El jagüel

Entre los vocablos quichuas que como “pampa”, “guasca”, “chiripá” y otros que fueron adoptados por nuestros gauchos, debemos anotar  “jagüel”, término insustituible en la acepción que hoy se le asigna en nuestro campo. En el nordeste, zona donde se originó, se llamaba “jagüey” al embalse o poza grande, donde se acumulaba y se conservaba el agua de las lluvias, de arroyos o riachos de escaso caudal o de esas pequeñas vertientes naturales llamadas “ojos de agua”. En un principio, el vocablo mantuvo en la llanura su primitiva significación y los “jagüeles” eran artificiales. Una excavación o gran pozo, algunas veces  reforzada su boca con una o dos filas de ladrillos o adobes para evitar que se derrumbara, servía para proveer de agua a la hacienda en tiempos en que no existía el molino de viento. Profundo, hasta llegar a la napa de agua potable, para sacarla, se utilizaba un balde grande, atado a una soga que pasaba por una roldana y como el balde cargado era muy pesado, esta tarea era realizada generalmente por niños, que con el extremo de la soga atado a la cincha de una mula o un caballo viejo e inservible (un mancarrón), lo elevaban y luego vertían su contenido en los “bebederos”.

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