EL GRITO DE ALCORTA (25/06/1912)

El 25 de junio 1912, en el pueblo santafecino de Alcorta, un grupo de 300 colonos chacareros, en su mayoría de origen italiano, encabezados por Francisco BULZANI y apoyado por los hermanos NETRI (uno sacerdote y el otro abogado), se reunió en la Sociedad Italiana de Alcorta e iniciaron lo que fue la primera huelga agraria que se produjo en el país y que tuvo luego, decisiva importancia para erradicar el sistema de  “contratos de arriendo” que consideraban abusivos e injustos.

Conocida como el “Grito de Alcorta”, esta huelga, cuyo detonante fue la pésima cosecha de 1910 y el derrumbe de los precios, mientras que los arriendos, pactados en tiempos de bonanza, permanecían elevados, muy pronto se extendió por 90 localidades del sur de Santa Fe, el sudeste de Córdoba y las provincias de Buenos Aires, Entre Ríos y La Pampa.

Durante casi cuatro meses, más de 3.000 chacareros, arrendatarios, pequeños empresarios familiares de la llamada “pampa gringa”, en la primera época de la expansión agrícola, se negaron a trabajar los campos, en protesta contra la explotación de los terratenientes y las grandes empresas comercializadoras, como Dreyfus o Bunge y Born, exigiendo reducción .de los arriendos de la tierra y contratos más largos, libertad para contratar la maquinaria para la cosecha y poder criar animales domésticos

Antecedentes. La totalidad de la estructura de la economía agrícola argentina había sido fundada por la necesidad de expansión del capital británico, cuyos dos instrumentos fueron la instalación de la red ferroviaria en el Litoral y la importación —promovida por el Estado— de mano de obra europea. Muchos de los inmigrantes llegados entre fines del siglo XIX y principios del XX, se instalaron en el campo para trabajar las tierras que recibían mediante un contrato de “aparcería”. Las condiciones del contrato, formuladas en el más puro estilo del liberalismo económico, suponía en igualdad de condiciones al propietario de las tierras y al trabajador. Pero la realidad era muy distinta. Los trabajadores era dueños de sus útiles de trabajo, de sus animales y de sus viviendas, pero aún subsistía una traba importante para su ulterior desenvolvimiento: el contrato de arriendo. Éste establecía que debían pagarlo  con una parte de la cosecha, entregada en el galpón del propietario y haciéndose cargo del transporte. El propietario vendía también las bolsas para los granos, proporcionaba las máquinas de trillar y en muchos casos hasta los útiles de labranza. Pero cuando llegaba el momento de entregar la cosecha, todo esto se descontaba y el chacarero, que ya arrastraba deudas desde el principio, se encontraba sin un centavo.

Aunque las cosechas fueran buenas, los inmigrantes no conseguían salir de la miseria. En la primera época de la expansión agrícola, los chacareros arrendatarios de la llamada “pampa gringa”, habían seguido las oscilaciones de una exportación siempre en ascenso y se habían beneficiado sólo parcialmente y en muy pequeña medida de ella. El capital ferroviario británico, que subordinó el conjunto de la economía del país a la exportación de granos y carnes, también impuso un criterio tarifario preferencial respecto al ganado, como lo indican los siguientes fletes: mientras en el transporte desde General Lavalle, realizado por el F. C. Pacífico, el trigo pagaba 24,57 por ciento sobre el valor del producto  transportado, el lino 16% y la avena el 32%, con los novillos sólo se abonaba el 6,2 %. Los fletes marítimos, también en manos del capital extranjero, constituían otra forma de exacción a los productores agrarios. Ya con motivo de la guerra anglo-bóer los fletes marítimos subieron repentinamente, lesionando los intereses de los exportadores y desvalorizando los cereales argentinos. El monopolio del suelo y el pillaje del comercio estrangulaban las economías de los chacareros que no cesaban de llegar de Europa en busca de la tierra prometida. El desarrollo de la economía agrícola había engendrado la formación de dos grupos sociales: uno integrado por los agricultores arrendatarios y la pequeña burguesía comercial de los pueblos agrarios; otro, por la clase terrateniente, las empresas de colonización y los agentes comerciales del monopolio exportador. El enfrentamiento de ambos sectores no podía demorarse.

La crisis. La crisis agraria de 1911 precipitó el estallido. Ese año se perdió la mayor parte de la cosecha. La exportación de maíz descendió a 2.766.597 pesos oro de los 60.260.804 de 1910, y el intercambio con el exterior, hasta entonces favorable, arrojó un déficit de $ oro 82.702.734. Después de un largo tiempo de relativo bienestar, era un duro contratiempo para el conjunto de la economía agraria que los chacareros sobrellevaron en tanto obedecía a una calamidad natural. Pero en 1912 la cosecha fue espléndida, el área sembrada aumentó en más de 1.000.000 de hectáreas y la balanza del comercio exterior arrojó un superávit de casi $ oro 100.000.000. Pero sólo se beneficiaron los terratenientes, las firmas cerealistas exportadoras y el gobierno, mientras los chacareros, con la baja provocada en los precios de los cereales, aumentaron sus motivos de descontento. Mientras en enero de 1912 el maíz se cotizaba en chacra a $ 11,35, en julio había descendido a $ 4,55.

Nadie podía alegar la sequía, las escasas lluvias, el granizo o las plagas como causa de la descapitalización y del endeudamiento del chacarero. Era evidente que, a pesar de la óptima cosecha de 1912, los agricultores se verían obligados a malvender los cereales al intermediario para pagar la renta al terrateniente y saldar las deudas atrasadas derivadas de la pérdida de la cosecha anterior. Por otra parte, los arrendamientos habían subido del 15 % de la cosecha líquida en 1903, al 35,40% y en algunos casos al 54 % en 1912, y al mismo ritmo se elevaron los precios de los artículos de consumo de la chacra. Los escasos ingresos de los chacareros afectaron al comercio local: los artesanos, médicos, far­macéuticos y, en general, a toda la actividad de las regiones cuya vitalidad económica dependía de la capacidad adquisitiva de bienes y servicios de los productores agrarios. Esta relación de intereses explica la rapidez con que se propagó “el Grito de Alcorta” y la espontánea solidaridad de todos los sectores populares con los huelguistas.

La huelga. Las primeras reuniones preparatorias de la huelga se realizaron en chacras y almacenes, pero el acto decisivo previo al “Grito” fue la resolución conjunta de los curas párrocos de Alcorta, Máximo Paz, San José de la Esquina, Arteaga, Alvear y San Genaro —a iniciativa del primero, el padre PASCUAL NETRI— de apoyar a los huelguistas y autorizar que se concentraran frente a las iglesias. Pascual Netri y su hermano JOSÉ NETRI, cura párroco de Máximo Paz, se entrevistaban con los organizadores del movimiento en el almacén de ramos generales de ÁNGEL BUJARRABAL.

La huelga se declaró el domingo 25 de junio de 1912 en una asamblea pública celebrada en la Sociedad Italiana de Alcorta. Fue propuesta por el chacarero FRANCISCO BULZANI con estas palabras que sirven de síntesis de la situación: “No hemos podido pagar nuestras deudas y el comercio, salvo algunas honrosas excepciones, nos niega la libreta. Seguimos ilusionados con una buena cosecha, y ella ha llegado, pero continuamos en la miseria… Esto no puede continuar así… Los propietarios se muestran reacios a considerar nuestras reclamaciones y demandas… Pero si hoy sonríen por nuestra protesta, puede que mañana se pongan serios cuando comprendan  qua la huelga es una realidad”.. Tanto los dirigentes de la huelga como sus asesores —los dos sacerdotes Netri y su otro hermano, el doctor FRANCISCO NETRI, abogado de Rosario— se preocuparon de no llevar la lucha más allá de la exigencia de rebaja de los arrendamientos y libre contratación. “Abajo los arrendamientos altos” y “Abajo los contratos esclavistas” fueron las consignas del “Grito de Alcorta”. Los chacareros no exigieron la supresión del arrendamiento, sino su rebaja y la libertad de comercio. La prédica del anarquismo, tendiente a suprimir la propiedad, y la del socialismo reformista, partidario de la división de los latifundios y el reparto de las tierras entre los productores directos, sólo encontraron eco entre algunos chacareros en los momentos de máxima tensión de la lucha, pero, en definitiva, resbalaron sobre el conjunto de la masa campesina y no la desviaron de los dos limitados objetivos.

Los terratenientes y el Estado, inicialmente optan por recurrir a la policía, aunque muchos sostenían “que los reclamos eran moderados y atendibles”, pero finalmente al mes y medio de iniciado el movimiento, los terratenientes tuvieron que ceder ante lo imponente de la fuerza movilizada por los chacareros. La Sociedad Rural de Rosario resolvió llegar a acuerdos con los huelguistas y al mismo tiempo aconsejó “a los propietarios de campos, que se entiendan directamente con los colonos de sus campos, sin que tomen participación alguna elementos extraños”.

En 1913 cambian las condiciones del mercado, y todos estaban con mejor ánimo para negociar. Los chacareros, reunidos por iniciativa del doctor FRANCISCO NETRI, en el “Congreso Constituyente de Rosario”, respondieron fundando el 15 de agosto de 1912  la “Federación Agraria Argentina”, que siguió manteniendo los reclamos.

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