EL PAJARILLO

Es muy poco lo que se conoce hoy acerca de esta danza. Quizás ella sea un resabio  de alguna otra, que tuvo en su tiempo, gran repercusión y que a nosotros nos ha llegado algo así como el último tramo de suexistencia. Ágil y alegre, pertenece al grupo dee las “picarescas”. No es danza colectiva ni individual sino que es de parejas. No se toman de las manos ni se enlazan, por lo que es de “pareja suelta” que se mueven sin relación con las otras parejas. Cada una de ellas es independiente de las otras.

“El Pajarillo” aparece allá por 1852 en el Departamento de “El Rincón”, en la cuesta occidental de las sierras cordobesas, en la provincia de San Luis y fue el testimonio de un viejo poblador de la zona, llamado GREGORIO ROMO, que afirmó haberlo bailado, la única referencia que se tiene acerca de la existencia de esta danza, totalmente desconocida en el resto del país.

Nadie sabe nada más de ella y las únicas menciones escritas que se conocen, son las vertidas por  un explorador francés llamado PAUL MARCOY, quien, entre los años 1849 Y 1861 atravesó el Continente Americano y publicó lugo una detallada y extensa descripción de su viaje y de lo que le fue dado observar durante el mismo. Cuenta en ella que cuando pasó por la localidad de Lauramarca, en el Perú, fue invitado a participar en una tertulia familiar, durante la cual se bailaron valses, que fueron rápidamente desechados, por lentos y monótonos, recurriendose entonces a otras danzas del país, más alegres y movidos, que se consideraban más apropiados para la ocasión.  Dice a este respecto MARCOY: … “desde el “Maicito”, hasta la “Moza Mala”; desde la “Zamacueca” hasta el “Pajarito”, todo el repertorio local, fue pasado en revista”.

Si en 1849, en el Perú se bailaba el “Pajarito”, es entonces muy probable que allí haya nacido nuestro “Pajerillo”, un cambio de nombre muy común por otra parte, provocado por la migración y su adaptación a un nuevo destino, cuyas características idiomáticas se le imponen rigurosamente.

Pero esta sola mención de su presencia en el Perú, no es prueba suficiente para afirmar que de allí nos llegó esta danza y es entonces cuando surge otra versión que define a el “Pajarillo”, como una mutación del “Gato”, por lo parecido que es la melodía de la copla y del zapateo cantado que caracteriza a ambas danzas, aunque con claras diferenias en este último.

Nadie, que se sepa, ha recogido la música del “Pajarillo”, salvo el musicólogo CARLOS VEGA que tuvo esa experiencia durante uno de sus viajes de estudio a la provincia de San Luis. Allí se la escuchó tocar a don GREGORIO ROMO, un viejo poblador de esas montañas (ya nombrado al principio desta nota), quien recordándola con toda exactitud, permitió que el señor Vega, la pasara al pentagrama, impidiendo así, que este material desapareciera de nuestra memoria para siempre.

Con respeto a la coreografía, estamos obligados a repetirnos. Ninguna constancia de ella ha quedado y solamente lo que recuerda  el señor ROMO, debe ser tenido en cuenta para conocer algo a este respecto. Sabemos entonces que este baile se componía de esquinas, zapateo, media vuelta, zapateo cantado y giro. Es una “pantomima” galante que se bailaba con simple ropa de campaña y aunque ágil y desenvuelta, no se ejecutaba con brusquedad y por supuesto, no se realizaban zapateos acrobáticos

Concluyendo podemos decir que el “Pajarillo”, haya venido del Perú, sea mutación del gato o de alguna otra danza vernácula, lo cierto es que los únicos testimonios orales que hay de ella, nos indican que es una danza exclusivamente “sanluiseña” y rural, que no se extendió jamás más allá de dicha provincia (extraído de “Bailes tradicionales argentinos” de CARLOS VEGA)..

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