EL INSTITUTO MÉDICO MILITAR (10/03/1813)

Pasada ya la euforia del 25 de mayo, lejos de mejorar la atención de la salud en estas tierras, fue empeorando. Fundamentalmente debido a la falta de profesionales que se hicieran cargo de la misma. Aunque hubo algunos médicos en el país durante los tiempos de la Colonia, el oficio de curar estuvo principalmente en manos de curanderos, barberos o veterinarios. En 1799 el virrey OLAGUER Y FELIÚ había inaugurado una Escuela de Medicina que contó con escasos alumnos y fue disuelta poco después de la Revolución de Mayo.

En 1810 había en la capital del virreinato seis médicos y veinticuatro cirujanos. Las guerras de la Independencia hicieron más dramática la ausencia de médicos y la salud de la población seguía estando mayormente, en manos de curanderos, barberos e imrovisados “médicos”. Preocupada por esta situación, la Asamblea General Constituyente pidió la opinión del doctor COSME ARGERICH, quien así se expresó: “Alarmado por la situación, .averigüé el estado de los establecimientos de enseñanza media de la ciudad y supe que el Colegio de San Carlos pasaba por tantas penurias como nosotros. Era evidente, como todavía lo es, que la juventud no quiere estudiar. Mucho menos medicina. Imaginé que muy distinto seria el concepto que se tendría de nuestra profesión si se nos incluyera en el ejército. En una sociedad militarizada, como es la nuestra hoy, eso atraería la atención sobre nuestros cursos. Por otra parte, es justo que el médico obtenga ciertos beneficios cuando acompaña a la tropa en las penurias del campo de batalla”.

Después de algunos tropiezos, triunfó el buen sentido y el 10 de marzo de 1813, la Asamblea aprobó la creación del “Instituto Médico Militar”, tomando como base el plan elaborado por el doctor COSME ARGERICH. Sería ésta, una Institución transitoria entre el “Protomedicato colonial” y el “Departamento de Medicina” que se habría de establecer más tarde en la Universidad de Buenos Aires y que fue el antecedente liminar de la Facultad de Medicina de Buenos Aires.

Se trataba en realidad, de reestructurar el “Protomedicato” para ponerlo a la altura de las circunstancias. En su nueva estructura adopta el formato de una Facultad y desde sus inicios, ya contó con cinco catedráticos, anfiteatro anatómico, etc. Sus alumnos y profesores se incorporaron al escalafón militar y a los jóvenes les gustó eso de lucir vistoso uniforme, sentirse contenidos por una Institución prestigiosa, disponer de una buena paga mientras realiza sus estudios y todo eso los decidió a estudiar medicina.

Las necesidades de la guerra determinaron los planes de estudio que en gran parte se pensaron para solucionar los problemas en los campos de batalla. Allí los médicos debían estar preparados para operaciones rápidas tales como la amputación de miembros desgarrados por la metralla. Operaban sin anestesia ni asepsia y para mitigar el dolor, solo contaban con el láudano, el opio o la embriaguez alcohólica.

Los cursos del Instituto recién comenzaron a funcionar en 1814, a causa de muchos desencuentros entre los profesores y las autoridades. De acuerdo con un Reglamento presentado por el doctor ARGERICH, tanto los profesores como los alumnos quedaban de hecho, incorporados al ejército y el Consejo de Estado rechazó esto, acusando a los profesores de buscar un pretexto para beneficiarse con las distinciones y honores del Ejército. A pesar de todo, el Instituto se puso en marcha con un excelente plan de estudios para la época. Ese plan, que comprendía 6 años, rigió hasta la creación de la Universidad, en 1821.

El primer curso, inaugurado en 1814, tuvo diez inscriptos que cursaron anatomía y fisiología y en abril de este año rindieron exámenes con resultados brillantes. Todos aprobaron y debo destacar algunos nombres promisorios, como el de FRANCISCO JAVIER MUÑIZ, por ejemplo. Me parece negativa la práctica de que los estudiantes salgan a campaña acompañando a sus profesores. Eso retarda su formación científica e impide que reciban lecciones adecuadas en el hospital, a la cabecera de los enfermos. Pero por ahora resulta inevitable debido a la escasez de cirujanos en el ejército. Confío plenamente en que pronto superaremos estos obstáculos y conseguiremos un excelente plantel de profesionales al servicio de las Provincias Unidas”.

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