EL ÓRGANO DE LA CATEDRAL DE MORÓN (29/05/1921)

La Catedral de Morón se inauguró el 21 de abril de 1871 y desde 1921, suenan en su ámbito, las profundas notas de uno de los mejores órganos que pueden escucharse en Buenos Aires. El órgano de la Catedral de Morón, una reliquia que, a pesar del tiempo, se mantiene intacta, fue construido en Alemania, cuando las heridas de la Primera Guerra Mundial todavía estaban abiertas y fue inaugurado durante la presidencia de Hipólito Yrigoyen, el 29 de mayo de 1921. Desde entonces, cada fin de semana, en la catedral de Morón se dan ocho misas. Sin embargo, sólo en tres se puede escuchar al histórico órgano: los sábados a las 19 y los domingos a las 11 y a las 18. También la música tocada en ese monumental instrumento suele acompañar las ceremonias de los casamientos que se realizan allí.

La historia comienza en febrero de 1914,  cuando el cura párroco de la Iglesia de Morón, PABLO DARBÓN encargó a la firma alemana “EBERCHARD WALCKER” (una de las mejores del mundo en ese “metier”), la construcción de un órgano. El contrato que establecía las características que debía tener y que se pagaría por él, la suma de 8.840 pesos moneda nacional,  se firmó en las oficinas de JUAN PUGET, representante en Buenos Aires de esa casa de música. Pero el camino no iba a ser fácil: aquel acto, aunque tendría un final feliz, fue el comienzo de una  serie de desencuentros,  malentendidos y complicaciones. El primer y gran contratiempo que surgió, fue el estallido de lo que fue la Primera Guerra Mundial, que comenzó en julio de ese año. El tráfico comercial por el océano Atlántico se interrumpió y los 3.000 pesos que el padre DARBÓN ya había pagado como anticipo, habían desaparecido, sin poder saber que destino habían tenido

A mediados del año siguiente el padre DARBÓN, recibió una carta de la casa “Walcker” donde le avisaban que el órgano estaba terminado y que se lo enviarían apenas finalizara la guerra, confirmando además, que habían recibido los “2.000 pesos de su anticipo”, enviados a través del señor PUGET. ¿Y los mil restantes? La historia dice que el hombre se había fugado a Montevideo con su amante y los mil pesos que faltaban..

Al terminar la guerra y después de cruzar varias cartas con el padre DARBÓN, en noviembre de 1919 la casa alemana reconoció el pago y confirmó que el órgano estaba terminado. Pero para entregarlo reclamaba 800 pesos más. La culpa la tenía algo que con los años se convertiría en un azote para los bolsillos de los argentinos: la inflación. Todo se complicaba. A fortunadamente, apareció la plata y el 17 de octubre de 1920, en el “Kersan” (un barco a vapor) el instrumento que desvelaba a Darbón salió del puerto de Hamburgo

Un mes más tarde, cuando el órgano llegó a Buenos Aires, las autoridades de la Aduana no lo entregaron porque en los papeles no figuraba el nombre del dueño. Finalmente, el órgano llegó a Morón el 20 de enero de 1921. Pero por el tiempo que había estado en el puerto, las cajas aparecieron abolladas y húmedas; muchos tubos estaban deteriorados y las partes de madera y cuero, casi destruidas. La empresa envió a Hermán Walcker para que lo armara y el trabajo demandó casi 4 meses. Sumando los gastos de piezas, albañiles y carpinteros, el instrumento tuvo un costo total de 13.357 pesos, 4.517 más de lo que se había acordado. La diferencia fue aportada por MANUELA DEL RÍO LOZA, una vecina de Morón que donó el dinero.

Entonces llegó el gran día. El final feliz de la historia cuenta que el 29 de mayo de 1921, a las 10 de la mañana, FRANCISCO CORBANI (entonces organista de la iglesia de Flores) lo hizo sonar por primera vez en un concierto donde MARÍA MAGDALENA DE EZCURRA puso su voz.

El Templo se reformó varias veces, pero el órgano sigue, porque es la gente la que quiere que esté ahí. Es una hermosa y monumental estructura que tiene cuatro metros de altura y tres y medio de cada lado, 1880 tubos, algunos de cinc pintados con aluminio y otros de madera de roble alemán. Antiguamente funcionaba con un sistema que insuflaba aire por medio de un operario que accionba una manija, hoy reemplazado por un compresor. Es necesario afinarlo dos veces al año, pues sus componentes son muy sensibles a los cambios de temperatura y a la humedad ambiente.

“Cualquier tecladista no puede tocar este tipo de instrumentos explica RUBÉN PONCE, el organista encargado de hacerlo sonar desde hace muchos años, “tiene que ser un organista” y  agrega: “Un pianista, por ejemplo, tiene otra concepción; la lectura organística es diferente y hay que ma­nejar una pedalera muy amplia que los pianos no tienen. Y además, para tocar en una misa o un casamiento, hay que saber la liturgia, hay que conocer la religión” (material extraído de una nota firmada por el señor Héctor López).

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