EL ORIGEN DEL TANGO? (1836)

EL ORIGEN DEL TANGO?. “Cum-tango, caram-cum-tan- go. Cum-tango, caram-cum- tam.”. Las voces acompañaban a golpes de tambor. Los negros le llamaban “tan-gó”. Era parte de un candombe que fue muriendo, pero casi agónico, junto a fragmentos de habaneras, resucitó en una música fuerte y melancólica: el tango. Recluído en un principio en las pistas de arena de los Mataderos del Sud (de la Convalecencia o del Alto), poco a poco se acercó al centro de la ciudad. No tiene una carta de ciudadanía propiamente dicha. Una guitarra, un violín, una flauta y un emigrante alemán que se acopló: el bandoneón. Esta es la orquesta que acompaña “un baile endiablado, sensual y primitivo”. Los comentarios son duros: tal vez temen que se acerque demasiado a las “clases altas”. A veces le permiten salir a algún escenario “no muy bien visto” y se comenta que fue allá por 1841 que aparece ante el gran público, aunque con reminiscencias de baile español, entremezclado con la música de “Julián Jiménez, una zarzuela local estrenada este año. Pero para verlo desnudo es necesario correrse hasta las romerías de Barracas al Norte, donde el más solicitado es “Dame la lata”, cuyo autor era un flautista casi desconocido llamado “Juan Pérez”. Sentada, ocho, quebrada, media luna, corrida… Cosa de nunca acabar. Pese a su juventud, ya conoce divisiones: en Uruguay tiene un ritmo más apurado y lo llaman “milonga o milongón. El tiempo lo va puliendo, dándole personalidad. Lo viste de compadrito, de mayoral de tranvía, de inmigrante. Cada paso es una nueva forma de aceptación. Tal vez todavía no tenga ni veinte años y ya hay quien quiere vestirlo de frac y llevarlo a los salones de la alta sociedad. ¿Lo dejarán pasar?.

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