EL INSTITUTO BIOLÓGICO ARGENTINO (1902)

El Instituto Biológico Argentino, Fue una empresa creada en 1902 a instancias del Doctor SILVIO DESSY, un médico ítalo-argentino que le presentó a un grupo de empresarios un proyecto para producir en el país, sueros, vacunas, drogas y productos medicinales que no llegaban aquí a causa de la guerra que se libraba en Europa,  y que fue el primero de su especie en instalarse en la República Argentina.

A estos efectos, invirtiendo la suma de 8.000 pesos, se compró un terreno de ocho hectáreas que estaba ubicado en la localidad de Villa Santa Rosa, partido de Florencio Varela, en la provincia de Buenos Aires, lugar que fue elegido, porque además de estar equidistante de la Capital Federal y de la ciudad de La Plata, ofrecía la ventaja de contar con tierras muy fértiles y aptas para el cultivo de plantas medicinales y un prometedor monte de árboles y arbustos, algunos de ellos con aplicaciones en fármacos (de las hojas del sauce,  se extraía el ácido acetilsalicílico necesario para la fabricación de antipiréticos).

En 1902 se comenzó la construcción del edificio que sería la sede de la administración, los laboratorios y demás áreas destinadas a la producción.  Fue ideado en todos sus detalles por el mismo Doctor DESSY, contando para ello, con el asesoramiento técnico de los ingenieros LANDI y BALLERINI. A mediados de 1908 se terminaron las obras y a fines de ese año fueron inauguradas. Era más que un edificio, un conjunto de edificios dotado con una usina eléctrica propia, ubicados en un terreno cuadrangular, donde se destacaba el principal, que era por donde se accedía al complejo y que contenía la Administración y el laboratorio. Dispuestos perimetralmente, se hallaba el resto de las construcciones que le eran necesarias,  el sector destinado al cultivo de plantas medicinales y corrales para ganado, que serán utilizados para la experimentación de vacunas y sueros..

Los tres años siguientes se destinaron a la puesta a punto del Laboratorio, a hacer experimentos, a la plantación de una gran variedad de plantas, a la búsqueda y producción de insumos  y a la elaboración de los primeros productos que saldrían al mercado. Finalmente en 1911 se iniciaron formalmente las actividades. Sus comienzos fueron difíciles y hubo épocas en la que apenas podía autosolventarse, pero el Doctor DESSY no era solamente un brillante médico y bacteriólogo. Era también un hábil, aunque intuitivo, especialista en “marketing” y supo encontrar el camino para lograr el desarrollo.

El Laboratorio fue entonces pionero en el cultivo de la soja (oleaginosa muy rara en esos días), que se la utilizaba para elaborar pan para los diabéticos. Lanzó al mercado productos que afianzaron su desarrollo y así fue creciendo. Producía “tuberculina” (para la detección de la tuberculosis), el pan “Biol”, las sales de “·Epecuén” y hasta un matamoscas que con el nombre de “Fu Fu” se hizo famoso.

En 1923, una noticia aparecida en la prensa local, informa que el Laboratorio Biológico Argentino, después de estar 19 años en Florencio Varela, se mudaba a la Capital Federal y expresaba el desazón que la noticia había producido en la población del Departamento, que lamentaba perder la presencia de un vecino que le había aportado mucho a su desarrollo.

Un nuevo domicilio para el Laboratorio
Luego de que fuera aprobado el proyecto que presentara el arquitecto de origen milanés ATILIO LOCATTI, las obras de la nueva sede del Laboratorio, se iniciaron en 1924 y finalizaron en mayo de 1927. Ocupaba un terreno ubicado en la avenida Rivadavia 1739/45 de la ciudad de Buenos Aires,  frente a la Plaza del Congreso. La construcción estuvo a cargo de la “Compañía General de Obras Públicas S.A. (más conocida por sus siglas GEOPÉ) y su costo fue de un millón y medio de pesos.

Se inauguró el 3 de agosto de 1927 y el Laboratorio soñado por el Doctor DESSY comenzó entonces a vivir una nueva etapa de su vida. Ocupaba la Planta baja y los dos primeros pisos del edificio: En el primero se hallaba la Dirección y la  Administración; en el segundo se encontraba todo lo relacionado con los gabinetes y laboratorios científicos, mientras que los ocho restantes estaban destinados para ser alquilados como viviendas particulares. En cada uno de esos pisos, había cinco departamentos: uno de mayores de dimensiones que ocupaba la mitad de la planta para satisfacer la demanda de familias muy numerosas o pudientes y cuatro mucho más pequeños que ocupaban la otra mitad de la planta, destinados a inquilinos de menores recursos.

Pero pronto surgieron graves disidencias entre sus autoridades. En 1944 el Doctor DESSY renunció como Director Científico y fue necesario crear una asociación de accionistas, para que, presidida por el Doctor ARMANDO MAROTTA tratara  de salvar la supervivencia del Laboratorio, pero todo fue inútil. Sin posibilidades de afrontar la situación, el Laboratorio Biológico Argentino quebró a fines de 1947.

El nuevo edificio
Pero el edificio que lo albergara todavía está allí, donde su creador lo ubicó. Aún se lo puede ver y a pesar de los diversos destinos que se le dieron, y a la degradación que le produjo el abandono que debió sufrir por falta de fondos para su mantenimiento, todavía muestras algo de su esplendor original.

Tiene, como hemos dicho, diez pisos y su frente es de estilo neoveneciano. En él, se destaca el imponente conjunto escultórico de más de 4 toneladas de peso, con una campana que encierra un reloj, ubicada en la cornisa. Aparentemente, habría sido inspirado por el famoso campanario de la “Torre dell’Orologio” (también llamado «Reloj de los Moros) que se halla en la Plaza San Marcos, Italia Esta obra de arte fue realizada en Italia por la firma “Fratelli Miroglio” de Turín e instalada en ese sitio en 1926.  El grupo posee dos grandes figuras o “vulcanos” (cada una mide tres metros y medio),  realizadas en bronce y fundición de hierro que aparentan golpear la campana de bronce y plata de dos toneladas que está sobre el reloj. El cuadrante de éste mide dos metros y medio de diámetro y su mecanismo posee un contrapeso de 500 kg que se encuentra encerrado en un hueco que llega hasta el sótano del edificio

En el subsuelo funcionaban las calderas, depósitos, tanques y cámaras refrigeradoras. En la planta baja se destacaban tres portones con paredes y pisos de mármol y cielorrasos decorados. Toda la carpintería era de hierro y estaba revestida con láminas de bronce. El ascensor es una cabina de hierro forjado, forrada en madera de roble previamente tallada.

En el primer piso hay un gran salón principal,  donde se distinguen  los cielorrasos trabajados con un diseño distinto en cada uno de ellos. Las puertas tienen capiteles y tallas en madera. En las paredes hay obras de arte que representan el agua, la tierra, el fuego y el aire. A la vez, fotos de época muestran otras dos pinturas, de la vida y la muerte, que ahora están cubiertas por un Escudo nacional y por pintura.

El edificio fue expropiado en 1948 por el gobierno para instalar el Instituto Nacional de Previsión Social y fue allí donde (según Fabio Grementieri, La Nación del 3 de enero de 2014), instaló su despacho Eva Perón mientras presidía la Fundación que llevaba su nombre. En la década de 1990 se instaló una dependencia de la Administración Nacional de la Seguridad Social y de la Dirección General Impositiva, hasta que finalmente,  en 1997 pasó a ser propiedad de la Auditoría General de la Nación (Material extraído de una nota firmada por Yanina Kinigsberg publicada por el diario Clarín en 2003, de “Balvanera, Barrio de Barrios”, Juan Alberto Portela, Buenos Aires, 2001 y de Wikipedia).

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