EL IMPERIO INCA, (SIGLO XV)

EL IMPERIO INCA, (SIGLO XV). Si bien sólo las regiones del norte y oeste de Argentina han estado bajo el control directo de los Incas, la existencia de este poderoso, rico y civilizado imperio, ha tenido efectos reales en la ocupación hispánica de la nación y en la dirección inicial que ésta tomó. Hacia fines de la expansión del dominio incaico, probablemente en las últimas décadas del siglo XV, los Incas extendieron su poder hacia el este de los Andes, a través del oeste de Bolivia y en la Argentina, a donde fueron incorporados los diaguitas y otras tribus del área de Tucumán, ya sea a su pedido (según una versión) o, más probablemente, como parte inevitable del movimiento de expansión de sus límites a través de los Andes hacia el valle central de Chile. Al hallarse poca cantidad de plata y oro en las provincias argentinas y en virtud de que el imperio se encontraba ya sobreextendido, los dominadores no pudieron integrar por completo estas remotas áreas dentro de su estructura normal, y construyen el camino real inca, con sus postas o estaciones correspondientes. Las primeras crónicas españolas, así como los descubrimientos arqueológicos realizados posteriormente, prueban la existencia y uso de dicho camino desde Jujuy a Mendoza, habiéndose encontrado en La Rioja algunas de las ruinas incaicas más interesantes. La agricultura en terrazas y sus eficientes sistemas de irrigación, fueron incorporadas por esos territorios, como parte del esquema de vida incaico. Aparentemente, cuando llegaron los españoles, los idiomas nativos no habían sido aún reemplazados por el quechua y durante este mismo período de expansión inca en dirección al sur, los indios guaraníes del área del Paraná, habían estado atacando a las tribus indígenas del límite oriental del imperio en Bolivia. Estos ataques prosiguieron durante varias décadas, atraídos por la plata y el oro y otras riquezas que se hallaban en este fabuloso reino. Fue por relatos de estos indios que, los españoles que navegaban a lo largo de las costas del Atlántico, supieron por primera vez de la existencia del reino o Sierra de la Plata en el oeste. Con posterioridad, fueron las informaciones proporcionadas por ALEIXO GARCÍA (q.v.), las que estimularon los primeros intentos españoles para explorar la Argentina o para efectivizar su ocupación, estimulados también por relatos que provinieron de los exploradores del Atlántico, tales como GABOTO y DIEGO GARCÍA, seguidos por los capitanes de MENDOZA, AYOLAS y MARTÍNEZ DE IRALA, así como también por muchos otros, quienes en su totalidad trataban de acortar camino hacia el oeste desde los ríos Paraná y Paraguay en dirección a la riqueza inca. Tanto el nombre del Río de la Plata como el de Argentina (derivado de la palabra latina que designa la plata), prueban la gran importancia que se le confería a la región oriental de la Argentina, como base desde la cual se podría llegar a los preciosos metales. Mientras tanto, en el Pacífico y apenas retrasados en relación a su itinerario, PIZARRO y  DIEGO DE ALMAGRO habían ingresado al corazón del Imperio Inca, apoderándose de su capital, Cuzco, capturando a su emperador ATAHUALPA, tomando posesión de los tesoros incas y descubriendo nuevas minas. A medida que el área iba siendo ocupada por descontentos conquistadores españoles, se los instaba para que encontraran tierras propias y se afincaran en cualquier otro lugar. Muchos de ellos, siguiendo el ejemplo de Almagro, tomaron el Camino del Inca hacia el sur, en dirección a Tucumán y entre la comunidades indígenas –en cierta forma similares a las que habían conocido en el Perú– lograron establecer poblaciones permanentes en la antigua región del Tucumán, utilizando las mismas instituciones de iglesia, ciudad y encomienda que habían tenido éxito en el Perú. De hecho, en algunas formas, ellos continuaron con las prácticas de los mismos incas, ya que se vieron obligados a hablar el idioma quechua con los indios argentinos, e inclusive en el siglo XVII adoptaron la práctica incaica de trasplantar a los indios rebeldes a poblaciones remotas. Los indios proporcionaban allí la excelente mano de obra a la que los españoles se habían acostumbrado en el Perú y si bien puede argüirse que dichas estructuras no provenían de la reciente conquista inca de estas tierras, sino que se remontaban a las civilizaciones andinas extendidas desde Colombia a Chile, el hecho es que las similitudes, contactos y relaciones entre Tucumán y Perú posibilitaron el primer asentamiento en lo que hoy es territorio argentino (Santiago del Estero), y no en la costa oriental, donde se habían llevado a cabo los intentos anteriores. El poder perdurable del nombre Inca quedó demostrado por lo menos dos veces durante el período colonial: a principios del siglo XVII, cuando PEDRO BOHÓRQUEZ (q.v.), haciéndose pasar por un descendiente legítimo de los Incas reales, dio lugar a dos rebeliones de los indios calchaquíes que casi destruyeron el poder español en Tucumán y a fines del siglo XVII, cuando la rebelión de TUPAC AMARU II, inflamó a la totalidad del área andina.

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