 8 años de trabajo, figuras como las de Francisco I, rey de Francia y de su esposa la reina Claudina (principios del siglo XV); asientos de madera de nogal, también tallados, que semejan verdaderos tronos; más muebles admirables; el techo hecho a casetones; el piso de parquet de roble y cuatro arañas estilo Renacimiento

Dos grandes puertas abren a su derecha el acceso al Salón de Baile, en el que predomina el dorado y se destacan dos grandes arañas con caireles y el palco reservado para la orquesta, debajo del cual los espejos que recubren la pared duplican la profundidad del ambiente. Fue inaugurado durante la Primera Guerra Mundial, con una representación de “La Cenicienta”,  a beneficio de la Cruz Roja de los países aliados. Junto a él, se hallaba el “Salón Amarillo”, antiguamente Sala de Música de doña Zelmira Paz de Gainza, eximia ejecutante del arpa. Aquí también ofrecieron conciertos Arturo Rubinstein y Regina Pacini de Alvear, esposa del que fuera presidente de la República. Se destacan en él, el piso de roble de Eslavonia en dos tonos, con una guarda de la misma madera, en tanto que los dorados de las paredes, favorecen los efectos lumínicos de la magnífica araña que preside el ambiente.

Las tres grandes puertas, también de nogal y con herrajes de bronce, que se abren a la izquierda de esta Galería, franquean el ingreso a los comedores: el principal, una regia estancia del rnás puro estilo Renacimiento,  cuya “boiserie” de nogal tallada por Percheaux,  con motivos medievales y renacentistas, , se combina con el damasco dorado que entela las paredes. Iluminado por una gran araña, similar a la del comedor de diario y candelabros finamente cincelados con nueve luces, procedentes de la casa Keller de Paris, exhibe una gran chimenea, decorada con espléndidas tallas de madera que representan a Júpiter y a Diana, hija de aquel y de Latona, diosa de la naturaleza, de los bosques, de la noche y de los lagos donde se bañaba. Los muebles, sillas, mesas y vitrinas, son originales y del más puro estilo Renacimiento.

El comedor “Roca”, cuyas dos vitrinas empotradas y enmarcadas por una rica «boiserie», flanquean una magnífica puerta con paños que combinan madera y vitrales y el comedor de diario, con una una enorme chimenea de piedra con columnas ornamentadas con rosetones y una voluminosa campana que alcanza el techo. La «boiserie», de tonos oscuros y madera lustrada, las paredes tapizadas en damasco de seda y el casetonado del techo de cuyo centro pende una gran araña de hierro y cuyos brazos representan la tortura del empalamiento aplicada a figuras femeninas, se complementan con una gran tela pintada al óleo, “La Guerra”, donada por el Doctor  TOMÁS ESTRADA.

En el piso superior, la Sala Circular, nexo entre los salones que dan sobre Santa Fe y los que se recuestan sobre la calle Maipú, cuya sencilla «boiserie» le da un toque de mayor reposo y tranquilidad. Una araña de bronce con magníficos caireles en forma de lágrimas y cuatro brazos del mismo material adosados a las paredes, contribuyen a iluminar el ambiente. Una gran chimenea en hierro y mármol rematada con un importante espejo de una pieza, completan la decoración.

Allí  se encontraba el departamento particular de doña ZELMIRA PAZ , donde se destaca el magnífico baño privado, de proporciones hoy desusadas y que aún conserva los artefactos y revestimientos de la época. El ala sobre la calle Marcelo T. de Alvear, donde viviera Ezequiel Paz, es más sencilla. Allí se encuentra hoy la Biblioteca Nacional Militar, cuyo soberbio moblaje traen a la memoria los severos claustros destinados a la búsqueda de las verdades universales durante el Renacimiento. Un “bow window”,  íntegramente de hierro y cristal que encierra una escultura cuya figura femenina remata en un brazo de luces domina este lugar al que se accede a través de un hall,  que tiene una sencilla boiserie de nogal, con paredes tapizadas en damasco,  una amplia chimenea y techo casetonado.

El Palacio Paz, aún hoy, con las mutilaciones y transformaciones que sus diversos destinos y suertes le depararon en el transcurso de su existencia, es uno de los edificios emblemáticos de la ciudad de Buenos Aires, admirado por turistas, arquitectos, decoradores e historiadores que ven en él, el exponente más cabal de una de las épocas más brillantes de nuestra Historia.

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